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jueves, 24 de julio de 2014

¿Debería entretenerme con los videojuegos?

Los jóvenes preguntan
NO SON solo una diversión de alta tecnología. Los videojuegos ponen a prueba tus destrezas y combaten el aburrimiento. Pero eso no es todo: también mejoran los reflejos y, según varios estudios, la concentración visual. Algunos incluso pueden ayudarte a mejorar en la lectura y las matemáticas. Además, el último videojuego seguramente es tema de conversación entre tus compañeros de clase, y si lo has jugado, tendrás algo de que hablar con ellos.

Claro, tus padres decidirán si puedes entretenerte con dichos juegos (Colosenses 3:20). Si te lo permiten, hay gran variedad de juegos a tu alcance que son divertidos y, al mismo tiempo, moralmente aceptables. Aun así, ¿por qué debes tener cuidado?

El lado oscuro
Brian, de 16 años, dice: “Los videojuegos son superdivertidos”. Pero, como bien sabrás, no todos son inofensivos. El propio Brian admite: “En algunos puedes hacer cosas que nunca harías en la vida real sin meterte en problemas”. ¿Qué clase de comportamiento fomentan estos juegos?

Muchos promueven descaradamente la inmoralidad, la violencia y el uso de lenguaje obsceno, prácticas que condena la Biblia (Salmo 11:5; Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Algunos exaltan el espiritismo. Adrián, de 18 años, dice que hay un juego popular que contiene “peleas entre pandillas, drogas, palabrotas, sexo, violencia extrema y sangre a borbotones”.

Y cada nuevo juego hace que el anterior parezca inocente. James, de 19 años, dice que los más populares se pueden jugar en línea, lo que da a este tipo de entretenimiento una dimensión totalmente nueva.

“Desde tu propia computadora —apunta James— puedes competir con personas del otro lado del planeta.”
Los juegos de rol están muy de moda. En estos, uno puede crear un personaje —humano, animal o una combinación de ambos— que vive en un mundo cibernético poblado de miles de jugadores. Los jugadores pueden enviarse mensajes instantáneos mientras sus avatares, o personajes, interactúan.

¿Qué ocurre en estos mundos virtuales? “Hay gente normal que hace cosas que nunca haría en la vida real, ya sea porque no puede o porque no se atreve”, asegura un periodista. Y después añade: “El sexo y la prostitución están por todas partes”. Con tan solo unos clics, los jugadores pueden hacer que sus personajes participen en actos sexuales mientras que ellos intercambian mensajes instantáneos de carácter erótico.

Además, esos mundos virtuales “están saturados de delitos, mafiosos, proxenetas, extorsionistas, falsificadores y asesinos”, informa la revista New Scientist. Otra revista indica que “se han levantado voces de alarma respecto a ciertas actividades que se considerarían ilegales fuera de la computadora. Por ejemplo, algunos visitan burdeles virtuales donde pueden satisfacer sus fantasías sexuales asumiendo el papel de un violador. Y otros realizan actos sexuales utilizando avatares con la apariencia de niños”.

Tu elección es importante
Quienes se entretienen con esos juegos llenos de violencia e imágenes gráficas de sexo tal vez digan que no causan ningún daño, que son solo juegos. Pero no te dejes engañar; eso no es cierto.

La Biblia dice: “Hasta por sus prácticas el muchacho se da a conocer en cuanto a si su actividad es pura y recta” (Proverbios 20:11). Si acostumbras entretenerte con videojuegos violentos e inmorales, ¿podría decirse que eres puro y recto? Hay muchísimos estudios que demuestran que quienes ven programas violentos se vuelven más agresivos. Y hace poco, New Scientist señaló: “Puesto que son interactivos, los videojuegos influyen más en la gente que la televisión”.

Entretenerse con juegos violentos e inmorales es como jugar con residuos radiactivos. Los efectos dañinos quizá no se vean de inmediato, pero son inevitables. ¿Por qué? La exposición a altas dosis de radiación puede destruir el revestimiento del aparato digestivo y permitir que las bacterias del intestino invadan la corriente sanguínea, lo que causaría una enfermedad.

De igual manera, la exposición a escenas eróticas y violencia atroz puede erosionar tu “sentido moral” y permitir que los deseos carnales dominen tus pensamientos y acciones (Efesios 4:19; Gálatas 6:7, 8).

¿Qué juegos debo escoger?
Si tus padres permiten que te entretengas con cualquier videojuego, ¿cómo puedes saber cuáles seleccionar y cuánto tiempo dedicarles? Plantéate las siguientes preguntas:

¿Ofenderá mi selección a Jehová? La clase de juegos que elijas puede influir en cómo te ve Dios. “Jehová mismo examina al justo así como al inicuo, y Su alma ciertamente odia a cualquiera que ama la violencia.” (Salmo 11:5.) La Biblia afirma respecto a los que practican espiritismo: “Todo el que hace estas cosas es algo detestable a Jehová” (Deuteronomio 18:10-12). Si queremos ser amigos de Dios, tenemos que seguir el consejo de Salmo 97:10: “Oh amadores de Jehová, odien lo que es malo”.

¿Influirá el juego en mi forma de pensar? Pregúntate: “¿Contribuirá a que se me haga más fácil o, por el contrario, más difícil ‘huir de la fornicación’?” (1 Corintios 6:18). Los juegos que te exponen a imágenes o conversaciones que despiertan el deseo sexual no te ayudarán a concentrarte en cosas justas, castas ni virtuosas (Filipenses 4:8). Amy, de 22 años, reconoce: “Muchos juegos te insensibilizan a la violencia, el lenguaje obsceno, la inmoralidad y cosas así. Eso puede hacer que bajes la guardia en otros aspectos de la vida. Hay que seleccionar los juegos con mucho cuidado”.

¿Cuánto tiempo le dedicaré? Deborah, de 18 años, admite: “No creo que todos los videojuegos sean malos. El problema es que consumen mucho tiempo y hasta pueden ser adictivos”. Eso sucede incluso con los juegos más inocentes. Así que, lleva un registro del tiempo que pasas jugando y compáralo con el tiempo que dedicas a actividades más importantes. De este modo verás si le estás dando prioridad a lo que verdaderamente vale la pena (Efesios 5:15, 16).

La Biblia no exige que te pases la vida estudiando y trabajando. A todos nos recuerda que hay “tiempo de reír” y “tiempo de dar saltos” (Eclesiastés 3:4). Conviene tener en cuenta que la expresión “dar saltos” se refiere tanto a jugar como a participar en actividades físicas. Por consiguiente, ¿por qué no usas parte de tu tiempo libre en actividades que requieran ejercicio físico en vez de tan solo sentarte frente a un monitor?

Elige bien
No hay duda de que los videojuegos pueden ser entretenidos, sobre todo si eres muy bueno. Y ahí está precisamente la razón por la que debes elegir bien. Pregúntate: “¿En qué materias me destaco en la escuela?”. ¿Verdad que suele ser en las que más te gustan? La realidad es que, por lo general, cuanto más disfrutas de una asignatura, mayor es la impresión que causa en ti. Ahora pregúntate: “¿Cuál es mi videojuego favorito? ¿Qué lecciones morales me está enseñando?”.

¿Por qué no escribes un breve resumen de cada juego que te gusta, en el que indiques su objetivo y los métodos que se emplean para alcanzarlo? Para determinar si el juego te conviene, compara el resumen con los principios bíblicos mencionados en este artículo.

En vez de entretenerte con un juego únicamente porque a tus compañeros les gusta, infórmate bien y ten el valor de tomar tu propia decisión. Por encima de todo, obedece este consejo bíblico: “Sigan asegurándose de lo que es acepto al Señor” (Efesios 5:10).

Para pensar
¿Qué dirías si un amigo te invitara a jugar un videojuego violento o inmoral?

¿Cómo puedes asegurarte de que tus videojuegos no interfieran con actividades más importantes?

¿Con qué frecuencia juegas?

□ Casi nunca
□ Una vez por semana
□ Todos los días

Cada vez que te pones a jugar, ¿cuánto tiempo dedicas?
□ Unos minutos
□ Alrededor de una hora
□ Más de dos horas

¿Qué tipo de juegos prefieres?

□ De carreras
□ De deportes
□ De disparos
□ Otros

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Enero del 2008.
Para complementar lea el tema:
"¿Qué debo de tomar en cuenta al enviar mensajes de texto?.
Ambos editados por los testigos de Jehová.
A los padres:  Después de leer el artículo sobre los videojuegos, usted tal vez se dio cuenta de que son muy diferentes a los que había en su adolescencia. ¿Cómo puede ayudar a su hijo a reconocer los peligros que encierran y la forma de evitarlos?

 No se lograría mucho condenando todos los juegos o afirmando que son una total pérdida de tiempo. Recuerde que no todos los juegos son malos. Aun así, pueden ser adictivos y consumir mucho tiempo. Así que analice cuánto tiempo pasa su hijo jugando. Fíjese además en la clase de juegos que parecen atraerle. Incluso pudiera hacerle preguntas como estas:

¿Cuál es el juego que más les gusta a tus compañeros de clase?

¿De qué trata?

¿Por qué te parece que es tan popular?

Puede que descubra que su hijo sabe más sobre los videojuegos de lo que usted se imaginaba.
Quizás hasta ha jugado con algunos que usted considera cuestionables. Si ese es el caso, no se alarme. Ahora tiene la oportunidad de ayudar a su hijo a desarrollar sus facultades perceptivas (Hebreos 5:14).
Haga preguntas que ayuden a su hijo a determinar por qué le atraen los juegos que no son muy recomendables. Por ejemplo, pudiera preguntarle:

Te sientes aislado de tus compañeros por que te prohibimos ese juego en particular?

Como se indicaba en la primera página del artículo anterior, los jóvenes tal vez prueben cierto juego para tener algo de que hablar con sus amigos. Si ese es el caso de su hijo, no convendría que manejara el asunto como lo haría si se enterara de que realmente le atrae el juego por sus escenas sangrientas o eróticas (Colosenses 4:6).

Pero ¿y si es así? ¿Qué hará si a su hijo le atraen los aspectos negativos del juego?
Algunos jóvenes enseguida se excusan diciendo que la violencia extrema no les afecta. Afirman: “No porque lo haga en el juego lo voy a hacer en la vida real”. Si así es como piensa su hijo, pídale que lea Salmo 11:5.

Como aclara este versículo, no solo los violentos reciben la desaprobación divina, sino también quienes aman la violencia. El mismo principio es aplicable a la inmoralidad sexual y a cualquier otro pecado que la Biblia condene (Salmo 97:10).

Algunos expertos recomiendan lo siguiente:
No permita que sus hijos jueguen en un lugar aislado, como el dormitorio.

Póngales reglas (por ejemplo, no los deje jugar si no han terminado sus tareas escolares, su cena, o cualquier otra actividad importante).

Ayúdeles a entender los beneficios de participar en actividades que requieran ejercicio físico.

Vigile a sus hijos mientras juegan, o mejor aún, juegue con ellos de vez en cuando.

Por supuesto, para aconsejar a sus hijos sobre el entretenimiento, usted debe dar buen ejemplo. Así que, pregúntese: “¿Qué programas y películas veo yo?”. No le quepa la menor duda: si no se rige por las mismas normas que impone a sus hijos, ellos se darán cuenta enseguida.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Agosto del 2008.
Para complementar el tema lea: "Enséñeles a navegar seguros por Internet"Ambos editados por los testigos de Jehová.

lunes, 21 de julio de 2014

Se puede afrontar el estrés

“En la vida nunca nos faltará el estrés, así que en vez de tratar de eliminarlo, lo importante es saber reaccionar ante este.”—Leon Chaitow, afamado escritor sobre salud.

LA BIBLIA predijo que en “los últimos días” habría “tiempos críticos, difíciles de manejar”. La realidad actual muestra que vivimos en esa etapa, pues conforme a la profecía, los seres humanos son “presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor del bien, traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo” (2 Timoteo 3:1-5).

No es de extrañar que cueste tanto mantener un mínimo de serenidad. Hasta quienes procuran vivir en paz se ven afectados. “Son muchas las calamidades del justo”, escribió el salmista David (Salmo 34:19; compárese con 2 Timoteo 3:12). Con todo, puede hacer mucho para aminorar la tensión y evitar que le abrume. Examine varios consejos.

Cuídese

Vigile la dieta. Un régimen alimenticio saludable incluye proteínas, frutas, verduras, cereales, legumbres y lácteos. Vigile la harina blanca y las grasas saturadas. Cuidado con la sal, el azúcar refinado, el alcohol y la cafeína. Si mejora la dieta, posiblemente sea menos vulnerable al estrés.

Haga ejercicio.
“El entrenamiento corporal es provechoso”, señala la Biblia (1 Timoteo 4:8). Hacer ejercicio con moderación y regularidad —hay quien recomienda tres veces por semana— fortalece el corazón, mejora la circulación, baja el nivel de colesterol y reduce la posibilidad de sufrir un ataque cardíaco. Lo que es más, fomenta la sensación de bienestar, probablemente por la liberación de endorfinas durante el esfuerzo.

Duerma lo suficiente.
La falta de sueño produce agotamiento y disminuye la capacidad de afrontar la tensión. Si se le hace difícil dormir, trate de acostarse y levantarse siempre a la misma hora. Algunos expertos recomiendan que las siestas no superen los treinta minutos para que no le impidan tener una buena noche de descanso.

Organícese. Quienes programan bien el tiempo son mucho más capaces de afrontar el estrés. Antes de hacer planes, determine primero los asuntos prioritarios. Luego, elabore un horario a fin de no descuidarlos (compárese con 1 Corintios 14:33, 40 y Filipenses 1:10).

Cultive relaciones sanas
Pida apoyo.
Cuando se enfrentan a situaciones difíciles, las personas integradas en un círculo social disfrutan de cierta protección contra el agobio. Disponer siquiera de un amigo íntimo con quien sincerarse supone una gran diferencia. Dice un proverbio bíblico: “Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido para cuando hay angustia” (Proverbios 17:17).

Resuelva los conflictos. “No se ponga el sol estando ustedes en estado provocado”, escribió el apóstol Pablo (Efesios 4:26). Un estudio con 929 sobrevivientes de infartos demuestra lo sabio que es arreglar las diferencias cuanto antes y no guardar rencor. Los que tenían niveles altos de hostilidad corrían un riesgo tres veces mayor de morir de un paro cardíaco al cabo de diez años del primer ataque, que los más apacibles.

Los autores del estudio señalan que, si bien parece que la ira es el factor más fuerte, puede tener las mismas consecuencias toda emoción negativa intensa que desencadene la emisión en grandes cantidades de hormonas productoras de estrés. “Los celos son podredumbre a los huesos”, afirma Proverbios 14:30.

Saque tiempo para la familia. Dios mandó a los padres israelitas que pasaran tiempo con sus hijos y les inculcaran en el corazón buenos principios (Deuteronomio 6:6, 7). De este modo se formaba un vínculo que fomentaba la solidaridad familiar, cualidad que, lamentablemente, no abunda hoy en día.

Un estudio reveló que, de promedio, algunos matrimonios en los que ambos cónyuges trabajan solo dedican tres minutos y medio diarios a jugar con los hijos. Pero lo cierto es que su familia puede ayudarle muchísimo a afrontar el estrés. “La familia nos convierte incondicionalmente a cada uno de nosotros en miembros privilegiados de un grupo de apoyo emocional, que conoce quiénes somos realmente y aun así nos quiere”, afirma cierto libro sobre el estrés. “Trabajar en familia es una de las mejores maneras de reducir el estrés.”

Viva con equilibrio

Sea razonable.
Quienes se esfuerzan siempre al límite de sus facultades físicas y mentales son muy proclives al agotamiento y hasta la depresión. El equilibrio es esencial. “La sabiduría de arriba es razonable”, escribió el discípulo Santiago (Santiago 3:17; compárese con Eclesiastés 7:16, 17 y Filipenses 4:5). Aprenda a decir que no cuando le pidan algo que no pueda razonablemente asumir.

No se compare con los demás.
Como dice Gálatas 6:4, “cada uno pruebe lo que su propia obra es, y entonces tendrá causa para alborozarse respecto de sí mismo solo, y no en comparación con la otra persona”. Ni siquiera Dios hace comparaciones desfavorables en lo tocante a la adoración, ni pide a nadie más de lo que le permiten sus circunstancias. Acepta nuestras dádivas y sacrificios ‘según lo que tenemos, no según lo que no tenemos’ (2 Corintios 8:12).

Saque tiempo para el ocio. Hasta Jesús, que era muy industrioso, sacó tiempo para descansar junto con sus discípulos (Marcos 6:30-32). El escritor inspirado de Eclesiastés también expuso los beneficios del ocio sano: “Yo mismo encomié el regocijo, porque la humanidad no tiene nada mejor bajo el sol que comer y beber y regocijarse, y que esto los acompañe en su duro trabajo durante los días de su vida, que el Dios verdadero les ha dado bajo el sol” (Eclesiastés 8:15). Los placeres equilibrados vigorizan el cuerpo y contribuyen a contrarrestar el estrés.

Adopte un enfoque realista del estrés


Cuando se vea ante circunstancias estresantes:
No deduzca que Dios lo desaprueba. La Biblia dice que la fiel Ana estuvo durante años “amargada de alma” (“muy angustiada”, La Biblia de las Américas) (1 Samuel 1:4-11). En Macedonia, Pablo no tuvo sino “inquietudes por todas partes” (2 Corintios 7:5, El Nuevo Testamento original).

Antes de morir, Jesús ‘entró en agonía’, con tanta tensión que “su sudor se hizo como gotas de sangre que caían al suelo” (Lucas 22:44). Todos ellos fueron siervos fieles de Dios. Por tanto, si nos encaramos al estrés no tenemos por qué concluir que Dios nos ha abandonado.

Hay informes de sudor sanguinolento en ciertos casos de tensión mental extrema. En la hematidrosis, por ejemplo, se transpira sudor teñido de sangre, pigmento sanguíneo, o fluido corporal mezclado con sangre. No obstante, es imposible determinar qué ocurrió exactamente en el caso de Jesús.

Aprenda de las circunstancias angustiosas. Pablo escribió que tenía que soportar “una espina en la carne”, por lo visto una afección que le afligía mucho (2 Corintios 12:7). Pero unos cinco años después pudo decir: “En toda cosa y en toda circunstancia he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, tanto de tener abundancia como de padecer necesidad. Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder” (Filipenses 4:12, 13). No disfrutaba teniendo “una espina en la carne”, pero al sobrellevarla aprendió a apoyarse aún más en la fuerza que Dios le daba (Salmo 55:22).

Cultive la espiritualidad
Lea y medite la Palabra de Dios. “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual”, dijo Jesús (Mateo 5:3). Es esencial leer y meditar la Palabra de Dios. No es raro que al escudriñar las Escrituras hallemos las palabras de ánimo que precisamos para sobrellevar el día (Proverbios 2:1-6). “Cuando mis pensamientos inquietantes llegaron a ser muchos dentro de mí —escribió el salmista—, tus propias consolaciones[, oh Dios,] empezaron a acariciar mi alma.” (Salmo 94:19.)

Ore con frecuencia. Pablo escribió: “Dense a conocer sus peticiones a Dios; y la paz de Dios que supera a todo pensamiento guardará sus corazones y sus facultades mentales mediante Cristo Jesús” (Filipenses 4:6, 7). Sí, “la paz de Dios” puede trascender el sentimiento de angustia y estabilizarlo, aun si para ello es preciso “poder que es más allá de lo normal” (2 Corintios 4:7).

Asista a las reuniones cristianas. La congregación cristiana nos brinda una valiosa red de apoyo, pues a sus integrantes se nos insta a ‘considerarnos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes y animarnos unos a otros’. Con razón recomendó el apóstol Pablo a los cristianos del siglo primero que no ‘abandonaran el reunirse’ (Hebreos 10:24, 25).

El estrés y la cirugía
Algunos médicos toman en cuenta el nivel de tensión del paciente antes de llevarlo al quirófano. Por ejemplo, el doctor Camran Nezhat, cirujano, señala:
 
“Si alguien que debe someterse a una operación me dice que ese día siente pánico y no quiere pasar por ella, cancelo la intervención.” ¿Por qué? Nezhat explica el motivo: “Cualquier cirujano sabe que las personas que están muy asustadas tienen problemas durante la operación. Sufren hemorragias abundantes y más infecciones y complicaciones. Tardan más tiempo en recuperarse. Es mucho mejor si están serenas”.

Una esperanza segura
Hay que reconocer que no existe una fórmula simple para aminorar la tensión. A menudo hay que cambiar radicalmente de actitud. Por ejemplo, tal vez tengamos que aprender nuevas formas de reaccionar ante las circunstancias para no abrumarnos. En ocasiones, quizás se requiera atención médica competente en vista de la frecuencia o la intensidad del estrés.

Claro, hoy no existe nadie que viva totalmente libre de tensiones negativas. Sin embargo, la Biblia nos promete que se aproxima el día en que Dios dará atención a los seres humanos y eliminará las condiciones que tanto los estresan. En Revelación (Apocalipsis) 21:4 leemos que Dios “limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor”. Más adelante, la humanidad fiel morará en seguridad, como vaticinó el profeta Miqueas:

“Realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar; porque la boca misma de Jehová de los ejércitos lo ha hablado” (Miqueas 4:4).

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de marzo de 1998. Para complementar el tema lea: "Cómo combatir el agotamiento". Ambos editados por los testigos de Jehová.

viernes, 18 de julio de 2014

Respeto piadoso por la sangre (Segunda parte)

En la congregación cristiana

¿Puede usted visualizar una sala grande en la Jerusalén del primer siglo? Reunidos allí están los apóstoles de Jesús y otros ancianos de la congregación cristiana. ¿Qué tema están considerando? Pablo y Bernabé han venido de Antioquía para presentarles un problema que ha surgido allí respecto a la circuncisión. Aquel concilio decide que no es necesario que los cristianos recién convertidos sean circuncidados en la carne. (Hechos 15:1, 2, 6, 13, 14, 19, 20.)

Al declarar esta decisión, el cuerpo gobernante de aquel entonces repasó varios requisitos que todavía estaban vigentes para los cristianos. Dijo: “Porque al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas que retienen la sangre, y de fornicación. Si se guardan cuidadosamente de estas cosas, prosperarán. ¡Buena salud a ustedes!”. (Hechos 15:28, 29.)

Así que la idolatría, el comer sangre y la fornicación están en el mismo plano religioso. Los cristianos tienen que abstenerse de todas estas cosas para conservar la buena salud espiritual y participar en el cumplimiento de las promesas de Dios.

Con relación a la sangre, sea que esta se coma por la boca, o se transfunda por las venas, el propósito es el mismo: sostener y alimentar al cuerpo. Como el cuerpo gobernante claramente lo indicó, el no abstenerse de la sangre es una violación de la ley de Dios.

La propagación actual del SIDA, la hepatitis y otras enfermedades mediante las transfusiones de sangre es indicación de que la buena salud física a menudo envuelve también el obedecer las leyes de Dios. En tiempos bíblicos, Dios dio leyes específicas a Israel respecto a la dieta, la cuarentena, la higiene y medidas sanitarias que eran muy adecuadas para su estadía en el desierto. (Levítico 11:2-8; 13:2-5; Deuteronomio 23:10-13.)

Al obedecer aquellos preceptos, Israel no solo mantenía una estrecha relación espiritual con su Dios, sino que también se salvaguardaba físicamente de las enfermedades que plagaban a las naciones vecinas. Ha sido tan solo desde el siglo pasado que los médicos han empezado a comprender la sabiduría práctica tras algunas de aquellas leyes. Muchos de ellos también están llegando a reconocer que la ley de Dios respecto a la sangre tiene sentido.

Cuando Israel obedecía, Dios cumplía su promesa: “Si escuchas estrictamente la voz de Jehová tu Dios y haces lo que es recto a sus ojos y verdaderamente prestas oído a sus mandamientos y guardas todas sus disposiciones reglamentarias, no pondré sobre ti ninguna de las dolencias que puse sobre los egipcios; porque yo soy Jehová que te está sanando”. Más importante aun, la obediencia mantuvo a Israel en vías de recibir futuras bendiciones del Reino. (Éxodo 15:26; 19:5, 6.)

Los testigos de Jehová aprecian los muchos beneficios que la medicina moderna provee. Por ejemplo, cuando una bomba destruyó un Salón del Reino cerca de Sydney, Australia, y más de 50 Testigos heridos fueron llevados de prisa a un hospital cercano, estos estaban agradecidos de que los médicos tuvieran disponible un abundante suministro de fluidos no sanguíneos para hacer transfusiones. Todos los heridos sobrevivieron.

Podían estar agradecidos de que hubiera estas transfusiones que no violaban los preceptos de Jehová. Para mencionar otra ventaja, ninguno de ellos estuvo en peligro de ser infectado por enfermedades que pueden ser transmitidas por la sangre.

“Limpio de la sangre de todo hombre”

Sin embargo, dirijamos la atención de nuevo al primer siglo. Han transcurrido unos siete años desde que Pablo y Bernabé oyeron a Santiago anunciar la prohibición sobre la idolatría, la sangre y la fornicación. Durante ese tiempo Pablo ha hecho dos viajes misionales por Asia Menor, y hasta la Europa Oriental. Ahora, en su viaje de regreso por Mileto, tiene la oportunidad de hablar con los ancianos de Éfeso, quienes han venido a encontrarse con él allí.

Pablo les recuerda que cuando estuvo entre ellos no se retrajo de ‘servir como esclavo al Señor con la mayor humildad mental y con lágrimas y con pruebas’. ¿Somos nosotros hoy día igualmente abnegados al dar cuanto podamos en el servicio de Jehová? Debemos serlo. (Hechos 20:17-19.)

¿Cómo efectuó Pablo ese servicio? Testificaba dondequiera que hallaba a las personas, principalmente en sus hogares, prescindiendo de los antecedentes religiosos de ellas. Pablo no se había retraído de dar instrucción a aquellos ancianos, y sin duda lo habían acompañado cuando él enseñaba “públicamente y de casa en casa”.

Ellos no fueron los únicos que se beneficiaron del celoso ministerio de Pablo, pues él había ‘dado testimonio cabalmente, tanto a judíos como a griegos, acerca del arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesús’. Note la palabra “cabalmente”. ¿Nos cercioramos nosotros cabalmente hoy día de que toda clase de personas y grupos étnicos reciban el testimonio? (Hechos 20:20, 21; Revelación 14:6, 7.)

La palabra “cabal” también aparece en la siguiente declaración de Pablo: “No hago mi alma de valor alguno como preciada para mí, con tal que termine mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, de dar testimonio cabal de las buenas nuevas de la bondad inmerecida de Dios”. (Hechos 20:24.) Así que su alma, o vida, no sería de valor alguno si no cumplía con su ministerio. ¿Es así como nos sentimos nosotros tocante a nuestro ministerio?

A medida que estos últimos días van llegando rápidamente a su conclusión, y las tensiones, las persecuciones, las enfermedades, o la edad avanzada nos afligen, ¿continuamos desplegando un espíritu como el de Pablo al buscar cabalmente las casas ‘merecedoras’? (Mateo 10:12, 13; 2 Timoteo 2:3, 4; 4:5, 7.)

Pablo no esperaba ver de nuevo a aquellos ancianos de Éfeso. Sin embargo, con plena confianza pudo decirles esto: “Los llamo para que este mismo día sean testigos de que estoy limpio de la sangre de todo hombre”. ¿En qué sentido? Pablo no había derramado sangre en guerra. Él no había comido sangre. Pero estaba muy interesado en la vida de los demás, que era representada por la sangre de ellos. Él no quería que perdieran la vida en el Día del Juicio de Dios por no haberles dado un testimonio cabal. Pablo no se había retraído de decirles a aquellos ancianos y a otras personas “todo el consejo de Dios”. (Hechos 20:26, 27.)

A medida que se acerca la “gran tribulación”, la necesidad de declarar todo el consejo de Dios se hace más urgente que nunca. La situación es similar a la de hace unos 2.600 años cuando la destrucción de Jerusalén era inminente. La palabra de Jehová vino a su profeta Ezequiel, y dijo:

“Hijo del hombre, atalaya es lo que te he hecho a la casa de Israel, y tienes que oír habla de mi boca y tienes que advertirles de mi parte. Cuando yo diga a alguien inicuo: ‘Positivamente morirás’, y tú realmente no le adviertas y hables para advertir al inicuo de su camino inicuo para conservarlo vivo, por ser él inicuo, en su error morirá, pero su sangre la reclamaré de tu propia mano”. (Ezequiel 3:17-21; 33:7-9.)

Los siervos ungidos de Jehová y sus compañeros de la “gran muchedumbre” cargan con una responsabilidad similar hoy día. Nuestro testimonio debe ser cabal. Así, durante el día de la venganza de Dios, alcanzaremos la salvación junto con las personas que nos escuchen. (Isaías 26:20, 21; 1 Timoteo 4:16; Revelación 7:9, 14, 15.)

En lo que tiene que ver con la neutralidad cristiana, abstenerse de la sangre, dar un testimonio cabal y ejercer fe en el precioso sacrificio de Jesús, que cada uno de nosotros esté resuelto a obedecer todo el consejo de Dios. Así, podremos participar en el gozoso cumplimiento del Salmo 33:10-12, que dice: “Jehová mismo ha desbaratado el consejo de las naciones; ha frustrado los pensamientos de los pueblos. Hasta tiempo indefinido el mismísimo consejo de Jehová subsistirá. Feliz es la nación cuyo Dios es Jehová”.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Septiembre de 1986. Para complementar el tema lea ¿Por qué no aceptan transfusiones de sangre los testigos de Jehová?.

jueves, 17 de julio de 2014

Respeto piadoso por la sangre (Primera parte)

“Los llamo para que este mismo día sean testigos de que estoy limpio de la sangre de todo hombre.” (HECHOS 20:26.)

ESAS palabras del apóstol Pablo como cristiano reflejan su respeto saludable por la sangre, el fluido de la vida. Más adelante en esta consideración examinaremos lo que Pablo quiso decir con esta declaración. Pero primeramente consideremos lo que el Creador de las almas, tanto humanas como animales, dice respecto a la sangre. Ya hemos observado que Jehová Dios considera la sangre —que representa la vida— como sagrada.

Las personas que derraman sangre de manera indiscriminada o sin importarles, y en particular la sangre humana, llegan a ser culpables ante Dios de derramamiento de sangre. Sin embargo, ¿hay formas en que la sangre pudiera utilizarse para el beneficio de la humanidad?

La ley que Dios dio a Israel con relación a la sangre declaraba enfáticamente: “No deben comer la sangre de ninguna clase de carne, porque el alma [la vida, La Biblia al Día] de toda clase de carne es su sangre. Cualquiera que la coma será cortado”.

Para los israelitas y los residentes forasteros que vivían entre ellos, el comer sangre era un pecado castigable con pena de muerte, aunque fuera para alimentación necesaria. Antes de comerse la carne, tenían que derramar la sangre de esta y cubrirla con polvo; así, de manera figurativa, devolvían la vida a Dios. (Levítico 17:13, 14.)

Esa era una ley divina. Al obedecerla, los israelitas mantenían una relación espiritual saludable con Jehová, la Fuente de la vida. Y también disfrutaban de beneficios secundarios, pues preservaban la salud física.

La sangre de Cristo
No obstante, Jehová tenía presente un uso sobresaliente de la sangre. Este era el de rescatar a la humanidad del pecado y la muerte por medio de la “sangre preciosa” de Cristo Jesús. Aun antes de “la fundación del mundo” (cuando los pecaminosos Adán y Eva produjeran prole redimible) Jehová sabía de antemano cómo libertaría a la humanidad. (1 Pedro 1:18-20; Romanos 6:22, 23.)

Es “la sangre de Jesús su Hijo lo que nos limpia de todo pecado”. (1 Juan 1:7.) Este uso de la sangre es tan importante que Dios hizo que se registraran en las Escrituras Hebreas muchos tipos y sombras que señalaban al sacrificio perfecto de Jesús. (Hebreos 8:1, 4, 5; Romanos 15:4.)

Siglos antes que diera la Ley a Israel, Jehová mandó a Abrahán que sacrificara a Isaac en el monte Moría. De esta manera, Dios ilustró cómo él sacrificaría a su Hijo unigénito, Jesús. La sujeción de buena voluntad de Isaac en este dramático episodio prefiguró la obediencia de Jesús a la voluntad de su Padre al derramar su sangre en sacrificio. (Génesis 22:1-3, 9-14; Hebreos 11:17-19; Filipenses 2:8.)

La Ley mosaica también suministró “una sombra de las buenas cosas por venir”, señalando al sacrificio de Jesús a favor de la humanidad. La Ley permitía que la sangre se usara de una sola manera: en el sacrificio de animales a Jehová. Aquellos sacrificios no eran simplemente rituales. Tenían un profundo significado espiritual. En todo detalle, prefiguraron el sacrificio de Jesús y todo lo que se lograría mediante este. (Hebreos 10:1; Colosenses 2:16, 17.)

Por ejemplo, la manera como Aarón manejaba los sacrificios del Día de Expiación prefiguró cómo el gran Sumo Sacerdote, Jesús, usa el mérito de su propia sangre preciosa al proveer la salvación, en primer lugar, a su “casa” sacerdotal de 144.000 cristianos ungidos para que se les impute justicia y adquieran una herencia como reyes y sacerdotes con él en los cielos.

En segundo lugar, el sacrificio a favor del “pueblo” prefiguró el rescate que Jesús ofrecería por todas las personas que heredarán la vida eterna aquí en la Tierra. Hoy día hay “una gran muchedumbre” de estas personas a quienes se atribuye justicia, lo cual resultará en que sobrevivan la inminente gran tribulación. Esto se debe a que “han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”, y demuestran su fe al rendir servicio sagrado a Dios. (Levítico 16:6, 15, 18-22; Hebreos 9:11, 12; Revelación 14:1, 4; 7:4, 9, 14, 15.)

‘La vida está en la sangre.’ La sangre de Jesús era perfecta, de modo que su sacrificio causa que se conceda vida perfecta a todas las personas que ejercen fe. ¡Cuánto podemos alegrarnos de que aquellos tipos antiguos se hayan cumplido mediante el sacrificio amoroso de Jesús! (Levítico 17:14; Hechos 20:28.)

La sangre... una cuestión moral
Una asombrosa sabiduría es evidente en el diseño de la sangre. Los evolucionistas, al no poder explicar el origen de la vida, tal vez traten de decirnos que nuestra sangre evolucionó de algún modo. ¡Increíble!

Nuestra compleja sangre realmente desempeña funciones maravillosas. Lleva el oxígeno sustentador de la vida y sustancias nutritivas a todas partes del cuerpo. La sangre remueve desechos. Transporta corpúsculos blancos para combatir enfermedades, y lleva plaquetas que reparan las heridas menores y las graves.

Ayuda a regular la temperatura del cuerpo. Puesto que la sangre de cada persona es diferente, los expertos en genética en Inglaterra hasta están considerando valerse de las “huellas dactilares del ADN” tomadas de muestras de sangre para identificar a los criminales. La sangre es un órgano entre los muchos miembros del cuerpo que hicieron que el rey David exclamara: “Oh Jehová, tú me has escudriñado completamente, y me conoces. Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho”. (Salmo 139:1, 14.)

¿No debería ser el justo Modelador de la humanidad, el Diseñador de la sangre, quien determine cómo se debe usar correctamente esa corriente de vida? (Job 36:3.) Eso es lo que él ha hecho, y no ha dejado duda al respecto. Él declaró a nuestro antepasado Noé: “Solo carne con su alma —su sangre— no deben comer”. (Génesis 9:4.)

Y al repetir su Ley a Israel, él claramente dijo: “Simplemente queda firmemente resuelto a no comer la sangre, porque la sangre es el alma y no debes comer el alma con la carne. No debes comerla. Debes derramarla sobre el suelo como agua”. (Deuteronomio 12:23, 24.)

Sin duda David tenía presente este mandamiento cuando tres de sus guerreros arriesgaron su vida para poder traerle agua potable de la cisterna de Belén. Él “la derramó a Jehová” en representación de la sangre de aquellos hombres. (2 Samuel 23:15-17.) Ni siquiera en una emergencia podría pasarse por alto lo sagrado de la sangre. (Véase también 1 Samuel 14:31-34.)


Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Septiembre de 1986. Para complementar el tema lea "¿Dice la Biblia algo acerca de las transfusiones de sangre?. Ambos producidos por los testigos de Jehová.