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viernes, 1 de agosto de 2014

¿Moriré en un desastre nuclear?

  “La guerra nuclear es la crisis más importante a la que jamás se haya enfrentado la humanidad y la más difícil de examinar equilibrada y seriamente. El reflexionar sobre ella perturba la serenidad y la complacencia de un modo que la mayoría de nosotros preferiría evitar. También nos obliga a ser más sensibles al grado creciente a que nuestros adolescentes perciben la amenaza de una exterminación nuclear como parte de su vida, y cómo se refugian en el presente estos jóvenes, que ven que su porvenir está en peligro.” (Lester Grinspoon, médico, en American Journal of Psychiatry, octubre de 1982.)

Los jóvenes preguntan...


EN 1945 millares de jóvenes de Hiroshima y Nagasaki, Japón, murieron debido a la explosión de bombas atómicas. El horror que causó tal devastación —suceso inolvidable durante las décadas que siguieron— está de vuelta. Y en esta ocasión la idea perturba a muchos jóvenes. No obstante, uno puede comprender el porqué una niña de sexto grado de California llegó a esta conclusión: “Si estallara una guerra nuclear, todo aquello por lo que he vivido se desvanecería tal como la arena del litoral. Todos mis sueños con respecto a la universidad, una carrera y la vida se esfumarían”.

¿Pudiera ocurrir? ¿Ocurrirá?
Guerra nuclear. La probabilidad de que haya una parece, últimamente, lo suficientemente real como para que los jóvenes estén conscientes de ella. Ya en 1978 salió a relucir eso en un muestreo de 434 estudiantes estadounidenses.

Setenta por ciento no creían que los Estados Unidos pudieran sobrevivir a un ataque nuclear. Una “encuesta del temor” que realizó Read (revista para escolares) en 1982 obtuvo miles de respuestas. Los muchachos consideraron que su más grande causa de temor era que estallara “una guerra nuclear”; las muchachas la clasificaron en segundo lugar, precedida solamente por el temor de que “mis padres mueran”.

De modo que cierto adolescente no estaba bromeando cuando dijo en tono de queja a la madre de su amigo, la esposa del gobernador de Colorado: “¿Por qué debo preocuparme por obtener buenas calificaciones? De todos modos el mundo va a volar en pedazos”.

Puesto que el mundo se halla en ese tipo de peligro, tal vez te preguntes a ti mismo si todas las metas e ideales de los adultos son poco realistas. Dos siquiatras de Harvard temen que quizás muchos adolescentes lleguen precisamente a esa conclusión. “En un mundo como éste —informaron en 1982 los médicos William Beardslee y John Mack— parece inútil hacer planes, y los valores e ideales comunes parecen ser ingenuos.”

Algunos valores tienen que haber estado errados para que el mundo haya llegado a estar tan cerca del desastre. Pero, aunque se reconociera el fracaso de los expertos en la política internacional, ¿significa eso que tú no tienes ningún porvenir? ¿O se ha convertido en algo inútil el consejo de tu madre de que hagas las tareas escolares, comas bien, y te cepilles los dientes? De ningún modo.

¿Solo dos opciones?
Con frecuencia se oye decir que la amenaza de un desastre nuclear solo tiene dos opciones: O el hombre soluciona el problema del desarme, o destruye la Tierra. Y, sin embargo, es difícil creer que dentro de poco el hombre haya de efectuar un desarme, venciendo de algún modo su avaricia y agresividad.

La Biblia, no obstante, muestra lo que pasan por alto las dos opciones. No, los líderes humanos no tienen todas las soluciones. “No le pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jeremías 10:23). Pero el admitir la incompetencia humana no es dar nuestra Tierra por condenada a la ruina radiactiva. ¿Por qué no?

Porque la Tierra permanecerá para siempre con habitantes humanos que vivan en ella. Sobrevivirá a los ataques violentos del abuso humano y hasta alcanzará equilibrio ecológico. Un aspecto principal de esta perspectiva es la promesa de Dios de “causar la ruina de los que están arruinando la tierra”. (Revelación 11:18.)

De hecho, la Biblia hasta previó que el hombre llegaría al estado de crisis en que se encuentra hoy día. Aconseja a los que la leen que hagan caso cuando vean la “angustia de naciones, no conociendo la salida [...] mientras que los hombres desmayan por el temor”. (Lucas 21:25, 26.)

Evidentemente, pues, en vez de temer la amenaza de una guerra nuclear, podemos aprender de ello. ¿Aprender qué? Que necesitamos a Dios y su Reino: “Al comenzar a suceder estas cosas, levántense erguidos y alcen sus cabezas, porque su liberación se acerca. [...] Cuando vean suceder estas cosas, conozcan que está cerca el reino de Dios”. (Lucas 21:28, 31.)

¿Tiene sentido el hecho de que el hombre necesite repentinamente ayuda que supere su propia habilidad? B. F. Skinner, el ‘decano de los sicólogos estadounidenses especializados en la conducta’, percibe el desamparo del hombre.

En un ensayo de erudición que apareció en Science (31 de julio de 1981), escribió: “Ahora parece que nuestra especie está amenazada. ¿Debemos esperar hasta que la selección [evolutiva] resuelva los problemas de exceso de población, agotamiento de los recursos, contaminación del ambiente y una destrucción nuclear?”. Más tarde él explicó al periódico The New York Times: “Soy muy pesimista. En realidad, no vamos a resolver nuestros problemas”.

Cómo hacer frente a la realidad

Por supuesto, es alarmante ver a la sociedad de adultos, que aparentemente sigue un rumbo que culminará en un choque, encaminada a una destrucción nuclear. ‘¿Cómo pueden seguir viviendo como de costumbre —puede que te preguntes—, como si no hubiera ningún peligro?’ Robert J. Lifton, siquiatra de Yale, llama “cierre síquico”, o “entumecimiento síquico”, al estado en que los adultos se cierran a considerar cualquier idea de destrucción.

Sin embargo, el Dr.  Beardslee y el Dr. Mack afirman que los jóvenes rara vez aprenden a descartar así de terminantemente el asunto. Eso los pone frente a la realidad, pero no contribuye a que tengan tranquilidad de espíritu. ¿Tienes que entumecer o hacer insensible tu mente, mientras niegas hechos desagradables, para seguir con tu vida cotidiana? No, según Jesucristo. Al comparar nuestros tiempos con los de Noé, él nos advirtió que ‘hiciéramos caso’ de las condiciones mundiales.

“Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre”. (Mateo 24:38, 39.)

En 1945 el joven Tsutomu Miura puso a prueba ese consejo.
Tsutomu tenía 11 años de edad cuando un desastre nuclear destruyó a Hiroshima. Su padre se hallaba en la ciudad cuando ocurrió el desastre, pero sobrevivió como si fuera por un milagro. ¡Qué feliz se sintió Tsutomu cuando oyó las noticias de que su padre todavía estaba vivo! Pero es comprensible que tal acontecimiento haya horrorizado a muchos jóvenes del Japón. El siquiatra Lifton halló más tarde, hasta entre los sobrevivientes de Hiroshima, “una tendencia a sumirse en un estado indolente de desesperanza que lo impregna todo... una forma más o menos permanente de entumecimiento síquico”.

Un informe de 1982 que publicó la Asociación Estadounidense de Siquiatría añade: “El impacto sicológico de ser el blanco de una bomba atómica es devastador, profundo y dura toda la vida”. Por haber ocurrido un desastre que afectó muy de cerca su hogar, hubiera sido fácil que Tsutomu cediera a sentimientos de temor.

Pero Tsutomu, con la ayuda de sus padres, no se refugió en un estado insensible de desesperación. ‘Hizo caso’ de lo ocurrido. Cuando creció llegó a ser, al igual que sus padres, ministro de tiempo completo de los testigos de Jehová.

¿Qué significado atribuye Tsutomu a lo ocurrido en 1945? “Aquellas ‘bombas eléctricas’, como las conocíamos al principio, pusieron fin a la II Guerra Mundial. Pero solo empeoraron una era crítica que comenzó con la I Guerra Mundial. Digo a los jóvenes sinceros: ‘Tengan amplitud de ideas y examinen la auténtica profecía bíblica. Entonces se darán cuenta, por las actuales condiciones horribles, de que está cerca la verdadera paz duradera que traerá el Reino de Dios’.”

¿Destruirán nuestro globo terráqueo esas terribles armas? Tsutomu disfruta de mostrar con la Biblia, en textos bíblicos como Eclesiastés 1:4, Salmo 46:8, 9 y Daniel 2:44, que esa amenaza nunca se hará realidad.

¿Cree Tsutomu que él nunca morirá en un desastre nuclear? No, él no hace especulaciones respecto a ese asunto. Pero, según sus palabras: “La mejor manera de vivir es teniendo vida eterna en mira. Luego hacer planes para el futuro y fijarse metas verdaderas. Considero que la esperanza de resurrección que ofrece la Biblia da a uno confianza... la solución perfecta al temor a la muerte prematura y a la llamada muerte natural”.

Está claro, pues, que los desenvolvimientos nucleares son una señal de que necesitamos sabiduría piadosa, no egoísmo. Como Tsutomu, tú puedes contrarrestar el temor con conocimiento y amor. Hoy, cuando las actitudes de “yo primero” mantienen a las naciones corriendo parejas en la carrera de armamentos nucleares, los valores bíblicos parecen ser mejores que nunca.


Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 08 de Abril de 1984. Para complementar el tema lea la revista La Atalaya ¿Acabará el hombre con la tierra?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

viernes, 25 de julio de 2014

¿Cómo puedo usar mejor el tiempo?

Los jóvenes preguntan

“Un día oí decir en son de broma que si alguien quisiera verme a las cuatro en punto, tendría que citarme a las tres. Eso me hizo ver que debía administrar mejor mi tiempo.” (Ricky)
¿CUÁNTAS horas más te gustaría que tuviera el día? ¿Qué harías con ellas?

□ Andar con mis amigos
□ Dormir
□ Estudiar
□ Hacer ejercicio
□ Esto otro .....

Aunque sería genial contar con más de veinticuatro horas diarias, eso jamás sucederá. Entonces, ¿qué puedes hacer para que te rinda el día? Muchos jóvenes han comprobado que, al administrar su tiempo, han ganado las horas que tanto necesitan. Así, como controlan su horario, han notado que se estresan menos, que sus calificaciones mejoran y que sus padres confían más en ellos. Las siguientes ideas te ayudarán a ti también.

Objetivo: Fijarte un horario
Obstáculo. Tan solo pensar en un horario te hace sentir atado.
No te gusta que tu vida esté cronometrada; crees que las cosas salen mejor cuando no se planean.

Por qué esforzarse. El rey Salomón escribió: “Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja” (Proverbios 21:5). Cuando quizá todavía no cumplía ni los veinte años, Salomón ya era esposo, padre y rey. Así que era un hombre muy ocupado, pero después llevó una vida aún más agitada. De igual modo, aunque tú también ya vives muy ajetreado, tus ocupaciones aumentarán con los años. Por eso conviene que desde ahora aprendas a ser organizado.

Lo que opinan otros jóvenes. “Hace unos seis meses empecé a programar mis actividades diarias. Quería cumplir mejor con mis obligaciones, y lo estoy logrando.” (José)

“A mí me sirve hacer listas. Por ejemplo, cuando se me juntan los compromisos, mi mamá y yo los anotamos en una lista para ver cómo podemos alcanzar nuestros objetivos entre las dos.” (Mariana)

Consejo. Imagínate que vas a viajar en auto con tu familia. Si cada quien arroja su equipaje al maletero, no habrá espacio para todo. En cambio, si primero se mete lo más grande, quedarán suficientes huecos para las cosas pequeñas.

En la vida pasa lo mismo. Cuando la llenas de actividades de poca importancia, te arriesgas a quedarte sin espacio para lo principal. Pero si atiendes primero las cosas más importantes, hallarás bastantes huecos para lo demás (Filipenses 1:10).

Escribe tus responsabilidades primordiales.
Ahora colócalas en orden de prioridad. Recuerda que si las realizas en ese orden, te sobrará tiempo para los asuntos de menos importancia; pero no ganarás nada haciéndolo al revés.

Manos a la obra. Anota en ese orden lo que vayas a hacer, bien en una agenda o en algún otro lado.

□ Teléfono celular
□ Libreta
□ Calendario electrónico
□ Calendario impreso

Objetivo: Ceñirte al horario

Obstáculo. Llegas de la escuela y enciendes la televisión para relajarte solo unos minutos. O piensas estudiar, pero tus amigos te invitan a ver una película que está a punto de empezar. “Estudiaré por la noche —te dices—. Al fin y al cabo, me salen mejor las cosas cuando estoy bajo presión.”

Por qué esforzarse. Es probable que te vaya mejor en los exámenes si estudias cuando tienes la mente despejada. Además, ¿no crees que ya estás bastante presionado como para trasnocharte estudiando? Puede que al otro día te quedes dormido, te pongas nervioso, salgas disparado de casa y llegues tarde a la escuela (Proverbios 6:10, 11).

Lo que opinan otros jóvenes. “Me encanta ver la tele, tocar la guitarra y estar con mis amigos. Aunque esto no es malo, a veces me quita el tiempo y después ando a la carrera.” (Julio)

Consejo. Además de tus obligaciones, incluye en tu horario actividades que disfrutes. “Se me hace más fácil cumplir con mis responsabilidades cuando sé que luego me espera algo divertido”, dice Julio.

Otra idea: ponte una meta a largo plazo y otras intermedias que te ayuden a alcanzarla. José, que tiene 16 años, comenta: “Tengo la meta de dar clases bíblicas a tiempo completo. Por eso sigo un horario que me prepara desde ahora para la vida ocupada que llevaré después”.

Manos a la obra. Escribe una o dos metas realistas que puedas alcanzar en el plazo de seis meses.

Escribe una meta realista que puedas alcanzar dentro de dos años, y lo que tienes que hacer desde ahora.


Objetivo 3: Ser ordenado
Obstáculo. No crees que la limpieza y el orden tengan que ver con el uso del tiempo.
Total, es más fácil dejar el cuarto desordenado. Y si no te molesta, ¿para qué recogerlo hoy? Eso lo puedes hacer si acaso mañana. Después de todo, no es para tanto, ¿o sí?

Por qué esforzarse. Si mantienes tus cosas en orden, ahorrarás tiempo a la hora de buscar lo que necesites y disfrutarás de mayor tranquilidad (1 Corintios 14:40).
Lo que opinan otros jóvenes. “A veces, como no me da tiempo de guardar la ropa, se me pierden las cosas en el desorden.” (Marlene)

“Estuve toda una semana muy preocupado porque no encontraba mi billetera. Por fin la recuperé cuando limpié mi cuarto.” (Pancho)

Consejo. En vez de esperar hasta que se forme un caos, acostúmbrate a guardar las cosas en su lugar tan pronto como puedas. Así te tardarás menos en limpiar y en hallar lo que necesites.

Manos a la obra. Procura crear el hábito de mantener tus cosas en orden y comprueba si esto te ayuda.

Recuerda que pasito a pasito se llega lejos. Empieza desde ahora escribiendo las sugerencias de este artículo que te puedan servir.
Seguiré estas sugerencias durante ..... semana(s) para ver si funcionan.

Para pensar


¿Cuántas horas de sueño necesitas para rendir al máximo?

¿Quién podría ayudarte a programar tu horario?

Si ya sigues un horario, ¿qué cambios deberías hacer?


Los jóvenes de entre 8 y 18 años pasan semanalmente...
17 horas con sus padres
30 horas en la escuela
44 horas con la televisión, Internet, los videojuegos y oyendo música

¿En qué se me va el tiempo?

Anota cuántas horas a la semana pasas
□ viendo la televisión
□ entreteniéndote con videojuegos
□ usando la computadora
□ escuchando música

□ Total
□ Horas que dedicaré a cosas más importantes

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Junio del 2009.
Para complementar el tema lea: "¿Soy una persona responsable?"
Ambos editados por los testigos de Jehová.

jueves, 24 de julio de 2014

¿Debería entretenerme con los videojuegos?

Los jóvenes preguntan
NO SON solo una diversión de alta tecnología. Los videojuegos ponen a prueba tus destrezas y combaten el aburrimiento. Pero eso no es todo: también mejoran los reflejos y, según varios estudios, la concentración visual. Algunos incluso pueden ayudarte a mejorar en la lectura y las matemáticas. Además, el último videojuego seguramente es tema de conversación entre tus compañeros de clase, y si lo has jugado, tendrás algo de que hablar con ellos.

Claro, tus padres decidirán si puedes entretenerte con dichos juegos (Colosenses 3:20). Si te lo permiten, hay gran variedad de juegos a tu alcance que son divertidos y, al mismo tiempo, moralmente aceptables. Aun así, ¿por qué debes tener cuidado?

El lado oscuro
Brian, de 16 años, dice: “Los videojuegos son superdivertidos”. Pero, como bien sabrás, no todos son inofensivos. El propio Brian admite: “En algunos puedes hacer cosas que nunca harías en la vida real sin meterte en problemas”. ¿Qué clase de comportamiento fomentan estos juegos?

Muchos promueven descaradamente la inmoralidad, la violencia y el uso de lenguaje obsceno, prácticas que condena la Biblia (Salmo 11:5; Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Algunos exaltan el espiritismo. Adrián, de 18 años, dice que hay un juego popular que contiene “peleas entre pandillas, drogas, palabrotas, sexo, violencia extrema y sangre a borbotones”.

Y cada nuevo juego hace que el anterior parezca inocente. James, de 19 años, dice que los más populares se pueden jugar en línea, lo que da a este tipo de entretenimiento una dimensión totalmente nueva.

“Desde tu propia computadora —apunta James— puedes competir con personas del otro lado del planeta.”
Los juegos de rol están muy de moda. En estos, uno puede crear un personaje —humano, animal o una combinación de ambos— que vive en un mundo cibernético poblado de miles de jugadores. Los jugadores pueden enviarse mensajes instantáneos mientras sus avatares, o personajes, interactúan.

¿Qué ocurre en estos mundos virtuales? “Hay gente normal que hace cosas que nunca haría en la vida real, ya sea porque no puede o porque no se atreve”, asegura un periodista. Y después añade: “El sexo y la prostitución están por todas partes”. Con tan solo unos clics, los jugadores pueden hacer que sus personajes participen en actos sexuales mientras que ellos intercambian mensajes instantáneos de carácter erótico.

Además, esos mundos virtuales “están saturados de delitos, mafiosos, proxenetas, extorsionistas, falsificadores y asesinos”, informa la revista New Scientist. Otra revista indica que “se han levantado voces de alarma respecto a ciertas actividades que se considerarían ilegales fuera de la computadora. Por ejemplo, algunos visitan burdeles virtuales donde pueden satisfacer sus fantasías sexuales asumiendo el papel de un violador. Y otros realizan actos sexuales utilizando avatares con la apariencia de niños”.

Tu elección es importante
Quienes se entretienen con esos juegos llenos de violencia e imágenes gráficas de sexo tal vez digan que no causan ningún daño, que son solo juegos. Pero no te dejes engañar; eso no es cierto.

La Biblia dice: “Hasta por sus prácticas el muchacho se da a conocer en cuanto a si su actividad es pura y recta” (Proverbios 20:11). Si acostumbras entretenerte con videojuegos violentos e inmorales, ¿podría decirse que eres puro y recto? Hay muchísimos estudios que demuestran que quienes ven programas violentos se vuelven más agresivos. Y hace poco, New Scientist señaló: “Puesto que son interactivos, los videojuegos influyen más en la gente que la televisión”.

Entretenerse con juegos violentos e inmorales es como jugar con residuos radiactivos. Los efectos dañinos quizá no se vean de inmediato, pero son inevitables. ¿Por qué? La exposición a altas dosis de radiación puede destruir el revestimiento del aparato digestivo y permitir que las bacterias del intestino invadan la corriente sanguínea, lo que causaría una enfermedad.

De igual manera, la exposición a escenas eróticas y violencia atroz puede erosionar tu “sentido moral” y permitir que los deseos carnales dominen tus pensamientos y acciones (Efesios 4:19; Gálatas 6:7, 8).

¿Qué juegos debo escoger?
Si tus padres permiten que te entretengas con cualquier videojuego, ¿cómo puedes saber cuáles seleccionar y cuánto tiempo dedicarles? Plantéate las siguientes preguntas:

¿Ofenderá mi selección a Jehová? La clase de juegos que elijas puede influir en cómo te ve Dios. “Jehová mismo examina al justo así como al inicuo, y Su alma ciertamente odia a cualquiera que ama la violencia.” (Salmo 11:5.) La Biblia afirma respecto a los que practican espiritismo: “Todo el que hace estas cosas es algo detestable a Jehová” (Deuteronomio 18:10-12). Si queremos ser amigos de Dios, tenemos que seguir el consejo de Salmo 97:10: “Oh amadores de Jehová, odien lo que es malo”.

¿Influirá el juego en mi forma de pensar? Pregúntate: “¿Contribuirá a que se me haga más fácil o, por el contrario, más difícil ‘huir de la fornicación’?” (1 Corintios 6:18). Los juegos que te exponen a imágenes o conversaciones que despiertan el deseo sexual no te ayudarán a concentrarte en cosas justas, castas ni virtuosas (Filipenses 4:8). Amy, de 22 años, reconoce: “Muchos juegos te insensibilizan a la violencia, el lenguaje obsceno, la inmoralidad y cosas así. Eso puede hacer que bajes la guardia en otros aspectos de la vida. Hay que seleccionar los juegos con mucho cuidado”.

¿Cuánto tiempo le dedicaré? Deborah, de 18 años, admite: “No creo que todos los videojuegos sean malos. El problema es que consumen mucho tiempo y hasta pueden ser adictivos”. Eso sucede incluso con los juegos más inocentes. Así que, lleva un registro del tiempo que pasas jugando y compáralo con el tiempo que dedicas a actividades más importantes. De este modo verás si le estás dando prioridad a lo que verdaderamente vale la pena (Efesios 5:15, 16).

La Biblia no exige que te pases la vida estudiando y trabajando. A todos nos recuerda que hay “tiempo de reír” y “tiempo de dar saltos” (Eclesiastés 3:4). Conviene tener en cuenta que la expresión “dar saltos” se refiere tanto a jugar como a participar en actividades físicas. Por consiguiente, ¿por qué no usas parte de tu tiempo libre en actividades que requieran ejercicio físico en vez de tan solo sentarte frente a un monitor?

Elige bien
No hay duda de que los videojuegos pueden ser entretenidos, sobre todo si eres muy bueno. Y ahí está precisamente la razón por la que debes elegir bien. Pregúntate: “¿En qué materias me destaco en la escuela?”. ¿Verdad que suele ser en las que más te gustan? La realidad es que, por lo general, cuanto más disfrutas de una asignatura, mayor es la impresión que causa en ti. Ahora pregúntate: “¿Cuál es mi videojuego favorito? ¿Qué lecciones morales me está enseñando?”.

¿Por qué no escribes un breve resumen de cada juego que te gusta, en el que indiques su objetivo y los métodos que se emplean para alcanzarlo? Para determinar si el juego te conviene, compara el resumen con los principios bíblicos mencionados en este artículo.

En vez de entretenerte con un juego únicamente porque a tus compañeros les gusta, infórmate bien y ten el valor de tomar tu propia decisión. Por encima de todo, obedece este consejo bíblico: “Sigan asegurándose de lo que es acepto al Señor” (Efesios 5:10).

Para pensar
¿Qué dirías si un amigo te invitara a jugar un videojuego violento o inmoral?

¿Cómo puedes asegurarte de que tus videojuegos no interfieran con actividades más importantes?

¿Con qué frecuencia juegas?

□ Casi nunca
□ Una vez por semana
□ Todos los días

Cada vez que te pones a jugar, ¿cuánto tiempo dedicas?
□ Unos minutos
□ Alrededor de una hora
□ Más de dos horas

¿Qué tipo de juegos prefieres?

□ De carreras
□ De deportes
□ De disparos
□ Otros

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Enero del 2008.
Para complementar lea el tema:
"¿Qué debo de tomar en cuenta al enviar mensajes de texto?.
Ambos editados por los testigos de Jehová.
A los padres:  Después de leer el artículo sobre los videojuegos, usted tal vez se dio cuenta de que son muy diferentes a los que había en su adolescencia. ¿Cómo puede ayudar a su hijo a reconocer los peligros que encierran y la forma de evitarlos?

 No se lograría mucho condenando todos los juegos o afirmando que son una total pérdida de tiempo. Recuerde que no todos los juegos son malos. Aun así, pueden ser adictivos y consumir mucho tiempo. Así que analice cuánto tiempo pasa su hijo jugando. Fíjese además en la clase de juegos que parecen atraerle. Incluso pudiera hacerle preguntas como estas:

¿Cuál es el juego que más les gusta a tus compañeros de clase?

¿De qué trata?

¿Por qué te parece que es tan popular?

Puede que descubra que su hijo sabe más sobre los videojuegos de lo que usted se imaginaba.
Quizás hasta ha jugado con algunos que usted considera cuestionables. Si ese es el caso, no se alarme. Ahora tiene la oportunidad de ayudar a su hijo a desarrollar sus facultades perceptivas (Hebreos 5:14).
Haga preguntas que ayuden a su hijo a determinar por qué le atraen los juegos que no son muy recomendables. Por ejemplo, pudiera preguntarle:

Te sientes aislado de tus compañeros por que te prohibimos ese juego en particular?

Como se indicaba en la primera página del artículo anterior, los jóvenes tal vez prueben cierto juego para tener algo de que hablar con sus amigos. Si ese es el caso de su hijo, no convendría que manejara el asunto como lo haría si se enterara de que realmente le atrae el juego por sus escenas sangrientas o eróticas (Colosenses 4:6).

Pero ¿y si es así? ¿Qué hará si a su hijo le atraen los aspectos negativos del juego?
Algunos jóvenes enseguida se excusan diciendo que la violencia extrema no les afecta. Afirman: “No porque lo haga en el juego lo voy a hacer en la vida real”. Si así es como piensa su hijo, pídale que lea Salmo 11:5.

Como aclara este versículo, no solo los violentos reciben la desaprobación divina, sino también quienes aman la violencia. El mismo principio es aplicable a la inmoralidad sexual y a cualquier otro pecado que la Biblia condene (Salmo 97:10).

Algunos expertos recomiendan lo siguiente:
No permita que sus hijos jueguen en un lugar aislado, como el dormitorio.

Póngales reglas (por ejemplo, no los deje jugar si no han terminado sus tareas escolares, su cena, o cualquier otra actividad importante).

Ayúdeles a entender los beneficios de participar en actividades que requieran ejercicio físico.

Vigile a sus hijos mientras juegan, o mejor aún, juegue con ellos de vez en cuando.

Por supuesto, para aconsejar a sus hijos sobre el entretenimiento, usted debe dar buen ejemplo. Así que, pregúntese: “¿Qué programas y películas veo yo?”. No le quepa la menor duda: si no se rige por las mismas normas que impone a sus hijos, ellos se darán cuenta enseguida.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Agosto del 2008.
Para complementar el tema lea: "Enséñeles a navegar seguros por Internet"Ambos editados por los testigos de Jehová.

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Cómo puedo concentrarme?

Los jóvenes preguntan...

“Pasé años sentado en las reuniones sin sacarles mucho provecho; sencillamente me distraía.”—Matthew.

¿HAS estado alguna vez sentado en clase o en una reunión cristiana y, de pronto, te has dado cuenta de que no tienes ni idea de lo que se está hablando? Pues bien, si a veces tu imaginación tiende a vagar, no eres el único. Como se indicó en un artículo anterior, la dificultad para mantener la atención por períodos prolongados es común entre los jóvenes. No obstante, con un poco de esfuerzo y un cambio de actitud puedes aprender a aumentar tu capacidad de concentración.

Interésate
Piensa en un atleta profesional. “Todo hombre que toma parte en una competencia ejerce autodominio en todas las cosas”, dice el apóstol Pablo. Si el atleta se distrae aunque solo sea un momento, puede perder el juego. Para ganar, debe aprender a concentrarse, pasando por alto el clamor de la multitud, no haciendo caso del dolor y el agotamiento, rechazando cualquier pensamiento de fracaso.

Ahora bien, ¿qué motiva a los atletas a hacer un esfuerzo tan extraordinario? Según Pablo, lo hacen “para obtener una corona corruptible”, a saber, los premios y trofeos que se otorgan a los ganadores (1 Corintios 9:25).

De igual manera, tienes que tener motivos para prestar atención. El libro Study Is Hard Work (El estudio es trabajo arduo), de William H. Armstrong, declara: “Es obligación del estudiante estar interesado. Nadie puede interesarse por él ni acrecentar su interés a menos que él quiera”.

El conocimiento es la clave para comprender el mundo que te rodea. Cuanto más sepas, más aprenderás. “Para el entendido el conocimiento es cosa fácil”, afirma Proverbios 14:6. Puede que no recuerdes todo lo que aprendas en la escuela, pero al menos esta te ayuda a nutrir y cultivar la capacidad de pensar (compáralo con Proverbios 1:4). Adquirir disciplina mental y poder de concentración te beneficiará toda la vida.

Alumnos aburridos y maestros aburridos
Algunos adolescentes se quejan de que hasta los maestros parecen mostrar falta de interés. Un joven llamado Jesse dice: “Los profesores se colocan al frente, dicen algo, te ponen tarea y ya terminan la clase. Pienso que son negligentes. Si ellos no le dan importancia a su materia, no vemos la necesidad de prestar atención”.

¿Debes concluir, entonces, que atender en clase es una pérdida de tiempo? No necesariamente. Puede ser que muchos educadores sencillamente se hallen atrapados en un círculo vicioso. Un adolescente de nombre Collin explica: “Como nadie les presta atención, los profesores creen que nadie quiere aprender y no le ponen energía ni entusiasmo a la enseñanza”.

Aunque no lo creas, tú puedes contribuir a romper dicho círculo. ¿Cómo? Prestando atención. Un solo estudiante interesado puede ser todo lo que necesite un profesor aburrido para renovar el interés en su trabajo. Es verdad que algunos docentes carecen de la habilidad para cautivar la atención de la clase. Pero antes de que dejes que tu imaginación se ponga a fantasear, pregúntate: “¿Sabe el profesor de lo que está hablando?”. Si es así, resuélvete a aprender algo de él.

Escucha con atención. ¡Concéntrate! Participa en las discusiones en clase. Haz preguntas pertinentes. El libro How to Study in High School (Cómo estudiar en la secundaria) dice: “A muchos estudiantes les resulta útil copiar los gráficos, las palabras, las tablas, las definiciones y las ideas principales que el maestro escribe en el tablero o que destaca de alguna otra manera”.

Presta “más de la acostumbrada atención”
Sin embargo, hay mucho más en juego cuando se trata de escuchar en las reuniones cristianas. Jesse admite: “A veces los jóvenes no atienden en las reuniones porque no se dan cuenta de lo importantes que estas son”. En Hebreos 2:1 se nos manda que “prestemos más de la acostumbrada atención a las cosas oídas por nosotros, para que nunca se nos lleve a la deriva”.

Después de asistir a una reunión de la congregación, ¿puedes recordar algo de cada presentación? ¿O a veces ni siquiera recuerdas quiénes tuvieron parte en el programa?

De nuevo, es cuestión de ver la importancia de lo que estás aprendiendo. ¡Es tu propia vida lo que está en juego! (Juan 17:3.) Algo más sobre lo cual reflexionar: cuando aprendes de la Biblia, estás aprendiendo a pensar como Dios (Isaías 55:8, 9).

Y cuando aplicas lo que aprendes, estás vistiéndote de lo que la Biblia llama “la nueva personalidad” (Colosenses 3:9, 10). Por otro lado, si no prestas atención, no podrás hacer las mejoras necesarias en tu vida y detendrás tu propio crecimiento espiritual. Jehová sabe que todos somos proclives a distraernos; por eso nos exhorta: “Escúchenme atentamente, [...]. Escuchen, y su alma se mantendrá viva” (Isaías 55:2, 3).

Cómo aprovechar mejor las reuniones
Con todo, escuchar atentamente en las reuniones puede ser difícil al principio. Pero los investigadores afirman que cuanto más practicamos la concentración, más experto se hace el cerebro en esta tarea. Matthew, citado en la introducción del artículo, venció su tendencia a distraerse en las reuniones. Dice: “Me di cuenta de que tenía que disciplinarme para prestar atención.

Después de un tiempo uno mejora y logra concentrarse por períodos más largos”. También especifica el factor que considera más importante para disfrutar de las reuniones: “Estudio con antelación”. Una joven de nombre Charese dice algo parecido: “Cuando estoy preparada, me siento más parte de la reunión. Los discursos parecen más profundos y tienen mayor significado para mí”.

Rechazar los pensamientos que distraen es igualmente importante. Cierto, puede que tengas preocupaciones legítimas: el examen que debes hacer la semana entrante, un conflicto de personalidades que te causa tensión, algún gasto futuro que debes cubrir. Pero Jesús dio el siguiente consejo: “¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida? Por lo tanto, nunca se inquieten acerca del día siguiente, porque el día siguiente tendrá sus propias inquietudes. Suficiente para cada día es su propia maldad” (Mateo 6:27, 34).

El concentrarte en las reuniones de congregación no hará desaparecer tus problemas, pero sí te ayudará a renovarte espiritualmente para que puedas bregar con ellos (compáralo con 2 Corintios 4:16).

Escuchar atentamente favorece la concentración. Dice Matthew: “Trato de anticiparme a lo que el orador dirá en su discurso, y entonces veo cómo lo hace”. Pregúntate: “¿Cuáles son las ideas principales que se van a tratar? ¿Cómo puedo utilizar lo que se está enseñando?”. Adelantarte a lo que el orador dirá a continuación puede ayudar a que te concentres.

Trata de seguir su razonamiento. Fíjate en los argumentos bíblicos que emplea. Reflexiona en las ideas principales y resúmelas. Toma apuntes breves y significativos. Cuando se pida al auditorio que participe, hazlo. Así mantendrás la mente ocupada y evitarás ponerte a pensar en otra cosa.

Hay que reconocer que no es fácil escuchar a un orador carente de entusiasmo o cuya presentación no tenga vida. Recuerda la opinión que expresaron algunos cristianos del siglo I sobre la oratoria de Pablo: “Su presencia en persona es débil, y su habla desdeñable” (2 Corintios 10:10). Mas Pablo respondió a tal crítica diciendo: “Aunque yo sea inexperto en el habla, ciertamente no lo soy en conocimiento” (2 Corintios 11:6).

En efecto, si quienes escuchaban a Pablo hubieran mirado más allá de su oratoria y se hubieran centrado en la sustancia de su mensaje, habrían aprendido muchas de “las cosas profundas de Dios” (1 Corintios 2:10). De igual manera, tú puedes aprender hasta de un orador monótono si te concentras y escuchas. ¿Quién sabe? A lo mejor menciona un matiz de significado o aplica un texto bíblico de una forma que nunca se te había ocurrido.

Las palabras de Jesús en Lucas 8:18 sintetizan muy bien el asunto: “Presten atención a cómo escuchan”. De acuerdo, concentrarte en vez de distraerte exige esfuerzo y práctica; pero con el tiempo cosecharás los beneficios. Aprender a concentrarse se traduce en mejores calificaciones y, lo que es más importante, en crecimiento espiritual.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Septiembre de 1998. Para complementar el tema lea: ¿Cómo puedo cumplir a tiempo con mis deberes?. Ambos editados por los testigos de Jehová.

martes, 22 de julio de 2014

¿Por qué no puedo concentrarme?

Los jóvenes preguntan...
“A veces sucede accidentalmente. Estoy escuchando en una reunión de la congregación y, de pronto, mi mente empieza a vagar. Diez minutos después estoy de vuelta.”—Jesse.

“¡PRESTA ATENCIÓN!” ¿Te repiten esto con frecuencia tus maestros o tus padres? Si es así, entonces quizás tengas un problema de concentración. Es probable que tus calificaciones se vean afectadas por ello, y que otros te miren con recelo y rehúyan tu compañía pensando que estás bajo el efecto de las drogas o que simplemente eres un maleducado.

Más importante aún, la incapacidad para prestar atención tiene un impacto negativo en tu espiritualidad. Al fin y al cabo, la propia Biblia manda: “Presten atención a cómo escuchan” (Lucas 8:18). De hecho, a los cristianos se les ordena ‘prestar más de la acostumbrada atención’ a los asuntos espirituales (Hebreos 2:1). Y si te cuesta concentrarte, será difícil que sigas este consejo.

¿Cuál pudiera ser la raíz del problema? En algunos casos la falta de concentración puede derivar de un desequilibrio físico. Algunos investigadores creen, por ejemplo, que el trastorno por déficit de atención se debe a una disfunción de los sistemas neurotransmisores del cerebro.

Hay jóvenes que tienen problemas médicos no diagnosticados, como pérdida de la audición o de la vista, que también pueden obstaculizar la capacidad de concentración. Los investigadores han descubierto que a los jóvenes, en general, les cuesta mucho más concentrarse que a los adultos. De modo que la falta de atención es común entre los jóvenes y raras veces obedece a trastornos médicos.

Tus patrones de pensamiento están cambiando
Si se te dificulta concentrarte, lo más probable es que estés experimentando los dolores del crecimiento. El apóstol Pablo escribió: “Cuando yo era pequeñuelo, hablaba como pequeñuelo, pensaba como pequeñuelo, razonaba como pequeñuelo; pero ahora que he llegado a ser hombre, he eliminado las cosas características de pequeñuelo” (1 Corintios 13:11). En efecto, al acercarte a la edad adulta, tus patrones de pensamiento cambian.

Según el libro Adolescent Development (Desarrollo del adolescente), ‘en las primeras etapas de la adolescencia surgen nuevas facultades conceptuales’. Adquieres la capacidad para comprender y analizar conceptos y pensamientos abstractos; empiezas a tener un entendimiento más amplio de la moral, la ética y otras cuestiones profundas; comienzas a pensar en tu futuro como un adulto.

¿Cuál es el problema? Que todos estos pensamientos, ideas y conceptos nuevos que rondan en tu cabeza pueden distraerte mucho. Ya no piensas al estilo sencillo y básico de un niño; ahora tu cerebro te impele a analizar y cuestionar lo que ves y oyes. El comentario de un maestro o un orador puede hacer que emprendas una emocionante excursión mental. Pero, a menos que aprendas a controlar tus pensamientos, te perderás información valiosa.

Llama la atención el que la Biblia diga que el justo Isaac pasaba tiempo meditando tranquilamente (Génesis 24:63). Apartar algún tiempo todos los días para sentarte, reflexionar y organizar tus pensamientos puede contribuir a que te concentres más en otras ocasiones.

Emociones y hormonas
Tus emociones también pueden ser una fuente de distracción. Aunque tratas de concentrarte en lo que estás leyendo o escuchando, descubres que estás pensando en otras cosas. Oscilas entre el aburrimiento y el entusiasmo, entre la depresión y la euforia. Pues bien, ¡tranquilízate! No es que estés volviéndote loco. Con toda probabilidad, es simplemente que tus hormonas te están trastocando.

Estás experimentando los cambios de la pubertad.
Kathy McCoy y Charles Wibbelsman escriben: “Los sentimientos abundan en los años de la adolescencia [...]. El carácter temperamental, hasta cierto punto, forma parte de ser adolescente. Parte de ello tiene que ver con la tensión que provocan los cambios que estás experimentando ahora mismo”. Además, te aproximas a “la flor de la juventud”, el tiempo en que el deseo sexual alcanza su punto máximo (1 Corintios 7:36).

La escritora Ruth Bell dice: “Las modificaciones corporales de la pubertad suelen ir acompañadas de fuertes sensaciones sexuales. Quizás descubras que piensas más en la sexualidad, que te excitas más fácilmente y que a veces incluso estás absorto en asuntos sexuales”.

Jesse, citado en la introducción de este artículo, experimenta las divagaciones mentales típicas entre los adolescentes: “A veces pienso en las muchachas o en algo que me preocupa o en lo que voy a hacer más tarde”. Con el tiempo, esta tormenta de emociones se calmará. Entre tanto, cultiva la autodisciplina. El apóstol Pablo escribió: “Aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo” (1 Corintios 9:27). Cuanto más aprendas a controlar tus emociones, más fácilmente podrás concentrarte.

Tus hábitos de sueño
Como tu cuerpo está en etapa de crecimiento, precisas dormir lo suficiente para que te desarrolles físicamente y para permitir que tu cerebro organice la multitud de conceptos y emociones nuevos con que te encuentras a diario. Sin embargo, muchos adolescentes tienen una agenda tan apretada que les deja poco tiempo para dormir.

Cierto neurólogo comenta: “El organismo no olvidará las horas de sueño que una persona le debe. Por el contrario, siempre las recordará y le pasará súbitamente una cuenta que puede traducirse en fallos de la memoria, problemas de concentración y lentitud de pensamiento”.

Algunos investigadores creen que el simple hecho de añadir una hora o más de sueño cada noche puede aumentar considerablemente la capacidad de concentración. Es cierto que la Biblia condena la pereza y el amor al sueño (Proverbios 20:13). No obstante, es muestra de sensatez descansar lo suficiente para que el cuerpo funcione de forma satisfactoria (Eclesiastés 4:6).

Dieta y concentración
Otro problema puede ser la dieta. Los alimentos grasosos y azucarados son muy populares entre los adolescentes. Según los investigadores, aunque la comida basura tenga un sabor muy agradable, parece que reduce la agudeza mental. Los estudios indican asimismo que el rendimiento mental disminuye tras la ingestión de carbohidratos, como el pan, los cereales, el arroz o la pasta.

Ello tal vez se deba a que los carbohidratos elevan los niveles cerebrales del compuesto químico llamado serotonina y hacen que a la persona le dé sueño. Algunos nutricionistas sugieren comer alimentos ricos en proteínas antes de realizar cualquier actividad mental.

La televisión y la generación de las computadoras
Por años, los educadores han creído que la televisión y sus imágenes de movimiento rápido acortan la capacidad de concentración de los jóvenes, y algunos culpan también a los terminales de computadora. Aun cuando los expertos no acaban de ponerse de acuerdo sobre los verdaderos efectos de estos inventos modernos en la juventud, pasar una cantidad excesiva de tiempo mirando la televisión o divirtiéndote con juegos de computadora no puede ser saludable.

Un joven admite: “Cosas como los videojuegos, las computadoras e Internet nos condicionan a los jóvenes a conseguir rápidamente lo que queremos”.
El problema es que muchas cosas en la vida solo se obtienen con esfuerzo, perseverancia y con la tradicional paciencia (compárese con Hebreos 6:12; Santiago 5:7).

Por lo tanto, no debes suponer nunca que las cosas tienen que ser veloces y entretenidas para ser de valor. Aunque ver la televisión y jugar juegos de computadora resulte divertido, ¿por qué no pintas, o dibujas, o aprendes a tocar un instrumento musical? Estas destrezas pueden aumentar tu capacidad de concentración.Según los investigadores, la comida basura parece que reduce la agudeza mental.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Julio de 1998. Para complementar el tema lea: "¿Debería dejar de estudiar?". Ambos editados por los testigos de Jehová.

viernes, 11 de julio de 2014

Jóvenes, ¿qué van a hacer con su vida?

“Para que los que viven no vivan ya para sí, sino para el que murió por ellos.” (2 CORINTIOS 5:15.)

‘¡GRACIAS! ¡Les debo la vida!’ Eso han dicho a sus rescatadores personas a quienes se ha salvado de un incendio, o de ahogarse. E igualmente se han expresado respecto a sus padres los jóvenes cristianos que aprecian a sus progenitores. Al hacer esto, no se han referido simplemente a la vida física que han recibido de sus padres, sino en especial al cuidado y la instrucción amorosos que han puesto a los jóvenes en vías de recibir “la cosa prometida que él mismo nos prometió: la vida eterna”. (1 Juan 2:25.)

Fue el amor lo que impulsó a Jehová Dios a dar a cada uno de nosotros la oportunidad de adquirir la vida, “la vida que realmente lo es”. “Él nos amó a nosotros y envió a su Hijo como sacrificio propiciatorio por nuestros pecados.” (1 Timoteo 6:19; 1 Juan 4:10.) ¡Pensemos, además, en el amor que mostró su Hijo Jesús al someterse a una muerte dolorosa para que podamos obtener la vida eterna! (Juan 15:13.) A la luz de lo que hemos considerado, joven lector, ¿qué harás con tu vida?

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Agosto de 1987

A los jóvenes frecuentemente les hacen esta pregunta —en una forma u otra— los consejeros escolares u otras personas que se interesan en su futuro. ¿Qué determinará la respuesta que tú des? ¿La determinará sencillamente tu preferencia personal? ¿Será el factor decisivo el consejo de los que desean que alcances un puesto seguro en el mundo seglar, o habrá factores superiores que regirán lo que hagas con tu vida?

El recordatorio inspirado dice: “Murió por todos para que los que viven no vivan ya para sí, sino para el que murió por ellos y fue levantado”. (2 Corintios 5:15.) Sí, ¡qué bueno es que usemos la vida de modo que refleje gratitud por lo que Jesucristo y su Padre celestial han hecho por nosotros!

Modelos populares

Sin embargo, ¿quiénes son las figuras más populares de hoy, adoptadas por lo general como modelo por los jóvenes? ¿No son los ricos y famosos del mundo, sin importar las normas morales que sigan? Cuando miras en las habitaciones de muchos jóvenes, ¿de quiénes son los cuadros que ves en las paredes? Con frecuencia son fotografías de músicos, estrellas del cine y atletas. Lo común es que los jóvenes sueñen con alcanzar algún día un éxito mundano como el de esas personas, o quizás casarse con alguien que se parezca físicamente a ellas. ¿Qué hay de ti? ¿Qué quieres de la vida?

Si lograras el éxito mundano de las celebridades que admiras, ¿serías realmente feliz, y quedarías satisfecho? Una de las actrices más prósperas de Hollywood dijo: “Yo sé lo que es la riqueza y tener todas las cosas materiales. No significan nada. Por cada piscina que hay aquí se puede contar un siquiatra, sin mencionar los divorcios y a los hijos que odian a sus padres”. (Eclesiastés 5:10; 1 Timoteo 6:10.)

Una estudiante que fue atleta sobresaliente —ganadora de la división femenina de una importante carrera de diez kilómetros en Nueva York en 1981— se sumió en una desilusión tan grande que intentó suicidarse. “En los últimos meses he aprendido muchas verdades acerca de la vida —escribió después—. Una es que no se llega al contentamiento verdadero por los métodos que muchísimas personas siguen para alcanzar la perfección y el éxito. No me dio contentamiento el tener las calificaciones más altas como estudiante, ni el haber sido campeona del estado como corredora, ni el poseer una figura atractiva.”

Sí, la gente debe aprender que el contentamiento verdadero viene solo de tener una relación personal con Dios, el único que puede suministrar paz y felicidad verdaderas. (Salmo 23:1, 6; 16:11.)

Está claro que no debe ser tu deseo imitar a los que simplemente luchan por adquirir prominencia y riquezas. Hasta los escritores seglares señalan que el éxito mundano no trae verdadera satisfacción. El columnista Bill Reel escribió: “Te gradúas de la universidad soñando con el futuro. Aunque duela decirlo, la mayoría de tus aspiraciones terminarán en nada.

No quiero desanimarte, pero mejor es que oigas la verdad: Cuando adquieras las posesiones que tanto deseas —si las adquieres—, y cuando logres los éxitos que buscas —si los logras—, no te satisfarán. En vez de eso, precisamente cuando esperes deleitarte con el triunfo te sentirás vacío, no satisfecho; deprimido, no gozoso; agitado, no tranquilo”. (New York Daily News, 26 de mayo de 1983.)

Pero para los que nos mantenemos al tanto del significado de los sucesos mundiales a la luz de la profecía bíblica hay razones mucho más apremiantes para no poner en primer lugar en la vida una carrera mundana. (Mateo 24:3-14.) Pudiéramos compararnos con una persona que ve en un edificio el rótulo: “Advertencia: Esta compañía pronto se retirará de los negocios”. ¿Buscaríamos empleo allí? ¡Por supuesto que no! Y si ya trabajáramos para tal compañía, lo sabio sería que estuviéramos buscando empleo en otro lugar.

Pues bien, por todas partes se nota en las instituciones de este mundo el rótulo que dice: “Pronto fuera de actividad... ¡El fin se acerca!”. Sí, la Biblia nos asegura que “el mundo va pasando”. (1 Juan 2:17.) Por eso, lo sabio es no adoptar como modelos a los que están muy envueltos en él.

El consejo que debemos seguir
Entre las influencias que moldean tu vida suelen estar, no solo personas a quienes estimas, sino también parientes y amigos que quizás digan que ‘te desean lo mejor’. ‘Tienes que ganarte la vida’, puede que te digan. Por eso, tal vez te aconsejen que adquieras una educación universitaria que te prepare para una profesión bien pagada.

Puede que te digan que ‘Lucas, uno de los escritores de la Biblia, era médico, y el apóstol Pablo fue instruido por Gamaliel, un maestro de la Ley’. (Colosenses 4:14; Hechos 5:34; 22:3.) Sin embargo, examina cuidadosamente ese consejo.

El médico Lucas nunca estimuló a los cristianos a seguir el ejemplo de su carrera anterior y hacerse médicos; más bien, Lucas presentó para imitación la vida de Jesús y Sus apóstoles. Evidentemente Lucas había llegado a ser médico antes de adquirir conocimiento acerca de Cristo, pero después puso en primer lugar en la vida el ministerio cristiano.

Algo similar sucedió en el caso de Pablo. En vez de estimular a otros a imitarlo a él como él había imitado a Gamaliel, Pablo escribió: “Háganse imitadores de mí, así como yo lo soy de Cristo”. Pablo estimó tanto el conocimiento de Cristo que dijo que, en comparación con esto, consideraba “como un montón de basura” las cosas que antes buscaba. (1 Corintios 11:1; Filipenses 3:8.)

Recuerda: Llevadas por los sentimientos, hasta personas que te aman pudieran darte mal consejo. Por ejemplo, cuando Jesús mencionó lo que le esperaba durante su ministerio en Jerusalén, el apóstol Pedro respondió: “Sé bondadoso contigo mismo, Señor; tú absolutamente no tendrás este destino”. Pedro amaba a Jesús y no quería que sufriera. Pero Jesús reprendió a Pedro, porque comprendía que para cumplir la voluntad de Dios tenía que sufrir y morir por obra de los opositores. (Mateo 16:21-23.)

Así, puede que tus padres o amigos te aconsejen contra un proceder de abnegación. Por sentimientos mal guiados, quizás vacilen en cuanto a animarte a aceptar una asignación en el ministerio de precursor de tiempo completo, o para servir como misionero, o efectuar trabajo de voluntario en una sucursal de los testigos de Jehová.

Puede que digan: ‘¿No sería mejor que te casaras y vivieras cerca de nosotros?’, o: ‘Mira, en Betel el trabajo es fuerte. Quizás sería mejor que te quedaras aquí con nosotros’. En otras palabras, como Pedro lo expresó: “Sé bondadoso contigo mismo”.

A veces hasta los siervos de Jehová tienen que reajustar su modo de pensar. Pedro tuvo que hacer eso, y, reajustado ya su punto de vista, escribió: “De hecho, ustedes fueron llamados a este curso, porque hasta Cristo sufrió por ustedes, dejándoles dechado para que sigan sus pasos con sumo cuidado y atención”. (1 Pedro 2:21.)

El vivir una vida verdaderamente cristiana implica abnegación, sí, hasta sufrimiento. No es un proceder fácil, pero es el curso al que se nos ha llamado como cristianos. El aceptarlo implica ‘no vivir ya para nosotros mismos, sino para aquel que murió por nosotros’. (2 Corintios 5:15.) El seguir guiándonos por buenos modelos de conducta nos ayudará a utilizar la vida de esta manera abnegada.

Modelos que queremos tener presentes
El modelo que particularmente debes tener presente es el que suministró Jesús. Puesto que era perfecto, él pudo haber sido el más grande atleta, músico, médico o abogado que el mundo jamás conociera. Pero enfocó su atención en agradar a su Padre celestial, hasta cuando era jovencito. (Lucas 2:42-49.) Después, dijo: “Tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado”. (Lucas 4:43.)

Es verdad que no es fácil predicar de casa en casa. Exige estudio diligente el entender las buenas nuevas del Reino, y mucho trabajo el preparar presentaciones significativas. Además, este servicio requiere valor, puesto que a la mayoría de los amos de casa no les interesa el mensaje, y algunos hasta se oponen a él.

Sin embargo, el ministerio de casa en casa de ustedes los jóvenes tiene un efecto maravilloso. ¡De seguro ustedes los jóvenes que aceptan a Cristo como modelo merecen encomio! Más de 12.000 jóvenes de 25 años y menos participan en la obra de precursor en los Estados Unidos, y otras decenas de miles son precursores en otros países. (Salmo 110:3.) ¡Pueden estar seguros de que no pudieran estar efectuando un trabajo más importante que ese!

Puesto que las personas a quienes admiras tendrán gran influencia en lo que hagas con tu vida, cultiva admiración también por el modelo que suministró el joven Timoteo. Como hombre joven, Timoteo, quien había nacido poco antes de la muerte de Jesús, dejó a su familia y se unió al apóstol Pablo en el segundo viaje misional de este. Unos meses después una chusma hizo que Pablo y Silas huyeran de Tesalónica, pero no antes de que hubieran hecho algunos discípulos. (Hechos 16:1-3; 17:1-10, 13-15.)

Poco después, Pablo envió a Timoteo a aquel peligroso territorio para consolar a aquellos discípulos en sus pruebas. (1 Tesalonicenses 3:1-3.) Es posible que para entonces Timoteo todavía estuviera en la adolescencia, puesto que de 12 a 14 años después Pablo todavía hablaba de la “juventud” de Timoteo. (1 Timoteo 4:12.) ¿No admiras tú a un joven valeroso y abnegado como ese?

Cinco años después de la asignación de Timoteo para fortalecer a los hermanos de Tesalónica, Pablo escribió a los corintios desde Éfeso: “Háganse imitadores de mí. Por eso les envío a Timoteo, [...] y él les recordará mis métodos relacionados con Cristo Jesús, así como yo estoy enseñando en todas partes en toda congregación”. (1 Corintios 4:16, 17.)

El joven Timoteo, que ya había trabajado por cinco años con Pablo, estaba bien familiarizado con los métodos de enseñanza de Pablo. Sabía cómo Pablo había presentado el mensaje a los efesios, incluso que les había enseñado “públicamente y de casa en casa”. (Hechos 20:20, 21.) Puesto que había recibido buen entrenamiento en aquellos métodos de predicar, ¡qué excelente ayuda podía ser Timoteo para las congregaciones!

Pasan otros cinco o seis años, y Pablo está en prisión en Roma. Timoteo, él mismo recientemente puesto en libertad de la prisión, está con él. (Hebreos 13:23.) Imagínate la escena: Posiblemente utilizando a Timoteo como secretario, Pablo dicta una carta a los filipenses.

Expresándose deliberadamente, Pablo dice: “Espero en el Señor Jesús enviarles dentro de poco a Timoteo [...] Porque no tengo a ningún otro de disposición como la de él, que genuinamente cuide de las cosas que tienen que ver con ustedes [...] Ustedes saben la prueba que él dio de sí mismo, que, cual hijo con su padre, sirvió como esclavo conmigo en el adelanto de las buenas nuevas”. (Filipenses 1:1; 2:19-22.)

¡No hay duda de que el joven Timoteo es un ejemplo admirable! Fue un compañero confiable y fiel de Pablo, uno que se adhirió a él en toda clase de circunstancias, que lo apoyó en su obra de predicar y estuvo dispuesto a servir dondequiera que se le envió. Sacrificó lo que pudiera llamarse una vida normal en su casa o país, pero ¡qué contentamiento y satisfacción puso en su vida el servicio de Dios! Ciertamente Timoteo ‘ya no vivía para sí mismo, sino para Cristo, quien había muerto para él’. (2 Corintios 5:15.) ¿Te sientes impulsado a imitar su ejemplo?

Vive para el nuevo mundo de Dios
En realidad, Timoteo vivía para el nuevo mundo de Dios. No pensaba simplemente en vivir la vida del momento, sino en usar la vida con el fin de producir beneficios duraderos. (Mateo 6:19-21.) Puesto que el padre de Timoteo era griego, y aparentemente no era creyente, puede que haya instado a Timoteo a conseguir una educación superior y una carrera mundana.

Pero como resultado de la instrucción piadosa de su madre y su abuela, Timoteo vivió envuelto en las actividades de la congregación cristiana. Los intereses de su vida eran espirituales, aparentemente permaneció soltero por lo menos por algún tiempo, y calificó para servir con el apóstol Pablo. (2 Timoteo 1:5.)

¿Qué hay de ti? ¿Usarás tu juventud como lo hizo Timoteo? El folleto La escuela y los testigos de Jehová se refería a un derrotero de vida como ese cuando explicó lo siguiente sobre los jóvenes que son Testigos: “Su meta principal en la vida es servir eficazmente como ministros de Dios, y aprecian la educación escolar como algo que contribuye a ese fin.

Por eso, por lo general escogen cursos que les presentan oportunidades de ganarse el sustento en el mundo moderno. Así, muchos de ellos quizá tomen cursos vocacionales o asistan a una escuela de artes y oficios. Lo que desean hacer, una vez que terminan sus estudios escolares, es obtener trabajo que les permita concentrarse en su vocación principal, el ministerio cristiano”.

Para ustedes los que realmente aprecian lo que Jehová y Su hijo han hecho por ustedes, no debe ser difícil contestar la pregunta: “¿Qué haré con mi vida?”. En vez de vivir para ti mismo y para el placer personal, usarás tu vida para hacer la voluntad de Dios. Vivirás, como lo hizo Timoteo, como persona de mentalidad espiritual.


Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Agosto de 1987. Para ampliar el tema lea "Testimonio cabal del reino de Dios". También disponible en audio libro. Ambos editados por los testigos de Jehová.

martes, 24 de junio de 2014

¿Por qué me siento tan deprimido?

Los jóvenes preguntan...

MELANIE siempre se había conformado al ideal de su madre tocante a una niña perfecta... hasta que cumplió diecisiete años de edad. Entonces dejó de participar en las actividades escolares, dejó de aceptar invitaciones a fiestas y, al parecer, ni siquiera se preocupó cuando sus calificaciones bajaron de A a C. Sus padres notaban el mal humor de ella y a la hora de las comidas le preguntaban amablemente qué le pasaba. Melanie se marchaba de la mesa diciendo: “¡Déjenme en paz! No me pasa nada”.

Mark, a la edad de catorce años, era impulsivo y agresivo, y tenía un temperamento explosivo. En la escuela era inquieto y desordenado. Cuando se sentía frustrado o enfadado, atravesaba el desierto en motocicleta o se lanzaba por colinas empinadas sobre su tabla de patinaje. Sus padres y maestros excusaban tal conducta ingobernable como niñería.

Quizás le sorprenda saber que tanto Melanie como Mark padecían de depresión. Aunque todo el mundo sabe que la depresión es común entre los adultos, solo recientemente ha habido expertos que han admitido que los jóvenes también se deprimen. Lo mismo te puede suceder a ti.

Una emoción común

Una encuesta que condujo el Instituto Nacional de Salud Mental afirma que más o menos uno de cada cinco jóvenes tal vez padezca de síntomas de depresión. En muchos países el suicidio entre los jóvenes se ha descrito como una epidemia reciente. La depresión es el ingrediente más común en los suicidios juveniles.

Quizás tú sepas de algunos de tus amigos que se hayan sentido melancólicos y hayan intentado quitarse la vida. Pero tú probablemente no necesites de las estadísticas para saber que la depresión puede afectar tu vida. Desde luego, casi toda persona se siente a veces melancólica por unas horas, unos días... o hasta varias semanas. Esto es simplemente parte de la vida. Sin embargo, muchos jóvenes son especialmente propensos a la melancolía durante su adolescencia. ¿Por qué?

Es probable que esta etapa sea una de las más difíciles por la que tengas que pasar alguna vez. Las presiones internas que surgen al alcanzar la pubertad pueden causar en ti grandes inquietudes y cambios bruscos de humor. Te ves atrapado en una etapa de transición... ya no eres un niño, pero todavía no eres adulto en el sentido pleno de la palabra.

Asaltado por expectativas nuevas, y a menudo contrarias, por parte de tus padres, maestros o amigos, te sientes como un fracasado cuando a veces no puedes estar a la altura de tales expectativas. Lo que empeora las cosas es que, debido a tu inexperiencia, no estás familiarizado con los altibajos de la vida. No es de extrañar que algunos lleguen a sentirse terriblemente deprimidos.

¿Es normal mi melancolía?

No obstante, hay diferentes grados de depresión. Un joven pudiera sentirse desmoralizado debido a algún suceso desconcertante: su fracaso en un examen escolar, la muerte de una persona amada, el no conseguir un empleo o perder el que tenía, así como otras situaciones llenas de tensión. Por lo general, cuando las circunstancias cambian, la melancolía desaparece gradualmente dentro de un período relativamente breve.

Sin embargo, si persiste el estado de depresión y la persona tiene una actitud negativa en general, junto con sentimientos de inutilidad, ansiedad y cólera, esto puede convertirse en una depresión crónica de grado inferior. Los síntomas varían considerablemente. Cierto joven pudiera tener ataques de ansiedad. Otro tal vez se sienta cansado siempre, no tenga apetito, no pueda conciliar fácilmente el sueño o quizás pierda peso. A veces hasta una serie de accidentes pudiera ser una advertencia. Observa el recuadro:

¿Se trata de una depresión crónica de grado inferior?

1. Como joven, ¿te sientes cansado la mayor parte del tiempo, incluso cuando has dormido lo suficiente?
2. ¿Estás constantemente intranquilo?
3. ¿Has perdido interés en casi todo... en la escuela, la familia y tus amigos?
4. ¿Se te hace difícil tomar decisiones, aun en cuanto a asuntos relativamente insignificantes?
5. ¿Estás continuamente enfadado o resentido?
6. ¿Te dan muchos ataques de ansiedad, y crees que algo terrible va a ocurrir?
7. ¿Eres un quejumbroso crónico?
8. ¿Tienes tendencias suicidas?
9. ¿Eres demasiado exigente contigo mismo, y crees a menudo que eres muy inferior o deficiente?
10. ¿Pasas demasiado tiempo soñando despierto?
11. ¿Pasas constantemente, cada semana, por altibajos y cambios de humor severos y bruscos?
(Basado, en parte, en The Book of Hope de Helen DeRosis y Victoria Pellegrino.)


Si respondes “Sí” a la mayoría de las preguntas, es probable que tu depresión se haya hecho crónica. El reconocer este tipo de depresión es vital, pues, si no se aplica algún tratamiento, se convertirá en depresión grave, un trastorno grave que generalmente requiere ayuda profesional.

Algunos jóvenes disimulan la depresión comportándose de modo totalmente diferente: asistiendo a una interminable serie de fiestas, participando en promiscuidad sexual o vandalismo, o bebiendo en exceso. “Realmente no sé por qué tengo que estar saliendo constantemente”, confesó un muchacho de catorce años de edad. “Solo sé que si estoy a solas, me doy cuenta de lo mal que me siento.”

Es tal como la Biblia lo describió: “Aun en la risa el corazón puede estar con dolor; y es en desconsuelo que termina el regocijo”. (Proverbios 14:13) De modo que el irse de juerga en busca de placeres tal vez indique que la persona verdaderamente tiene problemas.

¿Se debe a algún problema físico?

Marie apenas había comenzado a estudiar en la universidad cuando sufrió un colapso emocional durante los primeros meses. Se le hacía difícil conciliar el sueño. Perdió interés en alimentarse, en sus estudios y en sus amistades. Felizmente, un perspicaz consejero universitario la refirió a un médico para que éste le hiciera un reconocimiento médico. ¿Cuál era la causa de su problema? Anemia causada por la insuficiencia de hierro. Después de recibir el tratamiento apropiado, recobró el ánimo y el vigor.

Sí, a veces la depresión se debe a algún trastorno biológico. Las infecciones, los trastornos glandulares u hormonales, las malignidades, la hipoglucemia y otros problemas relacionados con la sangre... cada uno de éstos puede causar depresión. ¿Eres adicto a las golosinas y otras cosas de poco valor nutritivo? Las insuficiencias causadas por una alimentación tan desequilibrada pueden causar depresión. También la pueden causar ciertos medicamentos o reacciones alérgicas.
Sin embargo, la depresión juvenil generalmente puede atribuirse a otra causa.

“Nunca he hecho nada bien”

Donald pensaba que tenía que sobresalir en la escuela para que se le considerara digno. Sus padres eran científicos, y él pensaba que ellos contaban con que él obtuviera calificaciones excelentes. No obstante, su novia lo aceptó a pesar de los mediocres logros académicos de él. Pero entonces la relación entre ellos quedó interrumpida por riñas. Él se deprimió y tuvo tendencias suicidas. “Nunca he hecho nada bien. Siempre le he fallado a todo el mundo”, dijo Donald en tono de lamento a un terapeuta.

El hecho de que el sentimiento de fracaso puede provocar una depresión se hace manifiesto en el caso del personaje bíblico llamado Epafrodito. Durante el primer siglo este cristiano fiel fue enviado, por la congregación a la que pertenecía, en una misión especial para ayudar al apóstol Pablo, quien estaba encarcelado.

Pero cuando llegó donde estaba Pablo, pronto enfermó y Pablo terminó por cuidar de él. La Biblia dice que después de recobrarse, Epafrodito se sintió “abatido” porque la congregación había oído de su enfermedad. Puedes imaginarte cómo se sintió: ‘¡Verdaderamente he fracasado! Todos contaban conmigo, y he fallado’.

Aparentemente él pasó por alto todo el bien que efectuó antes de enfermar. Un sentimiento de fracaso parecido puede hacer que te deprimas.—Filipenses 2:25-30.
Además, el tipo de entretenimiento que escoges puede influir en tu manera de ver las decepciones y pudiera intensificar el sentimiento de fracaso.

La revista Discover cita a la sicoterapeuta Margery Fridstein, quien ha tratado a muchos jóvenes deprimidos de la “zona suicida” juvenil de Chicago. Según ella, los dramas televisivos, caracterizados por desenlaces rápidos, superficiales y felices, son perjudiciales para los jóvenes. Ella declaró: “A los adolescentes no les gusta leer libros —prefieren ver la televisión y que la historia termine rápidamente— y por eso no saben cómo enfrentarse a la frustración de largo plazo.

Cuando algo malo ocurre de repente, no tienen la paciencia inherente para tolerarlo”. Al esperar resolver fácilmente los problemas, o al compararte a ti mismo con un personaje despreocupado de la televisión que “nunca se siente deprimido”, se puede despertar en ti un sentimiento de deficiencia. También, las películas, los programas de TV y la literatura que hacen resaltar temas deprimentes a menudo despertarán en ti un humor similar.

Así que hay muchas cosas que pueden causar melancolía. Es probable que tú pudieras añadir otras a la lista, como el no tener un amigo allegado y el creer que nadie se interesa en ti; un excesivo sentimiento de culpabilidad por alguna debilidad personal, la disolución de una relación íntima, incluso las bromas que te gastan tus compañeros de clase.

El conocer las causas puede ser útil cuando te sientas deprimido, porque puedes analizar lo que quizás esté marchando mal. Pero con todo y lo útil que es todo esto, la cuestión que verdaderamente te interesa es: ‘¿Qué pasos positivos puedo dar para contrarrestar la depresión?’.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 08 de Enero de 1983, Para complementar el tema lee el tema: "¿Vale la pena vivir? Tres razones para no darse por vencido?". Ambos editados por los testigos de Jehová.

jueves, 29 de mayo de 2014

¿Cómo puedo dejar de preocuparme tanto?

Los jóvenes preguntan...

“El porvenir es una de las mayores inquietudes en la juventud. Te preocupas por ti mismo. ¿Debería irme de casa? ¿Estudiar? ¿Emprender el ministerio de tiempo completo? ¿Casarme? Hay tantas opciones que te da miedo.”—Shane, de 20 años.

¿TE SIENTES agobiado por una multitud de preocupaciones? Muchos jóvenes lo están, por una u otra razón. Un boletín de orientación para los padres informó: “Un sondeo reciente entre adolescentes de 15 a 18 años de 41 países reveló que la primera inquietud es conseguir un buen trabajo”. La segunda se centra en la salud de los padres, y el temor a perder a un ser querido figura asimismo entre las que encabezan la lista.

El Departamento de Educación de Estados Unidos descubrió en un estudio que “la presión para conseguir buenas calificaciones” constituía una de las principales causas de intranquilidad de muchos jóvenes estadounidenses, y que no son pocos los que comparten el sentir de Shane (citado al inicio del artículo). Una chica llamada Ashley dice: “Me preocupa mi futuro”.

A otros les inquieta su integridad física. Según una encuesta realizada en 1996, casi la mitad de los muchachos norteamericanos consideraban que la escuela era cada vez más violenta. Más de ocho millones de adolescentes (el 37%) declararon que alguno de sus conocidos había sido tiroteado.

Pero no todas las ansiedades son tan sombrías. Para una gran cantidad de jóvenes, lo que más desasosiego les causa es la vida social. Como explica una revista digital dirigida a los padres, “es cierto que a los adolescentes les preocupa tener novio o novia, pero les inquieta más aún no tener amistades”. Meagan, una adolescente, se lamenta: “¿Cómo logra una que su aspecto y forma de actuar sean atractivos y modernos? Necesito amigos”. En la misma línea, un cristiano de 15 años de edad, Natanael, señala: “Los chicos de la escuela se obsesionan con el estilo: qué piensan los demás de su modo de caminar, de hablar y de arreglarse. Les da miedo parecer ridículos”.

Los problemas, parte de la vida

Sería ideal que no existieran los problemas. Sin embargo, la Biblia indica que “el hombre, nacido de mujer, es de vida corta y está harto de agitación” (Job 14:1). De modo que los obstáculos (y las mortificaciones que conllevan) forman parte de la vida. Pero si dejas que las preocupaciones y la ansiedad dominen tu manera de pensar, te harás mucho daño. La Palabra de Dios advierte: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia” (Proverbios 12:25).
Una forma de evitar martirizarte innecesariamente es que aprendas a comportarte. Ana, de 16 años, comenta: “Muchas de mis compañeras de escuela tienen miedo de quedar embarazadas o de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual”. Tú puedes ahorrarte tal desasosiego si te mantienes fiel a las normas morales de la Biblia (Gálatas 6:7). Por supuesto, no todos los problemas son tan claros ni tan fáciles de resolver. ¿Cómo evitar que las preocupaciones te angustien?

“Preocuparse con sabiduría”

Muchas personas dejan que las preocupaciones las paralicen. Sin embargo, un artículo de una revista para adolescentes recomendaba “preocuparse con sabiduría”, es decir, convertir la inquietud en una acción constructiva. En las Santas Escrituras hay muchos principios que te ayudarán a lograrlo. Veamos Proverbios 21:5: “Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja”. Digamos, por ejemplo, que deseas celebrar una reunión con algunos hermanos de la congregación. La buena planificación te ahorrará muchos dolores de cabeza. Pregúntate: “¿A quiénes, exactamente, voy a invitar? ¿A qué hora quiero que lleguen? ¿A qué hora quiero que se retiren? ¿Qué cantidad de refrigerios necesito en realidad? ¿De qué actividades divertidas disfrutarían todos los asistentes?”. Cuanto mejor lo planees, más probable será que salga bien.

No obstante, las reuniones demasiado elaboradas pueden convertirse igualmente en fuente de intranquilidad. Jesucristo le ofreció el siguiente consejo a una mujer que se tomó más molestias de las necesarias al atender a su invitado: “Son pocas, sin embargo, las cosas que se necesitan, o solo una” (Lucas 10:42). Así que pregúntate: “¿Qué es esencial para que la reunión sea un éxito?”. La sencillez contribuirá a reducir muchas ansiedades.

Otra posible preocupación es la seguridad en la escuela. Quizás no puedas hacer mucho para mejorar la situación; lo que sí está a tu alcance es tomar precauciones. Es como dice Proverbios 22:3: “Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse”. Será menos probable que te metas en líos si evitas los sitios peligrosos (no solo los aislados, sino también los que carecen de vigilancia, donde acostumbran reunirse los revoltosos).

Las tareas escolares se convierten a veces en fuente de ansiedad. Si tienes varias y todas son importantes, quizás te inquiete la posibilidad de no terminarlas a tiempo. En este caso resulta útil el principio de Filipenses 1:10: “Que se aseguren de las cosas más importantes”. ¡Eso es! Aprende a establecer un orden de prioridades: atiende primero la tarea más urgente y luego pasa a la siguiente. Poco a poco sentirás que dominas la situación.

Asesórate

De jovencito, a Aarón le preocupaba tanto aprobar los exámenes finales que hasta le dolía el pecho. “Se lo dije a mis padres —relata—, y me enviaron al médico. De inmediato, él se percató de que el corazón estaba bien y me explicó la forma en que afecta la ansiedad al cuerpo. Mis padres me hicieron ver que me había preparado a conciencia para las pruebas, pero debía interesarme más en mi salud. Se disipó la ansiedad, desaparecieron los dolores de pecho, y salí bien en los exámenes.”

Si sientes que las preocupaciones te abruman, no sufras en silencio. Proverbios 12:25, citado ya en parte, dice en su totalidad: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo regocija”. Para recibir una “buena palabra” de estímulo, es imprescindible que hables de tu “solicitud ansiosa”.

Primero, sería bueno que conversaras con tus padres, quienes seguramente te brindarán algunas sugerencias. También serán un apoyo los hermanos maduros en sentido espiritual que haya en tu congregación. Janelle, de 15 años, nos cuenta: “Me mortificaba la idea de ir a la escuela; tenía miedo de encararme a todo: las drogas, las relaciones sexuales, la violencia..., hasta que hablé con un anciano de la congregación, quien me dio muchos consejos prácticos. En ese momento me sentí mejor, pues me di cuenta de que podía afrontar la situación”.

No postergues las cosas


A veces dejamos algunas obligaciones para después porque nos resultan desagradables. Por ejemplo, Shevone, de 19 años, tuvo una diferencia con otro cristiano. Sabía que debía hablar con él, pero seguía aplazando el asunto. “Cuanto más lo postergaba, más me molestaba”, confiesa ella. Entonces recordó las palabras de Jesús referidas en Mateo 5:23, 24, donde se exhorta a los cristianos a resolver tales dificultades de inmediato. “Por fin lo hice —cuenta Shevone—, y sentí un verdadero alivio.”

¿Estás posponiendo algún asunto, quizás un trabajo desagradable o una confrontación incómoda? Pues atiéndelo pronto, y te enfrentarás a una preocupación menos.

Situaciones serias


El remedio no siempre es tan fácil, como ocurre en el caso de un joven de nombre Abdur. Su madre padece cáncer, y él se ve en la obligación de mantenerla a ella y a su hermano menor. Como es natural, le preocupa la afección de su mamá. No obstante, dice: “Las palabras de Jesús me dan la clave: ‘¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida?’. En lugar de abatirme, analizo bien la situación e intento determinar qué proceder dará mejores resultados” (Mateo 6:27).

No es fácil mantener la calma al pasar por una crisis. Hay quienes se afligen tanto que no atienden sus propias necesidades y hasta rehúsan comer. Sin embargo, el libro Helping Your Teenager Deal With Stress (Cómo ayudar a su hijo adolescente a superar el estrés) señala que, si te privas de los nutrientes esenciales, serás “mucho menos capaz de sobrellevar la tensión nerviosa y mucho más susceptible a las enfermedades”. Así que, ocúpate de tu salud física; duerme y aliméntate lo suficiente.

Tu mayor alivio vendrá cuando sigas el consejo de la Biblia: “Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y él mismo te sustentará. Nunca permitirá que tambalee el justo” (Salmo 55:22).

A Shane, mencionado al principio, le inquietaba su futuro. “Empecé a concentrarme más en la Palabra y los propósitos de Dios”, relata. En poco tiempo se dio cuenta de que, si empleaba su vida en servir a Dios, le esperaba un mañana feliz (Revelación [Apocalipsis] 4:11). “Dejé de preocuparme por mí mismo —señala Shane—. Tenía asuntos más importantes en que pensar.”

Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas”.
(Revelación 4: 11)

De modo que, cuando sientas que tu preocupación es demasiado grande, busca formas constructivas de afrontarla. Asesórate con personas maduras. Pero, sobre todo, presenta tus inquietudes ante Jehová, ‘porque él se interesa por ti’ (1 Pedro 5:7). Con su ayuda, quizás logres dejar de preocuparte tanto.

a la vez que echan sobre él toda su inquietud, porque él se interesa por ustedes.
(1 Pedro 5: 7)

Artículo publicado en la revista ¡Despertad!" del 22 de Septiembre del 2001. Para resolver otras dudas consulta la sección "Jovenes" del sitio oficial de los testigos de Jehová.

sábado, 1 de marzo de 2014

¿Qué puedo hacer si mis padres no me apoyan con mi religión?

Los jóvenes preguntan

MUCHOS jóvenes cristianos tienen padres que no son creyentes. Una joven de doce años explica: “Soy la única de la familia que estudia la Biblia, y mi madre quiere que deje el estudio”. En otros casos, los padres no toman la delantera en cuestiones espirituales. Estas circunstancias pueden convertirse en una verdadera prueba para el joven sincero que desea servir a Dios.



Puede que resulte difícil tratar de ser un verdadero cristiano sin la ayuda y el ánimo de los padres, pero sin duda puede lograrse. Numerosos ejemplos, tanto del pasado como del presente, lo demuestran.

Jóvenes fieles de tiempos bíblicos

Toma como ejemplo a Abel, el hijo de la primera pareja humana, Adán y Eva. Aunque ellos debían haber proporcionado guía espiritual perfecta a su descendencia, se rebelaron y volvieron la espalda a Jehová, con lo que dejaron que sus hijos se las arreglaran solos espiritualmente.

Abel no se compadeció de sí mismo ni dejó que su aprecio por las cosas sagradas disminuyera por la falta de espiritualidad de sus padres, sino que más bien debió aprender lo que pudo acerca del Creador. Dado que Jehová se comunicaba con los hijos de Adán, Caín y Abel, este cultivó una relación con Dios y llegó a convertirse en un hombre de fe.

“Por fe Abel ofreció a Dios un sacrificio de mayor valor que el de Caín, por la cual fe se le dio testimonio de que era justo.” (Hebreos 11:4; Génesis 4:2-15.)
Josías es otro ejemplo de un joven que no tuvo la ayuda de sus padres en cuestiones religiosas. Su padre, el rey Amón de Judá, fue asesinado cuando Josías contaba solo con ocho años. Además, mientras estuvo vivo, “procedió a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová, tal como había hecho Manasés su padre; y a todas las imágenes esculpidas que Manasés su padre había hecho, Amón sacrificó, y continuó sirviéndoles. Amón fue uno que hizo aumentar la culpabilidad”. (2 Crónicas 33:22, 23.) Imagínate, pues, el ambiente espiritual corrupto en el que tuvo que educarse Josías.

No obstante, Josías “procedió a hacer lo que era recto a los ojos de Jehová y a andar en los caminos de David su antepasado. Comenzó a buscar al Dios de David su antepasado; y en el año doce de su reinado
[cuando tenía unos veinte años] comenzó a limpiar a Judá y Jerusalén de los lugares altos y los postes sagrados y las imágenes esculpidas y las estatuas fundidas”. (2 Crónicas 34:2-4.)

¿Cómo adquirió tal fortaleza sin la ayuda de un padre? Tuvo el apoyo de otros hombres espirituales, como el sumo sacerdote Hilquías y su secretario Safán. La buena influencia espiritual que tuvieron en el joven Josías le ayudó a “poner por obra las palabras de la ley”. (2 Reyes 23:24; 2 Crónicas 34:14-19.) Esa ley requería que los reyes se hicieran una copia personal para estudiarla día y noche. (Deuteronomio 17:18; Josué 1:8.) Sin duda, eso contribuyó mucho a su adelanto espiritual.

Cómo encontrar ayuda hoy

Aunque tus padres no te den el apoyo espiritual que desearías, tú también puedes progresar en sentido espiritual. A menudo puedes conseguir tal apoyo de hermanos, hermanas, padres y madres espirituales de las congregaciones de los testigos de Jehová. (Marcos 10:30.) Quizás haya en la congregación jóvenes de inclinación espiritual a quienes ofrecer tu amistad, o tal vez algunos testigos de más edad se interesen en ti.
 

¿Te ha ofrecido ayuda algún adulto? Si así es, ¿por qué no la aceptas? Y si nadie te la ha ofrecido, toma la iniciativa en cultivar amistades sanas. Incluso podrías abordar a un superintendente de tu congregación. Quizás necesites que alguien te conduzca un estudio bíblico o te ayude a preparar las asignaciones de la Escuela del Ministerio Teocrático. O tal vez solo necesites asociación edificante con una familia.

Es normal que te ponga algo nervioso dar a conocer tus necesidades de esta manera, pero recuerda que se ha nombrado a los ancianos para que cuiden de las necesidades espirituales de toda la congregación, entre ellos los jóvenes, y pueden llegar a ser una verdadera ayuda. (1 Pedro 5:2.)

Qué puedes hacer para que te apoyen en casa

¿Significa lo dicho que no puedes hacer nada para mejorar la situación en casa? En absoluto. Piensa en el caso de Joe. Él dice que sus padres no creyentes ‘no lo apoyaron mucho’. No obstante, admite que él mismo pudo haber contribuido a su falta de apoyo. ¿Cómo? Parece ser que no se esforzó por aplicar en su vida lo que aprendía en el estudio de la Biblia con los testigos de Jehová y continuó desobedeciendo a sus padres, por lo que estos no vieron razones para estudiar la Biblia, y menos para animar a su hijo a hacerlo.

¿Qué hay de ti? En el caso de que tus padres no sean creyentes, ¿les demuestran tus acciones que deseas servir a Dios en serio? A las esposas cristianas se les aconseja que ganen a sus esposos incrédulos por su conducta excelente. De igual manera, ¿podrías ganarte a tus padres “sin una palabra” si fueras más obediente y respetuoso con ellos? (1 Pedro 3:1; Efesios 6:1-3.) Si ese fuera el caso, ¿no estarían más dispuestos a apoyarte?

Ahora bien, ¿y si tus padres son cristianos, pero no hacen todo lo que debieran para ayudarte y animarte? Sea cual fuere la razón, puedes hacer mucho para promover un ambiente espiritual si pones un buen ejemplo. (1 Timoteo 4:12.)

Mantente arreglado y listo para marchar cuando llegue la hora de asistir a las reuniones cristianas. Ofrécete voluntario para hacer algunas tareas adicionales en casa de modo que tus padres también estén listos a tiempo. Quién sabe si lograrás contagiarles tu entusiasmo por las reuniones.

¿Conducen tus padres un estudio bíblico contigo todas las semanas? Si no es así, podrías pedírselo de forma educada, sin regañar o quejarte. Una vez que se conduzca el estudio, no les hagas sudar tinta para sacarte los comentarios, sino prepárate a fondo para participar. Contribuye a que la ocasión sea agradable. Dales las gracias por conducirte el estudio, pues esto puede suministrarles el incentivo que necesitan para hacerlo con regularidad.

Ahora bien, ¿qué ocurre si tus esfuerzos resultan poco recompensados? No te desanimes. (Gálatas 6:9.) Expresa abiertamente tu amor a Dios y a la verdad bíblica. No pierdas tu celo o sentido de urgencia al ayudar a otros a aprender acerca de Dios.

Continúa ‘edificándote sobre tu santísima fe y orando con espíritu santo’. (Judas 20.)
Muestra tú la misma determinación y no dejes que la falta de apoyo te desanime. Muéstrate firme en tus convicciones. Si es posible, relaciónate con jóvenes y adultos espirituales de la congregación. No obstante, tanto si te respaldan como si no, determínate a mantener tu amistad con Dios. Puedes contar con su apoyo. (Compárese con el Salmo 119:116.)
Artículo publicado en la revista "¡Despertad!" del 08 de Enero de 1992. Para beneficiarte de las reuniones de congregación estudia el libro: "Benefíciese de la Escuela del Ministerio Teocrático"