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jueves, 5 de junio de 2014

Mantengamos un espíritu de sacrificio (Segunda parte)

El mal ejemplo del rey Saúl

8. ¿Con qué actitud comenzó Saúl su reinado, y cómo la demostró?

Lo que le ocurrió al rey Saúl nos sirve de advertencia. Es un ejemplo claro de que el egoísmo puede corroer nuestro espíritu de sacrificio. Saúl comenzó su reinado con una actitud modesta y humilde (1 Sam. 9:21). No quiso castigar a los israelitas que murmuraron contra su nombramiento, aunque podía haberse sentido en su derecho porque Dios mismo lo había hecho rey (1 Sam. 10:27). El rey Saúl aceptó la guía del espíritu de Dios al dirigir al pueblo en su lucha contra los ammonitas, y luego reconoció humildemente que el mérito de la victoria que obtuvieron era de Jehová (1 Sam. 11:6, 11-13).

9. ¿Cómo se volvió egoísta Saúl?

Con el tiempo, Saúl dejó que el orgullo y el egoísmo se abrieran paso en su interior, tal como hace el óxido corrosivo en el hierro. Cuando derrotó a los amalequitas, prefirió satisfacer sus deseos a obedecer a Jehová. Decidió quedarse con el botín en vez de destruirlo como Dios había ordenado. Y fue tan arrogante que hasta se hizo construir un monumento (1 Sam. 15:3, 9, 12). Cuando el profeta Samuel le dijo que a Jehová le había desagradado su conducta, Saúl trató de justificarse. Se centró en la parte del mandato que sí había cumplido y culpó a otros de su error (1 Sam. 15:16-21). Además, el orgullo lo llevó a preocuparse más por lo que la gente pensara de él que por su amistad con Dios (1 Sam. 15:30). ¿Cómo podemos usar este relato como un espejo que nos ayude a mantener un espíritu de sacrificio?

10. ¿Qué nos enseña el mal ejemplo de Saúl?

Primero, el mal ejemplo de Saúl nos enseña que no debemos confiarnos. Que hayamos tenido un espíritu de sacrificio en el pasado no significa que lo seguiremos teniendo automáticamente (1 Tim. 4:10). Recordemos que Saúl empezó bien y que, durante algún tiempo, contó con el favor divino. Pero no desarraigó los deseos egoístas que comenzaron a surgirle. Finalmente, Jehová lo rechazó por su desobediencia.

11. ¿Cómo evitaremos caer en el mismo error de Saúl?

Segundo, aprendemos que no debemos centrarnos solo en lo que estamos haciendo bien y pasar por alto los aspectos en los que tenemos que mejorar. Eso sería como mirarnos al espejo y fijarnos solo en la ropa nueva que llevamos puesta sin darnos cuenta de que tenemos la cara manchada. Aunque no seamos tan orgullosos como llegó a ser Saúl, tenemos que cuidarnos de toda inclinación que nos pueda llevar a caer en su mismo error. Cuando se nos dé un consejo, no tratemos de justificarnos, quitarle importancia al problema o culpar a otros. A diferencia de Saúl, aceptémoslo de buena gana (lea Salmo 141:5).

12. ¿Cómo puede ayudarnos el espíritu de sacrificio si hemos cometido un pecado grave?

Ahora bien, ¿qué podemos hacer si hemos cometido un pecado grave? A Saúl le preocupaba demasiado su reputación, y eso le impidió recuperarse en sentido espiritual. No sigamos su mal ejemplo. El espíritu de sacrificio puede impulsarnos a buscar la ayuda que necesitamos superando la vergüenza (Prov. 28:13; Sant. 5:14-16).

Cierto hermano comenzó a ver pornografía a los 12 años y continuó viéndola a escondidas por más de diez años. Él explica: “Fue difícil confesárselo a mi esposa y a los ancianos. Pero ahora que lo he hecho, siento que me he quitado un enorme peso de encima. Algunos de mis amigos se decepcionaron cuando dejé de ser siervo ministerial; sentían que les había fallado. Aun así, sé que ahora Jehová está más contento con mi servicio que cuando veía pornografía, y lo que él piense es lo único que de verdad importa”.

El buen ejemplo de Pedro

13. ¿Cómo sabemos que Pedro tuvo que luchar con inclinaciones egoístas?

El apóstol Pedro manifestó un espíritu de sacrificio mientras Jesús lo estuvo preparando (Luc. 5:3-11). No obstante, tuvo que luchar con inclinaciones egoístas. Por ejemplo, se indignó cuando los apóstoles Santiago y Juan intentaron asegurarse lugares prominentes junto a Jesús en el Reino de Dios. Tal vez pensó que le correspondía uno de esos lugares, pues Jesús había dicho que él cumpliría un papel especial (Mat. 16:18, 19). En cualquier caso, Jesús les advirtió a Santiago, Juan y Pedro, y al resto de los apóstoles, que no fueran egoístas, que no trataran a sus hermanos con aires de superioridad (Mar. 10:35-45).

14. ¿En que volvio a fallar Pedro?

A pesar de aquella corrección, Pedro volvió a dejarse vencer por el egoísmo. Cuando Jesús les dijo a sus apóstoles que lo abandonarían por un tiempo, Pedro rebajó a los demás y se engrandeció a sí mismo asegurando que solo él sería leal (Mat. 26:31-33). No debió confiarse tanto, pues aquella misma noche falló, no demostró tener un espíritu de sacrificio. En un intento por protegerse a sí mismo, negó a Jesús tres veces (Mat. 26:69-75).

15. ¿Por qué nos anima el ejemplo de Pedro?

A pesar de sus luchas y tropiezos, Pedro nos dejó un ejemplo muy animador. Con esfuerzo y con la ayuda del espíritu santo, fue capaz de mantener a raya sus tendencias egoístas y demostrar autodominio y amor abnegado (Gál. 5:22, 23). Aguantó pruebas que pudieran parecer más duras que aquellas en las que había fallado. Por ejemplo, cuando Pablo lo reprendió en público, Pedro reaccionó con humildad (Gál. 2:11-14). Y no le guardó rencor pensando que aquella reprimenda había dañado su reputación. Al contrario, siguió considerándolo su amado hermano (2 Ped. 3:15). Su ejemplo puede ayudarnos a cultivar un espíritu de sacrificio.

16. ¿Cómo podemos demostrar un espíritu de sacrificio en momentos difíciles?

16 ¿Cómo reaccionamos en momentos difíciles?

Cuando Pedro y los demás apóstoles fueron encarcelados y azotados por predicar, se regocijaron “porque se les había considerado dignos de sufrir deshonra a favor del nombre de Jesús” (Hech. 5:41). Nosotros también podemos ver la persecución como una oportunidad de imitar a Pedro y seguir los pasos de Jesús demostrando un espíritu de sacrificio (lea 1 Pedro 2:20, 21). Además, esa actitud nos ayudará si alguna vez los ancianos tienen que corregirnos. Recordemos el ejemplo de Pedro y no nos ofendamos (Ecl. 7:9).

17 ¿Qué preguntas podríamos hacernos respecto a nuestras metas?

El ejemplo de Pedro también nos anima a ponernos metas espirituales. Al esforzarnos por alcanzarlas, nos será muy útil tener un espíritu abnegado. Pero ¡cuidado! Nunca dejemos que nos motive el deseo de prominencia. Preguntémonos: “¿Por qué quiero servir más de lleno a Jehová? ¿Es porque deseo reconocimiento de los demás o más autoridad, como al parecer deseaban Santiago y Juan cuando hicieron su solicitud a Jesús?”.

18 ¿Qué debemos hacer si detectamos indicios de egoísmo en nuestro corazón?

Si detectamos indicios de egoísmo en nuestro corazón, pidámosle a Jehová que corrija nuestro modo de pensar y sentir, y entonces esforcémonos por darle gloria a él, no a nosotros mismos (Sal. 86:11). Podríamos ponernos metas que no nos conviertan en el foco de atención. Por ejemplo, podríamos cultivar algún aspecto del fruto del espíritu en que debamos mejorar. O si nos preparamos muy bien para nuestras asignaciones en la plataforma pero le damos poca importancia a limpiar el Salón del Reino, podríamos ponernos la meta de seguir el consejo de Romanos 12:16.

19. ¿Qué podemos hacer para no desanimarnos cuando nos miramos en el espejo de la Palabra de Dios?

Cuando nos miramos con cuidado en el espejo de la Palabra de Dios y encontramos algún defecto —como indicios de egoísmo—, tal vez nos desanimemos. Si esto ocurre, pensemos en el hombre de la ilustración de Santiago al que le fue bien. Santiago no mencionó cuánto tardó en resolver los problemas que vio, ni tampoco si logró solucionarlos todos. Lo que sí dijo es que aquel hombre persistió en la ley perfecta de Jehová (Sant. 1:25).

Recordó lo que había visto en el espejo y se esforzó por mejorar. ¿Qué aprendemos? Que debemos mantener un punto de vista positivo y equilibrado de nosotros mismos y nuestras imperfecciones (lea Eclesiastés 7:20). Sigamos profundizando en la ley perfecta y esforcémonos por mantener un espíritu de sacrificio. Jehová nos quiere ayudar, tal como ha ayudado a tantos hermanos nuestros que, a pesar de ser imperfectos, tienen su favor y bendición.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Marzo del 2014. Para conocer mas acerca de los primeros cristianos lea: "Testimonio cabal del Reino de Dios", también disponible en audio libro. Ambos editados y distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 4 de junio de 2014

Mantengamos un espíritu de sacrificio (Primera parte)


1. ¿Qué ejemplo perfecto dejó Jesús en cuanto a sacrificarse por otros?

CUANDO Jesús estuvo en la Tierra, dejó un ejemplo perfecto de lo que significa sacrificarse por otros. Renunció a sus deseos y comodidades a fin de cumplir la voluntad de Dios (Juan 5:30). Y al seguir fiel hasta su muerte en el madero, demostró que su espíritu de sacrificio no tenía límites (Filip. 2:8).

2. a) ¿Qué significa tener un espíritu de sacrificio? b) ¿Por qué debemos ser altruistas?

Como seguidores de Jesús, debemos imitar su espíritu de sacrificio. Pero ¿qué significa tener un espíritu de sacrificio? En pocas palabras, ser altruistas, estar dispuestos a renunciar a la propia conveniencia con tal de ayudar a otros. Podríamos decir que es lo opuesto a ser egoístas (lea Mateo 16:24).

Ser altruistas nos ayuda a poner nuestros sentimientos y preferencias en segundo plano (Filip. 2:3, 4). Jesús enseñó que el altruismo es una parte esencial de nuestro servicio a Dios. ¿Por qué? Porque lo que nos motiva a sacrificarnos por los demás es el amor cristiano. Y ese amor es la marca distintiva de los verdaderos seguidores de Jesús (Juan 13:34, 35). Nuestra hermandad mundial está formada por personas dispuestas a sacrificarse. ¿Y verdad que por pertenecer a ella disfrutamos de incontables bendiciones?

3. ¿Qué puede debilitar nuestro espíritu de sacrificio?

Ahora bien, tenemos un enemigo interno que puede ir debilitando nuestro espíritu de sacrificio: la tendencia al egoísmo. Recordemos que hasta Adán y Eva demostraron egoísmo. A ella la impulsó el deseo de ser como Dios, y él desobedeció a su Creador por el deseo de continuar junto a ella (Gén. 3:5, 6).

Satanás logró alejarlos de la adoración verdadera, y desde entonces ha tratado de despertar deseos egoístas en las personas. Incluso lo intentó con Jesús (Mat. 4:1-9). Y en nuestros días, Satanás ha conseguido que la mayoría de la gente caiga en su trampa y se comporte de manera egoísta. Tengamos mucho cuidado, pues la actitud egoísta que domina a esta sociedad se nos puede pegar (Efes. 2:2).

4. a) ¿Podemos eliminar nuestra tendencia al egoísmo? b) ¿Qué preguntas vamos a contestar?

El egoísmo podría compararse al óxido. Un objeto de hierro expuesto al aire y al agua puede empezar a oxidarse. Si no se le da importancia y se deja que el óxido siga corroyéndolo, este puede dañar su estructura o su funcionamiento. De igual modo, si bien es cierto que por el momento nos es imposible eliminar nuestra imperfección y nuestra tendencia al egoísmo, debemos estar atentos y no dejar que nos dominen (1 Cor. 9:26, 27). ¿Cómo podemos detectar indicios de egoísmo en nosotros mismos? ¿Cómo podemos cultivar a mayor grado nuestro espíritu de sacrificio?

Usemos la Biblia como un espejo


5. a) ¿Por qué es la Biblia como un espejo? b) Al examinarnos con la Biblia, ¿qué debemos evitar?


Tal como un espejo nos permite ver nuestra apariencia, la Biblia nos permite examinar nuestro interior y corregir los defectos que encontremos (lea Santiago 1:22-25). Ahora bien, para que el espejo cumpla su función, tenemos que usarlo bien. Si tan solo le echamos un vistazo a nuestra imagen, quizá pasemos por alto alguna mancha o defecto. Además, dependiendo del ángulo desde el que miremos al espejo, podríamos estar viendo la imagen de otra persona. Del mismo modo, para que la Biblia nos ayude a encontrarnos un defecto, como el egoísmo, no debemos leerla solo por encima o usarla para encontrarle defectos a otra persona.

6. ¿Cómo podemos persistir en la ley perfecta?

En realidad, podríamos estar leyendo la Palabra de Dios de forma regular, incluso todos los días, y aun así no darnos cuenta de que el egoísmo está empezando a echar raíces en nuestro interior. ¿Cómo podría ocurrirnos eso? Pues bien, en la ilustración de Santiago sobre el espejo, el problema no es que el hombre no se mire con detenimiento.

El relato menciona que en verdad “se mira”. El verbo griego que Santiago emplea denota un análisis cuidadoso, significa “observar completamente”. Entonces, ¿qué hace mal ese hombre? El pasaje explica: “Allá se va e inmediatamente olvida qué clase de hombre es”. En efecto, se va y no hace nada para corregir lo que ha visto. Por otra parte, el hombre que obtiene buenos resultados no solo “mira con cuidado en la ley perfecta” de Dios, sino que “persiste en ella”.

En lugar de apartarse de la ley perfecta de la Palabra de Dios, persiste en estudiarla y vivir de acuerdo con sus enseñanzas. Jesús mencionó algo parecido cuando dijo: “Si permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos” (Juan 8:31).

7. ¿Cómo podemos usar la Biblia para luchar contra cualquier indicio de egoísmo?


Por tanto, para luchar contra cualquier indicio de egoísmo, primero tenemos que leer la Palabra de Dios con cuidado. Así podremos ver en qué necesitamos mejorar. Pero debemos ir más allá y hacer un análisis más profundo. Una vez que comprendamos bien un relato bíblico, imaginemos que estamos en él y preguntémonos: “¿Cómo habría actuado yo en esa situación? ¿Habría hecho lo correcto?”. Y, lo que es más importante, después de reflexionar en lo que hemos leído, esforcémonos por ponerlo en práctica (Mat. 7:24, 25).

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de marzo del 2014. Para encontrar mas consejos prácticos lea "Manténganse en el amor de Dios", también disponible en audio libro. Ambos publicados por los testigos de Jehová.

martes, 3 de junio de 2014

Cómo llegarles al corazón a familiares no creyentes

“VETE a casa a tus parientes, e infórmales acerca de todas las cosas que Jehová ha hecho por ti, y de la misericordia que te tuvo”, le dijo Jesús a un hombre que quería ser su seguidor. Probablemente estaban cerca de la ciudad de Gadara, al sureste del mar de Galilea. Las palabras de Jesús revelan que comprendía una característica básica del ser humano: el deseo de hablarle a su familia de las cosas que le importan (Mateo 5: 19).
Hoy día seguimos viendo esa característica en todas las culturas, aunque en algunas es más evidente que en otras. Por eso, cuando alguien se hace siervo del Dios verdadero, Jehová, por lo general siente el deseo de hablarles a sus parientes de su nueva fe. Pero ¿cómo debería hacerlo? ¿Cómo puede llegarles al corazón a familiares que tienen otra religión o que ni siquiera creen en Dios? La Biblia da consejos muy prácticos.

"Hemos hallado al Mesías"
En el primer siglo, Andrés fue uno de los primeros en descubrir que Jesús era el Mesías. ¿A quién se lo contó inmediatamente? “Primero halló este a su propio hermano, Simón, y le dijo: ‘Hemos hallado al Mesías’ (que, traducido, significa Cristo).” Luego llevó a Pedro a donde estaba Jesús, y así le dio la oportunidad de hacerse también su discípulo (Juan 1: 35 al 42).

Unos seis años después, Pedro —que estaba en Jope— recibió la invitación de viajar hacia el norte, a Cesarea, a casa de un oficial del ejército llamado Cornelio. ¿A quiénes se encontró al llegar? El relato dice: “Cornelio, por supuesto, los esperaba [a Pedro y a los que viajaban con él], y había convocado a sus parientes y a sus amigos íntimos”.  De ese modo, Cornelio les dio a sus familiares la oportunidad de escuchar a Pedro y decidir por sí mismos (Hechos 10: 22 y 23).

¿Qué aprendemos del modo como Andrés y Cornelio trataron a sus familiares?
Ni uno ni otro dejó las cosas a la casualidad. Andrés se encargó de que su hermano conociera a Jesús, y Cornelio reunió a su familia a fin de que escuchara a Pedro.

Pero ninguno de los dos manipuló o presionó a los suyos para que se hicieran cristianos. ¿Qué nos enseña eso? ¿Cómo podemos imitarlos? Quizás podamos comentarles a nuestros familiares algún punto interesante, crear oportunidades para que conozcan las verdades bíblicas o presentarles a otros Testigos. Pero siempre tenemos que respetar su libertad de decisión y nunca incomodarlos ni presionarlos. Para saber cómo ayudarlos, veamos un ejemplo de la vida real: el de Jürgen y Petra, un matrimonio de Alemania.

Petra estudió la Biblia con los testigos de Jehová y se bautizó. Él era oficial del ejército y, al principio, no le agradó la decisión de Petra. Pero con el tiempo se dio cuenta de que los Testigos enseñan la verdad sobre la Biblia. Por eso también dedicó su vida a Jehová, y ahora es anciano de congregación. ¿Qué recomienda él para llegarle al corazón a un pariente de otra religión?

Jürgen señala: “No trate de imponerle sus creencias ni de inundarlo con demasiada información. Eso solo serviría para distanciarlo más. A largo plazo, es mejor dejar caer algunas gotas de vez en cuando. También ayuda presentarle hermanos de su misma edad o que tengan gustos parecidos. Esto puede cerrar la brecha”.
El apóstol Pedro y la familia de Cornelio respondieron enseguida al mensaje bíblico. Sin embargo, otras personas del siglo primero tardaron más.

Los hermanos de Jesús
Varios parientes de Jesús creyeron en él durante su ministerio. Por ejemplo, es posible que los apóstoles Santiago y Juan fueran sus primos y que la madre de ellos, Salomé, fuera su tía. Ella pudo haber sido una de las “muchas otras mujeres” que, según leemos, “ministraban a Jesús y a sus apóstoles de sus bienes” (Lucas 8: 1 al 3).
Pero otros miembros de la familia de Jesús no tuvieron fe en él al principio. En una ocasión, más de un año después de que él se bautizó, una multitud se reunió en una casa para escucharlo. “Cuando sus parientes oyeron esto —dice el relato—, salieron para apoderarse de él, porque decían: ‘Ha perdido el juicio’.” Algún tiempo más tarde, cuando sus medio hermanos hablaron con él sobre el lugar al que podía dirigirse, no les contestó directamente. ¿Por qué no? Porque “sus hermanos, de hecho, no ejercían fe en él” (Marcos 3: 21 y Juan 7: 5).

¿Qué aprendemos del modo como Jesús trató a sus parientes? No se ofendió cuando algunos dijeron que había perdido el juicio. Incluso después de ser ejecutado y resucitado animó a su familia, pues se le apareció a su medio hermano Santiago. Parece que esta aparición contribuyó a que tanto Santiago como sus demás medio hermanos  se convencieran de que Jesús era el Mesías.

De hecho, ellos estaban con los apóstoles y otros fieles que se reunieron en una sala superior de Jerusalén y sin duda también recibieron el espíritu santo. Más adelante, a Santiago y también a Judas, otro medio hermano de Jesús, se les confiaron importantes responsabilidades (Hechos 1:12-14; 2:1-4; 1 Corintios 15:7).

Algunos necesitan más tiempo

Al igual que en el siglo primero, hoy algunos familiares necesitan mucho tiempo antes de decidirse a seguir el camino que lleva a la vida. Pongamos por caso a Roswitha, quien era una ferviente católica cuando su esposo se hizo testigo de Jehová, en 1978. Convencida de sus creencias, rechazó de plano la decisión de él. Pero con los años, su actitud se suavizó. Se fue dando cuenta de que los Testigos enseñan la verdad, y en el 2003 se bautizó. ¿Qué motivó el cambio? Un factor clave fue la conducta de su esposo: en vez de ofenderse por la hostilidad con que lo trataba, él le daba oportunidades de cambiar de opinión. ¿Qué aconseja Roswitha? “Se puede lograr mucho con paciencia, paciencia y más paciencia.”
En cierta ocasión, Jesús comparó el mensaje de la verdad a agua que da vida eterna (Juan 4:13, 14). Queremos que nuestros parientes beban esta agua cristalina y refrescante. Pero no queremos ahogarlos obligándolos a beber demasiada de golpe. El que se sientan refrescados o ahogados puede depender de cómo les presentemos nuestras creencias. La Biblia dice que “el corazón del justo medita para responder” y que “el corazón del sabio hace que su boca muestre perspicacia, y a sus labios añade persuasiva”. ¿Cómo podemos aplicar estas palabras? (Proverbios 15:28; 16:23.)

La esposa que quiere que su esposo conozca sus creencias “medita para responder”, es decir, elige con cuidado las palabras y no se apresura a hablar. Nunca debe darle la impresión de que se cree superior o más justa que él. De ese modo, sus comentarios bien pensados podrán ser estimulantes y promover la paz. Y para que “su boca muestre perspicacia”, la esposa podría preguntarse: “¿Cuándo está mi esposo más relajado para conversar? ¿De qué cosas le gusta hablar? ¿Sobre qué temas suele leer? ¿Le interesa la ciencia, la política o los deportes? ¿Cómo puedo despertar su curiosidad en la Biblia y al mismo tiempo respetar sus sentimientos y opiniones?”.

Ahora bien, llegarles al corazón a nuestros familiares que aún no son Testigos requiere más que explicarles nuestras creencias en pequeñas dosis. Lo que digamos tiene que estar respaldado por lo que hagamos.

Nuestra buena conducta
“Sea consecuente y ponga en práctica los principios bíblicos en la vida diaria. Así el familiar no creyente se dará cuenta de la realidad, aunque no lo reconozca abiertamente”, explica Jürgen, mencionado antes. Hans, quien se bautizó unos treinta años después que su esposa, lo ve igual: “Hay que mantener una conducta ejemplar. Eso hará que el pariente no Testigo vea el buen efecto que la verdad tiene en nosotros”. Nuestra familia debe percibir que nuestra fe nos hace diferentes, pero no en sentido negativo o desagradable, sino para bien.

El apóstol Pedro dio estos valiosos consejos a las cristianas con esposos no creyentes: “Estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de sus esposas, por haber sido ellos testigos oculares de su conducta casta junto con profundo respeto. Y que su adorno no sea el de trenzados externos  del cabello ni el de ponerse ornamentos de oro ni el uso de prendas de vestir exteriores, sino que sea la persona secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espíritu quieto y apacible, que es de gran valor a los ojos de Dios” (1 Ped. 3:1-4).
Pedro indicó que la esposa cristiana puede persuadir a su esposo con su conducta. Teniendo en cuenta este consejo inspirado, una hermana llamada Christa se ha estado esforzando por tocar el corazón de su esposo desde que ella se bautizó, en 1972. Él ha estudiado con los Testigos, pero aún no se ha decidido a servir a Jehová. Ha ido a algunas reuniones de la congregación y se lleva bien con los hermanos, quienes, por su parte, respetan su derecho a elegir. ¿Cómo intenta Christa llegarle al corazón?

Ella responde: “Estoy resuelta a seguir por el camino que Jehová me indica. Al mismo tiempo, trato de ganarme a mi esposo con mi conducta, ‘sin una palabra’. Cuando no hay en juego ningún principio bíblico, hago todo lo que puedo por complacerlo. Y, por supuesto, respeto su libertad de elección y dejo las cosas en manos de Jehová”.

El caso de Christa demuestra que es importante ser flexible. Aunque se mantiene ocupada en actividades espirituales, como asistir a las reuniones y predicar, es comprensiva con su esposo. Reconoce que él tiene derecho a esperar que ella le demuestre su afecto y le dedique tiempo y atención.

Todos debemos ser flexibles y comprensivos con nuestros familiares no Testigos. “Para todo hay un tiempo señalado”, dice la Biblia. Esto incluye pasar tiempo con los miembros de nuestra familia que no comparten nuestras creencias, especialmente con el cónyuge. Pasar tiempo juntos fomenta la comunicación, y la experiencia prueba que la comunicación evita que se sientan solos, excluidos o celosos (Eclesiastés 3:1).

Nunca perdamos la esperanza
“Es esencial que el familiar sepa que lo queremos y que oremos por él”, comenta Holger, cuyo padre se bautizó veinte años más tarde que otros miembros de su familia. Por su parte, Christa asegura: “Nunca perderé la esperanza de que mi esposo alguna vez acepte la verdad y se ponga del lado de Jehová”. Nuestra actitud hacia nuestros familiares no Testigos siempre debe ser optimista. Nunca hay que darse por vencido.
El objetivo es mantener la buena relación con nuestros parientes, darles la oportunidad de descubrir la verdad y llegarles al corazón con el mensaje bíblico. Y para ello, actuemos siempre “con genio apacible y profundo respeto” (1 Pedro 3:15).
Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Marzo del 2014. Puede encontrar más consejos útiles en el libro: "Manténgase el amor de Dios", también disponible en audio libro. Ambos publicados por los testigos de Jehová.