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miércoles, 8 de enero de 2014

La incredulidad moderna... ¿debería continuar la búsqueda? (Tercera y última parte)

Abundante evidencia en lo que nos rodea

Por supuesto, se ve propósito y diseño no solo en el funcionamiento ordenado del universo, sino también en el comportamiento de las criaturas vivientes, tanto las simples como las complejas, en sus actividades diarias, así como por la interacción de unas con otras y con el ambiente. Por ejemplo, casi toda parte de nuestro cuerpo humano —el cerebro, el ojo, el oído, la mano— muestra diseño tan intrincado que la ciencia moderna no puede explicarlo a plenitud.
Y considere el mundo animal y el mundo vegetal. El viaje migratorio anual de ciertas aves sobre miles de kilómetros de tierra y mar, el proceso de fotosíntesis en las plantas, el desarrollo de un solo óvulo fertilizado en un organismo complejo, compuesto de millones de células diferenciadas y con funciones especializadas —solo para dar unos cuantos ejemplos—; todo esto es prueba sobresaliente de diseño e inteligencia.

No obstante, algunos presentan el argumento de que el conocimiento creciente de la ciencia ha suministrado explicaciones para muchas de estas hazañas. Es verdad que la ciencia ha explicado hasta cierto grado muchas cosas que antes eran un misterio. Pero el que un niño descubra cómo funciona un reloj no prueba que el reloj no fuera diseñado ni hecho por nadie. De igual manera, el que entendamos el maravilloso funcionamiento de muchos fenómenos del mundo físico no prueba que no haya un diseñador inteligente tras ellos.

Al contrario, mientras más aprendemos del mundo que nos rodea, más prueba tenemos de que existe un Creador inteligente, Dios. Por eso, con mente razonable podemos concordar con el salmista que reconoció lo siguiente: “¡Cuántas son tus obras, oh Jehová! Con sabiduría las has hecho todas. La tierra está llena de tus producciones”. (Salmo 104:24.)

La Biblia... ¿puede usted creer en ella?


Con todo, el creer en la existencia de Dios no es suficiente para mover a la gente a buscarlo. Actualmente hay millones de personas que no han abandonado toda creencia en Dios, pero eso no las ha impulsado a buscarlo.

Pero ¿qué base hay para creer en la Biblia? Ante todo debe notarse que la historia probablemente no conoce otro libro que haya sido más injustamente criticado, insultado, odiado ni atacado que la Biblia. Sin embargo, ha sobrevivido a todo eso y ha resultado ser el libro más ampliamente traducido y distribuido de que se sabe.

Bastaría con eso para que la Biblia fuera un libro sobresaliente. Pero hay abundante prueba, evidencia convincente, de que la Biblia es un libro inspirado por Dios y digno de que creamos en él.

Aunque mucha gente ha tendido a suponer que la Biblia no es científica, que se contradice y que es anticuada, lo que los hechos demuestran es diferente. Lo singular de su autoría, su exactitud histórica y científica y sus profecías infalibles llevan a una sola conclusión inevitable: La Biblia es la Palabra inspirada de Dios.

Como lo expresó el apóstol Pablo: “Toda Escritura es inspirada de Dios y provechosa”. (2 Timoteo 3:16.)

Cómo hacer frente a la incredulidad

Después de considerar la prueba que presentan el libro de la creación y la Biblia, ¿a qué conclusión podemos llegar? Sencillamente a esta: Estos libros son tan válidos hoy como siempre lo han sido. Cuando estamos dispuestos a investigar el asunto objetivamente, más bien que dejar que nos afecten ideas preconcebidas, hallamos que cualquier objeción puede vencerse de manera razonable. Hay respuestas, pero tenemos que estar dispuestos a buscarlas. Jesús dijo: “Sigan buscando, y hallarán”. (Mateo 7:7; Hechos 17:11.)
En fin de cuentas la mayoría de los que han dejado de buscar a Dios no lo han hecho porque hayan examinado por sí mismos cuidadosamente la prueba y hayan descubierto que la Biblia no sea veraz. Más bien, muchas de esas personas se han apartado porque la cristiandad no ha presentado al verdadero Dios de la Biblia.

Como dijo el escritor francés P. Valadier: “Fue la tradición cristiana la que produjo como fruto el ateísmo; llevó al asesinato de Dios en la conciencia de los hombres al poner ante ellos un Dios en quien no se podía creer”.

Sea eso así o no, nos consuelan las palabras del apóstol Pablo: “¿Cuál, pues, es el caso? Si algunos no expresaron fe, ¿acaso su falta de fe hará sin efecto la fidelidad de Dios? ¡Jamás suceda eso! Más bien, sea Dios hallado veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso”. (Romanos 3:3, 4.)

Sí, con toda razón podemos continuar la búsqueda del Dios verdadero.

Prueba de la autenticidad de la Biblia

Singularidad de la autoría: Desde su primer libro, Génesis, hasta el último, Revelación,
la Biblia se compone de 66 libros escritos por unos 40 escritores de muy diversos antecedentes sociales, educativos y profesionales. Se escribió durante un período que abarcó 16 siglos, desde 1513 a.E.C. hasta 98 E.C. Sin embargo, el resultado final es un libro armonioso y coherente, que traza el desarrollo lógico de un tema destacado: la vindicación de Dios y de su propósito mediante el Reino Mesiánico.

Exactitud histórica: Los sucesos que se narran en la Biblia están en plena armonía con hechos históricos confirmados.
El libro A Lawyer Examines the Bible (Un abogado examina la Biblia) dice: “Mientras que en las novelas románticas, las leyendas y los testimonios falsos se ejerce cuidado para situar en algún lugar lejano y en alguna época imprecisa lo que sucede, [...] los relatos bíblicos nos suministran con suma precisión la fecha y el lugar de lo que se narra”. (Ezequiel 1:1-3.)

Y The New Bible Dictionary (El nuevo diccionario bíblico) declara: “[El escritor de Hechos] sitúa su narración en el marco de la historia contemporánea; sus páginas están repletas de referencias a magistrados públicos, a gobernadores provinciales, a reyes dependientes, y así por el estilo, y esas referencias vez tras vez resultan ser exactas en cuanto al tiempo y al lugar en cuestión”. (Hechos 4:5, 6; 18:12; 23:26.)

Exactitud científica: A los israelitas se les dieron leyes sobre cuarentena e higiene, en el libro de Levítico, cuando las naciones de alrededor no sabían nada acerca de aquellas prácticas. En Eclesiastés 1:7 se describe el ciclo de la lluvia y la evaporación desde el océano, desconocido en la antigüedad.

El hecho de que la Tierra es esférica y está suspendida en el espacio, algo que la ciencia no confirmó sino hasta en el siglo XVI, se declara en Isaías 40:22 y Job 26:7. Más de 2.200 años antes de que William Harvey publicara sus hallazgos acerca de la circulación de la sangre, Proverbios 4:23 indicó el papel que desempeña el corazón humano.

De modo que, aunque la Biblia no es un libro de texto científico, cuando trata asuntos relacionados con la ciencia despliega una profundidad de comprensión que se adelanta por mucho a su tiempo.

Profecías infalibles: La destrucción de la Tiro antigua, la caída de Babilonia, la reedificación de Jerusalén y la subida y decadencia de los reyes de Medopersia y Grecia se predijeron con tanto detalle que los críticos levantaron en vano la acusación de que lo que se describe fue puesto por escrito después de los acontecimientos. (Isaías 13:17-19; 44:27–45:1; Ezequiel 26:3-7; Daniel 8:1-7, 20-22.)

Profecías acerca de Jesús, dadas siglos antes de su nacimiento, se cumplieron detalladamente. Las profecías que el mismo Jesús pronunció sobre la destrucción de Jerusalén se cumplieron con exactitud. (Lucas 19:41-44; 21:20, 21.)

Las profecías de Jesús y el apóstol Pablo acerca de los últimos días están cumpliéndose en nuestro mismo tiempo. (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21; 2 Timoteo 3:1-5.) Sin embargo, la Biblia atribuye todas las profecías a una sola Fuente, Jehová Dios. (2 Pedro 1:20, 21.)

Porción del capítulo 14 del libro "El hombre en busca de Dios" publicado por los Testigos de Jehová" en el año 1990. Puede interesarle el tema: "La Biblia ¿Por qué es única?", tambien disponible en audio

sábado, 4 de enero de 2014

La incredulidad moderna... ¿debería continuar la búsqueda? (Segunda parte)

El transigir fatal

¿Qué hicieron las iglesias al verse bajo el ataque y escrutinio de la ciencia y la filosofía? No se declararon a favor de lo que la Biblia enseña, sino que cedieron a la presión y transigieron hasta en artículos de fe tan fundamentales como el de que todo ha sido creado por Dios y la autenticidad de la Biblia. ¿Qué resultado tuvo esto?

Las iglesias de la cristiandad empezaron a perder credibilidad, y la fe de muchas personas decayó. El que las iglesias ni siquiera se defendieran abrió de par en par las puertas para que las masas de la humanidad salieran de ellas. Para muchos la religión pasó a ser solo una reliquia sociológica, algo para marcar los puntos importantes de la vida de uno: el nacimiento, el matrimonio y la muerte.

Muchos abandonaron casi por completo la búsqueda del Dios verdadero.


En vista de todo esto, es lógico preguntar: ¿Será cierto que la ciencia y la filosofía han condenado a muerte el creer en Dios? ¿Significa el fracaso de las iglesias el fracaso de lo que supuestamente enseñan, a saber, la Biblia? En otras palabras: ¿Debería continuar la búsqueda? Examinemos brevemente estas cuestiones.

Se ha dicho que hay dos libros que nos hablan de la existencia de Dios: el “libro” de la creación, o la naturaleza que nos rodea, y la Biblia.
 
Estos han sido la base para que millones de personas, en el pasado y en el presente, crean en Dios. Por ejemplo, un rey del siglo XI a.E.C., impresionado por lo que observaba en los cielos estrellados, dijo en poesía: “Los cielos están declarando la gloria de Dios; y de la obra de sus manos la expansión está informando”. (Salmo 19:1.)

En el siglo XX, ante la vista espectacular que le presentaba la Tierra al observarla desde su vehículo espacial mientras este giraba alrededor de la Luna, un astronauta se sintió impulsado a recitar: “En el principio Dios creó el cielo y la tierra”. (Génesis 1:1, KJ.)
Sin embargo, estos dos libros están bajo ataque por los que afirman que no creen en Dios. Estas personas dicen que la investigación científica del mundo que nos rodea ha probado que la vida llegó a existir, no por creación inteligente, sino por el azar ciego y el proceso fortuito de evolución.

Alegan, pues, que no ha habido Creador alguno, y que, por consiguiente, de nada vale hablar de Dios. Además, para muchos de ellos la Biblia sencillamente es anticuada e ilógica, y, por lo tanto, no merece que se crea en ella. Como se ve, para ellos ya no hay base para creer en la existencia de Dios. ¿Es verdad todo eso? ¿Qué muestra la realidad?

¿Por azar, o por diseño?


Si no ha habido Creador, entonces la vida tiene que haber empezado espontáneamente por casualidad.

Para que la vida hubiera surgido así, de alguna manera las sustancias químicas apropiadas tendrían que haberse juntado en las cantidades debidas, bajo la temperatura y la presión apropiadas —además de otros factores controladores—, y todo tendría que haberse mantenido así por la cantidad correcta de tiempo.

Además, para que la vida hubiera empezado y se hubiera sostenido en la Tierra, estos acontecimientos al azar tendrían que haberse repetido miles de veces. Pero ¿cuán probable es que tuviera lugar siquiera uno de estos sucesos?

Los evolucionistas confiesan que la probabilidad de que los átomos y las moléculas apropiadas se juntaran debidamente para formar tan solo una molécula proteínica sencilla es de 1 en 10113, es decir, 1 seguido de 113 ceros.

¡Ese número es mayor que la cantidad total de átomos que se calculan para todo el universo!

Los matemáticos consideran que cualquier suceso que tenga una probabilidad de ocurrir de menos de 1 en 1050 nunca sucede.

Pero para la vida se necesita mucho más que simplemente una molécula de proteína. Tan solo para que una célula se mantenga activa se necesitan 2.000 diferentes proteínas,

¡y la probabilidad de que todas ellas se presenten al azar es de solo 1 en 1040.000!


“A no ser que uno se deje dominar por el prejuicio, sea debido a creencias sociales o debido a educación científica, de modo que acepte la convicción de que la vida se originó espontáneamente en la Tierra, este simple cálculo desestima tal idea completamente”, dice el astrónomo Fred Hoyle.

Por otra parte, por su estudio del mundo físico —desde las diminutas partículas subatómicas hasta las enormes galaxias— los científicos han descubierto que parece que todos los fenómenos naturales conocidos siguen ciertas leyes fundamentales.

En otras palabras, han descubierto lógica y orden en todo lo que sucede en el universo, y han podido expresar esta lógica y orden en términos matemáticos sencillos.

“Pocos son los científicos a quienes no impresiona la casi irrazonable sencillez y elegancia de estas leyes”, escribe un profesor de física, Paul Davies, en la revista New Scientist.
Sin embargo, un hecho muy interesante sobre estas leyes es que en ellas hay ciertos factores cuyo valor tiene que estar fijado con precisión para que sea posible la existencia del universo como lo conocemos. Entre estas constantes fundamentales están la unidad de carga eléctrica del protón, las masas de ciertas partículas elementales y la constante universal de gravitación descubierta por Newton, comúnmente denotada por la letra G.

Sobre esto, el profesor Davies continúa expresándose así: “La más mínima variación en los valores de algunas de ellas alterarían drásticamente la apariencia del Universo. Por ejemplo, Freeman Dyson ha indicado que si la fuerza entre los nucleones (protones y neutrones) fuera más fuerte por un porcentaje pequeño, el Universo carecería de hidrógeno.

No podrían existir estrellas como el Sol, y lo mismo se diría del agua. La vida —por lo menos como la conocemos— sería imposible. Brandon Carter ha mostrado que cambios mucho menores en G harían que todas las estrellas fueran o gigantes azules o enanas rojas, lo cual también tendría consecuencias desastrosas para la vida”.

¿Qué hemos de deducir de todo esto?

Primero, que si el universo está gobernado por leyes, entonces tiene que existir un legislador inteligente que haya formulado o establecido las leyes.

Además, puesto que parece que las leyes que rigen el funcionamiento del universo se hicieron pensando en que hubiera vida y las condiciones favorables para sostenerla, claramente hay propósito implicado.

Diseño y propósito... estas no son características del azar ciego; son precisamente lo que un Creador inteligente manifestaría.

Y eso es exactamente lo que la Biblia indica cuando declara: “Lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. Porque las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad”. (Romanos 1:19, 20; Isaías 45:18; Jeremías 10:12.)


Porción del capítulo 14 del libro "El hombre en busca de Dios" publicado por los Testigos de Jehová" en el año 1990. Puede interesarle el tema: "Lo que nadie le ha dicho sobre la creación", tambien disponible en audio

domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Cómo sabemos que Dios existe?


¿Se lo ha preguntado usted alguna vez . . . ?

HOY día cada vez más personas ponen el creer en Dios en segundo plano. De hecho, no pocos cuestionan hasta la existencia de Dios. En la era actual de materialismo el sentir de muchos es: ¿Cómo puedo creer en alguien a quien nunca he visto?

¿ES LÓGICO CREER SOLO EN LO QUE SE PUEDE VER?

Muchas personas contestarían que sí. Sin embargo, ¿ha visto usted alguna vez el viento? Por lo que usted ve que éste hace, sea que mueva ligeramente las ramas de un árbol o las arroje al suelo torcidas y rotas, usted está convencido de que el viento existe. Lo mismo es cierto de la electricidad. Usted puede ver lo que ésta hace —ilumina su hogar o mantiene fría la leche dentro del refrigerador— pero es invisible.

Hay muchas cosas que no podemos ver. Pero no podemos negar la existencia de éstas, porque podemos ver, sentir y oír la actividad o los resultados de estas cosas.

PERO, ¿CÓMO SABEMOS QUE DIOS REALMENTE EXISTE?

Puesto que nadie puede ver a Dios, es preciso que razonemos sobre su existencia por medio de observar las cosas que podemos ver a nuestro alrededor. Considere nuestro propio cuerpo.

Nuestro CEREBRO es una computadora de primera calidad sin igual en toda la Tierra. Un experto informa lo siguiente: “El cerebro clasifica cien millones de trocitos de información que le llegan de los ojos, los oídos, la nariz y otros puntos sensorios cada segundo. . . . Una computadora capaz de hacerse cargo del rendimiento de un solo cerebro cubriría toda la Tierra.”

Nuestros OJOS han sido descritos como cámaras fotográficas naturales. Son “cámaras fotográficas” perfectas que pueden limpiarse a sí mismas, que tienen enfoque automático y pueden tomar fotografías tridimensionales en vivos colores.

Nuestras CUERDAS VOCALES no solo pueden producir habla, sino alguna de la música más hermosa que deleita el oído humano. Las melodías que la voz humana puede producir tienen una belleza que supera por mucho a las melodías que produce un violín excelentemente construido.

La instalación de alambres eléctricos de un automóvil es de lo más primitivo cuando se compara con nuestro SISTEMA NERVIOSO. Esta amplia red transmite información hacia una multitud de nuestros órganos vitales y recibe información de ellos con una eficiencia que deslumbra a los científicos.

Quizás usted no haya visto personalmente al hacedor de una computadora, una cámara fotográfica, un violín o el sistema eléctrico de un automóvil, pero usted sabe que el diseñador de cada una de estas cosas ha existido.

La obra manual de esta persona testifica de la existencia y destreza de ésta.

Ya que nadie vacilaría en decir que cada uno de estos excelentes inventos ha tenido diseñador y hacedor, ¿no es obvio que no se pudiera decir menos de nuestro cuerpo? Hace más de 3.000 años un sabio rey hizo la siguiente observación: “De manera que inspira temor estoy hecho maravillosamente.”—Sal. 139:14.

Sí, existe un Diseñador amoroso de nuestro cuerpo que también es el Creador del universo entero. Sin embargo, a pesar de tal razonamiento lógico, algunas personas todavía dicen que Dios no existe.

¿POR QUÉ HAY TODAVÍA GENTE QUE NIEGA LA EXISTENCIA DE DIOS?

Hay una variedad de razones. La mayoría de esas personas tienen dudas debido a las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo podría existir Dios cuando hay tanta maldad en la Tierra?
  • Si creyera en Dios ¿limitaría esto mi estilo de vida y eliminaría de mi vida todo el gozo?
  • ¿Qué hay de la hipocresía entre los que afirman que creen en Dios?
  • ¿No es ésta una creencia poco científica y pasada de moda?


¿DÓNDE HALLAR RESPUESTAS RAZONABLES?


Un ganador del premio Nobel en el campo de la ciencia declaró: “Un universo que se ha ido desenvolviendo ordenadamente testifica de la veracidad de la más majestuosa declaración que se ha expresado... ‘En el principio Dios’.” Él estaba citando las palabras de apertura del “libro de mayor venta del mundo,” la Biblia.—Gén. 1:1.

Aunque la Biblia no es un libro de texto de ciencia, contiene conocimiento científico que supera por mucho lo que se conocía durante el período en que ésta fue escrita. Debido a esto, y por otras razones, muchas personas están convencidas de que este libro fue inspirado por Dios y que por lo tanto es la manera en que él se comunica con la humanidad.—2 Tim. 3:16.

La Biblia ofrece respuestas satisfactorias a las preguntas que ya hemos mencionado. Las respuestas que la Biblia da reflejan a un Creador sabio y amoroso que tiene presente el bienestar duradero de sus criaturas. De vez en cuando la revista “¡Despertad!” considera estas preguntas y muestra cómo las respuestas bíblicas acercan a la persona a Dios y dan esperanza y significado a la vida.

Los testigos de Jehová están deseosos de ayudarle a encontrar estas respuestas en su Biblia. Le ayudarán gratuitamente a edificar su confianza no solo en la existencia de Dios, sino también en el hecho de que él puede solucionar permanentemente los muchos problemas que actualmente angustian a nuestra tierra. Con mucho gusto le mostrarán por qué están convencidos de que Dios es el Remunerador de todos “los que le buscan encarecidamente.”—Heb. 11:6.

Articulo aparecido en la revista ¡Despertad! del 22 de Agosto de 1981, puede interesarle el tema "¿Qué se requiere para entender la Biblia?"

lunes, 18 de noviembre de 2013

Le quedan cinco días de vida

Lecciones que se aprenden de una tragedia
FUE un sábado por la tarde que, después de haber terminado su trabajo del día, Wilson Rojas, obrero de equipo pesado, y su ayudante entraron en un almacén móvil para guardar el equipo. Wilson esperaba con placer volver a casa para estar con su esposa, Clarissa, y su hijita de tres años de edad, Iriabeth.

Pero, por razones que todavía se desconocen, en ese momento estallaron en reacción en cadena unos 200 detonadores, 100 cartuchos de dinamita, 50 litros de gasolina y tres tanques de gas acetileno. El ayudante de Wilson murió instantáneamente. La explosión lanzó a Wilson a través de la pared del almacén y vino a parar a una distancia de ocho metros en estado inconsciente.

Así comenzó una experiencia difícil y penosa para la familia Rojas. Wilson y Clarissa nos cuentan lo que sucedió.

Clarissa: A eso de las 3:30 de la tarde mi suegra pasó por casa. Ya se había enterado de la explosión y temía lo peor, pero trató de no asustarme demasiado. Inmediatamente telefoneé al hospital, pero no pudieron hacer más que confirmar que había ocurrido una explosión.
Por fin, a eso de las 4:00 de la tarde, un amigo telefoneó del hospital para darme la espantosa noticia: “Wilson está gravemente herido. En este momento están tratando de salvarle la vida. Si vive, puede que tengan que amputarle el brazo derecho y la pierna izquierda.”

Cuando por fin se me permitió ver a Wilson, lo hallé entre la vida y la muerte. La explosión le había arrancado pedazos de carne completos y tenía quemaduras graves en el resto del cuerpo. El gas acetileno que inhaló le carbonizó la boca, la garganta y los pulmones. Centenares de fragmentos metálicos le perforaron la mitad del cuerpo que estuvo expuesto a la explosión. La cara le quedó en una condición que no se le podía reconocer. El personal médico no me dio esperanzas de que viviría.


Wilson:
No recuerdo nada de lo que ocurrió desde el momento en que cerré la puerta del almacén hasta que desperté en el hospital ocho días después. Quedé sumido en la desesperación cuando se me informó de lo grave que era mi condición. Tenía un ojo, un oído, un brazo y una pierna que me habían quedado inútiles. No podía comer, y solo con gran esfuerzo podía hablar en voz muy baja y ronca. Se me mantenía vivo mediante alimentación por vía intravenosa.
Poco después de recobrar el conocimiento, una enfermera se paró al lado de mi cama y, como cosa rutinaria, comenzó a preparar el equipo que se utiliza para transfusiones de sangre. Cuando le expliqué que no podía aceptar tal tratamiento, llamó al médico encargado de mi caso. Al principio él trató de persuadirme, diciendo: “El único modo de salvarle la vida es mediante una transfusión de sangre. Su volumen sanguíneo está extremadamente bajo.”
Estaba deseoso de explicarle por qué yo no podía aceptar sangre como una forma de tratamiento médico. Muchos textos bíblicos me vinieron a la mente, como el de Hechos 15:28, 29, que muestran que los cristianos se abstienen de sangre.
“No estoy interesado en sus creencias ni en su modo de pensar,” dijo el médico. Encolerizándose más con cada palabra, siguió diciendo: “Tampoco estoy interesado en su fanatismo ni en sus ideas necias. No se esfuerce en hablarme más porque no me va a convencer. A mí me interesa salvarle la vida. Si usted rehúsa aceptar una transfusión de sangre, entonces suspendo el tratamiento. Renuncio al caso suyo. Además, voy a hacer un informe de esto a la administración del hospital, lo cual significa que ningún otro médico aceptará el caso suyo.”
Al dar la vuelta para irse, esforcé la voz para que me oyera: “Pero doctor, espere un minuto. He oído acerca de un tratamiento especial en el cual se emplean sustancias de hierro que fortalecen la sangre. Otro médico me lo recomendó. ¿No me ayudaría eso?”

“Aquí se hace lo que nosotros, los médicos, decimos, no lo que dice el paciente,” contestó. “De todos modos, a usted solo le quedan cinco días más de vida. ¿Qué me importa si usted no quiere salvarse? Si usted quiere morir como fanático, ¡eso es asunto suyo!” Con eso, dio la vuelta y se fue.

Clarissa: El caso de Wilson era tan crítico que lo habían trasladado a uno de los hospitales más grandes y mejor equipados de la capital. Las quemaduras habían comenzado a curarse lentamente; ya había recobrado el conocimiento y había logrado mantenerse vivo por ocho días después del accidente. Por eso, me parecía que posiblemente había razón para tener esperanza. No obstante, poco después que entré en la sala del hospital aquel octavo día, una enfermera me llamó aparte. Tres médicos y la que estaba a cargo de las enfermeras querían hablar conmigo.

“Señora Rojas, se nos ha presentado un problema. Su esposo tiene necesidad apremiante de una transfusión de sangre, puesto que ha perdido mucha sangre. El recuento de glóbulos rojos en la sangre es extremadamente bajo. Pero él ha rehusado aceptar sangre. Por supuesto, sabemos que en su condición de moribundo tal vez no se dé cuenta de lo que dice. Por eso, queremos que usted nos autorice a hacerle una transfusión de sangre.”
Un escalofrío me recorrió el cuerpo, pero pude contestarles inmediatamente. “No puedo autorizar un tratamiento que mi esposo rehúsa aceptar, porque respeto la posición de él. Nuestra posición no se basa en fanatismo ciego, sino, más bien, en el estudio de la Biblia.”
Pero el médico encargado del caso golpeó la mesa con el puño apretado y dijo: “Es inútil seguir hablando de esto. Que muera, si eso es lo que ustedes dos quieren. No murió en la explosión, pero morirá de todos modos por haber perdido tanta sangre. Le quedan cinco días de vida, no más.” Con eso, salió del cuarto. El otro médico me miró y dijo: “La única razón por la que no enviamos a su esposo a casa es porque es un desecho humano, en condición demasiado crítica para moverlo.”
Al salir del cuarto me sentía humillada. Pero lo que más me entristeció fue el que no me permitieran explicar por qué, como testigos de Jehová, mostrábamos tal firmeza en nuestra resolución de evitar el uso de sangre en tratamientos médicos. Además, nada se dijo en cuanto a algún tratamiento sustitutivo, y ni siquiera se me permitió sugerir alguno. Todo parecía estar perdido. No quedaba otro remedio sino esperar a que Wilson muriera, en un plazo de cinco días.

Después que firmé el formulario que libraba al hospital de toda responsabilidad respecto al caso de Wilson, se suspendió todo tratamiento salvo el cambio rutinario del vendaje. Lo trasladaron a una cama apartada en un rincón.

Cuando él se dio cuenta de lo que había sucedido, me llamó a su lado para que pudiera oírle. En voz apenas audible, me dijo: “No me interesa salvar la vida para este sistema de cosas. Es duro pensar en dejarte a ti y a Iriabeth solas, pero tenemos la esperanza de la resurrección y nos veremos en el Nuevo Mundo.” Los dos oramos en silencio.

Wilson: Parecía que todo el mundo sabía que yo era el paciente que rehusaba aceptar sangre y a quien se le había dicho que solo le quedaban cinco días de vida.

Recuerdo muy bien a una enfermera joven que pasó más de una hora tratando de convencerme de que todos ellos estaban sinceramente interesados en mi bienestar. Ella dijo: “Con solo un poco de sangre usted puede salvarse. Si usted quiere, a eso de la medianoche, cuando los demás estén durmiendo, yo puedo volver y hacerle una transfusión. Nadie sabrá jamás que usted aceptó sangre. ¿Qué le parece? ¿Lo hago?”

“Usted está perdiendo el tiempo porque no voy a aceptarla.”


“Bueno, considérelo detenidamente, porque usted va a morirse aquí mismo. Regresaré mañana.”

Al día siguiente, como si fuera por casualidad, dos médicos amables se detuvieron al lado de mi cama. Después de hablar de asuntos en general, me preguntaron lo que yo creía sobre las transfusiones de sangre. Aunque casi no podía hablar, logré explicar en pocas palabras el punto de vista de Dios sobre la sangre.

“Lo mejor que usted puede hacer es olvidarse de esas ideas tontas,” me dijeron.
“La sangre le dará vida. Mire, nuestro lema es ‘Dar vida,’ y le aseguramos que la sangre que le pongamos no le hará ningún daño.”

Se me hizo aún más difícil tener que oír la súplica emocional de Eduardo, el paciente en la cama del lado. Al ir transcurriendo el tercer día de los cinco, Eduardo me rogaba: “¡Solo te quedan dos días y puedo ver que realmente vas a morirte!”

“Dios nos ha dado la esperanza de la resurrección, Eduardo. Si tengo que morir para sostener los principios de Dios, me sentiré orgulloso de hacerlo.”Quizás el tiempo que se me hizo más difícil de soportar fueron las largas noches que pasé adolorido y desvelado. Hasta cierto punto, el dolor intenso me ayudó. Tenía el cuerpo tan adolorido que no podía concentrarme en pensamientos mórbidos relacionados con la muerte ni en compadecerme de mí mismo. Solo, y encarando el hecho de que nadie realmente pensaba que iba a vivir, aprendí a confiar en Jehová Dios como nunca antes.

Mis oraciones se hicieron más largas, eran virtualmente “conversaciones” con Dios.
Me sentía más cerca de él cada día. Esto, y únicamente esto, fue lo que me sostuvo emocional, espiritual y hasta físicamente.

Clarissa: El temible quinto día llegó y pasó, y Wilson se sentía un poquito mejor que antes. Puesto que el hospital había suspendido todo tratamiento, mi familia y yo habíamos comenzado nuestro propio tratamiento. Le dimos alimentos ricos en proteína y le administramos el tratamiento para fortalecer la sangre que un médico le había recomendado a Wilson anteriormente. Lentamente, pero muy lentamente, luego más rápidamente, comenzó a mejorar. ¡Pronto se hizo patente a todos que Wilson sencillamente no iba a morir!
Poco después otro médico se encargó de su caso. Mandó que se le hiciera un análisis de sangre. Cuando vio los resultados, inmediatamente hizo que se hiciera otro análisis. Dijo que tuvo que haberse cometido algún error en el laboratorio. No obstante, el segundo análisis dio el mismo resultado. El médico quedó asombrado de lo mucho que había mejorado el recuento sanguíneo de Wilson. Dijo: “Por supuesto, su modo de vida —sin malos hábitos ni tensiones dañinas— ayudan a explicar una recuperación tan rápida, pero solo en parte. Realmente no puedo explicarlo en su totalidad.”
Wilson: Aunque mi recuperación rápida impresionó a todos, un cambio súbito empañó el cuadro. La pierna izquierda, que estaba lastimada, comenzó a dolerme terriblemente. Cuando me quitaron el enyesado, descubrieron que gangrena había comenzado a atacar la pierna a causa de un coágulo en la rodilla.

Trajeron a un especialista. Después de hacer un examen, concluyó que el coágulo había estado allí por algún tiempo, sin duda debido al accidente. Dijo que en cualquier momento podía desprenderse y poner fin a mi vida en cuestión de segundos. Sin embargo, había la posibilidad de que pudiera disolverse el coágulo utilizando ciertas drogas. De lo contrario, tendrían que amputarme la pierna.
El tratamiento con drogas disolvió el coágulo, y una vez más estaba fuera de peligro. Un día el especialista se acercó a mi cama y se sentó a mi lado. Comentó sobre lo rápido que recuperé de mis quemaduras e infecciones, y ahora del coágulo de sangre.

Me preguntó, supuse que lo hizo por curiosidad, por qué unas semanas atrás yo no había aceptado una transfusión de sangre. Le expliqué por qué y todavía puedo recordar vívidamente sus palabras: “La razón por la cual ese coágulo no se desprendió y le causó la muerte fue el bajo volumen de sangre y la fluidez de la sangre. Si usted hubiera aceptado una transfusión, es probable que ahora mismo estuviera muerto. Lo felicito.”

Más tarde, cuando le relaté a mi esposa lo que el especialista me había dicho, juntos lloramos y dimos gracias a Jehová. Esta experiencia nos convenció de que la obediencia a Dios siempre es el mejor proceder. En el caso mío, ¡literalmente me salvó la vida!
Tres meses después del accidente, pude salir del hospital. Me esperaban meses de terapia y tratamientos como paciente no internado, pero ya había pasado lo peor.

Mi recuperación seguía desafiando todas las predicciones. Se suponía que nunca dejaría de usar una silla de ruedas. Pero yo pensaba que por lo menos podría caminar con muletas.

Clarissa: Sencillamente no se daba por vencido. No puedo recordar las veces que tuve que ayudarlo a levantarse del piso. Pero, por fin logró caminar por dondequiera con las muletas. Pero todavía no estaba satisfecho. Quería caminar con solo un bastón. Bueno, después de más caídas, también logró esa meta. Recuerdo que un Testigo quería regalarle un hermoso bastón de madera dura, pero Wilson no aceptó el regalo. Dijo que pronto no lo necesitaría. Para sorpresa de todos, ¡no lo necesitó! Ya han pasado más de tres años desde que ocurrió el accidente. Wilson puede hacer mucho más de lo que cualquiera se hubiera imaginado.

Wilson: Tan pronto como pude caminar un poco, volví a visitar a mis amigos en la sala del hospital. La mayor parte de ellos todavía estaban allí y se alegraron de ver mi recuperación. Al ir caminando por el pasillo, me crucé con el médico que había predicho que me quedaban solo cinco días de vida. “Hola, doctor,” dije yo.
“¿Quién es usted?” preguntó, con una mirada perpleja en la cara.

“Soy el paciente a quien le quedaban solo cinco días de vida.”
Él no pudo disimular su sorpresa. “Oh, usted realmente se ve bien. Ejem, uh, parece que usted ha engordado bastante. Y, uh, realmente da gusto ver que se haya restablecido tan rápidamente.” Luego se fue apresuradamente.

Muchos otros médicos, enfermeras y asistentes me reconocieron. A todos parecía que les dio gusto verme. Estoy seguro de que todos ellos, hasta los que trataron de convencerme a aceptar sangre, se interesaban en verme vivir. Ellos mismos también estuvieron bajo presión.

Una cosa es leer experiencias acerca de personas que, haciendo frente a la muerte, rehúsan transfusiones de sangre. Pero, es otro asunto el realmente vivir tal experiencia. Cuando se le dice a uno que le quedan cinco días de vida, y uno piensa en su familia que está esperándolo en casa, las consecuencias de la decisión que uno tome se hacen muy claras.

Qué agradecidos estuvimos Clarissa y yo por haber estudiado la Biblia a fondo y haber aumentado nuestro conocimiento acerca de Dios de antemano. Y, ¡cuánto hemos aprendido a apreciar a nuestros hermanos cristianos! Sus visitas fueron tan animadoras.

Sobre todo, aprendimos a apreciar el don de la oración. Nunca cesamos de dar gracias a Jehová por habernos dado las fuerzas para perseverar cuando más las necesitábamos.—Contribuido.

Experiencia relatada en la revista ¡Despertad! con fecha 22 de Junio de 1982, puede leer y descargar mas numeros en el siguiente enlace.


Comentario personal: Es cierto, al encararnos a pruebas en las que esta envuelta nuestra vida, se demuestra nuestra confianza y certeza en el amor a Jehová, en el año 2010 en un intento de robo y secuestro, recibi un impacto de bala que atraveso mi cara y mi hombro derechos; tambien perdi mucha sangre.

Desde que ingrese al hospital hable con los paramedicos y enfermeras de mi negativa hacia recibir sangre, me preguntaron que religion profesaba, cual era mi nivel de estudio seglar, desde cuando pensaba asi; gracias a Jehová llegue a un buen hospital pues en solo unos minutos me dieron un documento para que lo firmara: una responsiva medica donde se mencionaba que respetarian mis desiciones y seleccion de tratamiento medico.

Por eso es importante investigar y estudiar hasta estar plenamente convencidos de que hacer ante una emergencia medica; es nuestro derecho escoger un tratamiento medico que no cause conflicto con nuestra conviccion de abstenernos de sangre como lo menciona Hechos 15: 28 y 29.
Fin del comentario personal.


Para mayor información lea el folleto: ¿Cómo puede salvarle la vida la sangre? editado y publicado por los Testigos de Jehová.

jueves, 14 de noviembre de 2013

En busca de las causas de la muerte, hallé la vida (La historia de un patólogo)

“Tengo la esperanza de no morir jamás”, afirmó mi amigo. Esto provocó en mí una sonrisa de ironía. Pero a la vez me suscitó una intensa curiosidad. Conocía muy bien a mi amigo. Habíamos sido condiscípulos y él nunca me había dado motivos para pensar que él no estuviese cuerdo. Como patólogo, yo estaba familiarizado con la muerte y sus múltiples causas, pero nunca me había venido a la mente la idea de una vida interminable.

Terminada la conversación, él me obsequió dos libros: La verdad que lleva a vida eterna y ¿Es la Biblia realmente la Palabra de Dios? Aquél fue mi primer contacto con el mensaje de la Biblia que predican los testigos de Jehová. Aquellos dos libros iban a significar un gran cambio en mi vida, y hasta una nueva orientación en mi labor de investigador médico.

Había dedicado muchos años a la investigación oncológica... el estudio de tumores. Como patólogo, me interesaba en el origen de las enfermedades y sus causas. Estaba diariamente ante las dos constantes... la vida y la muerte. Me fascinaban el milagro de la vida y el misterio de la muerte. Y ahora, inesperadamente, había oído a alguien afirmar que tal vez nunca moriría, puesto que esperaba que el Reino de Dios viniera durante su vida. (Mateo 6:9, 10.)

Mi carrera en la medicina

Había crecido en un hogar de poco fervor religioso. Mi padre, hombre inteligente y consumado lector, había llegado a conocer lo suficiente acerca de los líderes religiosos católicos de España como para no sentir el más mínimo deseo de inculcarnos las ideas de ellos. En aquellos días la enseñanza religiosa católica era obligatoria en las escuelas. Cuando llegué a la edad de 15 años y empecé a razonar sobre la doctrina católica, decidí apartarme de la iglesia.

En un tiempo estaba pensando en una carrera militar, pero a fines de mis estudios de bachillerato (escuela secundaria) la elección había llegado a estar entre la ingeniería y la medicina. Había leído mucho sobre médicos, y a menudo había oído a mi padre hablar favorablemente de prominentes médicos españoles, como Santiago Ramón y Cajal, ganador del premio Nóbel de medicina. Así que finalmente escogí la fascinante ciencia de la medicina.

Un teólogo católico trata de convertirme

Con el paso del tiempo llegué a ser más intransigente en mi oposición al catolicismo, hasta el punto de hacerme agnóstico. Constantemente argüía en contra de doctrinas como la Trinidad, el infierno, y la infalibilidad del papa.

Un día, durante una discusión con varios amigos en la Biblioteca Nacional de Madrid, uno de ellos me invitó a conocer a un teólogo católico de renombre que, según se me dijo, podría aclarar mis dudas y refutar mis argumentos. Acepté el desafío, y aquel mismo día fuimos de visita a la casa del clérigo.

Cuando llegamos él fue muy amable y dijo que tenía la tarde libre para atendernos. Que estaría muy complacido en ayudarme a volver a la Iglesia Católica. Después de media hora de argumento y “contraargumento”, ¡él repentinamente recordó que tenía una cita! Mi amigo se desilusionó al ver a su teólogo echarse atrás.

Yo no podía aceptar verdades a medias, adornadas por una falsa filosofía humana que a veces se atrevía a “despersonalizar” a Dios como parte de una Trinidad y presentarlo como
un cruel y malévolo diseñador de los tormentos del infierno, donde se retenía a la gente para siempre. No podía aceptar a un Dios así.

Me fascina la investigación médica
Pasaron los años rápidamente y obtuve el título de médico. Me especialicé en medicina interna y ejercía mi carrera con entusiasmo. Quería ayudar a las personas enfermas. Un día recibí una llamada para que atendiera a una jovencita que padecía de leucemia. Este caso me afectó grandemente... pensar que pronto ella tendría que morir. Llegó a obsesionarme el estudio de esta terrible enfermedad, que da fin prematuro a muchísimas vidas.

Cuando llegué a casa aquel día, entré en mi despacho, tomé todos los libros y publicaciones que trataban el tema, y comencé a estudiar intensamente. Quería descubrir la raíz y causa de la enfermedad, y, con ello, la cura. Estudié toda la noche.

Al llegar la madrugada estaba muy excitado porque había elaborado toda una teoría sobre las posibles causas de la leucemia. Estaba resuelto a publicar mi teoría. Pero recordé un consejo de Santiago Ramón y Cajal: Una cosa es teorizar; otra, demostrar la teoría. No bastaba con solo la teoría. Necesitaba hacer investigación experimental que la probara cierta. ¿Cuál fue el resultado final? Decidí dedicar mi vida a la investigación médica. Así que resolví especializarme en la oncología, la anatomía patológica, y otras ramas de la patología.

Hice progresos en mi investigación hasta el punto en que se me pidió que aplicara los resultados de mis experimentos con animales a personas enfermas de cáncer. Me negué a hacerlo, ya que solamente había experimentado con un tipo de tumor. Primero quería experimentar con otro tipo que también conocía bien. Estaba convencido de que cada tipo de tumor requiere una inmunización específica.

Estaba ocupado con mis experimentos y disfrutando de los beneficios de becas anuales de una asociación española contra el cáncer y de la Organización Mundial de la Salud. Entonces ocurrió algo totalmente inesperado. Se me comunicó que, para seguir recibiendo tales becas, tendría que entregar los resultados de mi investigación a otra unidad de investigación, la cual no estaba bajo mi supervisión. Yo no estaba dispuesto a seguir esta norma. Debido a tal política médica, tuve que descontinuar mi labor investigadora.

Un nuevo campo de investigación

Ésas eran mis circunstancias cuando me encontré por primera vez con mi amigo Testigo. Poco antes mi esposa y yo habíamos obtenido una Biblia, y yo había leído parte del “Nuevo Testamento”. Mi interés en temas espirituales había renacido. Aquella noche comencé a leer el libro La verdad que lleva a vida eterna.

Estaba amaneciendo cuando —después de una lectura sosegada, profunda, y a la vez excitante— llegué casi al final del libro. Tenía que dormir un poco. Pero primero, con gran gozo, respeto, y profunda emoción, me dirigí a Dios en oración. Le expresé mi gratitud por todo lo que había aprendido aquella noche acerca de él no solo como Creador, sino también como Dios vivo con las maravillosas cualidades del amor, la sabiduría, la justicia y el poder. Éste era un Dios a quien yo podía respetar y adorar.

Leí ese libro y ¿Es la Biblia realmente la Palabra de Dios? en dos días. Al día siguiente llamé por teléfono para que los Testigos me trajeran otros libros que se anunciaban. Ellos me los trajeron pronto, junto con un libro que versaba sobre la evolución. Los devoré y llegué a la conclusión de que solo los testigos de Jehová tenían la verdad en cuanto a la adoración y el servicio al Dios verdadero, Jehová. Nunca antes había leído nada semejante en materia religiosa... esto era el extracto de la sencillez y la claridad.

Puesto que estaba acostumbrado a leer tratados científicos que tenían extensas bibliografías, me impresionó la norma de los Testigos. ¡En la publicación de ellos titulada ¿Llegó a existir el hombre por evolución, o por creación? había una lista de 248 citas bibliográficas! Era patente que se había efectuado mucha investigación para preparar el libro.

Hablé con mi esposa acerca de mis conclusiones respecto a la Biblia y los Testigos. Ella entonces leyó por sí misma el libro La verdad y estuvo de acuerdo en unirse a mí para un estudio sistemático de la Biblia con los Testigos. Utilizábamos dos Biblias, la versión Nácar-Colunga, católica, y la Traducción del Nuevo Mundo, de los Testigos. En cierta ocasión recibíamos tres estudios semanales. Pronto comenzamos a asistir a las reuniones en un Salón del Reino localizado en Madrid.

Mientras más estudiaba la Biblia, más me daba cuenta de que la medicina nunca iba a tener la verdadera solución a los problemas del hombre. Puede que lográramos algún progreso contra ciertas enfermedades, pero, como médico, siempre me encaraba a lo inalcanzable: doblegar la muerte. Ninguna rama de la medicina podría pronunciar las enérgicas palabras que se hallan en la Biblia: “La muerte es tragada para siempre” y “la muerte no será más”. Solo Dios, ‘para quien es imposible mentir’, puede garantizar el cumplimiento de esta esperanza, que mucha gente anhela. (1 Corintios 15:54; Revelación 21:4; Hebreos 6:18.)

Con un punto de vista diferente, decidí dejar la investigación oncológica y aceptar la plaza de Jefe de Servicio de Anatomía Patológica en la ciudad de Orense, al noroeste de España. En comparación con la labor investigadora, esta plaza parecía como una pérdida de prestigio en el mundo médico. Pero otro factor que influyó en mi decisión fue que me enteré de que la congregación de Orense de los testigos de Jehová necesitaba ayuda. Más tarde nos bautizamos como testigos cristianos de Jehová el 29 de mayo de 1971, en Orense.

Testifico a una reina


Desde entonces he tenido muchos privilegios en relación con la congregación. He servido de anciano por varios años y también he sido responsable de dirigir el departamento de Primeros Auxilios en muchas asambleas de circuito, distrito e internacionales. Como médico y patólogo, he defendido —por la radio, la televisión y la prensa— la posición de los testigos de Jehová contra el uso de transfusiones sanguíneas. Nuestras razones bíblicas están bien fundadas, y hay cada vez más evidencia en el mundo de la medicina para tener restricciones en este campo. (Génesis 9:4; Levítico 17:14; Hechos 15:28, 29.)

En 1978 recibí una invitación para dar un discurso sobre “La sangre, la medicina y la ley de Dios” en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid. En este mismo lugar, nueve años antes yo había pronunciado un discurso sobre la investigación oncológica. ¡Qué contraste! Ahora tenía un auditorio de médicos y clérigos, junto con la reina Sofía de España, quien asistió como estudiante de humanidades. Se suponía que el discurso durara una hora.

En realidad, la consideración se extendió por casi tres horas. Pude contestar muchas preguntas, y al final la reina Sofía me felicitó con gran gentileza. Yo estaba alegre de que había podido dar testimonio para la alabanza de Jehová.

Ahora, cuando me asomo al microscopio para investigar las causas de las enfermedades y la muerte, me siento impulsado también a alabar a Jehová Dios por la maravillosa complejidad del mundo microscópico. El milagro de la vida sigue siendo una fuente de fascinación y asombro, y el enigma de la muerte tiene ahora respuestas concretas... la muerte es el salario que el pecado paga. (Romanos 6:23.)

En mi estudio de la Biblia he descubierto que la verdadera esperanza para los muertos es la resurrección que Jesús enseñó. Él mismo dijo: “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz y saldrán”. (Juan 5:28, 29.)

Estoy profundamente agradecido a Jehová por el conocimiento de la verdad que me ha dado, por saber que pronto la humanidad obediente disfrutará de salud y vida. Como médico y patólogo, quedaré sin trabajo, pues entonces nadie dirá: “Estoy enfermo”; hasta “la muerte no será más” (Isaías 33:24; Revelación 21:3, 4). Pero me alegraré de perder esa clase de trabajo. ¡Así, como el amigo a quien mencioné en la introducción de esta historia, yo, también, tengo ahora la esperanza de no morir jamás!

—Según lo relató el doctor Salvador González.

El origen de la vida: Cinco cuestiones dignas de análisis

Relato aparecido en la revista ¡Despertad! con fecha 22 de enero de 1985, publicada por los Testigos de Jehová;
El siguiente folleto puede ser de su interes: "El origen de la vida: Cinco cuestiones dignas de análisis"

domingo, 27 de octubre de 2013

Los limites de la fisica actual: longitud de Planck



El ser humano en su intento de entender como funciona la naturaleza ha utilizado un sistema de escalas o constantes dimensionales, largo, ancho, alto y una temporal. Estas solo son una manera de ver a la naturaleza desde un punto "estatico" donde cada momento esta determinado por un espacio fijo. A este sistema se le conoce como "fisica clasica o euclidiana".

Por otro lado la "fisica moderna" define que las particulas pueden poseer diferentes "estados cuanticos" ¿Que significa esto? en primer lugar que lo que conociamos como "dimensiones espaciales-temporales" NO son constantes, dependen del efecto que la gravedad ejerce sobre ellos, lo unico constante seria la velocidad de la luz. En segundo lugar los "estados cuanticos" son las propiedades que tienen las particulas.

Un ejemplo: la particula llamada foton posee dos estados diferentes: uno como particula y otro como onda, se manifiesta o presenta en todas las manifestaciones electromagneticas como los rayos gamma, rayos X, la luz ultravioleta, la luz visible, la luz infrarroja, las microondas y las ondas de radio. Su masa es Cero y su radio de giro o Spin es un numero entero (se cree que es +1 y -1, aunque algunos investigadores le dan el valor +1, esto se explicara mas adelante)

Estos valores o "estados cuanticos" son el resultado de formulas matematicas, por lo que existe un limite para las leyes fisicas como la distancia mas pequeña para que interactuen las particulas de forma natural, una de esas propiedades se denomina "longitud de Planck" que es el donde la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear fuerte, la fuerza nuclear debil son estables y no se anulan.

La longitud de Planck forma parte del sistema de unidades naturales, y se calcula a partir de tres constantes: la velocidad de la luz, la constante de Planck y la constante gravitacional.

La velocidad de la luz se utiliza como limite de aceleracion de la materia es decir ningun objeto material viaja a mayor velocidad que la luz porque necesitaria energia infinita para ser acelerado; dicho limite es aproximadamente 300,000 km/seg.

La constante gravitacional es la aceleracion a la que dos cuerpos se atraen, por definicion no puede ser calculada con exactitud porque TODOS los cuerpos fisicos se atraen; por cuestiones de escala solo se aproximan los 3 primeros decimales despues son muy variables.

La constante de Planck es la relacion que existe entre la energia de un foton y su frecuencia, un foton es una particula sin carga electrica ni masa, pero que sirve de puente entre la energia y la materia; pues se comporta como particula y como onda.

Por definicion la longitud de Planck, o la distancia mas corta en que interactua la materia de forma estable de acuerdo a los modelos fisicos actuales, por lo tanto es: la distancia que recorre un fotón viajando a la velocidad de la luz, en el tiempo de Planck.

Finalmente el tiempo de Planck es la unidad mínima que podría medirse; es decir, que no sería posible medir ni discernir ninguna diferencia entre el Universo en un instante específico de tiempo y en cualquier instante separado por menos de 1 tiempo de Planck.

Sin embargo las imágenes de campo profundo (el universo visible o la zona mas antigua y por tanto lejana del universo) tomadas por el telescopio Hubble han arrojado dudas sobre esta teoría.

La predicción era que las imágenes de objetos situados a muy largas distancias deberían ser borrosas.
Pues la estructura del espacio-tiempo tendria que distorsionar la trayectoria de los fotones (de la misma forma que en un vaso lleno de agua y un lapiz: fuera del vaso se ve diferente a la parte que queda sumergida, debido a la refracción)

No obstante, las imagenes del telescopio Hubble son mas nitidas de lo esperado. Conclusion: el tiempo de Planck no es el intervalo más corto del Universo. 


La complejidad del universo muestra un diseño inteligente, tal como se escribio en uno de los libros mas antiguos que dice ser la palabra de Dios: "Los cielos están declarando la gloria de Dios" (Salmo 19:1), ¿Hay alguna forma de comprobar si es verdad lo que esta escrito en dicho libro? 


Este articulo es una opinion personal, basada en la investigación de diversas fuentes de divulgacion cientifica; puede obtenerse mas informacion del folleto "¿Es la vida obra de un creador?" editado por los Testigos de Jehová

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Casualidad o diseño? El hueso, prodigio de resistencia

Se ha dicho que el hueso es “una obra maestra de ingeniería por su elasticidad, resistencia a la tracción y resistencia a la compresión”. ¿En qué sentido?

El esqueleto humano consiste en aproximadamente 206 huesos y 68 coyunturas. El hueso más largo es el fémur, y el más pequeño, el estribo, situado en el oído medio. Los hábiles gimnastas son prueba de que huesos, músculos, cartílago y coyunturas pueden conferir a un cuerpo sano un asombroso grado de flexibilidad y movimiento. “Tan solo el pulgar convencería a cualquiera de que el arquitecto de nuestro cuerpo (quienquiera que sea en su opinión) tuvo que ser un genio”, comenta el Instituto Nacional de Investigación Biomédica Espacial.

Los huesos también pueden soportar un peso increíble. “Están construidos exactamente de la misma manera que se fabrica el hormigón armado —explica el instituto—. El acero del hormigón armado le proporciona la resistencia a la tracción, mientras que el cemento, la arena y la piedra le dan la resistencia a la compresión. Sin embargo, la resistencia a la compresión del hueso es mayor que la del mejor hormigón armado.” “¡Ojalá pudiéramos imitarla!”, dijo Robert O. Ritchie, profesor de Ciencia de Materiales de la Universidad de California (Berkeley, Estados Unidos).

A diferencia del hormigón, el hueso es una parte esencial de infinidad de organismos vivos. Y es dinámico. Es capaz de regenerarse, reacciona a hormonas que modifican su crecimiento y desarrollo, e incluso tiene un papel destacado en la producción de glóbulos rojos. Además, como el músculo, aumenta poco a poco su fortaleza en proporción a la carga que soporta; de ahí que los atletas posean huesos más pesados que los teleadictos.

¿Qué piensa? ¿Es el hueso producto de la casualidad, o del diseño?


Articulo de la revista Despertad de Enero de 2010. Publicada por los testigos de Jehová. Pueden descargarse mas articulos de la pagina oficial en formatos pdf para su lectura, asi como mp3 y aac en audio.