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jueves, 28 de agosto de 2014

¿Tiene usted una mente inquisitiva?

LA CURIOSIDAD es el “deseo de saber”. Una curiosidad intensa hace que uno anhele aprender, adquirir información sobre las cosas. Jehová implantó este anhelo en nosotros, y casi desde el momento en que nacemos sentimos el impulso de explorar el mundo que nos rodea. Nuestra existencia misma es un proceso de aprendizaje interminable. Si hemos de alcanzar la madurez y ser adultos bien adaptados, necesitamos satisfacer nuestra curiosidad, nuestro deseo de adquirir entendimiento.

Esto es especialmente cierto a nivel espiritual. Nuestras perspectivas de vida eterna dependen de lo que aprendamos acerca de Jehová Dios. (Juan 17:3.) La Biblia nos dice que él desea que inquiramos acerca de él, que ‘busquemos a tientas y verdaderamente lo hallemos’. (Hechos 17:23, 24, 27.) Si reprimimos nuestra curiosidad o no dejamos que se desarrolle, nuestro progreso será muy lento. De hecho, una falta de interés en los asuntos espirituales puede traernos la muerte. (Salmo 119:33, 34; Oseas 4:6.)

Por consiguiente, desde tiempos antiguos al pueblo de Jehová siempre se le enfatizó la necesidad de recibir instrucción y conocimiento con el fin de satisfacer el deseo correcto de aprender. (Deuteronomio 6:6, 7; 31:12; 2 Crónicas 17:9.) Jesús, el Mesías, fue el maestro más grande que ha habido en la Tierra. (Mateo 9:35.) Sus discípulos siguieron su ejemplo.

Aun encarándose a la oposición, ‘continuaron sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas’. (Hechos 5:42.) Su enseñar estimuló interés en las mentes inquisitivas. Muchas personas fueron como los habitantes de Berea, que respondieron ‘con suma prontitud de ánimo, y examinaron con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así’. (Hechos 17:11.)

De manera similar, muchas actividades de la congregación cristiana de tiempos modernos se centran en enseñar. Así, la congregación cumple con uno de los propósitos principales de su existencia, a saber, la promoción y satisfacción del deseo de aprender tocante a Jehová y sus propósitos. Esta clase de curiosidad es sana y provechosa.

Los límites apropiados de la curiosidad
No obstante, algunas veces a los niños hay que protegerlos contra su propia curiosidad. Cuando un infante trata de tocar algo caliente o, por curiosidad, se lleva algún objeto de cristal a la boca para ver a qué sabe, puede hacerse daño. En estos casos no entorpecemos su crecimiento cuando impedimos que satisfaga su curiosidad.

Para cuando los hijos tienen más edad, de nuevo su curiosidad puede meterlos en aprietos. Un joven adolescente puede sentir mucha curiosidad por el contenido de una revista pornográfica. O puede ser que una joven adolescente, por curiosidad, experimente con el uso del tabaco u otras drogas. Puede suceder que un grupo de jóvenes se junte para tomar cerveza en demasía y emborracharse, ¡solo para ver qué se siente! De nuevo, no estamos restringiendo el desarrollo natural del adolescente cuando desanimamos esta clase de curiosidad.

¿Existen áreas en las que la curiosidad de un cristiano maduro pudiera meterlo en problemas? Sí; de seguro. Pablo le aconsejó a Timoteo que se cuidara de las personas que se aprovechan de la curiosidad del cristiano en un esfuerzo por subvertir su fe. “Oh Timoteo —dijo Pablo—, guarda lo que ha sido depositado a tu cuidado, apartándote de las vanas palabrerías que violan lo que es santo, y de las contradicciones del falsamente llamado ‘conocimiento’. Por ostentar tal conocimiento algunos se han desviado de la fe.” (1 Timoteo 6:20, 21.)

En su segunda carta a Timoteo, Pablo añadió esta advertencia: “Estos mismos se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha sucedido; y están subvirtiendo la fe de algunos”. (2 Timoteo 2:18.) ¿Puede usted imaginarse la curiosidad que despertarían expresiones como aquella? Personas incautas quizás se preguntaron: ‘¿Qué querrán decir estos hombres? ¿Cómo pueden decir que la resurrección ha acontecido?’. Intrigados, quizás les escucharon. ¿Con qué resultado? La fe de algunos fue subvertida. El escuchar habla de aquella clase por curiosidad era peligroso, tal como lo es experimentar con drogas o con la pornografía.

¿Significa esto que los cristianos son de mentalidad estrecha, que no están dispuestos a escuchar las opiniones de otras personas? No, ese no es el punto. Más bien, a los cristianos se les aconseja que eviten exponer la mente a cosas que más adelante pueden causarles daño. ¡Solo imagínese lo diferente que hubiera sido la historia si Eva hubiera rehusado complacer su curiosidad como lo hizo al escuchar las palabras engañosas de Satanás el Diablo! (Génesis 3:1-6.)

El apóstol Pablo previno a los ancianos de Éfeso acerca de los “lobos” que, manifestando el mismo espíritu de Satanás respecto a Eva, ‘hablarían cosas aviesas para arrastrar a los discípulos tras de sí’. (Hechos 20:29, 30.) Estos usan “palabras fingidas” con el propósito de ‘explotarnos’. Estas palabras comunican ideas que son venenosas para la espiritualidad del cristiano. (2 Pedro 2:3.)

Si usted supiera que cierta bebida era venenosa, ¿la bebería por curiosidad para probar a qué sabe, o para ver si su cuerpo sería lo suficientemente fuerte para resistir el veneno? ¡Por supuesto que no! De igual modo, ¿es sensato exponer su mente a palabras que tienen el propósito de engañarlo y alejarlo de la verdad? ¡Difícilmente!

Cuídese de las filosofías mundanas
La curiosidad también puede hacernos daño si nos conduce a investigar las filosofías mundanas. La filosofía se define como “los esfuerzos humanos por comprender e interpretar por el razonamiento y la especulación la entera experiencia humana, las causas y principios fundamentales de la realidad”.

Sin embargo, en el fondo las personas que proponen filosofías humanas terminan pareciéndose a los que “siempre están aprendiendo y, sin embargo, nunca pueden llegar a un conocimiento exacto de la verdad”. (2 Timoteo 3:7.) Su fracaso se debe a una falla fundamental: Cifran su confianza en la sabiduría humana más bien que en la sabiduría que viene de Dios.

Esta falla la expuso con franqueza el apóstol Pablo. Él habló a los corintios acerca de “la sabiduría de este mundo”, la cual es “necedad para con Dios”. (1 Corintios 3:19.) También previno a los romanos en contra de los que eran “casquivanos en sus razonamientos”. (Romanos 1:21, 22.)

Jehová es la fuente de todo lo que tenemos. Con toda razón recurrimos a él para obtener “conocimiento exacto y pleno discernimiento” y para que nos revele “las cosas profundas de Dios”. (Filipenses 1:9; 1 Corintios 2:10.) La fuente principal de la sabiduría que viene de Dios es su Palabra, la Biblia.

Puesto que las filosofías humanas hacen caso omiso de la Palabra de Dios, nunca deberíamos subestimar el peligro que presentan. El pensar filosófico moderno ha seducido a muchos maestros de la cristiandad y los ha llevado a aceptar la doctrina de la evolución. Hasta dejan de creer que la Biblia es inspirada —al aceptar los estudios críticos contra ella— en un esfuerzo por obtener respetabilidad intelectual.

Las filosofías políticas y sociales que hacen hincapié en la libertad personal han producido una epidemia de abortos, inmoralidad sexual, abuso de drogas y otras prácticas destructivas. Hoy el pensar materialista conduce a la mayoría de la gente a medir la felicidad y la prosperidad en la vida por las posesiones materiales.
Todas estas filosofías representan esfuerzos por resolver los problemas o buscar la felicidad mediante el razonamiento humano sin la ayuda de Dios.

Todas pasan por alto la verdad básica que Jeremías reconoció: “Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso”. (Jeremías 10:23.) Nuestra felicidad y nuestra salvación dependen de nuestra obediencia a Jehová y de que confiemos en él.

Por lo tanto, es el proceder sensato resistir la tentación de dar rienda suelta a nuestra curiosidad y exponer nuestra mente a las ideas humanas que pueden corromper nuestro pensar y con el tiempo dejarnos confusos y perdidos entre los que no tienen esperanza.

La curiosidad tocante al fin que se aproxima
Desde que Jehová reveló en Edén que tenía el propósito de eliminar los efectos malignos de la rebelión de Satanás, Sus siervos fieles siempre han tenido viva curiosidad por saber cómo se desenvolvería el propósito divino. Pues, ¡hasta los ángeles han tenido curiosidad en cuanto a esto! (1 Pedro 1:12.)

En los días de Jesús, muchas personas estuvieron intensamente interesadas en saber con exactitud cuándo vendría el Reino. Sin embargo, varias veces Jesús les dijo que no era la voluntad de Jehová que ellos lo supieran. (Mateo 25:13; Marcos 13:32; Hechos 1:6, 7.) Todo intento de fijar una fecha exacta sería inútil. En vez de eso, él les dio la sabia exhortación de que prestaran atención a sus responsabilidades cristianas y mantuvieran día tras día un sentido de urgencia. (Lucas 21:34-36.)

En la actualidad, los acontecimientos mundiales proporcionan evidencia contundente de que el fin está cerca, y abunda la curiosidad por saber la fecha en que ocurrirá. Probablemente ciertos desenvolvimientos convencieron a algunos de que habían descubierto el día y la hora. Cuando sus esperanzas no se materializaron, se sintieron muy angustiados, quizás hasta el punto de desistir de servir a Dios. Es mucho mejor dejar este asunto en las manos de Jehová, confiando en que él traerá el fin al tiempo debido. Se nos ha provisto todo lo que necesitamos para estar listos.

Se necesita equilibrio
Así, pues, al igual que muchas otras cosas de la vida, nuestra curiosidad puede ser una bendición o una maldición. Dirigida debidamente, puede revelar inestimables gemas de conocimiento que traen gozo y consuelo. Una curiosidad sana por aprender acerca del Creador, su voluntad y sus propósitos puede ser profundamente satisfaciente y provechosa.

Una curiosidad desenfrenada y mórbida puede atraernos hacia un pantano de especulación y teorías humanas donde la fe genuina y la devoción piadosa no pueden sobrevivir. Por lo tanto, cuando nuestra curiosidad amenaza con conducirnos a algún proceder o pensamiento de cuestionable provecho, ‘guardémonos para que no vayamos a ser llevados [...] y caigamos de nuestra propia constancia’. (2 Pedro 3:17.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Febrero de 1987. Lea el folleto: "Escuche a Dios y vivirá para siempre". Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Las costumbres, o los principios bíblicos ¿cuáles rigen su vida?

CIERTO japonés que visitaba un país asiático quedó escandalizado por lo que vio. Su anfitrión, utilizando sus propios palillos de comer, rebuscó en la bandeja que contenía la carne, seleccionó un buen pedazo, y entonces lo colocó en el tazón de arroz de su huésped. En Japón, esto se consideraría malos modales. Nadie usaría sus propios palillos de comer para sacar comida del plato del cual todos se sirven, a menos que primero los invirtiera de manera que la parte que se coloca en la boca no tocara la comida. Sin embargo, el anfitrión solo trataba de mostrarle honra a su huésped, más bien que de ofenderlo. ¡Lo que era inconcebible en Japón era un gesto de respeto en este país!

¡Cuánto varían las costumbres! ¡Qué insignificantes son muchas de ellas! ¿Y quién puede decir cuáles son las mejores? No obstante, algunas costumbres se basan en supersticiones o en enseñanzas falsas. Para las personas cuya conciencia ha sido educada por la Biblia, tales costumbres claramente han de evitarse. ¿Qué puede ayudarle a alguien que desea agradar a Dios a determinar qué costumbres puede observar y hasta qué grado? El seguir los principios bíblicos, pues el cristiano acepta la Biblia como la norma que se debe seguir, prescindiendo de dónde viva.

La aplicación de los principios bíblicos
Se ha demostrado ampliamente que en realidad la Palabra de Dios obra con gran poder en el corazón de la persona humilde y pone la vida de esta en armonía cada vez más estrecha con la voluntad de Dios. El apóstol Pablo dijo que los cristianos de Tesalónica recibieron la Palabra de Dios “como lo que verdaderamente es, como la palabra de Dios, la cual también está obrando en ustedes los creyentes”. (1 Tesalonicenses 2:13.)

Esa Palabra es tan poderosa que, tal como señala 1 Corintios 6:9-11, hizo que muchos de la antigua Corinto —ciudad conocida por su libertinaje— abandonaran su modo de vivir anterior lleno de robos, fornicación, borrachera y homosexualidad. ¿Está obrando también en usted la Palabra de Dios? ¿Rigen en su vida los principios de ella al grado máximo, capacitándole para discernir qué hacer cuando se encara a ciertas costumbres locales?

A veces es obvio que una costumbre está directamente en conflicto con los principios bíblicos. En tales casos, la persona que conozca las normas de Jehová y desee agradarle evitará dichas costumbres. Por ejemplo, puede que la costumbre sea la de quemar incienso en un funeral para apaciguar al fallecido o a su “alma difunta”, o para darle una buena despedida y alegrar su “alma”. O tal vez se hagan en miniatura casas, aparatos de televisión, automóviles, y otras cosas así, con el fin de quemarlos y proporcionar satisfacción al difunto en el mundo de los espíritus.

Sin embargo, el cristiano que cree en la declaración bíblica de que los muertos “no están conscientes de nada en absoluto” sabe que tales prácticas se basan en creencias falsas y, por lo tanto, las evita. (Eclesiastés 9:5, 10; Salmo 146:4.)
No obstante, cuando una costumbre no viola directamente los principios bíblicos, sino que sencillamente dificulta servir de lleno a Jehová Dios, es más difícil definir los límites y mostrar que los principios bíblicos rigen en la vida de uno.

Existen costumbres muy diseminadas que pueden afectar la relación de uno con Jehová, y entre ellas figuran: la alta estima en que se tiene la educación académica y una vida próspera, la sujeción a los padres durante toda la vida, y el que estos sean quienes escojan al futuro cónyuge de sus hijos. ¿Cómo pueden aplicarse los principios bíblicos en estas situaciones?

El seguir los principios bíblicos, el mejor camino
“¡KUNGSHI, kungshi fa tsai!” (¡Felicidades y que llegue a ser rico!) Este saludo chino que se acostumbra dar durante el Año Nuevo da énfasis a la prosperidad material que es tan común en el mundo. Cuando uno procura capacitarse para hacerse rico, puede que sus estudios académicos casi lleguen al punto de convertirse en objeto de adoración. En muchos países orientales la preocupación principal de los padres es, por lo general, matricular a sus hijos en la mejor escuela de párvulos para que así puedan entrar en la mejor escuela primaria, el mejor colegio de enseñanza superior y la mejor universidad. De manera similar, en el Occidente muchas personas se ocupan en la búsqueda de la opulencia y la vida fácil que esta proporciona.

¿Qué comparación existe entre la costumbre de estar ocupado en una búsqueda de índole materialista y los principios bíblicos? “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y dañinos, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina”, advierte el apóstol Pablo. Él continúa diciendo: “Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores”. (1 Timoteo 6:9, 10.)

Señalando a un hecho que con tanta frecuencia es evidente cuando la gente tiene como objetivo principal en su vida metas materialistas, Eclesiastés 5:10 declara: “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos. Esto también es vanidad”.

¡Con cuánta frecuencia se ve a un esposo y una esposa trabajar arduamente para obtener todos los lujos que ofrece la vida solo para encontrarse tan ocupados que nunca están en el hogar para disfrutar de sus posesiones! Por contraste, antes de darle a Timoteo la mencionada advertencia, Pablo declaró: “Ciertamente es un medio de gran ganancia, esta devoción piadosa junto con autosuficiencia. Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas”. (1 Timoteo 6:6, 8.) Además, Proverbios 28:20 agrega: “El hombre de actos fieles recibirá muchas bendiciones, pero el que está apresurándose a ganar riquezas no permanecerá inocente”.

¡Qué trágico es ver a personas, que de otra manera serían amistosas y hospitalarias, sacrificar los elevados principios de la honradez, la dignidad y la ética en sus esfuerzos por acumular más y más riquezas!
Dentro del círculo de la familia

Es la costumbre de algunos pueblos y tribus el esperar que sus hijos —especialmente las hijas, quienes con el tiempo saldrán del hogar para casarse— vayan a trabajar y envíen una mensualidad a casa para demostrar su piedad filial y pagar a sus padres por haberlos criado. Por ejemplo, en una familia de testigos de Jehová, la hija dijo a sus padres que le gustaría mudarse a una ciudad con el fin de hacerse precursora (ministra de tiempo completo). ¡Imagínese el desaliento que sintió cuando sus padres le dijeron que ellos querían que fuera a trabajar para que enviara a casa una mensualidad con el fin de ayudarlos! No, no es que ellos estuvieran en necesidad financiera.

De modo que el principio de que los hijos deben cuidar de sus padres cuando estos son ancianos, están enfermos o necesitados no aplicaba en este caso. (Mateo 15:4-6; 1 Timoteo 5:8.) Era sencillamente un asunto de que es costumbre en su tribu que los hijos ayuden a enriquecer a la familia. Aunque usualmente eso es necesario debido a la falta de provisiones, esta costumbre se estaba siguiendo solo para guardar las apariencias ante la comunidad o por estar infectada con el deseo de hoy en día de “fa tsai”.

Al consultar el padre con un anciano cristiano, se le animó a que leyera varios textos bíblicos antes de tomar una decisión. Entre los textos que se le señalaron estuvo 2 Corintios 12:14, donde Pablo declara este principio: “Porque los hijos no deben ahorrar para los padres, sino los padres para los hijos”. Después de considerar este principio bíblico y otros, los padres de la joven tomaron su decisión. ¡Qué encantada estaba la hija cuando se le dio permiso —y hasta alguna ayuda financiera— para hacerse precursora regular!

La sujeción, ¿hasta qué grado?
Otro terreno en que las costumbres locales y actitudes corrientes a menudo chocan con los principios bíblicos es el de la sujeción. En algunos países es la costumbre exigir de los hijos sujeción absoluta a los padres y otras autoridades en todos los aspectos de la vida. No es poco común en tales lugares que hombres de 40 años o hasta de más edad rehúsen leer cualquier literatura de una religión diferente a la de sus padres y tomar cualquier decisión importante sin primero consultar con sus padres por temor a desagradarlos. No obstante, en tales países se está haciendo cada vez más común que los jóvenes se rebelen contra sus padres.

La Biblia, con su punto de vista equilibrado, nos ayuda a evitar estos dos extremos. El principio de la sujeción relativa a las autoridades humanas se declara claramente en Hechos 4:19 y 5:29. Nótese también cómo Pablo anima a los hijos a ser obedientes a los padres, y no obstante, muestra que esto tiene algunas limitaciones al decir: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’; que es el primer mandato con promesa”. (Efesios 6:1-3.)

Otro principio bíblico que afectará el grado de la sujeción de uno a los padres es la sujeción de la esposa a su esposo. “Que las esposas estén en sujeción a sus esposos como al Señor, porque el esposo es cabeza de la esposa”, escribió el apóstol Pablo. Él, entonces, amplió este principio recordando lo que Jehová dijo tras haber unido en matrimonio a la primera pareja humana: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se adherirá a su esposa, y los dos llegarán a ser una sola carne”. (Efesios 5:22-31.)

No obstante, ¿qué hay de la costumbre que existe en muchos países de que el hijo se quede viviendo en el hogar de sus padres después de haber contraído nupcias? La Biblia indica que, por lo menos en los tiempos precristianos, los adoradores de Jehová hacían esto con frecuencia. En tales circunstancias, el padre de la casa permanecía como el cabeza patriarcal de la familia, pero cada esposa habría de sujetarse a su propio esposo.

En algunos países, no obstante, frecuentemente la suegra termina siendo cabeza de la nuera. Esto le dificulta más al hijo poner en práctica el principio de la jefatura de esposo, y a la esposa el estar verdaderamente en sujeción a su esposo. No obstante, el hijo tendrá que equilibrar el respeto que tiene a sus padres con la necesidad de ser el cabeza de su propio hogar, si ha de tener a Jehová como la tercera hebra de la simbólica ‘cuerda triple que no puede ser rota fácilmente en dos’. (Eclesiastés 4:12.)

En algunos países se presenta una situación aun más dificultosa cuando un hombre se casa con una mujer en cuya familia no hay un heredero varón. El siguiente caso es típico de la situación difícil en que se encuentran muchos de esos hombres cuando más adelante en su vida aprenden los principios bíblicos y tratan de aplicarlos. Un joven católico se casó con una muchacha que venía de una familia católica. Desde el mismo principio se dio cuenta de que la familia de ella lo miraba despectivamente y de que lo consideraba poco más que un obrero sin paga de quien se esperaba que engendrara hijos para que el nombre de la familia se perpetuara.

Tal como es la costumbre en ese sistema social, él tenía que renunciar a su propio nombre y permitir que a sus hijos se les considerara como los herederos de la propiedad de la familia materna. Cuando este hombre aprendió el principio de la jefatura en la familia y trató de aplicarlo, su esposa respondió como el resto de la familia de ella: ‘¡No trajiste nada a esta familia, así que no tienes voz alguna tocante a cómo se harán las cosas!’.

Aunque no todos los matrimonios llegan a ese extremo, se puede ver con facilidad que en los lugares donde esa costumbre es común y se espera la sujeción del esposo, se suscitarán problemas al aplicarse los principios bíblicos respecto a la jefatura. Se le dificulta mucho a un esposo cristiano ejercer su jefatura amorosa sobre su propia familia e igualmente se le dificulta a la esposa estar en sujeción a su esposo con “profundo respeto” más bien que en sujeción a sus padres bajo cuyo techo probablemente continúan viviendo. (Efesios 5:33.)

Otro ejemplo de cómo los principios bíblicos pueden chocar con las costumbres locales tiene que ver con el que los padres decidan con quién se han de casar sus hijos. Para los hijos cristianos que tienen padres incrédulos esto, por lo general, presenta un verdadero problema, pues los padres creen que han fracasado si sus hijos no están casados para cierta edad. De modo que una gran presión, incluso palizas, se ejerce para obligar a los hijos, y especialmente a las hijas, a casarse. Cuando escasean los cristianos disponibles para casarse, los padres incrédulos harán casi cualquier cosa por preparar un casamiento para su hijo o hija; pero el cristiano recordará el principio de casarse “solo en el Señor”. (1 Corintios 7:39; Deuteronomio 7:3, 4.)

Los beneficios de obedecer los principios bíblicos
La sobresaliente belleza de los principios bíblicos es que pueden traer mejoras a la vida de cualquier persona que desee aplicarlos, prescindiendo del lugar donde viva. Estos son consecuentes y unen a las familias. Hacen que las personas sean más honradas y que lleguen a ser mejores esposos y padres, mejores esposas y madres, mejores hijos, mejores empleados. Estas personas pueden sobreponerse a los problemas causados por las costumbres locales conflictivas y equilibrar la aplicación de esas costumbres que, aunque no van directamente en contra de lo que es la voluntad de Dios para el hombre, dificultan más el amoldarse a esa voluntad de Él. ¿Cómo puede lograrse eso?

En primer lugar, al igual que los cristianos de Tesalónica, es necesario que usted acepte el hecho de que la Biblia es realmente “la palabra de Dios”. Esto significa reconocer que ella es verdaderamente sabiduría de la Fuente más elevada. Segundo, usted tiene que esforzarse por aprender lo que la “palabra de Dios” dice para su bien. Aprenda a aislar los principios y las leyes de Dios a medida que lee y estudia la Biblia. El tercer paso consiste en dejar que esa palabra ‘obre en usted’. (1 Tesalonicenses 2:13.)

Esto implica tener una asociación estrecha con las congregaciones del pueblo de Dios que ahora existen en más de 200 países e islas del mar. Es esto precisamente lo que ha hecho de la hermandad mundial de los testigos de Jehová una hermandad de obras y no solo de nombre.

Ante todo, el pueblo de Jehová se interesa por estar unido con Dios, permitiendo que los principios bíblicos rijan en su vida. ¿Con qué resultados? Una verdadera unidad duradera con otras personas que también están en unión con Dios, así como paz mental que lo sostiene a uno en las situaciones que se presentan en el actual sistema de cosas. (Filipenses 4:6, 7.) Tal unidad y relación estrecha con Dios y con otros es una ayuda positiva para mejorar la calidad de la vida ahora y da la promesa de vida eterna en el nuevo y justo sistema donde todas las cosas al fin se pondrán completamente bajo sujeción a la voluntad de Dios. (1 Timoteo 4:8; 1 Corintios 15:28.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Febrero de 1987. Lea el interesante tema: ¿Cómo nos ayudan los principios bíblicos?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

martes, 26 de agosto de 2014

Mateo proclama: ¡Ha venido el Mesías!

¿Cuales fueron los acontecimientos más importantes que jamás hayan tenido lugar en la historia de la humanidad? Sin la más leve sombra de duda, éstos fueron el nacimiento, el ministerio, la muerte, la resurrección y la ascensión al cielo de Jesucristo, el hijo de Dios.

Fiel al principio divino de que ‘por boca de dos o tres testigos todo asunto tiene que ser establecido,’ Jehová Dios se encargó de que se registraran cuatro relatos acerca de la vida de Jesucristo para probar la veracidad de estos acontecimientos. (Deuteronomio 17:6; 2 Corintios 13:1) Las cuatro personas que Él utilizó para esto fueron Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Se ha comentado correctamente que cada uno de estos cuatro escritores tiene su propio tema al escribir, su propio propósito, refleja su propia personalidad y tiene en mente a sus lectores inmediatos.

Se sabe poco acerca de Mateo, el primero de los escritores. Sin embargo, podemos llegar a la conclusión de que fue un hombre modesto, porque solamente en su relato se menciona que él había sido un despreciado recaudador de impuestos. (Mateo 9:9) ¡Y con razón se despreciaba a los recaudadores de impuestos! ¡En primer lugar, ellos representaban el yugo romano donde más dolía, en el bolsillo!

Aún más, eran notorios por abusar de sus privilegios hasta el grado de ser concusionarios. Las palabras del recaudador de impuestos, Zaqueo, indican esto. Después que Jesús había venido al hogar de Zaqueo, éste cambió su disposición de corazón, pues dijo: “Todo cuanto le arranqué a persona alguna por acusación falsa le devuelvo el cuádruplo.” (Lucas 19:8) Pero parece que puede haber poca duda en cuanto a la honradez de Mateo como agente de rentas públicas; si no Jesús no le hubiese invitado enseguida a dejar su trabajo para que fuera Su seguidor.

Desde el tiempo de la desobediencia de Adán en el Edén, Jehová Dios había predicho, por medio de una frase enigmática, la venida del Mesías, llamándolo la “descendencia” de la mujer. Ya en el tiempo del rey David, se llamó al que habría de venir, el “ungido” de Dios. El profeta Daniel, en particular, predijo la venida del Mesías. (Génesis 3:15; 22:17, 18; Salmo 2:2; Daniel 9:24-27) Que el Mesías por tanto tiempo esperado por fin hubiese venido verdaderamente fue una noticia tan emocionante que Mateo no perdió tiempo en proclamarla por medio de su Evangelio. De acuerdo con los mejores datos disponibles, parece que él bien pudo haber escrito su relato en fecha tan temprana como para el 41 E.C.

Características del evangelio
Se puede ver muy claramente que Mateo se proponía que el relato de su Evangelio sirviera como un puente entre los acontecimientos registrados en las Escrituras Hebreas y aquellos que tienen que ver con la vida del Mesías. Según el testimonio de historiadores de la iglesia primitiva, Mateo primero escribió su Evangelio en hebreo y más tarde hizo una copia en griego. En apoyo de este punto de vista está el hecho de que todas sus citas de las Escrituras más antiguas no son citas tomadas de la Versión de los Setenta en griego, como hacen a menudo los otros escritores de los Evangelios, sino del texto hebreo.

En armonía con su tema, a saber, que Jesucristo verdaderamente era el Mesías prometido, Mateo, en más ocasiones que los demás escritores, muestra cómo la vida y las obras de Jesús cumplieron la profecía bíblica. (Compare Mateo 8:16, 17 con Marcos 1:34 y Lucas 4:40.) Además, Mateo dio más énfasis que cualquiera de los otros escritores de los Evangelios al tema del “reino de los cielos,” razón por la cual se ha llamado a su Evangelio el “Evangelio del Reino.”—Mateo 4:17; 5:3; 11:12; 22:2.

Por su escrito se puede ver claramente que Mateo había sido un recaudador de impuestos. En primer lugar, él apreciaba intensamente la gran bondad inmerecida que se le confirió como recaudador de impuestos que llegó a ser un apóstol del Mesías. Así hallamos que él es el único que registra el que Jesús diera énfasis al hecho de que se requiere misericordia y no simplemente sacrificios. Es interesante ver que solamente Mateo nos brinda las consoladoras palabras de Jesús que comienzan con la invitación: “Vengan a mí, todos los que se afanan y están cargados, y yo los refrescaré.”—Mateo 9:9-13; 11:28-30; 12:7; 18:21-35.
El que Mateo haya sido un recaudador de impuestos también se hace patente por la atención que da a las cifras. Él es el único que nos dice que Judas traicionó a Jesús por 30 piezas de plata. (Mateo 26:15) Además, en los pasajes donde otros escritores mencionan solamente una cosa o ponen las cosas en singular, Mateo es más específico y menciona dos cosas o las pone en plural. (Compare Mateo 4:3; 8:28; 20:29, 30 con Marcos 5:2; 10:46, 47; Lucas 4:3; 8:27; 18:35-38.) De hecho, parece que Mateo era aficionado a los números. Por eso en el capítulo seis encontramos que él alista siete peticiones en la Oración Modelo (comparado con las cinco que menciona Lucas), siete parábolas en el capítulo 13, y en el capítulo 23, siete ayes que Jesucristo pronunció contra el clero judío de su día. Y Mateo desglosa la genealogía de Jesús en tres grupos de 14 nombres cada uno.—Mateo 1:1-17.

Los rasgos distintivos del Evangelio de Mateo también se hacen patentes cuando notamos como su relato complementa el de Lucas. Pero esto es de esperar si tomamos en consideración que el modo de pensar de un recaudador de impuestos es diferente al de un médico. Tampoco podemos pasar por alto el papel que desempeñó en este asunto el espíritu santo. Además, Mateo estaba escribiendo para convencer a los judíos fieles de que Jesús era el Mesías por tanto tiempo esperado, mientras que Lucas presenta a Jesús como el Salvador de toda la humanidad.

Por eso, al registrar la genealogía de Jesús, Mateo se remonta solamente hasta Abrahán a través de la línea de David, mientras que Lucas al registrarla se remonta hasta ‘Adán el hijo de Dios.’ (Mateo 1:1-16; Lucas 3:23-38) Evidentemente Mateo traza el linaje legal de Jesús por medio de Su padrastro José, mientras que Lucas la traza por medio del linaje natural de Su madre María. Mateo registra que un ángel se apareció a José, el padrastro de Jesús. Lucas nos relata que el ángel Gabriel se apareció a María, la madre de Jesús. Igualmente, Mateo nos habla de astrólogos que vinieron a visitar al niño Jesús, ‘el rey de los judíos,’ y que trajeron regalos costosos, mientras que Lucas nos habla de pastores humildes a quienes se les invitó a ver al Salvador recién nacido.

Mateo presenta al Mesías
Al registrar la vida de Jesús, Mateo no desperdició oportunidad de probar que Jesús en verdad era el Mesías prometido. ¿Cómo lo hizo? Por medio de remitir a las Escrituras Hebreas unas 100 veces para apoyar su tema. Por ejemplo, al dar los detalles sobre el nacimiento de Jesús él recalca que el que Jesús naciera de una virgen judía fue en cumplimiento de la profecía. (Isaías 7:14; Mateo 1:21-23)

Cuando registra la huida de José y su familia para escapar del decreto homicida del rey Herodes, Mateo señala que esto sucedió así para que se cumpliera la escritura que dice: “De Egipto llamé a mi hijo.” (Oseas 11:1; Mateo 2:14, 15) La aflicción que sobrevino a causa de la orden de Herodes de matar, en Belén y sus distritos, a todos los varoncitos que tuvieran dos años de edad o menos, también se había predicho, como lo indica Mateo.—Jeremías 31:15; Mateo 2:16-18.

En los capítulos tres y cuatro Mateo presenta al precursor de Jesús, Juan el Bautizante, nos habla de cuando él bautizó a Jesús y de cómo Dios mismo hizo reconocimiento de que Jesús es Su Hijo. Entonces sigue la tentación triple a la que se sometió a Jesús en el desierto y el comienzo del ministerio de Jesús de predicar “el reino de los cielos se ha acercado,” a la vez que ejecuta muchos milagros de curación. Se muestra que la predicación de Jesús es otro cumplimiento de la profecía.—Isaías 9:1, 2; Mateo 4:13-17.

Aparte de lo que escribió en los últimos 10 capítulos, Mateo hace muy pocos esfuerzos por presentar los asuntos en orden cronológico. Puesto que el Sermón del Monte de Jesús contiene enseñanza tan sobresaliente, Mateo lo presenta inmediatamente después de informar acerca del comienzo del ministerio de Jesús, aunque en realidad éste fue pronunciado aproximadamente un año más tarde.

No hay duda de que éste es el sermón más sobresaliente que jamás se haya pronunciado, y Mateo es el que nos presenta el informe más completo de él. Este comienza con nueve ‘felicidades’ verdaderamente consoladoras para todos los amantes de la verdad y la justicia. De paso, sírvase notar que éstas son “felicidades,” y no “bienaventuranzas,” razón por la cual muchas traducciones modernas tales como la Nueva Biblia Española y la Versión Popular usan “dichosos” en lugar de “bienaventurados,” y el Nuevo Testamento de la Versión Popular usa “felices” tal como lo hace la Traducción del Nuevo Mundo.

El Sermón del Monte también contiene la Regla Áurea. En armonía con su tema, Mateo declara que Jesús no había venido para destruir la ley de Moisés sino para cumplirla y que en realidad la Regla Áurea es la síntesis de la Ley y los profetas.—Mateo 5:17; 7:12.


Parece que Mateo estaba especialmente impresionado por la enseñanza de Jesús. En comparación con los otros Evangelios, no solo es más extenso su relato del Sermón del Monte, sino que también lo son su informe respecto a la ocasión cuando Jesús envió a Sus 12 apóstoles (capítulo 10), su relato de las siete parábolas tocante al Reino (capítulo 13) y el registro del consejo que Jesús dio sobre lo necesario de mostrar misericordia, de estar dispuesto a perdonar “setenta y siete veces.”—Capítulo 18.

En los capítulos 8, 9, 11, 12 y 14-17, Mateo nos informa principalmente acerca de los muchos milagros que Jesucristo ejecutó, tales como el haber alimentado a 5.000 personas en una ocasión y a “cuatro mil varones, además de mujeres y niñitos en otra ocasión.” Estos capítulos también contienen las censuras de Jesús contra los caudillos religiosos judíos quienes eran inicuos voluntariosos, hipócritas, y que habían cometido el pecado imperdonable.

Además, en estos capítulos encontramos la confesión de Pedro “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” y la descripción de la transfiguración, en la cual Jehová Dios nuevamente dio testimonio de que Jesucristo en realidad es Su Hijo.—Mateo 16:16; 17:1-9.

Los días finales del ministerio de Jesús
Al considerar ahora los acontecimientos finales del ministerio de Jesús, hallamos que Mateo ha escrito las cosas en el orden en que sucedieron. La mayor parte de las cosas que Mateo había registrado previamente sucedieron en Galilea, pero ahora toca brevemente lo que tiene que ver con el ministerio posterior de Jesús en Perea.

Los opositores religiosos ponen a prueba a Jesús respecto al tema del divorcio, con la esperanza de confundirlo. Pero en lugar de eso, quedan desconcertados debido a la sabiduría y el conocimiento superior de las Escrituras que Jesús posee: La única razón válida para el divorcio es “la fornicación.” Un gobernante joven y rico muy pagado de sí mismo viene a Jesús y le pregunta qué tiene que hacer para obtener vida eterna, pero se retira con mucho menos estimación de su propia benignidad, ya que para él su riqueza era más importante que la vida eterna. El espíritu de competencia divide a los apóstoles, lo que hace que Jesús tenga que recordarles que él ‘no vino para que se le sirviera, sino para ministrar y para dar su alma en rescate en cambio por muchos.’—Mateo 19:1–20:34.

Durante la última semana de la vida de Jesús como hombre en la Tierra, cambia la escena a Betania y Jerusalén, y leemos de su entrada triunfal en esta última ciudad. Después de este acontecimiento Jesús va al templo y lo limpia por medio de expulsar a todos los estafadores religiosos. Luego, pronuncia una parábola acerca de los cultivadores que asesinaron a cierto heredero de una viña y así les hace saber a sus enemigos que él sabe lo que ellos tienen en mente.—Mateo 21:1-46.

Aunque en repetidas ocasiones han sido derrotados en discusiones previas con Jesús, los opositores religiosos tratan nuevamente de ponerlo en aprietos por medio de hacerle preguntas engañosas acerca de pagar el impopular impuesto romano, de la resurrección y sobre cuál es el más grande mandamiento. Él los silencia por medio de darles respuestas sabias basadas en las Escrituras. Entonces, Jesús aconseja a sus discípulos sobre la necesidad de ser humildes. También dirige censuras punzantes a sus opositores religiosos hipócritas, y pronuncia siete ayes. A causa de la oposición de ellos su casa se les dejaría abandonada.—Mateo 22:1–23:39.

Los comentarios que hicieron algunos de sus apóstoles en cuanto al esplendor del templo de Herodes proveen a Jesús la oportunidad de pronunciar su gran profecía concerniente al fin del sistema de cosas judío, y en cuanto a su regreso, su parusía, palabras que han tenido un cumplimiento sorprendente, especialmente desde 1914. Después, Jesús pronuncia tres parábolas que han tenido cumplimiento en nuestro día, la parábola de las vírgenes sabias y las necias, la de los talentos y la de las cabras y las ovejas.—Mateo 24:1–25:46.

Mateo es el único de los testigos oculares que procede a darnos la descripción de cómo Jesús instituyó la Cena del Señor en conmemoración de su muerte. Mateo prosigue y nos relata la experiencia de Jesús en Getsemaní, el arresto, el que Pedro lo negara, el juicio de Cristo, la vacilación de Pilato y el que éste se lavara las manos, y entonces, el que Jesús fuera fijado en el madero como rey de los judíos en medio de dos criminales en la colina conocida como el Calvario.—Mateo 26:1-75.

Cuando Jesús fue arrestado todos sus apóstoles huyeron, y ciertamente se sintieron muy desalentados de espíritu a causa del giro que tomaron los acontecimientos. Pero no por mucho tiempo. Al tercer día se enteran acerca de la resurrección de Jesús de entre los muertos. Después, sin lugar a duda poco antes de su ascensión al cielo, ellos se reúnen con Jesús en Galilea, donde él les da la comisión de despedida: “Por lo tanto vayan y hagan discípulos de gente de todas las naciones, bautizándolos . . . Y, ¡miren! estoy con ustedes todos los días hasta la conclusión del sistema de cosas.”—Mateo 28:19, 20.

Es indiscutible, Mateo prueba la veracidad de su tema, que Jesús de Nazaret ciertamente es el Mesías, el Hijo de Dios. Mateo hace esto por medio de señalar a las muchas profecías que Jesús cumplió, a los milagros que Jesús ejecutó y a las verdades que Jesús enseñó. Indudablemente Mateo tenía una mente aguda y apreciativa, avivada por el espíritu santo de Dios. Puesto que el espíritu de Dios lo dirigió y le recordó las cosas que Jehová Dios deseaba que se registraran, él pudo escribir un registro extenso y poderoso sobre la vida de Jesús.

¡Cuán agradecidos podemos estar a JehováQue realmente lleguemos nosotros a familiarizarnos con el relato de modo que podamos vivir conforme a los principios que Jesús estableció y también dar a conocer a otros, en toda oportunidad que tengamos, las “buenas nuevas” Dios que, para registrar un relato del ministerio de Jesús tan fortalecedor de la fe, haya inspirado a un siervo suyo y seguidor de su Hijo que fuera tan humilde, honrado y desinteresado!

Que realmente lleguemos nosotros a familiarizarnos con el relato de modo que podamos vivir conforme a los principios que Jesús estableció y también dar a conocer a otros, en toda oportunidad que tengamos, las “buenas nuevas”
de que el Mesías que había sido prometido por tanto tiempo ha venido al tiempo señalado de Dios en cumplimiento de muchas profecías que se registraron en las Escrituras Hebreas.—Mateo 24:14.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Mayo de 1982. Lea el interesante artículo ¿Qué hará el reino por usted?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.