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sábado, 15 de marzo de 2014

Una vez que alguien llega a ser testigo de Jehová, ¿se le considera siempre como tal?

No, los testigos de Jehová no son como las religiones que sostienen: ‘Una vez miembro, siempre miembro’. Un pequeño porcentaje de individuos deciden desasociarse de la congregación cristiana, o son expulsados por ser malhechores que no se han arrepentido.

En cierta ocasión, muchos discípulos se apartaron de Jesús y “ya no andaban con él” (Juan 6:66). La Biblia también explica que si un cristiano practica algún pecado craso y no muestra arrepentimiento, la congregación ha de ‘remover al hombre inicuo de entre sí’ y ‘cesar de mezclarse en la compañía de él’. (1 Corintios 5:9-13.)

Por eso, hoy día, si algún cristiano cae en un derrotero de pecado, un comité de ancianos capacitados en sentido espiritual se reúne con él. Ellos quieren ver si él está arrepentido y puede ser reajustado (Gálatas 6:1). De no ser así, los ancianos obedecen la instrucción bíblica de expulsar al pecador para que la congregación esté ‘libre de fermento’. (1 Corintios 5:7.)

O, como se mencionó en Juan 6:66, de vez en cuando un Testigo decide por iniciativa propia abandonar el camino de la verdad. Hasta pudiera dar a conocer su decisión después que un comité comience a investigar su mal proceder. Pudiera informar a los ancianos por escrito, o declarar ante testigos, que quiere desasociarse de la congregación y no ser conocido como Testigo. Entonces ya no sería necesario que los ancianos continuaran la investigación.

No obstante, los ancianos harán luego un breve anuncio de la desasociación de tal persona para que la congregación sepa que ella ‘salió de entre nosotros’ (1 Juan 2:19). Los que componen la congregación entonces se adherirán al mandato inspirado de ‘no recibir a tal persona en casa ni decirle un saludo, para que no se hagan partícipes en sus obras inicuas’. (2 Juan 10, 11.)

Por consiguiente, la gente no está obligada a seguir siendo parte de la congregación. Pero la gran mayoría de los testigos de Jehová tienen la misma actitud que los apóstoles, quienes voluntariamente permanecieron al lado de Jesús, recibieron su ayuda espiritual y disfrutaron del afectuoso compañerismo de la congregación de Dios. (Lucas 22:28.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 1 de Julio de 1984. Para complementar el tema lea el folleto: "Quiénes hacen la voluntad de Jehová en nuestros días?

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Qué ha de hacer el cristiano cuando se le priva de sus derechos?


El punto de vista bíblico

HOY día muchas personas claman por sus derechos. Lamentablemente, es grande la proporción de la humanidad que no disfruta de muchos derechos. A otras personas se les priva, de una manera o de otra, de lo que ellas consideran derechos suyos. A medida que se esparce el cristianismo, muchas de estas personas llegan a estar entre los adoradores verdaderos de Jehová Dios. De modo que, ¿cómo debe responder el cristiano cuando se le priva de sus derechos?

Cuando un criminal abusa


Puede que un criminal prive al cristiano de sus derechos. Quizás le robe, lo golpee o lo engañe. ¿Qué debe hacer el cristiano? Por supuesto, en la mayoría de los países lo primero sería informarlo a la policía. Pero suponga que la policía no pueda controlar la actividad criminal. O quizás no tome acción a menos que se le pague un soborno.

Por ejemplo, considere la situación de cierta cristiana. Un grupo de hombres mató a su esposo sin que se supiera la razón para ello. Ella creía saber quién lo había hecho, pero sus súplicas a las autoridades más encumbradas cayeron en oídos sordos. ¿Cómo debe actuar el cristiano que se encuentre en tales circunstancias?

El apóstol Pablo dio excelente consejo que nos ayuda en esta situación: “No devuelvan mal por mal a nadie. . . . No se venguen ustedes mismos, amados, sino cédanle lugar a la ira; porque está escrito: ‘Mía es la venganza; yo pagaré, dice Jehová.’” (Rom. 12:17-19) Aunque esperaríamos que la policía se encargara de un asunto como ése, sabemos que en esta vida jamás recibiremos justicia completa. Por lo tanto, como dijo Pablo, el cristiano no va a tomar el asunto en sus propias manos, con ánimo vengativo; más bien, lo dejará a Jehová y confiará en que Jehová dará un resultado justo.

Problemas sociales


Por otra parte, quizás vivamos en uno de esos países donde hay una gran brecha entre ricos y pobres. Vemos que se atropella a nuestros amigos y se abusa de ellos... o hasta nosotros experimentamos esto. Esto nos llena de indignación. ¿Qué debemos hacer?

Pablo, el apóstol cristiano, pasó por esta experiencia. A menudo se encontró con cierta institución que necesitaba muchas reformas: la de la esclavitud. Indudablemente muchos esclavos que se convirtieron al cristianismo anhelaban la libertad.

¿Les aconsejó Pablo que se levantaran en violenta revuelta o que escaparan? No; les dijo: “Esclavos, sean obedientes en todo a los que son sus amos en un sentido carnal, no con actos de servir al ojo, como quienes procuran agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, con temor de Jehová. Cualquier cosa que estén haciendo, trabajen en ello de toda alma como para Jehová, y no para los hombres, porque ustedes saben que es de Jehová que recibirán el debido galardón de la herencia.”—Col. 3:22-24; vea también 1 Pedro 2:18-20.

Por supuesto, si el cristiano tenía la oportunidad de obtener la libertad, aprovechaba tal oportunidad. Pero esto no debería convertirse en tal obsesión que eclipsara su principal propósito en la vida: servir a Jehová. Es como dijo Pablo: “¿Fuiste llamado siendo esclavo? No dejes que te preocupe; pero si también puedes hacerte libre, más bien aprovéchate de la oportunidad.”—1 Cor. 7:21-24.

Aunque hoy son muy pocas las personas que son esclavas, puede que haya personas que piensen que, debido a la situación económica en que se encuentran, su condición no difiere mucho de la de las personas que están en esclavitud. Por supuesto, si de algún modo uno puede mejorar su situación, sería excelente hacerlo. Pero esto no debe convertirse en una pasión consumidora. Recuerde las palabras de Pablo: “Los que están determinados a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y dañinos.”—1 Tim. 6:9.

Jesucristo también estaba familiarizado con los problemas que son el resultado de la pobreza. Dijo: “Nunca se inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’ o ‘¿qué hemos de beber?’ o ‘¿qué hemos de ponernos?’ Porque todas éstas son las cosas en pos de las cuales las naciones van con empeño. Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Sigan, pues, buscando primero el reino y Su justicia, y todas estas otras cosas les serán añadidas.”—Mat. 6:31-33.

En vez de dedicarse a la reforma social, Jesús ‘dio testimonio a la verdad.’ (Juan 18:37) Como resultado de ello, muchas personas, tanto de aquel día como de la actualidad, han creído en él. Así han obtenido la oportunidad de adquirir vida eterna en un sistema donde todos los “derechos” serán garantizados. (Juan 3:16)

¿Qué hay de la persecución?

En muchas partes del mundo a los cristianos se les está persiguiendo, y se les niega el derecho de adorar y expresarse libremente en cuanto al tema de la religión. A algunos se les tortura y hasta asesina. ¿Cómo deben responder a tales abusos?

De nuevo, siguen el ejemplo de Jesús. Recuerde que a él le echaron mano y lo arrestaron ilegalmente en el jardín de Getsemaní, y que fue víctima de juicio y sentencia irregulares, además de que se le privó del debido proceso legal ante Pilato. ¿Por qué no llamó Jesús a sus seguidores judíos, que eran muchos, para que lo libraran de esta injusticia? Él mismo explicó: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente.”—Juan 18:36.

De modo que Jesús no pidió a sus seguidores que participaran en una revuelta armada para proteger los derechos humanos de él. Hoy los cristianos siguen el ejemplo de Jesús. Por supuesto, si hay alguna manera legal de proteger la libertad de adoración que ellos tienen, la aprovechan. El apóstol Pablo apeló hasta a César mismo, en un esfuerzo por “defender y legalmente establecer las buenas nuevas.” (Hech. 25:11; Fili. 1:7) Pero si no se pueden dar pasos legales, el cristiano se mantiene fiel a sus creencias y confía en que Jehová dará un buen resultado al final. Eso fue lo que Jesús hizo, y aunque este derrotero lo llevó a la muerte, considere el maravilloso resultado que hubo, tanto para la humanidad como para él mismo.—Heb. 2:9, 14, 15.

Por lo tanto, el cristiano a quien se priva de sus derechos por cualquier razón comprende que hoy nadie disfruta plenamente de lo que se llama “derechos humanos.” Realmente, todos necesitamos con urgencia el nuevo orden que Dios ha prometido, donde reinará la justicia, y los “derechos” de toda persona serán respetados. (2 Ped. 3:13)

Si se violan de algún modo nuestros derechos, podemos hallar consuelo al imitar este punto de vista inspirado: “Pero en cuanto a mí, es por Jehová que me mantendré vigilante. Ciertamente mostraré una actitud de espera por el Dios de mi salvación. Mi Dios me oirá.”—Miq. 7:7.
Artículo publicado en la revista "¡Despertad!" del 8 de Febrero de 1980 (editada y distribuida por los testigos de Jehová). Lea la noticia relacionada: "fracasa intento de prohibir jw.org"

sábado, 22 de febrero de 2014

Fortalecidos con poder más allá del normal (Segunda parte)

Los siervos de Jehová han adquirido una conciencia guiada por la Biblia, para que oigan Sus recordatorios y les presten atención mientras los ponen en práctica en su vida cotidiana (Salmo 25:10). Se les ha advertido contra las prácticas inmundas y sucias que Dios odia. Las cosas egoístas, inmorales y solapadas que algunos de ellos habían hecho en el pasado ya han quedado tras ellos, pues las han repudiado por completo (1 Pedro 4:3).

Esto tiene que ser así en el caso de todos los que quieran continuar participando de algún modo en las bendiciones del Reino. Todos tienen que estar limpios mental, moral y físicamente para disfrutar del privilegio de ofrecer a Jehová los sacrificios de la alabanza, “una ofrenda de dádiva en justicia” (Malaquías 3:3; Isaías 52:11). ¡Qué maravilloso sentido de seguridad experimentan todos los Testigos leales mientras se asocian con multitudes que están verdaderamente unidos en el feliz servicio al Creador!

Educación divina

 

Isaías 32:4 pasa a decir: “Y el corazón mismo de los que son demasiado apresurados considerará conocimiento, y hasta la lengua de los tartamudos será rápida en hablar cosas claras”. La educación divina ha enseñado a los siervos de Dios a no hacer promesas que no tengan la intención de cumplir, y a no hablar de modo calumnioso o hiriente acerca de alguien. Ciertamente la bendición de Dios está sobre los que prestan atención a este consejo, registrado en Eclesiastés 5:2: “No te des prisa respecto a tu boca; y en cuanto a tu corazón, no se apresure a producir una palabra ante el Dios verdadero. Porque el Dios verdadero está en los cielos pero tú estás en la tierra. Es por eso que deben resultar pocas tus palabras”.

Tan importante es que nunca levantemos la voz para criticar amargamente a la organización del Señor o a sus representantes nombrados. Jehová es el Juez omnisciente ante quien hay que rendir cuentas por esos dichos ociosos, y otros. (Mateo 12:36, 37; Levítico 19:16; Judas 8.)

Entre los que desprecian la enseñanza de Jehová hay individuos que critican a la organización limpia de Jehová y sus reglas que mantienen la paz y el buen orden, y se quejan de ello. Poca diferencia separa a tales individuos de los que son categóricamente rebeldes. Coré y sus apoyadores descubrieron eso para su ruina completa cuando osaron apresurarse a hablar contra Moisés, siervo de Dios (Números 16:1-40). Sobre este mismo asunto, Proverbios 29:20 declara: “¿Has contemplado a un hombre que es apresurado con sus palabras? Hay más esperanza para alguien estúpido que para él”.

Jehová también ha bendecido a su pueblo al darle sabiduría para discernir entre lo que es bueno y lo que es malo.
Los de este pueblo están en guardia contra cualquiera que venga a ellos con palabras dulces y habla amable, y tal vez hasta con regalos, con el fin de seducir el corazón de los incautos. (Compare con 1 Timoteo 6:20, 21; Judas 16.) Puede que haya personas religiosas que traten de llevarles buenas nuevas diferentes de las que ellos ya han recibido de Jesucristo y sus apóstoles. Además, a ningún individuo insensato y sin principios se le nombra como siervo en la organización de Jehová.
Esto está en armonía con estas palabras: “Al insensato ya no se le llamará generoso; y en cuanto al hombre sin principios, no se dirá de él que es noble; porque el insensato mismo hablará pura insensatez, y su corazón mismo se ocupará en lo que es perjudicial, para ocuparse en apostasía y para hablar contra Jehová lo que es descarriado [“locura”, Delitzsch], para hacer que el alma del hambriento lo pase vacía, y hace que aun el sediento lo pase sin bebida misma”. (Isaías 32:5, 6.)

Quienes han salido en el transcurso de los años porque “no eran de nuestra clase”, y que tratan de inducir a otros que sigan el mismo derrotero que pone en peligro la vida, se han cortado de la fuente de alimento espiritual sólido y de refrescantes aguas espirituales (1 Juan 2:19). Lejos de ser generosos y dadivosos hacia los de la humanidad que están hambrientos y sedientos de justicia, no ven ninguna necesidad urgente de que se lleve a cabo en nuestro tiempo una obra de predicar organizada. 


Su pensar es que cada uno debería guiarse por su lectura e interpretación particular de la Biblia en vez de formar parte de una unidad de personas adiestradas en vivir y obrar de acuerdo con los elevados principios y recordatorios de la Palabra de Dios (Salmo 133:1-3; 1 Corintios 1:10). Quisieran extraviar a otros para que crean que Jehová seguirá perdonando indefinidamente a los pecadores mientras éstos hagan un despliegue externo de arrepentimiento.

Es interesante notar lo que dice Isaías 32:7 sobre los apóstatas del Israel de la antigüedad: “En cuanto al hombre sin principios, sus instrumentos son malos; él mismo ha dado consejo para actos de conducta relajada, para perder a los afligidos con dichos falsos, aun cuando alguien pobre habla lo que es recto”.

Los seguidores genuinos de Jesús, a quienes él ha escogido porque están conscientes de su necesidad espiritual, ciertamente ‘hablan lo que es recto’. Pero los opositores insensatos no están interesados en el verdadero bienestar de los que buscan la verdad. Están resueltos a arrastrar discípulos tras sí, prescindiendo del peligro en que se ponen y ponen a otros. 



Porción del artículo de la revista "La Atalaya" del 15 de mayo de 1984. Para ampliar su estudio vea el libro: "Guía de estudio para los testigos de Jehová 2014"

viernes, 21 de febrero de 2014

Fortalecidos con poder más allá del normal (Primera parte)

“El poder que es más allá de lo normal es de Dios y no el que procede de nosotros.” (2 Corintios 4:7.)

DESDE hace mucho tiempo Jehová preconoció los tiempos críticos que les sobrevendrían a todas las naciones de la Tierra. Supo de antemano que el egoísmo y la iniquidad de la humanidad producirían finalmente una desagradable cosecha de corrupción y violencia.

El espíritu de Jehová movió al apóstol Pablo a expresar esta advertencia clara: “Mas sabe esto, que en los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin gobierno de sí mismos, feroces, sin amor de la bondad, traicioneros, temerarios, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios, teniendo una forma de devoción piadosa mas resultando falsos a su poder” (2 Timoteo 3:1-5). ¡Un ambiente verdaderamente peligroso para los que procuran servir al Dios de la verdad!

Sin embargo, Jehová se proponía que en medio de esas circunstancias se declarara por toda la Tierra su nombre y su Reino. ¿Quiénes lo harían? Un pueblo al que él reveló su nombre y propósito significativos... los testigos de Jehová (Isaías 43:10-12). Él sabía de antemano que este pueblo se enfrentaría a la oposición de gobernantes que considerarían al Reino de Dios como reto y rival (Salmo 2:2, 3). Sabía también que sus testigos se verían sometidos a los problemas y sufrimientos comunes a todos los hombres. Ellos necesitarían poder que fuera más allá del que pudieran sacar de sí mismos. ¿Satisface Dios esa necesidad?

Las experiencias del apóstol Pablo suministran la respuesta a esa pregunta. Algunos de los peligros a que él estuvo expuesto se alistan para nosotros de modo descriptivo en 2 Corintios 11:23-27. Puesto que fue comisionado por Jehová como apóstol y maestro de las naciones, Pablo dio atención primordial a esa obra docente (Romanos 11:13). Pero ¿cómo pudo sobrevivir a todos los peligros y terminar la obra que se le había asignado? Jehová no perdió de vista a su siervo leal, y lo libró, con frecuencia a última hora, en cada momento crítico.

Para que Pablo pudiera llevar a cabo con éxito el ministerio cristiano, Dios le concedió “poder que es más allá de lo normal” (2 Corintios 4:7). Esto permitió al apóstol aguantar en medio de sufrimientos y privaciones. Pablo reconoció abiertamente tal ayuda divina cuando escribió: “Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder”. (Filipenses 4:13.)

Por lo tanto, parece que, además de las intervenciones milagrosas de Dios a favor de Pablo, Dios le ‘impartió poder’. Esto hizo posible que el apóstol aguantara con éxito, y efectuara su ministerio. En consecuencia, él escribió: “No me avergüenzo de las buenas nuevas; son, en realidad, el poder de Dios para salvación a todo el que tiene fe” (Romanos 1:16). Junto con el significado y la aplicación de muchas profecías de tiempos antiguos, a Pablo se le revelaron las buenas nuevas, y él quedó convencido de la veracidad de ellas. Sin duda el conocimiento de la verdad y el aprecio que le tenía llegaron a ser también fuentes de fortaleza para él.
Maravillosas provisiones de Jehová

¿Qué hay de los siervos de Jehová que hay en la Tierra en estos últimos días? ¿Ha atendido Dios a las necesidades de ellos? ¡Claro que sí! De acuerdo con el apóstol Pablo, nosotros tenemos las muchas profecías maravillosas de las Santas Escrituras. Puesto que Jehová tenía conocimiento de antemano de lo que su pueblo necesitaría, generosamente proveyó aquellos escritos para infundirle seguridad y consuelo. Esas profecías serían aclaradas a medida que llegaran los días de su cumplimiento.

Una de esas profecías la registró Isaías, el hijo de Amoz, unos 700 años antes del nacimiento de Jesucristo (Isaías 1:1). Isaías no solo escribió fuertes denunciaciones contra su propia nación, Israel, sino también contra los muchos países circundantes, grandes y pequeños. Entremezcladas con esos mensajes de juicio, el profeta también pronunció buenas nuevas para los adoradores leales de Jehová... noticias que les traerían consuelo de todas sus tribulaciones. Y tal como los judíos fieles allá en el tiempo de Isaías adquirieron poder y esperanza de las buenas nuevas de Jehová, así hoy día los leales reciben consuelo, fortaleza y bendición mediante el cumplimiento de las grandiosas promesas de Jehová en el caso de ellos.

En el capítulo 32 de Isaías hallamos precisamente esa clase de estímulo. Los primeros dos versículos presentan una promesa que se está cumpliendo en este mismo tiempo: “¡Mira! Un rey reinará para justicia misma; y en cuanto a príncipes, ellos gobernarán como príncipes para derecho mismo. Y cada uno tiene que resultar ser como escondite contra el viento y escondrijo contra la tempestad de lluvia, como corrientes de agua en país árido, como la sombra de un peñasco pesado en una tierra agotada”. ¡Qué buenas noticias tienen que haber sido esas palabras para los adoradores de corazón sincero de Dios del tiempo de Isaías, después de su larga experiencia con reyes y príncipes infieles!

Especialmente desde 1919, el entronizado Rey Jesucristo ha hecho que se desarrolle una condición excelente entre sus seguidores en la Tierra. Ha colocado entre ellos “príncipes” (sarim, en hebreo) que ciertamente proporcionan superintendencia justa y amorosa.

En contraste con los gobernantes opresivos que procuran su propia ventaja y abundan mucho por todo el mundo, el Rey de la organización de Dios ha levantado a hombres responsables, a quienes no se reverencia como “príncipes [jerárquicos] de la iglesia”, o algo por el estilo. Más bien, son siervos humildes, hombres que se interesan realmente en el bienestar de todas las personas de cualidades como de ovejas, a quienes Jehová ha reunido en un solo rebaño. La supervisión de esos hombres, que son también “príncipes” en perspectiva del Nuevo Mundo, resulta verdaderamente refrescante.

¡Qué transformación ha causado eso en la organización de los siervos terrestres de Jehová! Es tal como se declaró en Isaías 32:3: “Y los ojos de los que ven no estarán pegados, y los mismísimos oídos de los que oyen prestarán atención”. Debido a su vivo deseo de honrar y servir a Jehová, Él les ha abierto los ojos del corazón y los oídos del entendimiento. Les ha concedido discernimiento emocionante en cuanto a Su voluntad para con ellos. Los Testigos leales no se inclinan hacia actitudes y procedimientos democráticos. Se dan cuenta de que sirven en una organización teocrática, una organización en que se determina cuál es la voluntad de Dios, para luego llevarla a cabo.

Sírvase considerar las bendiciones que han recibido los siervos de Jehová. Entre otras cosas, disfrutan de conocimiento exacto respecto a la presencia real de Jesucristo desde 1914; la demarcación clara entre la organización visible de Dios y la de Satanás; la naturaleza trascendental de la obra de predicar que ha de efectuarse antes del fin del mundo de Satanás; la santidad de la sangre, y la importancia de dar a Dios las cosas de Dios. En la organización de los testigos de Jehová ha habido una restauración de administración como la que hubo entre los cristianos del primer siglo. Una gran bendición, también, es la actual condición paradisíaca que hay entre los adoradores verdaderos. Todos esos dones, y muchos otros procedentes de Jehová, no solo imparten poder, sino también paz, unidad y contentamiento a Su pueblo, incluso en este tiempo crucial de la historia.
 

Porción del artículo de la revista "La Atalaya" del 15 de mayo de 1984. Para ampliar el tema lea el folleto: "¿Quiénes hacen la voluntad de Jehová en nuestros días?", disponible también en audio.

martes, 11 de febrero de 2014

¡Cuídese de los efectos endurecedores del pecado!

ELLA era querida por sus hermanos y hermanas cristianos. Era amigable, extravertida y, junto con su pequeña hija, acompañaba constantemente a sus hermanos en el servicio del campo y en las reuniones. Pero entonces a los ancianos de la congregación se les informó que ella fumaba descaradamente en su trabajo, ¡enfrente mismo de sus compañeros Testigos! Cuando tuvo que responder a esa acusación, confesó que fumaba y que había cometido fornicación, añadiendo calmadamente: “No quiero seguir en la verdad por ahora”. El pecado la había endurecido.

En Hebreos 3:13 el apóstol Pablo advierte que uno puede dejarse “endurecer por el poder engañoso del pecado”. Ese resultó ser el caso de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Cuando se les llamó la atención por su desobediencia, Adán dio insensiblemente la siguiente excusa: “La mujer que me diste para que estuviera conmigo, ella me dio fruto del árbol y así es que comí”. Cuánto había cambiado Adán desde aquel día en que al contemplar a su amada compañera se sintió impulsado a decir: “Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Ahora Eva era “la mujer que me diste para que estuviera conmigo”. Eva, de manera poco convincente, culpó a la serpiente. (Génesis 2:23; 3:1-13.)

Otro hombre endurecido de modo irreparable por el pecado fue Judas Iscariote. Él debió haber tenido un buen corazón al principio, pues de otro modo Jesús no lo hubiera escogido como apóstol suyo. Pero después que Jesús lo censurara en una ocasión, Judas, resentido, tramó la traición de su Amo. (Mateo 26:6-16.) Cuando Jesús dio a conocer que uno de sus 12 apóstoles lo traicionaría, Judas, la misma imagen de la inocencia, preguntó: “No soy yo, ¿verdad?”. (Mateo 26:25.) Solo un pecador deliberado podía demostrar tal descaro. Y cuando vinieron los soldados para arrestar a Jesús, Judas escogió nada menos que la antigua señal de afecto y amistad —el beso— como muestra de identificación. “Judas, —preguntó Jesús— ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?” (Lucas 22:48.)

Cómo endurece el pecado

¿Cómo logra el pecado apoderarse de esa manera de la persona? En Hebreos 3:7-11 Pablo muestra cómo el pecado de la falta de fe infectó a la nación de Israel. Citando de Salmo 95:7-11, Pablo dice: “Por esta razón, así como dice el espíritu santo: ‘Hoy, si ustedes escuchan la propia voz de él, no endurezcan sus corazones como en la ocasión de causar amarga cólera, como en el día de hacer la prueba en el desierto, en el cual sus antepasados me probaron con una prueba, y, con todo, habían visto mis obras durante cuarenta años. Por esta razón quedé asqueado de esta generación y dije: “Siempre se descarrían en su corazón, y ellos mismos no han llegado a conocer mis caminos”. De modo que juré en mi cólera: “No entrarán en mi descanso”’”.

“La ocasión de causar amarga cólera” ocurrió en un lugar llamado Meribá y Masah. (Salmo 95:8.) En ese lugar, poco después de su liberación milagrosa de Egipto, “el pueblo se puso a reñir con Moisés y a decir: ‘Danos agua para que bebamos’”. (Éxodo 17:2.) Recuerde que ellos ya habían visto las diez plagas devastadoras en Egipto, la división de las agitadas aguas del mar Rojo y el maná que bajaba del cielo. No obstante, ‘ellos se descarriaron en su corazón’. Estaban demasiado absortos en sus deseos egoístas para reflexionar sobre las obras de Jehová.

De modo que no ‘llegaron a conocer los caminos de Dios’ ni desarrollaron la confianza de que Jehová podía proveerles lo necesario en cualquier circunstancia. “¡Danos agua!” pidieron, como si el Dios que había dividido el mar no tuviera suficiente poder. No es de extrañar, por lo tanto, que más tarde escogieran creer el mal informe de los diez espías temerosos que inspeccionaron la Tierra Prometida. (Números 13:32–14:4.) Debido a esa falta de fe, Jehová declaró: “Ciertamente no entrarán en mi lugar de descanso”. (Salmo 95:11.)

Basándose en ese relato, Pablo advirtió: “Cuidado, hermanos, por temor de que alguna vez se desarrolle en alguno de ustedes un corazón inicuo y falto de fe al alejarse del Dios vivo; pero sigan exhortándose los unos a los otros cada día, mientras pueda llamársele ‘Hoy’, por temor de que alguno de ustedes se deje endurecer por el poder engañoso del pecado”. (Hebreos 3:12, 13.) El “pecado” de los israelitas era la falta de fe. (Véase Hebreos 3:19; compárese con 12:1.) Hizo que se ‘alejaran del Dios vivo’ y perdieran toda la confianza en Jehová, a pesar de los milagros que había ejecutado. Era inevitable el que cayeran en la delincuencia moral.

La falta de fe también puede hacer que un cristiano ‘se descarríe en su corazón’ hoy en día y sucumba a la inclinación natural del corazón. “El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?” (Jeremías 17:9, 10.) Los malos pensamientos y deseos empiezan a infiltrarse en el corazón provocando una mortal reacción en cadena. “Más bien, cada uno es probado al ser provocado y cautivado por su propio deseo. Entonces el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado; a su vez, el pecado, cuando se ha realizado, produce la muerte.” (Santiago 1:14, 15.)

Cuando el pecado endurece a una persona

Un hombre que era anciano en una congregación disfrutaba de muchos privilegios, aunque escondía astutamente su fornicación. Aun después de casarse siguió con su proceder inmoral. No obstante, no le fue difícil mantener una fachada de inocencia, incluso participar en comités judiciales juzgando a otros compañeros. El pecado había empezado a endurecerle. En poco tiempo empezó a dudar incluso de las enseñanzas fundamentales de la Biblia. Finalmente, cuando se le forzó a confesar su mal proceder, solo pudo encogerse de hombros y decir: “Y ¿qué más da ahora?”.

Un proceder de hipocresía puede cauterizar la conciencia de uno como si fuera con “hierro de marcar”. (1 Timoteo 4:2.) Los Proverbios lo ilustran de la siguiente manera: “Aquí está el camino de la mujer adúltera: ha comido y se ha limpiado la boca y ha dicho: ‘No he cometido mal alguno’”. (Proverbios 30:20.) El pecador endurecido incluso llega a pensar: “Dios ha olvidado. Ha ocultado su rostro”. (Salmo 10:11.) Y cuanto más tiempo uno persiste en un proceder de pecado, mayor es el riesgo de que el corazón se haga “insensible tal como grasa”. (Salmo 119:70.) Un joven admitió: “La primera vez que cometí fornicación, tuve graves remordimientos. Pero cada vez llegó a ser más fácil, hasta que llegó al punto de no molestarme en absoluto”.

Es cierto, el corazón busca maneras de justificar el mal proceder. Un joven, después de cometer fornicación con su novia, impidió que esta fuera a los ancianos a buscar ayuda, diciéndole: “¡Vamos a casarnos! Y sabes, la Biblia dice que cuando dos personas deciden ser una para la otra, a los ojos de Jehová es como si estuvieran casadas”. ¡Qué manera de razonar tan egoísta y engañosa!

Tristemente, el pecado se convirtió en una práctica que terminó en asesinato: ¡el aborto! La joven reconoció más tarde: “Empiezas a estar muy, muy insensible, y a pensar que tú puedes censurarte a ti misma”. Un joven que de modo similar cayó en la práctica de la fornicación, confesó: “Es lo mismo que ser un alcohólico, que dice: ‘Puedo dejar de beber cuando quiera. Déjame tomar una copa más’. Así que empiezas a retrasar la confesión a los ancianos”. El pecador se hace tan experto en engañar a otros que empieza a engañarse a sí mismo. “Porque ha sido demasiado meloso para consigo mismo a sus propios ojos para descubrir su error de modo que lo odie.” (Salmo 36:2.)

Evite el lazo del pecado


Ya que “con el corazón se ejerce fe”, el cristiano debe hacer todo lo posible para salvaguardarlo. (Romanos 10:10; Proverbios 4:23.) La oración, las reuniones y el estudio personal ayudan a llenar nuestro corazón de ideas edificantes. Es verdad que los malos pensamientos van a introducirse en nuestra mente de vez en cuando. Pero cuando eso suceda, podemos sencillamente rehusar pensar en ellos. Debemos acudir inmediatamente a Jehová en oración en cualquier momento que nos veamos tentados a hacer lo que es malo. (Salmo 55:22.) Además, “que la fornicación y la inmundicia de toda clase, o la avidez, ni siquiera se mencionen entre ustedes, tal como es propio de personas santas”. (Efesios 5:3.) De ese modo, la reacción en cadena que “da a luz el pecado” y la muerte es detenida antes que pueda dar comienzo.

Recuerde, también, que el disfrute del pecado es solo ‘temporal’. (Hebreos 11:25.) Más tarde o más temprano ‘su pecado lo alcanzará’, y las consecuencias serán amargas. (Números 32:23.) Pregúntese: ‘¿Quiero realmente ser endurecido por el pecado? Aunque pueda ser placentero de momento, ¿cómo me afectará a la larga?’.
¿Qué hacer si uno se encuentra actualmente entrampado en un mal proceder? No llegue a la conclusión de que uno puede “expiar” el pecado haciendo un esfuerzo especial en la actividad cristiana. “Los sacrificios para Dios son un espíritu quebrantado”, dijo el arrepentido rey David. (Salmo 51:17.) El consejo bíblico para los que están espiritualmente enfermos es: ¡Vayan a los ancianos! (Santiago 5:14, 15.) Esos hombres maduros harán todo lo que puedan para ayudar al enfermo a recobrar su salud espiritual. La Biblia declara: “El que está encubriendo sus transgresiones no tendrá éxito, pero al que las está confensando y dejando se le mostrará misericordia”. (Proverbios 28:13.) Un hombre que finalmente confesó su pecado dijo a los ancianos: “Es como si me hubiera quitado un enorme peso de encima”. (Compárese con Salmo 32:1-5.)

A medida que este mundo va haciéndose más y más inicuo, será cada vez más difícil para el cristiano mantener su integridad. Pero, recuerde: “Aunque un pecador esté haciendo lo malo cien veces y continuando largo tiempo según le plazca, les resultará bien a los que temen al Dios verdadero”. (Eclesiastés 8:12.) De modo que ¡tema a Jehová Dios! Él le proveerá escape de los efectos endurecedores del pecado.



Artículo publicado en la revista "La Atalaya" con fecha 01 de Abril de 1986, editada por los testigos de Jehová, para complementar el tema puede leer: "¿Tiene algo de malo el sexteo?

martes, 4 de febrero de 2014

Aborrezcamos lo que es inicuo

Jehová es un Dios santo. En tiempos antiguos él era el “Santo de Israel”, y como tal, exigía que Israel fuera limpio, inmaculado. (Salmo 89:18.) Dijo a su pueblo escogido: “Tienen que resultar santos, porque yo soy santo”. (Levítico 11:45.) Cualquiera que deseara “ascender a la montaña de Jehová” debía ser “inocente de manos y limpio de corazón”. (Salmo 24:3, 4.) Estas palabras implicaban más que evitar los pecados. Querían decir “odiar lo malo”. (Proverbios 8:13.)

En muestra de su amor, Jehová promulgó leyes detalladas para que la nación de Israel pudiera reconocer y evitar la maldad. (Romanos 7:7, 12.) Estas leyes incluían directrices estrictas sobre moralidad. El adulterio, las prácticas homosexuales, las relaciones incestuosas y la bestialidad se señalaron como contaminantes inmundos de la espiritualidad. (Levítico 18:23; 20:10-17.) A las personas culpables de esos actos degradados se las cortaba de la nación de Israel.

Cuando la congregación de cristianos ungidos llegó a ser “el Israel de Dios”, se promulgaron para ellos estas mismas normas morales. (Gálatas 6:16.) Los cristianos también tenían que ‘aborrecer lo que es inicuo’. (Romanos 12:9.) Lo que Jehová le dijo a Israel les aplicaba asimismo a ellos: “Tienen que ser santos, porque yo soy santo”. (1 Pedro 1:15, 16.)

Las prácticas inmundas, como la fornicación, el adulterio, la homosexualidad, la bestialidad y el incesto, no debían corromper la congregación cristiana. Los que no quisieran abandonarlas serían excluidos del Reino de Dios. (Romanos 1:26, 27; 2:22; 1 Corintios 6:9, 10; Hebreos 13:4.) Las “otras ovejas” deben cumplir las mismas normas en estos “últimos días”. (2 Timoteo 3:1; Juan 10:16.) Por consiguiente, los cristianos ungidos y las otras ovejas componen un pueblo limpio y sano, en condición de llevar el nombre de su Dios como testigos de Jehová. (Isaías 43:10.)

Se mantiene limpia la congregación
En cambio, el mundo aprueba todo tipo de inmoralidad. Aunque los cristianos verdaderos son distintos, no deben olvidar que muchos de los que ahora sirven a Jehová estuvieron alguna vez en el mundo. Hay gran cantidad de personas que antes de conocer a nuestro santo Dios, no veían ninguna razón para no satisfacer los deseos y las fantasías de su carne caída, y se revolcaban en un “bajo sumidero de disolución”. (1 Pedro 4:4.)


Después de hablar de las prácticas repugnantes de la gente degradada de las naciones, el apóstol Pablo dijo: “Eso era lo que algunos de ustedes eran”. No obstante, siguió diciendo: “Pero ustedes han sido lavados, pero ustedes han sido santificados, pero ustedes han sido declarados justos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y con el espíritu de nuestro Dios”. (1 Corintios 6:11.)

Palabras reconfortantes, sin duda. No importa lo que alguien haya hecho en el pasado, esa persona cambia cuando las gloriosas buenas nuevas acerca del Cristo tocan su corazón. Entonces ejerce fe y se dedica a Jehová Dios. De ese momento en adelante vive una vida pura moralmente, limpia a los ojos de Dios. (Hebreos 9:14.) Los pecados que cometió anteriormente le son perdonados, y puede ‘extenderse hacia adelante a las cosas más allá’. (Filipenses 3:13, 14; Romanos 4:7, 8.)

Jehová perdonó a David, arrepentido, su asesinato y adulterio, y perdonó a Manasés, también arrepentido, su idolatría inmoral y su mucho derramamiento de sangre. (2 Samuel 12:9, 13; 2 Crónicas 33:2-6, 10-13.) Podemos estar verdaderamente agradecidos de que él esté dispuesto a perdonarnos a nosotros también si nos arrepentimos y nos acercamos a él con sinceridad y humildad.

Ahora bien, aunque Jehová perdonó a David y Manasés, estos dos hombres, y todo Israel, tuvieron que sufrir las consecuencias de sus pecados. (2 Samuel 12:11, 12; Jeremías 15:3-5.) Del mismo modo, aun cuando Jehová perdona a los pecadores que se arrepienten, tal vez haya consecuencias de sus acciones que estos no puedan eludir.

Consecuencias inevitables

Por ejemplo, puede ocurrir que un hombre que lleva una vida desenfrenada moralmente y contrae el sida, acepte la verdad y cambie hasta el punto de dedicarse y bautizarse. A partir de entonces es un cristiano limpio espiritualmente que tiene una relación con Dios y una maravillosa esperanza para el futuro; pero sigue estando enfermo de sida. Puede que con el tiempo muera de esa enfermedad, una consecuencia triste, aunque ineludible, de su conducta pasada.

En el caso de algunos cristianos, los efectos de la grave inmoralidad de su vida pasada tal vez persistan de otras maneras. Puede que años después de su bautismo, quizá durante el resto de su vida en este sistema de cosas, tengan que seguir luchando contra los impulsos carnales por volver a su anterior modo de vida inmoral. Muchos han logrado resistir gracias a la ayuda del espíritu de Jehová. Pero tienen que pelear una batalla constante. (Gálatas 5:16, 17.)

Tales personas no pecan siempre y cuando controlen sus impulsos. Pero, si se trata de varones, tal vez decidan sabiamente no ‘procurar’ una responsabilidad en la congregación mientras tengan que luchar contra los fuertes impulsos carnales. (1 Timoteo 3:1.) ¿Por qué? Porque son conscientes de la confianza que la congregación deposita en los ancianos. (Isaías 32:1, 2; Hebreos 13:17.)

Se dan cuenta de que a estos se les consultan muchos asuntos íntimos y de que tienen que tratar casos delicados. No sería ni amoroso ni sabio ni razonable que la persona que tiene una lucha constante contra los deseos carnales inmundos, procure alcanzar tal posición de responsabilidad. (Proverbios 14:16; Juan 15:12, 13; Romanos 12:1.)


En el caso de un hombre que haya sido corruptor de menores antes de bautizarse, tal vez haya otra consecuencia. Cuando aprende la verdad, se arrepiente y se vuelve, de modo que no introduce ese horrible pecado en la congregación. Quizá después progrese bien, venza completamente sus malos impulsos y quiera ‘alcanzar’ un puesto de responsabilidad en la congregación.

¿Qué ocurre, sin embargo, si la comunidad todavía no ha olvidado la mala reputación que se ganó cuando abusó sexualmente de menores? ¿Sería “irreprensible”? ¿Tendría un ‘excelente testimonio de los de afuera y estaría libre de acusación’? (1 Timoteo 3:1-7, 10; Tito 1:7.) No, en absoluto. Por lo tanto, no llenaría los requisitos para tener privilegios en la congregación.


Cuando peca un cristiano dedicado


Jehová comprende que somos débiles y que podemos caer en el pecado incluso después del bautismo. El apóstol Juan escribió a los cristianos de su día: “Les escribo estas cosas para que no cometan un pecado. Y no obstante, si alguno comete un pecado, tenemos un ayudante para con el Padre, a Jesucristo, uno que es justo. Y él es un sacrificio propiciatorio por nuestros pecados, pero no solo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo”. (1 Juan 2:1, 2.) En efecto, sobre la base del sacrificio de Jesús, Jehová perdonará a los cristianos bautizados que caigan en el pecado, siempre y cuando se arrepientan de verdad y abandonen su mal proceder.


Vemos un ejemplo de lo susodicho en lo ocurrido en la congregación de Corinto del siglo primero. Cuando llegó a oídos del apóstol Pablo que había en la joven congregación un caso de fornicación, dio instrucciones de que se expulsara al culpable. Tiempo después, el pecador se arrepintió, y Pablo exhortó a la congregación a que lo restableciera. (1 Corintios 5:1, 13; 2 Corintios 2:5-9.)

Así, gracias al poder sanador de la bondad amorosa de Jehová y al gran valor del sacrificio de rescate de Jesús, se limpió a ese hombre de su pecado. Hoy pudiera ocurrir lo mismo. Por otra parte, sin embargo, aunque la persona bautizada que ha cometido un pecado serio se haya arrepentido y Jehová la haya perdonado, tal vez aún tenga que afrontar las consecuencias de su pecado. (Proverbios 10:16, 17; Gálatas 6:7.)


Pongamos por caso el de una joven dedicada que ha cometido fornicación; quizá sienta profundamente haberlo hecho y con el tiempo recobre la salud espiritual con la ayuda de la congregación. Ahora bien, ¿qué pasa si está embarazada como consecuencia de su acto inmoral? En ese caso, lo que hizo cambia inevitablemente toda su vida.

Un hombre que haya cometido adulterio pudiera arrepentirse y no ser expulsado, pero el cónyuge inocente tendría fundamento para divorciarse de él, y tal vez decidiera hacerlo. (Mateo 19:9.) Si este fuera el caso, ese hombre, aunque Jehová lo hubiera perdonado, viviría el resto de su vida con esta grave consecuencia de su pecado. (1 Juan 1:9.)

¿Qué ocurre en el caso del hombre cuya falta de amor lo lleva a divorciarse de su esposa para casarse con otra mujer? Quizá con el tiempo se arrepienta y sea restablecido a la congregación. Puede que con el paso de los años, progrese y ‘pase adelante a la madurez’. (Hebreos 6:1.) Pero mientras su primera esposa no se case de nuevo, él no llenará los requisitos para servir en una posición de responsabilidad en la congregación. No es “esposo de una sola mujer” porque se divorció de la primera sin base bíblica. (1 Timoteo 3:2, 12.)

¿No son estas razones poderosas para que un cristiano aborrezca lo que es inicuo?

¿Qué ocurre con los que abusan de menores?

¿Qué pasa si un cristiano adulto bautizado abusa sexualmente de un niño? 

¿Es el pecador tan malvado que Jehová no lo perdonará nunca? No necesariamente. Jesús dijo que ‘la blasfemia contra el espíritu santo’ era imperdonable. Y Pablo dijo que no queda sacrificio por los pecados del que practica voluntariosamente el pecado a pesar de conocer la verdad. (Lucas 12:10; Hebreos 10:26, 27.)

Pero la Biblia no dice en ningún lugar que no pueda perdonarse a un cristiano adulto que abuse sexualmente de un niño, se trate de incesto o no. En efecto, se pueden lavar sus pecados si se arrepiente con sinceridad desde el corazón y cambia su conducta, si bien tal vez tenga que seguir peleando contra los impulsos carnales impropios que fomentó. (Efesios 1:7.) Y quizá haya consecuencias que no pueda evitar.


Dependiendo de la ley del país donde viva, es probable que lo encarcelen o que el Estado le imponga otras sanciones. La congregación no lo protegerá de estas consecuencias. Además, ese hombre ha demostrado una seria debilidad que en lo sucesivo tendrá que tomarse en cuenta. Si parece estar arrepentido, se le animará a progresar espiritualmente, a salir al servicio del campo e incluso a participar en la Escuela del Ministerio Teocrático y tener asignaciones que no impliquen enseñanza en la Reunión de Servicio. Eso no quiere decir, sin embargo, que llenará los requisitos para ocupar una posición de responsabilidad en la congregación. ¿Cuáles son las razones bíblicas para ello?


Por una parte, los ancianos deben tener “autodominio”. (Tito 1:8.) Es cierto que nadie tiene un autodominio perfecto. (Romanos 7:21-25.) Pero un cristiano adulto dedicado que cae en el pecado de abusar sexualmente de un menor demuestra una debilidad carnal anormal. La experiencia muestra que esos adultos probablemente abusen de otros niños. Es cierto que no todos los que abusan de un menor vuelven a cometer ese pecado, pero muchos lo hacen.

Y la congregación no puede leer el corazón para decir quién probablemente abusará de un niño de nuevo y quién no. (Jeremías 17:9.) Por lo tanto, el consejo de Pablo a Timoteo es aplicable con especial fuerza en el caso de los adultos bautizados que hayan abusado de menores: “Nunca impongas las manos apresuradamente a ningún hombre; ni seas partícipe de los pecados ajenos”. (1 Timoteo 5:22.)

Para la protección de nuestros hijos, un hombre que haya abusado de menores no llena los requisitos para ocupar una posición de responsabilidad en la congregación. Además, no puede ser precursor ni participar en ningún otro aspecto del servicio especial de tiempo completo. (Compárese con el principio de Éxodo 21:28, 29.)


Puede que alguien pregunte: ‘¿No ha habido casos en que quienes cometieron otros tipos de pecado y parecieron arrepentirse, volvieron a cometer el mismo pecado más tarde?’. Sí, eso ha ocurrido, pero hay otros factores que analizar. Si, por ejemplo, un individuo se acerca a otro adulto con intenciones inmorales, este puede oponer resistencia. A los niños es más fácil engañarlos, confundirlos o aterrorizarlos. La Biblia habla de su falta de sabiduría. (Proverbios 22:15; 1 Corintios 13:11.)

Jesús utilizó a los niños como un ejemplo de inocencia y humildad. (Mateo 18:4; Lucas 18:16, 17.) Su inocencia implica una total falta de experiencia. La mayoría de los niños son abiertos, están deseosos de agradar, y por ello son más vulnerables a que abuse de ellos un adulto malintencionado a quien conocen y en quien confían. Por lo tanto, la congregación tiene ante Jehová la responsabilidad de proteger a los niños.


Los niños bien educados aprenden a obedecer y honrar a sus padres, a los ancianos y a otros adultos. (Efesios 6:1, 2; 1 Timoteo 5:1, 2; Hebreos 13:7.) Sería una horrible perversión que una de estas personas con autoridad se aprovechara de la confianza inocente de un niño para seducirle o forzarle a someterse a actos sexuales. Los que han pasado por esta experiencia con frecuencia luchan durante años para superar el consiguiente trauma emocional.

Por tanto, quien abusa de un niño tiene que afrontar disciplina severa de parte de la congregación y algunas restricciones. Lo que debe importar no es su posición como persona con autoridad, sino la pureza sin tacha de la congregación. (1 Corintios 5:6; 2 Pedro 3:14.)


Si una persona que ha abusado de un menor se arrepiente sinceramente, reconocerá la sabiduría de aplicar los principios bíblicos. Si en verdad aprende a aborrecer lo que es inicuo, rechazará el pecado cometido y luchará por no repetirlo. (Proverbios 8:13; Romanos 12:9.) Además, seguramente agradecerá a Jehová la grandeza de Su amor, gracias al cual un pecador arrepentido, como él, puede seguir adorando a nuestro Dios santo y tener la esperanza de ser uno de “los rectos” que residirán en la Tierra para siempre. (Proverbios 2:21.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Enero de 1997. Para complementar este tema, lea: Usted puede vencer las tentaciones