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viernes, 21 de marzo de 2014

El comercio se internacionaliza.

LA EXPANSIÓN del comercio mundial estaba muy limitada en un principio debido a la escasez, lentitud y costo del transporte y las comunicaciones. El comercio marítimo era extremadamente lento. En las rutas terrestres abundaban los peligros. Pero esta situación iba a cambiar.

Durante el período helenístico, que abarcó desde 338 a. E.C. hasta 30 a. E.C., las ciudades mediterráneas se convirtieron en importantes centros comerciales. Entre ellas estaba Alejandría (Egipto), fundada por Alejandro Magno en 332 a. E.C.

No obstante, según el profesor Shepard B. Clough, “en el siglo II precristiano el Oriente helenístico empezó [...] a manifestar síntomas de estancamiento económico; en el siglo I la decadencia era patente”. Roma reemplazó a Grecia como potencia mundial. Más tarde, bajo la dominación romana, Alejandría llegó a ser una importante capital, solo superada por la misma Roma.

El Imperio Romano de Oriente, sucesor del de Occidente, alcanzó su cenit entre los siglos IX y XI. Su capital, Constantinopla (hoy Estambul), tenía una población de un millón de habitantes y era con diferencia la mayor ciudad del mundo. En ella se vendían las sedas, especias, tintes y perfumes del Este, y las pieles, ámbar, madera y hierro del Oeste, así que se convirtió en un importante puente económico entre Europa y Asia.

Sin embargo, en 1204, durante la cuarta cruzada, el Imperio sufrió un fuerte revés. Su capital fue sitiada y saqueada, víctima de la avaricia económica. Según The Collins Atlas of World History, “la ofensiva occidental en busca de la riqueza oriental fue el motor impulsor de las cruzadas”. Esto indica claramente que la iglesia, aunque supuestamente impulsada por el fervor religioso, tenía también otros motivos.

Entretanto, los comerciantes fundaron en la Europa medieval ferias comerciales, donde exhibían las mercancías de los distintos lugares por los que viajaban. La enciclopedia Salvat Universal dice sobre las importantes ferias que se celebraron en la región nororiental francesa de Champagne: “Las necesidades económicas que dimanaban de las transacciones comerciales provocaron muy pronto, junto a las simples operaciones de cambio, la aparición de compensaciones, de transferencias bancarias y el desarrollo del crédito. [...] A partir de la segunda mitad del siglo XII se afirmó el carácter financiero de las ferias de [Champagne], que se convirtieron en un lugar de pago ordinario de las compras realizadas en otras partes”.

Las conquistas de los turcos otomanos durante el siglo XV amenazaron con cortar las rutas comerciales entre Europa y Asia. Por consiguiente, los exploradores europeos fueron en busca de nuevas rutas. El navegante portugués Vasco de Gama lideró de 1497 a 1499 una expedición que rebasó con éxito el cabo de Buena Esperanza (África), y de este modo dio origen a una nueva ruta a la India, que contribuyó a que Portugal se convirtiera en una potencia mundial. La nueva ruta también despojó de su importancia comercial a Alejandría y a otros puertos mediterráneos.

Entretanto, España, el país vecino de Portugal, financiaba el viaje del navegante italiano Cristóbal Colón a la India navegando hacia el oeste alrededor del mundo. En 1492 —se cumplirán quinientos años el próximo mes de octubre— Colón alcanzó el hemisferio occidental. Los ingleses, por otra parte, en vez de intentar llegar al este navegando hacia el sur, como Vasco de Gama, o hacia el oeste, como Colón, siguieron buscando una ruta nororiental o noroccidental.

Todos estos viajes de exploración contribuyeron a internacionalizar el comercio. El comercio mundial desempeñó un papel importante en el descubrimiento de las Américas, demostrando así su enorme influencia en el devenir de la humanidad.

El poder económico forja imperios


El mundo del comercio ha forjado organizaciones poderosas. Según el libro By the Sweat of Thy Brow, puede citarse como ejemplo “una de las innovaciones socioeconómicas más trascendentales y duraderas del mundo antiguo: el gremio, o asociación de personas del mismo oficio”.

Estos gremios, precursores de influyentes organizaciones similares de la actualidad, además de conseguir ciertos objetivos loables, abusaron patentemente de su poder. Tanto fue así, que se dice que en el siglo XIV John Wycliffe denunció algunas de ellas como “falsas conspiradoras [...] maldecidas por Dios y por el hombre”.

El poder de los gremios y los sindicatos


  Para el siglo IV a. E.C., algunas ciudades mediterráneas se estaban especializando en ciertas mercancías, y los artesanos del mismo oficio se reunían en determinados barrios de esas ciudades. Estos gremios eran al principio de naturaleza religioso-social. La obra By the Sweat of Thy Brow nos dice que “cada una de las asociaciones tenía su patrón o patrona y sus miembros celebraban sus propios servicios religiosos comunales”.

  Los gremios medievales tenían el propósito de ofrecer asistencia social a sus miembros y proteger el oficio en conjunto mediante la regulación y normalización de la producción, posiblemente controlando incluso los precios y los salarios. Algunos se hicieron monopolísticos, manipulando los precios por acuerdos secretos a fin de proteger el mercado del gremio e impedir la competencia desleal.

  A los antiguos gremios de oficios les sucedieron los gremios mercantiles del siglo XI, cuando los comerciantes viajeros los organizaron para protegerse de los peligros de los caminos. Sin embargo, los gremios perdieron con el tiempo su carácter original. Su ámbito local los llevó a perder su poder y prestigio a medida que los mercados regionales, nacionales e internacionales se hicieron más importantes y los comerciantes empezaron a eclipsar a los artesanos.

  A finales del siglo XVIII y principios del XIX, y como resultado de la Revolución Industrial, nacieron en Inglaterra y Estados Unidos los sindicatos como asociaciones de trabajadores de la misma profesión. Su origen fue en parte el de clubes sociales, pero acabaron convirtiéndose en movimientos de protesta contra el sistema político y social de la época.

  En la actualidad, algunos sindicatos se centran solo en fijar salarios, horarios, condiciones de trabajo y niveles de seguridad laboral, consiguiendo sus fines mediante la negociación colectiva o el recurso de la huelga. Otros, sin embargo, son de una manifiesta naturaleza política.

La Liga Hanseática

El comercio mundial incluso ha forjado imperios, siendo, sin duda, el británico el más importante. Pero antes de que este empezara a emerger en el siglo XVI, se produjeron en Europa otras aventuras comerciales que perseguían el influyente poder económico. Una de estas fue la Liga Hanseática.

La palabra del antiguo alto alemán Hanse, que significa “tropas”, se aplicó con el tiempo a cualquiera de los gremios o asociaciones de comerciantes que se formaron. A finales del siglo XII y principios del XIII, un Hanse ubicado en Lübeck, una ciudad del norte de Alemania, dominó el comercio báltico y relacionó a Alemania con Rusia y otros países bálticos. Entretanto, al oeste, el Hanse de la ciudad alemana de Colonia fortalecía las relaciones comerciales con Inglaterra y los Países Bajos.

Estas asociaciones mercantiles promulgaron leyes para defenderse a sí mismas y sus mercancías, regulando el comercio para el bien común. También combatieron la piratería y el robo por tierra y por mar. La expansión del comercio hizo cada vez más necesaria la mejora de la cooperación entre las distintas agrupaciones, de modo que para finales del siglo XIII, todas la ciudades importantes del norte de Alemania se habían unido en una sola liga, que llegó a conocerse como la Liga Hanseática.

Gracias a su ubicación geográfica, la liga controló la mayor parte del comercio septentrional. Al oeste, comerció con Inglaterra y los Países Bajos, naciones adelantadas económicamente, que, a su vez, mantenían relaciones comerciales con el Mediterráneo y el Oriente. Al este, tenía fácil acceso a Escandinavia y la Europa oriental. Además del comercio de la lana con Flandes, la liga controló el comercio pesquero con Noruega y Suecia, así como el de pieles con Rusia.

Aunque no era una federación política ni tenía una administración permanente, consiguió ejercer una gran influencia en su momento de mayor esplendor. Uno de sus logros más importantes fue la elaboración de un código de leyes marítimas y comerciales. Aunque se expandía a nuevos mercados, defendía los antiguos, utilizando la fuerza si era necesario. En la mayoría de los casos, su gran flota mercante podía vencer la resistencia poniendo en vigor embargos o bloqueos económicos.

La Liga Hanseática alcanzó su cenit a mediados del siglo XIV. Su decadencia empezó en el siglo XV, cuando los ingleses y los holandeses se hicieron fuertes y empezaron a dominar el comercio mundial. La guerra de los Treinta Años significó el principio del fin de la Liga. Sus miembros se reunieron por última vez en 1669. Solo unas pocas ciudades, entre ellas Lübeck, Hamburgo y Bremen, se enorgullecen aún de ser ciudades hansas, miembros relativamente impotentes de la que en su día fue una poderosa organización comercial.

Otros gigantes comerciales de mayor envergadura e influencia estaban esperando tomar el lugar de la Liga Hanseática.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Enero de 1992. Para complementar lea el tema: "¿Cambiará algún día nuestro mundo?". También disponible en audio libro. Ambos editados y distribuidos por los testigos de Jehová.

jueves, 20 de marzo de 2014

La lucha del hombre por sus derechos

EN EL año 73 a. de la E.C. un esclavo tracio llamado Espartaco escapó de la escuela en Sicilia donde estaba recibiendo entrenamiento como gladiador. Se escondió en el Vesubio y se le fueron uniendo otros esclavos que habían escapado, hasta que al fin tuvo un ejército.

Después de derrotar a dos ejércitos romanos en sucesión, invadió la mayor parte del sur de Italia y se abrió paso a la fuerza hasta los Alpes mismos. Para entonces su ejército ascendía a aproximadamente 90.000 guerreros. Cuando los demás esclavos rehusaron salir de Italia, tuvo que regresar al sur, con la intención de cruzar de vuelta a Sicilia. Finalmente, Marco Licinio Craso, un nuevo comandante romano, le dio muerte en batalla.

En breve, ésta es la historia de la lucha de un hombre por lo que hoy en día se llama un derecho humano, el derecho a la libertad, o a no estar en esclavitud.

No se han garantizado los derechos humanos


Aparentemente el término “derechos humanos” es muy moderno. Se solía hablar de “derechos naturales.” Pero, sea cual sea el nombre que se use, parece que el hombre siempre ha sentido la necesidad de proteger ciertos derechos y libertades suyos. El código legal de Hammurabi, las reformas legales de Solón en Grecia y las “leyes inmutables” de los medos y los persas fueron concebidos con el propósito de proteger los derechos de los miembros de diferentes naciones y proporcionarles una medida de seguridad.

Sin embargo, las leyes no siempre lograban su propósito. A veces surgía un tirano como Nerón y las pasaba por alto. En los días de Mardoqueo, el inicuo Hamán usó las leyes mismas para tratar de causar la destrucción de la minoría judía en el Imperio Persa. Algunas personas muy ricas y poderosas se hallaban por encima del control de las leyes.

Además de eso, la historia está llena de ejemplos de grupos que en realidad no estaban protegidos por las leyes. La revuelta de Espartaco puso de relieve la difícil situación de los esclavos en el Imperio Romano, a muchos de los cuales se les obligaba a luchar hasta morir en las arenas, o literalmente se les hacía trabajar hasta la muerte en las minas y galeras.

En la antigua Atenas, la posición de las mujeres era poco envidiable. Por lo general se les consideraba como poco más que esclavas que suministraban prole; se les describe como “aisladas en sus hogares, sin educación y con pocos derechos, y sus esposos no las consideraban mejores que un vasallo o un bien mueble.”

La crueldad de los asirios y las deportaciones en masa de los babilonios nos hacen recordar a otra clase cuyos derechos nunca recibieron mucha atención: los que se encontraron en el lado perdedor de las numerosas guerras de la historia. La gente pobre siempre ha sufrido también, y, en tiempos más modernos, las minorías culturales, lingüísticas, y, particularmente, raciales y religiosas, han sufrido severa privación de sus derechos.

El egoísmo y los derechos humanos


Por lo tanto, a través de la historia no se ha visto que los sistemas legislativos humanos hayan garantizado derechos humanos iguales para todos. Esto ha llevado a pugnas, revoluciones y levantamientos de personas que han luchado por obtener mayor libertad.

En todas estas luchas ha sobresalido una cualidad humana: el egoísmo, o egocentrismo. Esta se ha opuesto vigorosamente a que toda la humanidad disfrute de los derechos humanos, y demuestra lo que el filósofo alemán Hegel declaró en una ocasión: que la libertad solo es posible en una comunidad en la cual la gente tenga ciertas normas morales.

Un ejemplo de lo que sucede cuando reina el egocentrismo se vio durante la llamada “revuelta campesina” de Inglaterra. En 1381, una gran muchedumbre de campesinos bajo la dirección de Wat Tyler marchó hacia Londres y exigió ver al rey. Habían pasado por el trauma de la peste negra, y ahora objetaban a la pesada tributación y el trabajo forzado a los cuales los barones —los terratenientes de aquellos días— los estaban sometiendo. Ascendían tal vez a 100.000 hombres.

El rey estaba dispuesto a reunirse con ellos y acceder a sus demandas, pero los barones no estuvieron dispuestos a renunciar a algunos de sus derechos. Wat Tyler fue muerto, y ninguna de las demandas de los campesinos fue aceptada.
Este egocentrismo se vio de otro modo. A menudo sucedía que siempre que algún grupo luchaba por ciertos derechos y finalmente los obtenía, después daba poca consideración a los derechos de otros grupos o personas.

Por ejemplo, en 1789 los ciudadanos de Francia se libraron violentamente de la gobernación de una aristocracia opresiva y produjeron la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En ésta alistaron los derechos que deberían poseer los franceses, destacando los de “libertad, propiedad, seguridad y resistencia a la opresión.”

No obstante, pocos años a partir de entonces, la nación francesa bajo Napoleón participó en guerras de conquista, y afectó adversamente la ‘libertad, propiedad y seguridad’ de la mayor parte de las naciones de Europa.

Se informa que la primera formulación importante de derechos en un documento político fue la Declaración de Derechos británica, en 1689. Pero más tarde, cuando se estuvo edificando el Imperio Británico en diferentes partes del mundo, se dio poca consideración a los derechos de muchos pueblos conquistados, como en el caso de los aborígenes de Australia y Tasmania.

De manera semejante, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos recalcó los derechos de los norteamericanos a la “vida, libertad y la búsqueda de la felicidad.” No obstante, ¿cuánto se pensó en la “vida, libertad y la búsqueda de la felicidad” de los millones de individuos de tez oscura que fueron desarraigados de sus hogares en África y vendidos como esclavos en las plantaciones norteamericanas?

Y cuando la expansión de la nación norteamericana chocó con los derechos de las diferentes tribus indias que les salieron al encuentro, ¿los derechos de quiénes se pasaron por alto a menudo?

La cristiandad y los derechos humanos

Finalmente, el registro histórico de las iglesias de la cristiandad en el campo de los derechos humanos no ha sido bueno. La actitud de la cristiandad para con la propagación de los derechos humanos se muestra en dos acontecimientos históricos interesantes.

En 1215, los ingobernables barones ingleses obligaron al empobrecido rey Juan a firmar la Carta Magna. A ésta se le ha llamado la predecesora de los documentos modernos sobre los derechos humanos. Aunque las libertades que concedía la Carta adolecían de grandes limitaciones, a aquel documento se le considera un punto sobresaliente por el hecho de que puso al rey bajo el dominio de la ley.

La reacción del papa Inocencio III a este documento está registrada. Él dijo: “Absolutamente rechazamos y condenamos este arreglo, y bajo amenaza de excomunión ordenamos que el rey no se atreva a cumplir con él y que los barones no requieran que se cumpla con él. Por medio de este instrumento declaramos que la carta es nula y que carece de toda validez para siempre.”

Por supuesto, no sucedió que la Carta Magna simplemente quedara en nada. Varias veces fue publicada de nuevo, y hasta la Iglesia Católica la usó cuando vio amenazados los derechos de ella; sí, la Carta Magna llegó a ser una fuerza en el desarrollo político de Inglaterra y Norteamérica.

En 1524 ocurrió en Alemania lo que se conoce como la “guerra de los campesinos.” A semejanza de lo que pasó en la revuelta campesina de Inglaterra, los humildes campesinos protestaron contra el constante aumento de impuestos y servicios que exigían los príncipes de Alemania. Martín Lutero aconsejó a los campesinos que se rindieran. Cuando éstos rehusaron hacerlo, se informa que él aconsejó a los príncipes que los atacaran e hirieran como a “perros rabiosos.” Los príncipes siguieron su consejo.

En muchísimas ocasiones la posición que la cristiandad adoptó contra lo que hoy día la gente llama los “derechos humanos” se hizo violenta. La matanza que el protestante Cromwell perpetró contra los católicos irlandeses, y la matanza despiadada de los hugonotes protestantes de Francia a manos de los católicos de esa nación son solamente dos ejemplos de la cruel intolerancia que se ha manifestado para con los derechos de otras personas dentro de las naciones de la cristiandad.

Otros ejemplos son sus sanguinarias cruzadas e inquisiciones; la carrera que optaron por seguir los conquistadores españoles, los cuales, con la bendición de sus líderes espirituales, participaron en actos de asesinato y de saqueo en muchas partes del mundo; y no debemos olvidar las aproximadamente 100.000 mujeres que fueron quemadas en la hoguera durante la Edad Media bajo la acusación de que eran brujas.

Sí, a través de la historia, el registro de la humanidad con relación a los derechos humanos ha sido deficiente. Las fuerzas que deberían haber trabajado para el mejoramiento del hombre, como las leyes del país o hasta las leyes de la cristiandad, han sido inadecuadas o positivamente dañinas para la humanidad.

A muchas clases se les privó de sus derechos, y las tendencias egoístas de los hombres impidieron que las clases hallaran alivio de la opresión. Con demasiada frecuencia ha sucedido como declaró el libro bíblico de Eclesiastés hace mucho: “El hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo.”—Ecl. 8:9

¿Qué significa esto para nosotros hoy día? ¿Han cambiado las cosas? ¿Habrá ahora más esperanza que en el pasado respecto a que los derechos humanos hayan de ser garantizados? ¿Qué dicen los hechos?

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 08 de Febrero de 1980. Para complementar el tema, lea el folleto: "¿Quién controla realmente el mundo?". Ambos publicados por los testigos de Jehová.

miércoles, 19 de marzo de 2014

¡La Palabra de Jehová es segura!

‘Yo, Jehová, hago que se cumpla la palabra de mi siervo.’ (Isaías 44:24-26)

¿QUÉ nos traerá el día de mañana? La gente quisiera saber eso. Pero ¡cuán poco satisfactorias son sus predicciones! Por ejemplo: Allá en 1864 el naturalista Alfred R. Wallace predijo que el hombre forjaría el siguiente ‘futuro para la raza humana’: “Cada cual forjará su propia felicidad en relación con la de su prójimo; las facultades morales bien equilibradas nunca permitirán a nadie violar la igualdad de libertad de otras personas; cada cual será guiado por lo óptimo en lo que respecta a leyes; una consumada comprensión de los derechos de todos los que lo rodean, junto con perfecta simpatía con los sentimientos de éstos”.

De hecho, ¡Wallace predijo que el hombre transformaría la Tierra en “el paraíso más brillante que se haya presentado alguna vez en los sueños de un vidente o un poeta”!

El autor de esas palabras murió solamente nueve meses antes de que la humanidad se sumiera en la oscura noche de la I Guerra Mundial. ¿Dónde estuvo, entonces, aquel ‘brillante paraíso’ lleno de gente compasiva? ¿Y qué hay de hoy? Indiscutiblemente, ‘se ha enfriado el amor de la mayor parte’ de la gente... y esto a pesar de las predicciones que habían anunciado lo contrario (Mateo 24:12). Pero ¿debería esto llevarnos a dudar de toda profecía?

Jehová Dios se identifica como Aquel ‘que vuelve a los sabios al revés y torna el conocimiento de ellos en tontedad, mientras hace que se cumpla la palabra de Su siervo’ (Isaías 44:24-26, By). Sin embargo, algunos tal vez pregunten: ‘¿Podemos confiar en las profecías bíblicas? ¿Es verdaderamente segura la Palabra de Jehová?’.

Ruina y restauración

Hay prueba abundante de que realmente podemos confiar en la profecía bíblica. Por ejemplo, profecías de ruina y de restauración se realizaron en el caso del antiguo pueblo de Dios, los israelitas. Cuando ellos adoraban fielmente a Jehová, prosperaban en la ‘tierra de leche y miel’ que Dios les había dado (Levítico 20:24; 1 Reyes 4:1, 20).

Pero se les había advertido que, si desobedecían, aquella tierra que virtualmente era un paraíso se convertiría en un lugar desierto y devastado (Levítico 26:27-35). En el año 607 a. de la E.C., unos 900 años después que Moisés hubo puesto por escrito el libro de Levítico, los babilonios conquistaron a Judá y Jerusalén. Poco tiempo después, los judíos que quedaron en aquella tierra huyeron a Egipto, y así se completó la predicha desolación. (Jeremías 39:8-10; 40:5; 41:2; 43:1-7.)

Sin embargo, más de un siglo antes de la destrucción de Jerusalén, Jehová había prometido que haría regresar a su pueblo arrepentido a la tierra desolada de ellos y que restauraría el esplendor paradisíaco de ésta (Isaías 35:1-4).

Dios también había dicho: “Yo, Jehová, [...] que hago que se cumpla la palabra de mi siervo y que se realice el plan de mis mensajeros, soy el que dice acerca de Jerusalén: ‘será habitada’, y en cuanto a las ciudades de Judá: ‘serán reconstruidas y restauraré sus ruinas’” (Isaías 44:24-26, By). En 539 a. de la E.C. los medos y los persas, bajo el mando de Ciro, conquistaron a Babilonia, tal como lo había predicho Isaías (Isaías 44:27–45:6).

El decreto de Ciro que permitió a los judíos regresar a su tierra de procedencia y reconstruir el templo entró en vigor en 537 a. de la E.C., y con el tiempo la tierra de Judá sí vio la predicha transformación. (Esdras 1:1-4; Isaías 35:5-10; Ezequiel 36:35). ¡Cuán segura es la Palabra de Jehová!

Tiro no pudo desafiar la profecía

En la antigua ciudad de Tiro, a la cual apropiadamente se llamaba “la Reina del Mar”, también se cumplió profecía recibida por inspiración divina. Respecto a este puerto marítimo fenicio, Jehová había declarado: “Estoy contra ti, oh Tiro, y ciertamente haré subir contra ti muchas naciones [...] Aquí estoy trayendo contra Tiro a Nabucodonosor el rey de Babilonia [...] y tus torres derruirá [...] Y tus piedras y tu maderaje y tu polvo colocarán en el medio mismo del agua. [...] Y ciertamente haré de ti una superficie brillante y pelada de peñasco. Un secadero para redes barrederas es lo que llegarás a ser”. (Ezequiel 26:3-14.)

Tal caída parecía imposible. De acuerdo con el historiador judío Josefo, los babilonios sitiaron a Tiro por un período de 13 años (Josefo, Contra Apión, libro I, capítulo 21). No hay registro histórico de cuán eficaces fueron los esfuerzos de Nabucodonosor, aunque Tiro tiene que haber sufrido enormes pérdidas en términos de propiedad y vidas. Una declaración profética posterior dada mediante Zacarías indicó que Dios destruiría completamente la ciudad (Zacarías 9:3, 4). Esta profecía se cumplió unos 200 años después de ser dada.

Para entonces, los que vivían en la cercana ciudad insular de Tiro se sentían seguros detrás de sus formidables murallas. Sin embargo, en 332 a. de la E.C. las fuerzas de Alejandro Magno destruyeron aquella ciudad insular por medio de construir un terraplén hasta la isla, usando los escombros de la Tiro continental.

Desde entonces, esta península artificial ha sido agrandada por la arena que el agua ha depositado allí. Además, en la aldea marítima que actualmente se halla allí se pueden ver pescadores secando sus redes... otro cumplimiento de profecía. ¡La Palabra de Jehová ciertamente es segura!

Se rinde la “ciudad de derramamiento de sangre”


La Palabra profética de Dios también resultó ser veraz en el caso de la antigua Nínive, la capital del Imperio Asirio, opresor del pueblo de Jehová (2 Reyes 17:1-6; 1 Crónicas 5:6, 26). Cuando Nínive estaba en su apogeo, Jehová dijo lo siguiente acerca de ella mediante Sus profetas: “Saqueen plata; saqueen oro; pues no hay límite a las cosas en arreglo. [...] ¡Vacío y vacuidad, y una ciudad asolada! [...] ¡Ay de la ciudad de derramamiento de sangre!” (Nahúm 2:9, 10; 3:1). “Hará de Nínive un yermo desolado [...] y en medio de ella, hatos ciertamente se echarán estirados.” (Sofonías 2:13, 14.)

¿Sería posible que esto se realizara? Nínive era “la gran ciudad” (Jonás 1:2). De acuerdo con el historiador antiguo Diodoro, Nínive tenía una muralla de 30 metros (100 pies), lo suficientemente ancha como para que tres carros viajaran sobre ella lado a lado. En los días del profeta Jonás (el siglo IX a. de la E.C.), más de 120.000 hombres vivían en aquella ciudad (Jonás 4:11). ¿Había de convertirse todo esto en un “yermo desolado”?

En el año 632 a. de la E.C., después de 16 años o más de la profecía de Sofonías, los babilonios y los medos sitiaron a Nínive. De acuerdo con Diodoro (libro II, capítulo 27), “lluvias fuertes y continuas” hicieron que el río Éufrates se desbordara. El río “inundó parte de la ciudad y derribó los muros por una distancia de veinte estadios”.

Nínive fue tomada. “Se llevaron mucho despojo de la ciudad y de la zona del templo y convirtieron la ciudad en un montón de tierra y en una ruina”, declara la antigua Crónica babilonia. Por siglos Nínive llegó a ser una ciudad perdida. Su caída ciertamente fue “buenas nuevas” para el pueblo de Dios, al cual se confirmó que “Jehová es bueno” y “está informado de los que buscan refugio en él” (Nahúm 1:7, 15).

Hoy día la persona que visita las ruinas de Nínive, en Iraq, puede ver ovejas pastando cerca de sus montículos, tal como se predijo. Esto es prueba adicional de que la Palabra de Jehová es segura.

Se quiebra “un cuerno conspicuo”

En una visión profética, Daniel vio que un macho cabrío que tenía “un cuerno conspicuo” mataba a un carnero de dos cuernos. El cuerno conspicuo fue quebrado, y cuatro cuernos lo reemplazaron (Daniel 8:1-8). ¿Qué pudiera significar esto? El ángel Gabriel explicó: “El carnero que tú viste que poseía los dos cuernos representa a los reyes de Media y Persia. Y el macho cabrío peludo representa al rey de Grecia; y en cuanto al gran cuerno que estaba entre sus ojos, representa al primer rey. Y puesto que ése fue quebrado, de modo que hubo cuatro que finalmente se levantaron en lugar de él, hay cuatro reinos de su nación que se pondrán de pie, pero no con su poder”. (Daniel 8:16, 20-22.)

La poderosa Babilonia había sido conquistada por Medopersia, el carnero de dos cuernos de la visión. Pero el ángel de Dios había predicho que “el macho cabrío peludo”, Grecia, mataría al carnero. Eso fue exactamente lo que ocurrió en el siglo IV a. de la E.C., cuando los ejércitos de habla griega de Alejandro Magno derrocaron al Imperio Medopersa. Sin embargo, Alejandro murió inesperadamente a la edad de 32 años en 323 a. de la E.C. sin haber dejado un sucesor capacitado.

Con la muerte de Alejandro “el cuerno conspicuo” fue quebrado. Pero ¿qué hay de los predichos ‘cuatro cuernos que finalmente se levantaron en lugar de éste’?

Alejandro tenía varios generales, pero cuatro de ellos finalmente se establecieron en el poder. Fue así como el “cuerno conspicuo” fue quebrado, y con el tiempo ‘cuatro cuernos’, o “cuatro reinos”, lo reemplazaron. Para 301 a. de la E.C. estos generales se habían establecido en el poder: Ptolomeo Lago (Egipto y Palestina); Seleuco Nicátor (Mesopotamia y Siria); Casandro (Macedonia y Grecia); y Lisímaco (Tracia y Asia Menor). De nuevo vemos que la Palabra de Dios es segura.

¡Aparece “Mesías el Caudillo”!


El libro de Daniel también suministra prueba particularmente sobresaliente de que la Palabra de Jehová es segura. Con siglos de anterioridad, Daniel escribió por inspiración acerca del tiempo exacto en que el Mesías aparecería en la Tierra.

Esta emocionante profecía dijo, en parte: “Hay setenta semanas que han sido determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para poner fin a la transgresión, y para acabar con el pecado, y para hacer expiación por el error, y para introducir la justicia para tiempos indefinidos, y para imprimir un sello sobre visión y profeta, y para ungir el Santo de los Santos. Y debes saber y tener la perspicacia de que desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas”. (Daniel 9:24, 25.)

¿Se trataba aquí de “semanas” literales? No, pues las cosas profetizadas aquí tocante al Mesías no acontecieron todas dentro de un período de 70 semanas, o menos de año y medio. Éstas resultaron ser “semanas” en las cuales cada día contaba por un año. (Compare con Números 14:33, 34.) “La palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén” salió en el año vigésimo del rey persa Artajerjes, llamado Longimano (Nehemías 2:1-18).

Desde que éste comenzó a gobernar en 474 a. de la E.C., su vigésimo año fue 455 a. de la E.C. Por eso, las 69 semanas de años desde ‘la palabra de reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo’ sumaron 483 años (7  69) y se extendieron hasta el 29 E.C.

En ese año Juan el Bautizante estaba ocupado “predicando bautismo en símbolo de arrepentimiento para perdón de pecados”. ¿Y qué hay de los judíos? “Estando el pueblo en expectativa y todos discurriendo en sus corazones acerca de Juan: ‘¿Acaso será él el Cristo?’” (Lucas 3:3-6, 15).

Respecto a tal expectativa, el erudito judío Abba Hillel Silver declaró: “En el primer siglo, sin embargo, especialmente durante la generación anterior a la destrucción [de Jerusalén], hubo un extraordinario brote de emocionalismo mesiánico. Esto se debió [...] no a una intensificación de la persecución romana, sino a la creencia común entonces, inducida por la cronología popular de aquellos días [...] Se esperaba al Mesías alrededor del segundo cuarto del primer siglo E.C.”. Aquella “cronología popular” se basaba en el libro de Daniel.

La profecía de Daniel había indicado que las 69 semanas de años se extenderían hasta dentro del año 29 E.C. Pues bien, ¿apareció el Mesías a tiempo en aquel año? ¡Ciertamente que sí! Juan el Bautizante había comenzado a predicar y bautizar “en el año decimoquinto del reinado de Tiberio César” (Lucas 3:1-3).

Puesto que Tiberio llegó a ser emperador romano el 17 de agosto del año 14 E.C. (según el calendario gregoriano), la obra de Juan comenzó durante el año decimoquinto después de eso, o en la primavera del 29 E.C. En el otoño de aquel año Juan bautizó a Jesús de Nazaret, y entonces el espíritu santo descendió del cielo para ungir a Jesús como el Cristo, o Mesías (Lucas 3:21, 22). La profecía mesiánica se había cumplido. Nuevamente se había probado que la Palabra de Jehová es segura.

Muchas otras profecías de las Escrituras Hebreas tuvieron cumplimiento con relación a Jesucristo.

  • Por ejemplo, Jesús nació de una virgen, en Belén (Isaías 7:14; Miqueas 5:2; Mateo 1:18-23; 2:3-6).

  • Después que él nació, se dio muerte a unos niñitos (Jeremías 31:15; Mateo 2:16-18). Tuvo un precursor (Isaías 40:3; Mateo 3:1-3).

  • Jesús llevó nuestras enfermedades (Isaías 53:4; Mateo 8:16, 17).

  • Entró en Jerusalén sobre un pollino de asna (Zacarías 9:9; Juan 12:12-15).

  • Un apóstol lo traicionó por 30 piezas de plata (Salmo 41:9; Zacarías 11:12; Mateo 26:14-16, 46-56; Juan 13:18).

  • Después que Jesús hubo sido colgado en el madero, varios soldados se repartieron las ropas de él y echaron suertes por Su prenda interior de vestir (Salmo 22:18; Juan 19:23, 24).

  • No le quebraron los huesos, pero lo traspasaron con una lanza (Salmo 34:20; Zacarías 12:10; Juan 19:33-37).

  • Después de estar partes de tres días en el sepulcro, fue resucitado (Jonás 1:17; 2:10; Mateo 12:39, 40; Marcos 9:31; Hechos 10:40).

Éstos son simplemente ejemplos de cómo Jesús cumplió las profecías mesiánicas. Pero también prueban que la Palabra de Jehová es segura.

Se puede saber el futuro


Jesús mismo, el Mesías, dio profecías que inspiran esperanza. Por ejemplo, predijo su futura “presencia” (Mateo 24:3-14). De hecho, diferentes escritores bíblicos pusieron por escrito profecías alentadoras que tendrían significado e importancia en el siglo XX y XXI. Por eso, no es inútil preguntar: ‘¿Qué nos traerá el día de mañana?’. ¡Podemos hallar la contestación!

19 Hasta ahora hemos considerado algunas profecías bíblicas que se cumplieron en el pasado. Pero ¿qué hay de nuestro día? ¿Tenemos más prueba emocionante de que la Palabra de Jehová es segura?

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Abril de 1984. Para complementar el tema lea el libro: "Acerquémonos a Jehová", ambos publicados por los testigos de Jehová.