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sábado, 6 de septiembre de 2014

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lunes, 1 de septiembre de 2014

La Biblia es la Palabra de Dios

¿ES CIERTO que entre la ciencia y la alta crítica han despojado a la Biblia de su atributo original como Palabra de Dios? Fácilmente hay quien podría opinar así. Aun líderes religiosos están dispuestos a escribir que la Biblia no es científica, y la alta crítica da una imagen de tanta respetabilidad que sus puntos de vista se enseñan en los seminarios teológicos. Pero, ¿qué muestran los hechos?

La Biblia y la alta crítica
Respecto a la alta crítica, el hecho es que hasta la fecha, nunca ha presentado pruebas contundentes para respaldar sus ideas. Jamás se han hallado las supuestas fuentes de las cuales se compiló el Pentateuco o el libro de Isaías. Por otra parte, se han descubierto fragmentos antiguos que indican que el libro de Daniel ya era un libro altamente apreciado, ¡solo unos pocos años después de la fecha en que la alta crítica afirma que fue escrito!

Un profesor de teología declara: “No puede probarse en ningún caso en concreto que los libros de la Biblia se hayan originado del modo fraudulento descrito por la escuela de la alta crítica. Una cosa es que dicha escuela lo afirme, y otra cosa totalmente distinta es que lo demuestre”. (Wick Broomall, en Biblical Criticism.)

Un arqueólogo añade: “No puede enfatizarse con la contundencia necesaria el hecho de que casi no hay evidencia alguna de que en el antiguo Cercano Oriente haya habido falsificación literaria o documental”. (W. F. Albright, en From the Stone Age to Christianity.) Es cierto que la alta crítica continúa floreciendo, pero esto se debe a que concuerda a la perfección con el pensamiento profano de nuestro tiempo y no debido a que sus afirmaciones hayan sido demostradas.

La Biblia y la ciencia

Entonces, ¿ha desmentido la ciencia a la Biblia de alguna manera? En algunas ocasiones ha parecido que sí. Por ejemplo, durante el siglo XVIII un entendimiento más profundo de la estructura de la Tierra estableció claramente que nuestro planeta tenía mucha antigüedad. Para aquel tiempo, muchas personas religiosas insistían en que, de acuerdo con la Biblia, la Tierra solo tenía 6.000 años de edad. Este parecía ser un ejemplo claro en el que la enseñanza bíblica quedaba desmentida. Pero el hecho es que en ningún lugar en la Biblia se dice cual es la edad de la Tierra. Fue un malentendido de aquellas personas lo que ocasionó el desacuerdo.

Las primeras palabras de la Biblia dicen: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. (Génesis 1:1.) Esta declaración, de que hubo un principio, armoniza con las observaciones científicas actuales. Luego, según la Biblia, hubo un período en que la Tierra estaba “sin forma y desierta”, deshabitada e inhabitable. (Génesis 1:2.) Los geólogos que tratan de reconstruir la historia primitiva de la Tierra indican que hubo un tiempo en que esa fue la condición de la Tierra.

Después de esto, la Biblia pasa a describir cómo se formaron los mares y las masas de tierra. Apareció la vida vegetal, las criaturas marinas, las aves y, luego, los animales terrestres. Finalmente apareció el hombre. En líneas generales, esto es muy similar a lo que los científicos han descubierto al examinar el estrato geológico más antiguo de la Tierra, y hasta concuerda con el orden general de aparición de la vida en la Tierra. (Génesis 1:1-28.)

Esto no quiere decir que la Biblia está en completa armonía con lo que dicen los libros de texto científicos. Pero, son tantos los puntos en común que es necesario preguntarnos: ‘¿Cómo es que sabían tanto aquellos primeros escritores de la Biblia?’. Considerando que el nivel de conocimiento científico en aquellos días lejanos era rudimentario, solo pudo deberse a que alguien les transmitiera esa información... un sólido apoyo al hecho de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios.

La Biblia no depende de la ciencia moderna ni de la filosofía para probar que es la Palabra de Dios. Cuando hay desacuerdos entre las teorías científicas y la Biblia, ¿debemos dar por sentado que la Biblia está mal y que los científicos siempre están en lo correcto? Hay muchos precedentes que demuestran que la ciencia de cuando en cuando puede equivocarse.

Naturalmente, la teoría de la evolución presenta un campo mayor de discrepancias con la Biblia. Lo singular respecto a esta teoría es lo rápidamente que se popularizó entre los científicos después de la publicación del libro de Darwin El origen de las especies. Fue aceptada mucho antes que hubiera tiempo para poner a prueba las hipótesis del libro o que se hallara evidencia para estas en el registro fósil. ¿Por qué? El evolucionista Hoimar v. Ditfurth reconoce cándidamente: “La ciencia es, por definición, el intento de ver lo lejos que se puede llegar en la explicación del origen del hombre y la naturaleza sin tener que recurrir a los milagros”. (The Origins of Life, por H. v. Ditfurth.)

Entonces, ¿sorprende acaso el que los científicos hayan echado mano tan ávidamente de la teoría de la evolución, dedicando mucho tiempo a probarla y muy poco tiempo a determinar si es cierta? La única alternativa, la creación, sería un milagro... que para ellos es inconcebible.

La verdad es que, para cualquier persona que no esté prejuiciada en contra de los milagros, la creación es un modo muy lógico de entender lo que los científicos han sido incapaces de explicar: la fuente del principio vital, el estado consciente, la inteligencia y la naturaleza moral del hombre.

Un libro que tiene poder

La propia Biblia advierte que habría desacuerdos entre la sabiduría que el mundo ha recibido y las enseñanzas que se hallan en la Biblia misma. (1 Corintios 1:22, 23; 3:19.) Esto no debería sorprendernos, pues el conocimiento basado en la investigación del hombre y sus filosofías es muy variable. Tampoco debería inquietarnos el que haya teorías populares que contradigan la Biblia. La misma Biblia nos dirige hacia otras vías de evidencia en prueba de su afirmación de ser la Palabra de Dios.

Por ejemplo, la Biblia ha resultado ser un libro de profecías. (2 Pedro 1:19-21.) La alta crítica afirma que tales profecías fueron escritas después que el acontecimiento predicho se produjo, pero en muchos casos esto es claramente imposible. Las profecías que se hicieron respecto a Jesús siglos antes de su nacimiento se cumplieron al pie de la letra. (Vea, por ejemplo, Isaías 53:1-12; Daniel 9:24-27.)

Las propias profecías de Jesús respecto a la destrucción de Jerusalén se cumplieron con toda precisión. Y cuando uno lee las profecías que tanto él como el apóstol Pablo hicieron respecto a los últimos días, tiene uno la impresión de estar leyendo el periódico del día. (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21; 2 Timoteo 3:1-5.) Siendo que el hombre es tan notoriamente inexacto cuando pretende predecir el futuro, las profecías de la Biblia constituyen un sólido argumento a favor de que esta proviene de una Fuente superior.

Otra poderosa evidencia puede verse en estas otras palabras que se hallan en la Biblia: “Porque la palabra de Dios es viva, y ejerce poder”. (Hebreos 4:12.) Ese poder ha quedado demostrado a través de la historia por la cantidad de personas que ha sufrido y ha muerto en defensa de su derecho de leer la Biblia o de compartirla con otros. Ninguna otra publicación ha tenido jamás un efecto como este en bien de la gente, cuando esta es leída con un espíritu de humildad y una disposición razonable.

Convierte a personas belicosas en personas pacíficas y puede transformar completamente la personalidad. (Miqueas 4:3, 4; Efesios 4:24.) Considere, por ejemplo lo que la Biblia hizo por Luis.

En la prisión brasileña en la que Luis estaba encarcelado, había llegado a ser conocido como un recluso extremadamente peligroso. Un testigo de Jehová, mientras predicaba a algunos compañeros de prisión de Luis, aprovechó la oportunidad para hablarle. Las palabras de la Biblia tuvieron tal efecto en Luis que en poco tiempo parecía una persona diferente. (Colosenses 3:9, 10.) Antes, nadie se hubiera atrevido a contestarle, pero ahora él trataba a los demás con consideración y hasta daba a las autoridades del penal su debido respeto. Después de cinco años, durante los cuales la Biblia ha influido en la personalidad de Luis, él ya comparte con otros prisioneros lo que ha aprendido y hasta se le permite predicar fuera de la prisión.

Considere ahora el caso de Wayne, de los Estados Unidos. Él llevaba una vida permisiva, dedicada principalmente a la inmoralidad y al empleo de drogas. Después de casarse, su mal comportamiento finalmente condujo también a su esposa a la inmoralidad. La vida en el hogar era terrible. Cuando estaban a punto de divorciarse, un testigo de Jehová tuvo la oportunidad de mostrarle a Wayne lo que la Biblia dice respecto al sentido de responsabilidad y amor en el círculo de la familia. (Efesios 4:22-24; 5:22-28.) Se le ayudó a reconocer la raíz de algunos de sus problemas. (Véase 1 Corintios 15:33.) Con el tiempo él pudo cambiar su modo de pensar. Esto ayudó a su esposa a cambiar también. Ahora, la joven familia es un modelo de contentamiento... gracias a la Biblia.

Por último, considere el caso de Elena. Ella era una joven argentina que sufría de depresión. Cuando visitó al siquiatra, él le dijo que lo que ella necesitaba era llevar una vida sexual libre a fin de resolver sus problemas. De modo que ella se envolvió en la inmoralidad, el espiritismo y en el uso excesivo del tabaco. En dos ocasiones abortó. Pero los testigos de Jehová se interesaron en Elena y pudieron ayudarla a aplicar el consejo de la Biblia en su vida. Progresivamente las palabras de la Biblia le ayudaron a ir abandonando sus malos hábitos y a llegar a conocer al Creador, Jehová Dios, y a su Hijo, Jesucristo. Ahora, al referirse a estas dos Personas, Elena dice: “No merezco ninguna de las buenas cosas que estoy recibiendo de ambos y, por esa razón, deseo hablar cada vez más de su misericordia y amor a nosotros”.

Como muestran estos pocos ejemplos, la Biblia puede inducir en nuestra vida un poder altamente provechoso. Luis, Wayne y Elena fueron ayudados cuando los testigos de Jehová los pusieron en contacto con la Biblia y les mostraron cómo aplicar su consejo. Hoy hay por todo el mundo más de tres millones de estos Testigos, muchos de los cuales han tenido experiencias similares a estas en el pasado, y todos ellos han permitido que la Biblia opere en su vida cambios radicales. ¿Con qué resultado?

Estos tres millones de cristianos constituyen una comunidad en la que los principales problemas que hoy amenazan el futuro de la humanidad ya han sido resueltos. No se hallan divididos por razones nacionalistas o por divisiones tribuales. Más bien, con la ayuda de la Biblia se esfuerzan con empeño a fin de vencer los prejuicios raciales y económicos. Y han aprendido a vivir juntos en paz, lo que es en sí mismo un cumplimiento preliminar de una de las más sobresalientes profecías de la Biblia. (Isaías 11:6-9.)

La existencia de una comunidad como esta es una prueba poderosa a favor de que la Biblia es realmente la Palabra de Dios. Le invitamos a familiarizarse con estos cristianos y a comprobar por sí mismo la evidencia. Con mucho gusto, los testigos de Jehová le ayudarán a hacerlo.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Abril de 1986. Lea el interesante tema: ¿De veras provienen de Dios las buenas noticias de la Biblia?. Ambos publicados por los testigos de Jehová.

viernes, 29 de agosto de 2014

¿Hay algún beneficio en el sufrimiento?

MUCHAS personas se amargan cuando se encaran a intenso sufrimiento. Otras que pasan por la misma experiencia o hasta por peores experiencias llegan a ser más compasivas y tiernas en sus sentimientos para con sus semejantes humanos. De manera similar, hay personas que niegan la existencia misma de Dios cuando son sometidas a dificultades prolongadas, mientras que otras pasan por pruebas severas con fe inquebrantable en el Todopoderoso. ¿Por qué sucede esto?

A menudo las personas se amargan y pierden la fe debido a que se consideran demasiado importantes y no reconocen que son humanos pecaminosos que viven en un mundo que pasa por alto las leyes de Dios. Incorrectamente atribuyen al Todopoderoso las cosas malas de las cuales los hombres son culpables. Por lo tanto, no aprenden nada provechoso de las dificultades y, después que experimentan alivio, quizás reflejen aun más características indeseables que anteriormente.

Para que esto no suceda en nuestro caso, debemos hacer un esfuerzo por beneficiarnos de todo lo que pudiera acontecernos. Para esto se requiere que tengamos el punto de vista correcto en cuanto al sufrimiento humano. El libro bíblico de Lamentaciones ayuda mucho a poner este asunto en la perspectiva correcta.

Mantenga la esperanza
El libro mismo contiene cinco poemas en los que se expresa lamento por la terrible destrucción que le sobrevino a Jerusalén a manos de los babilonios. En el tercer poema, el profeta Jeremías, llevado por el espíritu de Dios, desahoga sus sentimientos intensos y los transfiere a la entera nación en la figura de un hombre físicamente capacitado. (Lamentaciones 3:1.) Aunque Jeremías sufrió junto con la entera nación, la experiencia no lo amargó. Él esperaba con optimismo el tiempo cuando el favor de Dios estaría con Su pueblo de nuevo, y aceptó lo que le ocurrió a la nación como una justa ejecución del juicio divino.

La esperanza de una liberación en el futuro sustentó a Jeremías. Leemos: “Sin falta se acordará tu alma [Jehová mismo] y se inclinará sobre mí. Esto es lo que traeré de vuelta a mi corazón. Por eso mostraré una actitud de espera”. (Lamentaciones 3:20, 21.) No había ninguna duda en la mente de Jeremías de que Jehová con el tiempo miraría con aprobación a Su pueblo arrepentido. Es cierto que ellos habían sido sumamente humillados en derrota completa. Pero Jehová bajaría, por decirlo así, de su alta posición en el cielo para levantarlos de su estado degradado. Con esto presente, Jeremías podía consolar su corazón y esperar con paciencia hasta que Jehová actuara a favor de Su pueblo arrepentido.

Así que, cuando estemos pasando por una experiencia angustiosa, no deberíamos perder la esperanza. Debemos recordar el hecho de que las pruebas tienen un comienzo y también tienen un fin. El Altísimo nunca permitirá que sus siervos fieles sufran indefinidamente junto con las personas que no están dedicadas a él. Por esa razón deberíamos esperar con paciencia hasta que Jehová traiga alivio seguro.

El mismo hecho de que la persona todavía esté viva debería darle razón para tener esperanza. En el tiempo de Jeremías la ciudad de Jerusalén y la tierra de Judá fueron desoladas, y muchos israelitas perecieron. Aun así, hubo sobrevivientes. Esto dio la seguridad de que Dios continuaría mostrándole misericordia a su pueblo. Leemos: “Son los hechos de bondad amorosa de Jehová el que no nos hayamos acabado, porque sus misericordias ciertamente no terminan. Son nuevas cada mañana. Es abundante tu fidelidad. ‘Jehová es la parte que me corresponde —ha dicho mi alma—, por eso mostraré una actitud de espera por él’”. (Lamentaciones 3:22-24.)

Si no fuera por la bondad amorosa de Dios y el interés compasivo en su pueblo, no habría habido ningún sobreviviente entre los israelitas. Pero Jehová Dios sí mostró misericordia. De modo que sus expresiones de misericordia continuarían fluyendo hacia su pueblo y serían renovadas cada mañana. El hecho de que la fidelidad de Jehová es abundante aseguraba que se podía depender de sus misericordias. Estas serían constantes, y nunca débiles ni ineficaces. Puesto que el Altísimo permaneció como la parte que le correspondía —o herencia— a su pueblo, había buena razón para que ellos continuaran a la espera de un cambio en las circunstancias difíciles en las que él les había permitido hallarse debido a su infidelidad.

Cómo esperar con paciencia
¿Qué debería caracterizar a tal espera? El libro de Lamentaciones contesta: “Bueno es Jehová al que espera en él, al alma que sigue buscándolo. Bueno es que uno espere, aun callado, la salvación de Jehová. Bueno le es al hombre físicamente capacitado llevar el yugo durante su juventud. Que se siente solitario y se quede callado, porque él le ha impuesto algo. Que ponga su boca en el mismísimo polvo. Quizás exista una esperanza. Que dé su mejilla al mismísimo que lo golpea. Que tenga suficiente cantidad de oprobio”. (Lamentaciones 3:25-30.)

Note que durante dicho tiempo de aflicción uno debería continuar esperando en Dios con optimismo por alivio, y acercarse más a él. La persona querrá ser paciente y esperar callada o sin quejarse hasta que el Todopoderoso haya traído la liberación o salvación. Por lo tanto, es muy beneficioso el que uno aprenda a llevar un yugo de sufrimiento durante su juventud. ¿Por qué? Porque esto hará que sea mucho más fácil para uno aguantar una experiencia similar más tarde en la vida sin perder la esperanza. El saber que se ha enfrentado a grandes dificultades anteriormente le dará una base para tener la esperanza de que podrá hacerlo de nuevo.

Ahora bien, cuando se le ha impuesto un yugo de aflicción a una persona, esta no debería estar corriendo por todas partes expresando sus quejas. No, más bien, debería sentarse solitaria, como alguien en duelo, y permanecer callada. Debería postrarse con su boca en el mismísimo polvo. Esto significa que debería someterse humildemente a las pruebas que Dios ha permitido que experimente, y debería esperar con optimismo la liberación venidera.

No debería alzarse en rebelión contra sus perseguidores, sino aguantar con paciencia el abuso físico y verbal. Esto nos hace recordar la manera como Jesucristo se comportó. El registro bíblico dice: “Cuando lo estaban injuriando, no se puso a injuriar en cambio. Cuando estaba sufriendo, no se puso a amenazar, sino que siguió encomendándose al que juzga con justicia”. (1 Pedro 2:23.)

Otro punto vital que debemos recordar cuando experimentemos sufrimiento es el hecho de que Dios no aprueba las cosas odiosas que los hombres quizás hagan. Sin embargo, el Altísimo sí permite que ciertas cosas sucedan con un buen propósito en mira. Esto se expresa bien en las siguientes palabras del libro de Lamentaciones:

“Porque Jehová no seguirá desechando hasta tiempo indefinido. Porque aunque haya causado desconsuelo, también ciertamente mostrará misericordia conforme a la abundancia de su bondad amorosa. Porque no de su propio corazón ha afligido ni desconsuela a los hijos de los hombres. El aplastar debajo de los pies de uno a todos los prisioneros de la tierra, el desviar el juicio de un hombre físicamente capacitado delante del rostro del Altísimo, el torcer a un hombre en su causa judicial, no lo ha aprobado Jehová mismo”. (Lamentaciones 3:31-36.)


En el caso de los infieles israelitas, Jehová Dios les permitió sufrir una terrible experiencia a manos de los babilonios. Los desechó hasta el grado de permitir que fueran llevados al exilio. No obstante, lo hizo con un buen propósito en mira, a saber, producir un resto arrepentido de entre los sobrevivientes y su prole. Para con este resto Jehová mostraría misericordia. El Todopoderoso no sintió ningún placer en castigar a los israelitas.

No fue el deseo de su corazón causarles desconsuelo y aflicción al entregarlos en manos de sus enemigos. Jehová no apoyó el terrible trato que estos dieron a su pueblo. Él no miraba con aprobación a los hombres que oprimían a los prisioneros de guerra, a los que negaban al hombre sus derechos dados por Dios ni a los que rehusaban rendir justicia en un caso legal.

Por consiguiente, cuando nosotros suframos en manos de los hombres, no debemos culpar a Dios por los males que los hombres cometan. El Altísimo no aprueba la opresión ni la violencia de ellos. Al fin y al cabo ellos tendrán que responderle por sus hechos malos.

No obstante, la gente pudiera causarse sufrimiento a sí misma. Los israelitas infieles dieron la espalda a Jehová Dios, rechazando su cuidado protector. Entonces, con justicia, él los abandonó a sus enemigos. De modo que no tenían base para quejarse respecto a lo que les había sobrevenido. Esto se enfatiza en la pregunta: “¿Cómo puede un hombre viviente entregarse a quejas, un hombre físicamente capacitado, a causa de su pecado?”. (Lamentaciones 3:39.)

En vez de quejarse, los israelitas deberían haberse vuelto a Jehová con arrepentimiento, suplicándole misericordia. Leemos: “De veras escudriñemos nuestros caminos y explorémoslos, y volvámonos, sí, hasta Jehová. Levantemos nuestro corazón junto con las palmas de nuestras manos a Dios en los cielos: ‘Nosotros mismos hemos transgredido, y nos hemos portado rebeldemente’”. (Lamentaciones 3:40-42.)

En efecto, no era tiempo para quejarse. Era un tiempo para que examinaran cuidadosamente sus caminos, su derrotero en la vida o conducta, y para considerar en lo que habían resultado. Más bien que continuar en sus propios caminos para perjuicio suyo, debían regresar a Jehová y obedecer sus mandatos. Las expresiones exteriores de arrepentimiento —el meramente levantar las palmas de las manos en oración— no era suficiente. Era necesario que se arrepintieran sinceramente de sus transgresiones.

Así que, cuando experimentemos sufrimiento, deberíamos examinar nuestro derrotero en la vida. ¿Nos hemos acarreado problemas nosotros mismos debido a que pasamos por alto la ley de Dios? Si así es, entonces no tenemos base para culpar al Altísimo. Más bien, deberíamos mostrar que nos hemos beneficiado de la dolorosa disciplina mediante abandonar el derrotero incorrecto y volvernos a Dios con arrepentimiento.

Si nos hemos esforzado por llevar una vida recta y aun experimentamos aflicción, no debemos olvidar que Dios no aprueba lo que los inicuos quizás nos hagan. Mientras tanto, deberíamos someternos humildemente a nuestras pruebas, esperando con paciencia y sin quejarnos hasta que Jehová Dios traiga alivio. Nos beneficiaremos si ponemos en práctica el consejo de la Palabra de Dios cuando nos encaremos al sufrimiento.

Jeremías, compositor de Lamentaciones, podía escribir sobre el sufrimiento por experiencia propia. Aprendamos a ser pacientes, a aguantar y a depender completamente de Jehová. Nunca imitemos el proceder odioso del hombre opresivo, sino continuemos siendo bondadosos y compasivos para con nuestro semejante.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Febrero de 1987. Lea el folleto: "La Biblia y su mensaje". Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

jueves, 28 de agosto de 2014

¿Tiene usted una mente inquisitiva?

LA CURIOSIDAD es el “deseo de saber”. Una curiosidad intensa hace que uno anhele aprender, adquirir información sobre las cosas. Jehová implantó este anhelo en nosotros, y casi desde el momento en que nacemos sentimos el impulso de explorar el mundo que nos rodea. Nuestra existencia misma es un proceso de aprendizaje interminable. Si hemos de alcanzar la madurez y ser adultos bien adaptados, necesitamos satisfacer nuestra curiosidad, nuestro deseo de adquirir entendimiento.

Esto es especialmente cierto a nivel espiritual. Nuestras perspectivas de vida eterna dependen de lo que aprendamos acerca de Jehová Dios. (Juan 17:3.) La Biblia nos dice que él desea que inquiramos acerca de él, que ‘busquemos a tientas y verdaderamente lo hallemos’. (Hechos 17:23, 24, 27.) Si reprimimos nuestra curiosidad o no dejamos que se desarrolle, nuestro progreso será muy lento. De hecho, una falta de interés en los asuntos espirituales puede traernos la muerte. (Salmo 119:33, 34; Oseas 4:6.)

Por consiguiente, desde tiempos antiguos al pueblo de Jehová siempre se le enfatizó la necesidad de recibir instrucción y conocimiento con el fin de satisfacer el deseo correcto de aprender. (Deuteronomio 6:6, 7; 31:12; 2 Crónicas 17:9.) Jesús, el Mesías, fue el maestro más grande que ha habido en la Tierra. (Mateo 9:35.) Sus discípulos siguieron su ejemplo.

Aun encarándose a la oposición, ‘continuaron sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas’. (Hechos 5:42.) Su enseñar estimuló interés en las mentes inquisitivas. Muchas personas fueron como los habitantes de Berea, que respondieron ‘con suma prontitud de ánimo, y examinaron con cuidado las Escrituras diariamente en cuanto a si estas cosas eran así’. (Hechos 17:11.)

De manera similar, muchas actividades de la congregación cristiana de tiempos modernos se centran en enseñar. Así, la congregación cumple con uno de los propósitos principales de su existencia, a saber, la promoción y satisfacción del deseo de aprender tocante a Jehová y sus propósitos. Esta clase de curiosidad es sana y provechosa.

Los límites apropiados de la curiosidad
No obstante, algunas veces a los niños hay que protegerlos contra su propia curiosidad. Cuando un infante trata de tocar algo caliente o, por curiosidad, se lleva algún objeto de cristal a la boca para ver a qué sabe, puede hacerse daño. En estos casos no entorpecemos su crecimiento cuando impedimos que satisfaga su curiosidad.

Para cuando los hijos tienen más edad, de nuevo su curiosidad puede meterlos en aprietos. Un joven adolescente puede sentir mucha curiosidad por el contenido de una revista pornográfica. O puede ser que una joven adolescente, por curiosidad, experimente con el uso del tabaco u otras drogas. Puede suceder que un grupo de jóvenes se junte para tomar cerveza en demasía y emborracharse, ¡solo para ver qué se siente! De nuevo, no estamos restringiendo el desarrollo natural del adolescente cuando desanimamos esta clase de curiosidad.

¿Existen áreas en las que la curiosidad de un cristiano maduro pudiera meterlo en problemas? Sí; de seguro. Pablo le aconsejó a Timoteo que se cuidara de las personas que se aprovechan de la curiosidad del cristiano en un esfuerzo por subvertir su fe. “Oh Timoteo —dijo Pablo—, guarda lo que ha sido depositado a tu cuidado, apartándote de las vanas palabrerías que violan lo que es santo, y de las contradicciones del falsamente llamado ‘conocimiento’. Por ostentar tal conocimiento algunos se han desviado de la fe.” (1 Timoteo 6:20, 21.)

En su segunda carta a Timoteo, Pablo añadió esta advertencia: “Estos mismos se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha sucedido; y están subvirtiendo la fe de algunos”. (2 Timoteo 2:18.) ¿Puede usted imaginarse la curiosidad que despertarían expresiones como aquella? Personas incautas quizás se preguntaron: ‘¿Qué querrán decir estos hombres? ¿Cómo pueden decir que la resurrección ha acontecido?’. Intrigados, quizás les escucharon. ¿Con qué resultado? La fe de algunos fue subvertida. El escuchar habla de aquella clase por curiosidad era peligroso, tal como lo es experimentar con drogas o con la pornografía.

¿Significa esto que los cristianos son de mentalidad estrecha, que no están dispuestos a escuchar las opiniones de otras personas? No, ese no es el punto. Más bien, a los cristianos se les aconseja que eviten exponer la mente a cosas que más adelante pueden causarles daño. ¡Solo imagínese lo diferente que hubiera sido la historia si Eva hubiera rehusado complacer su curiosidad como lo hizo al escuchar las palabras engañosas de Satanás el Diablo! (Génesis 3:1-6.)

El apóstol Pablo previno a los ancianos de Éfeso acerca de los “lobos” que, manifestando el mismo espíritu de Satanás respecto a Eva, ‘hablarían cosas aviesas para arrastrar a los discípulos tras de sí’. (Hechos 20:29, 30.) Estos usan “palabras fingidas” con el propósito de ‘explotarnos’. Estas palabras comunican ideas que son venenosas para la espiritualidad del cristiano. (2 Pedro 2:3.)

Si usted supiera que cierta bebida era venenosa, ¿la bebería por curiosidad para probar a qué sabe, o para ver si su cuerpo sería lo suficientemente fuerte para resistir el veneno? ¡Por supuesto que no! De igual modo, ¿es sensato exponer su mente a palabras que tienen el propósito de engañarlo y alejarlo de la verdad? ¡Difícilmente!

Cuídese de las filosofías mundanas
La curiosidad también puede hacernos daño si nos conduce a investigar las filosofías mundanas. La filosofía se define como “los esfuerzos humanos por comprender e interpretar por el razonamiento y la especulación la entera experiencia humana, las causas y principios fundamentales de la realidad”.

Sin embargo, en el fondo las personas que proponen filosofías humanas terminan pareciéndose a los que “siempre están aprendiendo y, sin embargo, nunca pueden llegar a un conocimiento exacto de la verdad”. (2 Timoteo 3:7.) Su fracaso se debe a una falla fundamental: Cifran su confianza en la sabiduría humana más bien que en la sabiduría que viene de Dios.

Esta falla la expuso con franqueza el apóstol Pablo. Él habló a los corintios acerca de “la sabiduría de este mundo”, la cual es “necedad para con Dios”. (1 Corintios 3:19.) También previno a los romanos en contra de los que eran “casquivanos en sus razonamientos”. (Romanos 1:21, 22.)

Jehová es la fuente de todo lo que tenemos. Con toda razón recurrimos a él para obtener “conocimiento exacto y pleno discernimiento” y para que nos revele “las cosas profundas de Dios”. (Filipenses 1:9; 1 Corintios 2:10.) La fuente principal de la sabiduría que viene de Dios es su Palabra, la Biblia.

Puesto que las filosofías humanas hacen caso omiso de la Palabra de Dios, nunca deberíamos subestimar el peligro que presentan. El pensar filosófico moderno ha seducido a muchos maestros de la cristiandad y los ha llevado a aceptar la doctrina de la evolución. Hasta dejan de creer que la Biblia es inspirada —al aceptar los estudios críticos contra ella— en un esfuerzo por obtener respetabilidad intelectual.

Las filosofías políticas y sociales que hacen hincapié en la libertad personal han producido una epidemia de abortos, inmoralidad sexual, abuso de drogas y otras prácticas destructivas. Hoy el pensar materialista conduce a la mayoría de la gente a medir la felicidad y la prosperidad en la vida por las posesiones materiales.
Todas estas filosofías representan esfuerzos por resolver los problemas o buscar la felicidad mediante el razonamiento humano sin la ayuda de Dios.

Todas pasan por alto la verdad básica que Jeremías reconoció: “Bien sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso”. (Jeremías 10:23.) Nuestra felicidad y nuestra salvación dependen de nuestra obediencia a Jehová y de que confiemos en él.

Por lo tanto, es el proceder sensato resistir la tentación de dar rienda suelta a nuestra curiosidad y exponer nuestra mente a las ideas humanas que pueden corromper nuestro pensar y con el tiempo dejarnos confusos y perdidos entre los que no tienen esperanza.

La curiosidad tocante al fin que se aproxima
Desde que Jehová reveló en Edén que tenía el propósito de eliminar los efectos malignos de la rebelión de Satanás, Sus siervos fieles siempre han tenido viva curiosidad por saber cómo se desenvolvería el propósito divino. Pues, ¡hasta los ángeles han tenido curiosidad en cuanto a esto! (1 Pedro 1:12.)

En los días de Jesús, muchas personas estuvieron intensamente interesadas en saber con exactitud cuándo vendría el Reino. Sin embargo, varias veces Jesús les dijo que no era la voluntad de Jehová que ellos lo supieran. (Mateo 25:13; Marcos 13:32; Hechos 1:6, 7.) Todo intento de fijar una fecha exacta sería inútil. En vez de eso, él les dio la sabia exhortación de que prestaran atención a sus responsabilidades cristianas y mantuvieran día tras día un sentido de urgencia. (Lucas 21:34-36.)

En la actualidad, los acontecimientos mundiales proporcionan evidencia contundente de que el fin está cerca, y abunda la curiosidad por saber la fecha en que ocurrirá. Probablemente ciertos desenvolvimientos convencieron a algunos de que habían descubierto el día y la hora. Cuando sus esperanzas no se materializaron, se sintieron muy angustiados, quizás hasta el punto de desistir de servir a Dios. Es mucho mejor dejar este asunto en las manos de Jehová, confiando en que él traerá el fin al tiempo debido. Se nos ha provisto todo lo que necesitamos para estar listos.

Se necesita equilibrio
Así, pues, al igual que muchas otras cosas de la vida, nuestra curiosidad puede ser una bendición o una maldición. Dirigida debidamente, puede revelar inestimables gemas de conocimiento que traen gozo y consuelo. Una curiosidad sana por aprender acerca del Creador, su voluntad y sus propósitos puede ser profundamente satisfaciente y provechosa.

Una curiosidad desenfrenada y mórbida puede atraernos hacia un pantano de especulación y teorías humanas donde la fe genuina y la devoción piadosa no pueden sobrevivir. Por lo tanto, cuando nuestra curiosidad amenaza con conducirnos a algún proceder o pensamiento de cuestionable provecho, ‘guardémonos para que no vayamos a ser llevados [...] y caigamos de nuestra propia constancia’. (2 Pedro 3:17.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Febrero de 1987. Lea el folleto: "Escuche a Dios y vivirá para siempre". Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Las costumbres, o los principios bíblicos ¿cuáles rigen su vida?

CIERTO japonés que visitaba un país asiático quedó escandalizado por lo que vio. Su anfitrión, utilizando sus propios palillos de comer, rebuscó en la bandeja que contenía la carne, seleccionó un buen pedazo, y entonces lo colocó en el tazón de arroz de su huésped. En Japón, esto se consideraría malos modales. Nadie usaría sus propios palillos de comer para sacar comida del plato del cual todos se sirven, a menos que primero los invirtiera de manera que la parte que se coloca en la boca no tocara la comida. Sin embargo, el anfitrión solo trataba de mostrarle honra a su huésped, más bien que de ofenderlo. ¡Lo que era inconcebible en Japón era un gesto de respeto en este país!

¡Cuánto varían las costumbres! ¡Qué insignificantes son muchas de ellas! ¿Y quién puede decir cuáles son las mejores? No obstante, algunas costumbres se basan en supersticiones o en enseñanzas falsas. Para las personas cuya conciencia ha sido educada por la Biblia, tales costumbres claramente han de evitarse. ¿Qué puede ayudarle a alguien que desea agradar a Dios a determinar qué costumbres puede observar y hasta qué grado? El seguir los principios bíblicos, pues el cristiano acepta la Biblia como la norma que se debe seguir, prescindiendo de dónde viva.

La aplicación de los principios bíblicos
Se ha demostrado ampliamente que en realidad la Palabra de Dios obra con gran poder en el corazón de la persona humilde y pone la vida de esta en armonía cada vez más estrecha con la voluntad de Dios. El apóstol Pablo dijo que los cristianos de Tesalónica recibieron la Palabra de Dios “como lo que verdaderamente es, como la palabra de Dios, la cual también está obrando en ustedes los creyentes”. (1 Tesalonicenses 2:13.)

Esa Palabra es tan poderosa que, tal como señala 1 Corintios 6:9-11, hizo que muchos de la antigua Corinto —ciudad conocida por su libertinaje— abandonaran su modo de vivir anterior lleno de robos, fornicación, borrachera y homosexualidad. ¿Está obrando también en usted la Palabra de Dios? ¿Rigen en su vida los principios de ella al grado máximo, capacitándole para discernir qué hacer cuando se encara a ciertas costumbres locales?

A veces es obvio que una costumbre está directamente en conflicto con los principios bíblicos. En tales casos, la persona que conozca las normas de Jehová y desee agradarle evitará dichas costumbres. Por ejemplo, puede que la costumbre sea la de quemar incienso en un funeral para apaciguar al fallecido o a su “alma difunta”, o para darle una buena despedida y alegrar su “alma”. O tal vez se hagan en miniatura casas, aparatos de televisión, automóviles, y otras cosas así, con el fin de quemarlos y proporcionar satisfacción al difunto en el mundo de los espíritus.

Sin embargo, el cristiano que cree en la declaración bíblica de que los muertos “no están conscientes de nada en absoluto” sabe que tales prácticas se basan en creencias falsas y, por lo tanto, las evita. (Eclesiastés 9:5, 10; Salmo 146:4.)
No obstante, cuando una costumbre no viola directamente los principios bíblicos, sino que sencillamente dificulta servir de lleno a Jehová Dios, es más difícil definir los límites y mostrar que los principios bíblicos rigen en la vida de uno.

Existen costumbres muy diseminadas que pueden afectar la relación de uno con Jehová, y entre ellas figuran: la alta estima en que se tiene la educación académica y una vida próspera, la sujeción a los padres durante toda la vida, y el que estos sean quienes escojan al futuro cónyuge de sus hijos. ¿Cómo pueden aplicarse los principios bíblicos en estas situaciones?

El seguir los principios bíblicos, el mejor camino
“¡KUNGSHI, kungshi fa tsai!” (¡Felicidades y que llegue a ser rico!) Este saludo chino que se acostumbra dar durante el Año Nuevo da énfasis a la prosperidad material que es tan común en el mundo. Cuando uno procura capacitarse para hacerse rico, puede que sus estudios académicos casi lleguen al punto de convertirse en objeto de adoración. En muchos países orientales la preocupación principal de los padres es, por lo general, matricular a sus hijos en la mejor escuela de párvulos para que así puedan entrar en la mejor escuela primaria, el mejor colegio de enseñanza superior y la mejor universidad. De manera similar, en el Occidente muchas personas se ocupan en la búsqueda de la opulencia y la vida fácil que esta proporciona.

¿Qué comparación existe entre la costumbre de estar ocupado en una búsqueda de índole materialista y los principios bíblicos? “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y dañinos, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina”, advierte el apóstol Pablo. Él continúa diciendo: “Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores”. (1 Timoteo 6:9, 10.)

Señalando a un hecho que con tanta frecuencia es evidente cuando la gente tiene como objetivo principal en su vida metas materialistas, Eclesiastés 5:10 declara: “Un simple amador de la plata no estará satisfecho con plata, ni ningún amador de la riqueza con los ingresos. Esto también es vanidad”.

¡Con cuánta frecuencia se ve a un esposo y una esposa trabajar arduamente para obtener todos los lujos que ofrece la vida solo para encontrarse tan ocupados que nunca están en el hogar para disfrutar de sus posesiones! Por contraste, antes de darle a Timoteo la mencionada advertencia, Pablo declaró: “Ciertamente es un medio de gran ganancia, esta devoción piadosa junto con autosuficiencia. Teniendo, pues, sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con estas cosas”. (1 Timoteo 6:6, 8.) Además, Proverbios 28:20 agrega: “El hombre de actos fieles recibirá muchas bendiciones, pero el que está apresurándose a ganar riquezas no permanecerá inocente”.

¡Qué trágico es ver a personas, que de otra manera serían amistosas y hospitalarias, sacrificar los elevados principios de la honradez, la dignidad y la ética en sus esfuerzos por acumular más y más riquezas!
Dentro del círculo de la familia

Es la costumbre de algunos pueblos y tribus el esperar que sus hijos —especialmente las hijas, quienes con el tiempo saldrán del hogar para casarse— vayan a trabajar y envíen una mensualidad a casa para demostrar su piedad filial y pagar a sus padres por haberlos criado. Por ejemplo, en una familia de testigos de Jehová, la hija dijo a sus padres que le gustaría mudarse a una ciudad con el fin de hacerse precursora (ministra de tiempo completo). ¡Imagínese el desaliento que sintió cuando sus padres le dijeron que ellos querían que fuera a trabajar para que enviara a casa una mensualidad con el fin de ayudarlos! No, no es que ellos estuvieran en necesidad financiera.

De modo que el principio de que los hijos deben cuidar de sus padres cuando estos son ancianos, están enfermos o necesitados no aplicaba en este caso. (Mateo 15:4-6; 1 Timoteo 5:8.) Era sencillamente un asunto de que es costumbre en su tribu que los hijos ayuden a enriquecer a la familia. Aunque usualmente eso es necesario debido a la falta de provisiones, esta costumbre se estaba siguiendo solo para guardar las apariencias ante la comunidad o por estar infectada con el deseo de hoy en día de “fa tsai”.

Al consultar el padre con un anciano cristiano, se le animó a que leyera varios textos bíblicos antes de tomar una decisión. Entre los textos que se le señalaron estuvo 2 Corintios 12:14, donde Pablo declara este principio: “Porque los hijos no deben ahorrar para los padres, sino los padres para los hijos”. Después de considerar este principio bíblico y otros, los padres de la joven tomaron su decisión. ¡Qué encantada estaba la hija cuando se le dio permiso —y hasta alguna ayuda financiera— para hacerse precursora regular!

La sujeción, ¿hasta qué grado?
Otro terreno en que las costumbres locales y actitudes corrientes a menudo chocan con los principios bíblicos es el de la sujeción. En algunos países es la costumbre exigir de los hijos sujeción absoluta a los padres y otras autoridades en todos los aspectos de la vida. No es poco común en tales lugares que hombres de 40 años o hasta de más edad rehúsen leer cualquier literatura de una religión diferente a la de sus padres y tomar cualquier decisión importante sin primero consultar con sus padres por temor a desagradarlos. No obstante, en tales países se está haciendo cada vez más común que los jóvenes se rebelen contra sus padres.

La Biblia, con su punto de vista equilibrado, nos ayuda a evitar estos dos extremos. El principio de la sujeción relativa a las autoridades humanas se declara claramente en Hechos 4:19 y 5:29. Nótese también cómo Pablo anima a los hijos a ser obedientes a los padres, y no obstante, muestra que esto tiene algunas limitaciones al decir: “Hijos, sean obedientes a sus padres en unión con el Señor, porque esto es justo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’; que es el primer mandato con promesa”. (Efesios 6:1-3.)

Otro principio bíblico que afectará el grado de la sujeción de uno a los padres es la sujeción de la esposa a su esposo. “Que las esposas estén en sujeción a sus esposos como al Señor, porque el esposo es cabeza de la esposa”, escribió el apóstol Pablo. Él, entonces, amplió este principio recordando lo que Jehová dijo tras haber unido en matrimonio a la primera pareja humana: “Por esta razón el hombre dejará a su padre y a su madre y se adherirá a su esposa, y los dos llegarán a ser una sola carne”. (Efesios 5:22-31.)

No obstante, ¿qué hay de la costumbre que existe en muchos países de que el hijo se quede viviendo en el hogar de sus padres después de haber contraído nupcias? La Biblia indica que, por lo menos en los tiempos precristianos, los adoradores de Jehová hacían esto con frecuencia. En tales circunstancias, el padre de la casa permanecía como el cabeza patriarcal de la familia, pero cada esposa habría de sujetarse a su propio esposo.

En algunos países, no obstante, frecuentemente la suegra termina siendo cabeza de la nuera. Esto le dificulta más al hijo poner en práctica el principio de la jefatura de esposo, y a la esposa el estar verdaderamente en sujeción a su esposo. No obstante, el hijo tendrá que equilibrar el respeto que tiene a sus padres con la necesidad de ser el cabeza de su propio hogar, si ha de tener a Jehová como la tercera hebra de la simbólica ‘cuerda triple que no puede ser rota fácilmente en dos’. (Eclesiastés 4:12.)

En algunos países se presenta una situación aun más dificultosa cuando un hombre se casa con una mujer en cuya familia no hay un heredero varón. El siguiente caso es típico de la situación difícil en que se encuentran muchos de esos hombres cuando más adelante en su vida aprenden los principios bíblicos y tratan de aplicarlos. Un joven católico se casó con una muchacha que venía de una familia católica. Desde el mismo principio se dio cuenta de que la familia de ella lo miraba despectivamente y de que lo consideraba poco más que un obrero sin paga de quien se esperaba que engendrara hijos para que el nombre de la familia se perpetuara.

Tal como es la costumbre en ese sistema social, él tenía que renunciar a su propio nombre y permitir que a sus hijos se les considerara como los herederos de la propiedad de la familia materna. Cuando este hombre aprendió el principio de la jefatura en la familia y trató de aplicarlo, su esposa respondió como el resto de la familia de ella: ‘¡No trajiste nada a esta familia, así que no tienes voz alguna tocante a cómo se harán las cosas!’.

Aunque no todos los matrimonios llegan a ese extremo, se puede ver con facilidad que en los lugares donde esa costumbre es común y se espera la sujeción del esposo, se suscitarán problemas al aplicarse los principios bíblicos respecto a la jefatura. Se le dificulta mucho a un esposo cristiano ejercer su jefatura amorosa sobre su propia familia e igualmente se le dificulta a la esposa estar en sujeción a su esposo con “profundo respeto” más bien que en sujeción a sus padres bajo cuyo techo probablemente continúan viviendo. (Efesios 5:33.)

Otro ejemplo de cómo los principios bíblicos pueden chocar con las costumbres locales tiene que ver con el que los padres decidan con quién se han de casar sus hijos. Para los hijos cristianos que tienen padres incrédulos esto, por lo general, presenta un verdadero problema, pues los padres creen que han fracasado si sus hijos no están casados para cierta edad. De modo que una gran presión, incluso palizas, se ejerce para obligar a los hijos, y especialmente a las hijas, a casarse. Cuando escasean los cristianos disponibles para casarse, los padres incrédulos harán casi cualquier cosa por preparar un casamiento para su hijo o hija; pero el cristiano recordará el principio de casarse “solo en el Señor”. (1 Corintios 7:39; Deuteronomio 7:3, 4.)

Los beneficios de obedecer los principios bíblicos
La sobresaliente belleza de los principios bíblicos es que pueden traer mejoras a la vida de cualquier persona que desee aplicarlos, prescindiendo del lugar donde viva. Estos son consecuentes y unen a las familias. Hacen que las personas sean más honradas y que lleguen a ser mejores esposos y padres, mejores esposas y madres, mejores hijos, mejores empleados. Estas personas pueden sobreponerse a los problemas causados por las costumbres locales conflictivas y equilibrar la aplicación de esas costumbres que, aunque no van directamente en contra de lo que es la voluntad de Dios para el hombre, dificultan más el amoldarse a esa voluntad de Él. ¿Cómo puede lograrse eso?

En primer lugar, al igual que los cristianos de Tesalónica, es necesario que usted acepte el hecho de que la Biblia es realmente “la palabra de Dios”. Esto significa reconocer que ella es verdaderamente sabiduría de la Fuente más elevada. Segundo, usted tiene que esforzarse por aprender lo que la “palabra de Dios” dice para su bien. Aprenda a aislar los principios y las leyes de Dios a medida que lee y estudia la Biblia. El tercer paso consiste en dejar que esa palabra ‘obre en usted’. (1 Tesalonicenses 2:13.)

Esto implica tener una asociación estrecha con las congregaciones del pueblo de Dios que ahora existen en más de 200 países e islas del mar. Es esto precisamente lo que ha hecho de la hermandad mundial de los testigos de Jehová una hermandad de obras y no solo de nombre.

Ante todo, el pueblo de Jehová se interesa por estar unido con Dios, permitiendo que los principios bíblicos rijan en su vida. ¿Con qué resultados? Una verdadera unidad duradera con otras personas que también están en unión con Dios, así como paz mental que lo sostiene a uno en las situaciones que se presentan en el actual sistema de cosas. (Filipenses 4:6, 7.) Tal unidad y relación estrecha con Dios y con otros es una ayuda positiva para mejorar la calidad de la vida ahora y da la promesa de vida eterna en el nuevo y justo sistema donde todas las cosas al fin se pondrán completamente bajo sujeción a la voluntad de Dios. (1 Timoteo 4:8; 1 Corintios 15:28.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Febrero de 1987. Lea el interesante tema: ¿Cómo nos ayudan los principios bíblicos?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

jueves, 21 de agosto de 2014

Vuélvanse al pastor de sus almas

JESÚS pronunció dos enternecedoras parábolas que describen el intenso interés de Dios por aquellos que todavía pertenecen a su pueblo pero que se han descarriado. Solo imagínese la angustia que siente el pastor que deja a su rebaño de 99 ovejas y busca la oveja perdida en el desierto ‘hasta que la halla.’ O considere el ahínco de la mujer que pierde una moneda de dracma que quizás era parte de una colección de gran valor. Ella no escatima esfuerzo por conseguirla... enciende una lámpara y barre toda la casa ‘hasta que la halla.’ ¡Y cuánto regocijo siente al recuperarla!—Lucas 15:4-10.

Sin duda nos damos cuenta de que Jesús estaba hablando de personas que tienen una relación con Dios en virtud de su dedicación a él, pero que por diversas razones se han descarriado o se han ‘perdido.’ Quizás usted sea uno de éstos. Puede que usted se sienta conmovido por el gran esfuerzo que, según indican las parábolas, se hace por recuperar algo que se aprecia y por el regocijo que se siente cuando se recupera lo que se busca. Estas parábolas muestran el interés que tienen en usted Dios, el Hijo de Dios, los santos ángeles y sus hermanos y hermanas espirituales. La parábola que sigue a estas dos provee más detalles acerca del derrotero de uno que se ha ‘perdido.’

La parábola del hijo pródigo
En la parábola del hijo pródigo, Jesús muestra con intensidad conmovedora (1) por qué una persona podría descarriarse, (2) lo que puede suceder mientras está alejada, (3) lo que se requiere para volver y (4) la actitud de recibimiento que Dios muestra. Los dos hijos de la parábola pudieran ser comparados con personas que, como usted, han llegado a conocer al Padre, han disfrutado de ‘pan espiritual en abundancia’ en la casa de la fe y han dedicado su vida a Jehová.—Lucas 15:11-32.

Hay diversas razones por las que algunas personas, como el hijo menor, abandonan la “casa” de nuestro Padre celestial. A menudo se debe sencillamente al peso cada vez mayor de las “inquietudes de la vida.” (Lucas 21:34) En ocasiones la influencia que ejercen las malas asociaciones ha impedido que algunos “siguieran obedeciendo la verdad.” (Gálatas 5:7, 8, 10, 12) Resentimiento por algún asunto doctrinal puede haber causado que cierta cantidad de personas se haya ido “a las cosas de atrás.” (Juan 6:60-66)

Fundamentalmente, algunos cristianos, ya sea que lo hagan consciente o inconscientemente, han considerado que el ambiente en la casa espiritual de Jehová es muy restrictivo. Estos, como el hijo pródigo, ya no desean estar bajo el ojo vigilante del Padre. Buscan libertad de movimiento en un “país lejano.”

Solo, en un país lejano
El pródigo —después de haber malgastado todo su dinero— halló todo menos libertad y diversión. Su conducta tomó tal rumbo que llegó hasta el grado de ‘vivir una vida disoluta.’ Cuando vinieron tiempos difíciles, en su desesperación, “se colocó” con uno de los ciudadanos del país quien “lo envió” a guardar puercos... la tarea más baja que pudiera efectuar un judío. ¡El hasta anheló comer de la comida de los puercos!—Lucas 15:13-16.

Juan había sido anciano de congregación antes de su viaje, a un “país lejano” en sentido espiritual. “El seguir en la verdad es indudablemente una salvaguarda, pero cuando uno no está activo, uno baja la guardia,” declaró Juan. “Aun cuando pudiera ser que uno no haga nada que realmente sea malo, uno comienza a tolerar ciertas cositas. Uno se dice, ‘Bueno, yo no estoy asistiendo a ninguna de las reuniones de la congregación, así que, ¿realmente importa lo que haga?’”

Otro Testigo que estuvo inactivo por varios años confesó lo siguiente: “Yo realmente sí me envolví en mala conducta. Descubrí inmediatamente que no hay límite a lo bajo que una persona puede caer al asociarse con personas del mundo. La única manera de disfrutar de la asociación con ellos es manteniendo la boca cerrada en cuanto a Jehová. Cuando uno hace eso, se encamina a tener muchos problemas.”

Sin embargo muchos de los que se hacen inactivos no se deslizan a una “vida disoluta” como lo hizo el hijo pródigo de la parábola. Aun así todos llegan a estar conscientes de lo alejados que están de tener una relación estrecha con Dios. Una pareja inactiva “por 15 años nunca tomó la Biblia en las manos,” y sin embargo permanecieron castos en lo moral.

La esposa explica: “En sentido material las cosas nos fueron extremadamente bien durante aquellos años. Una puede llegar a creer que no necesita regresar a Jehová. Edificamos nuestra vida en torno a nuestro empleo y a nosotros mismos. Tratamos de cerrar nuestra mente a todo lo que nos recordara la verdad hasta el grado de mudarnos a otro lugar donde nadie nos conocía. Pero toda esa felicidad era superficial. En nuestro fuero interior estábamos destrozados. Por años mi esposo estuvo profundamente deprimido. Dejamos de orar aun antes de las comidas. Muchas noches no podía dormir como resultado de la inquietud que me causaba la verdad y porque me sentía culpable.” El esposo agregó: “Sentíamos que estábamos entre los sentenciados a muerte.”

El estar apartado de Jehová, el sentirse completamente solo en sentido espiritual, es una situación dolorosa. Una cristiana que estuvo inactiva dice: “No hay nada como tener el favor de Jehová. Es terrible hallarse en la situación de una sentirse mal y no poder orarle, o dudar que él contestará las oraciones de una.”

“Recobró el juicio”
El pródigo reconoció sus sentimientos espirituales interiores y respondió a ellos. Jesús dijo: “Recobró el juicio.” Las palabras griegas originales literalmente significan: “Volvió en sí.” El había estado “fuera de sí,” en un mundo irreal. Y ahora vino a estar consciente de su verdadera condición espiritual. Reflexionó en la paz y abundancia de que había disfrutado en el hogar de su padre.—Lucas 15:17.

Aunque el pródigo logró reconocer esto por sí mismo, a menudo a esto siguen varias consideraciones espirituales que despiertan sentimientos dormidos. Por ejemplo, Diane, mientras todavía estaba inactiva, le confesó a un Testigo con quien se había familiarizado: “No puedo regresar a Jehová. No le amo y sé que éste tiene que ser el motivo.” El Testigo le preguntó: “¿Amabas a tu esposo cuando él comenzó a hacerte la corte?” “No, ¿cómo podía amarlo? No le conocía,” contestó Diane.

“Entonces me di cuenta,” confesó Diane, “de que el amar a Jehová vendría con el conocerle otra vez. Más tarde me puse en comunicación con la congregación y pedí ayuda. Una pareja, bajo la dirección de los ancianos, estudió la Biblia con mi esposo y conmigo por más de un año, y estamos activos nuevamente.”
No obstante, uno de los mayores obstáculos para volver resulta del sentirse abrumado por culpa.

¿Habré ido demasiado lejos?
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo,” fue como se sintió el pródigo después que “recobró el juicio.” Otras personas se han sentido así... indignos de ser llamados miembros de la familia de Dios.—Lucas 15:17-19.

“Una se da cuenta de que le ha dado la espalda a Jehová a sabiendas. Este sentimiento de culpa me enfermaba,” confesó Virginia. “Cuando comencé a reactivarme, tuve una lucha grande para comenzar a orar nuevamente. Continuaba pensando: ‘¿Cómo va Jehová a querer saber de mí cuando yo le di la espalda?’”

Otros que se han apartado creían haber cometido el “pecado imperdonable.”
Aunque sabía que los pecados de su hijo eran muchísimos, ¿consideró el padre que éstos eran imperdonables? ¿Obró de manera fría e indiferente cuando su hijo regresó? ¡De ninguna manera! El había estado buscando a su hijo. “Mientras estaba él todavía lejos, su padre alcanzó a verlo,” según dice Jesús. (Lucas 15:20)

Quizás los vecinos solo hayan visto los andrajos que traía puestos, que estaba sucio y andaba descalzo, pero el padre lo vio a “él.” El padre sabía que su hijo había venido de muy lejos. Era obvio que el hijo había dejado su “vida disoluta” y estaba verdaderamente arrepentido.—Proverbios 28:13.

El padre corrió para abrazar a su hijo. El hijo a lo más esperaba ser un ‘asalariado,’ alguien que no fuera miembro de la casa y que en algunos respectos estuviera en peor situación que un esclavo. Nunca se hubiera imaginado la respuesta de su padre: “¡Pronto! Saquen una ropa larga, la mejor, y vístanlo con ella, pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies. Y traigan el torillo cebado, degüéllenlo y comamos y gocemos.” ¡De qué manera tan excelente ilustró Jesús la respuesta sincera del padre!—Lucas 15:22, 23.

El padre sabía que el hijo pródigo había pagado ya un precio alto... las cicatrices emocionales de haber estado “viviendo una vida disoluta” y haber perdido todo su dinero, la agonía de no tener amigos, alimento y abrigo durante un tiempo de hambre, la vergüenza de comer con los cerdos, y finalmente, el largo viaje de regreso a casa. Así también, Jehová comprende que uno verdaderamente sufre mientras está ‘perdido’ y que no es fácil volver.

Pero nuestro compasivo Padre celestial, quien es “abundante en bondad amorosa,” ‘no por todo tiempo seguirá criticando ni conforme a nuestros errores trae sobre nosotros lo que merecemos’ si estamos sinceramente arrepentidos y ‘enderezamos los asuntos’ con él. Algunos que hasta han cometido pecados crasos mientras estaban separados de la congregación cristiana, pero que vuelven verdaderamente arrepentidos y confiesan sus pecados ante los ancianos, pueden esperar que se les trate de manera amorosa y considerada que conduzca a una recuperación completa.—Salmo 103:8-10; 130:3; Isaías 1:18, 19.

Es cierto que la Biblia habla de algunos cristianos infieles a los que no se les perdonan sus pecados. No obstante, Pablo mostró que éstos “se oponen” a la Verdad y pisotean con desprecio el sacrificio de rescate al estimarlo como de valor ordinario. (Hebreos 10:26-31) Pero, ¿ha llegado usted alguna vez a tal extremo? El que usted considere sinceramente este material, en vez de despreciarlo, indica que usted todavía tiene algún amor por las cosas espirituales. El hecho de que usted se sienta culpable y perturbado en su corazón demuestra que usted no ha ido demasiado lejos. Puede estar seguro de que Jehová contestará su oración así como contestó la de David, quien suplicó: ‘Perdona mi error, porque es considerable.’—Salmo 25:11.

‘No tengas miedo. Yo ciertamente ayudaré’
Dos ancianos visitaron a una pareja inactiva que habían sido Testigos extraordinariamente celosos. Apenas había comenzado la conversación cuando el esposo inactivo comentó de manera defensiva que él sabía que debería estar en el servicio del campo predicando a otros. “No creo que debas estar haciendo eso en este preciso momento,” contestó Russell, uno de los ancianos, para sorpresa del esposo. “Si tuvieras un pariente enfermo, ¿le dirías que saliera y podara el césped? Bueno, tampoco nosotros vamos a decirte que salgas a ‘podar el césped.’

Deseamos que te mejores. ¿Qué podemos hacer para ayudarles?” La ayuda amorosa que los ancianos prestaron, incluso el extender hospitalidad de manera afectuosa, ayudó a la pareja a recuperarse espiritualmente, y el esposo hasta sirve otra vez de anciano.—Compare con Santiago 5:14, 15.

Algunos de los que se arrepienten titubean en cuanto a asociarse de nuevo porque se sienten incapaces de asumir de golpe todas las responsabilidades de un Testigo. Sin embargo, Jehová es razonable. Por lo general lo más práctico es que haya una recuperación gradual, paso a paso. Pablo dijo que algunos que en su día habían llegado a estar “embotados” espiritualmente necesitaban que alguien les enseñara otra vez las cosas elementales de la Verdad. (Hebreos 5:11, 12) Este alimento espiritual va fortaleciendo a la persona y hace posible que pueda dar otros pasos.

En una serie de entrevistas que se llevaron a cabo con Testigos que en cierta ocasión estuvieron inactivos, pero que más tarde se recuperaron, la mayoría de ellos indicó que habían necesitado que se les diera ayuda con regularidad. Y los que están en la congregación están más que dispuestos a brindar dicha ayuda. Tienen el mismo parecer de Jehová, quien dijo a su pueblo escogido: “No tengas miedo, porque yo estoy contigo. No mires por todos lados, porque yo soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo cierta y verdaderamente te ayudaré.”—Isaías 41:10.
Sí, Dios dice: “Yo cierta y verdaderamente te ayudaré.”

Puede que usted tenga que romper con algunas malas asociaciones. Puede ser que tenga que encararse a oposición de parientes que no aprueben el que usted asista a las reuniones cristianas. Quizás haya ciertos asuntos que usted tenga que confesar a los ancianos. (Salmo 32:3-5) Pero nunca olvide que Jehová está allí para ayudarle. Un Testigo que se ha recobrado dijo: “Jehová simplemente me permitió ver el paso que tenía que dar, uno a la vez, y me ayudó grandemente.”

Otra hermana que se ha recobrado agregó: “Desde el momento que pisé el Salón del Reino todos mis viejos amigos comenzaron a abrazarme y a besarme. Simplemente me conmovió la felicidad que ellos desplegaron. Pensé: ‘¿A qué había estado temiendo?’” Aunque algunos pudieran tener una actitud semejante a la del hermano mayor del hijo pródigo, la inmensa mayoría de los hermanos de la congregación se regocijarán de verlo volver.—Lucas 15:25-32.

¿Por qué no lo comprueba usted mismo? Una cristiana que se recobró después de haber estado alejada por algún tiempo dijo: “No hay otro lugar donde se pueda hallar paz interior. Todo lo demás volvió a caer en su debido lugar tan pronto volví a estar activa espiritualmente otra vez. Este mundo no ofrece nada que valga la pena. Una se siente tan bien de saber que está agradando a Jehová y de que tiene su protección. Una puede dormir de noche. Ahora la vida de una es satisfaciente y se puede desarrollar verdadera esperanza de alcanzar vida en el Nuevo mundo.”

Si es usted una oveja que se ha descarriado, ¿por qué no invita al Testigo que le trajo esta revista para que le ayude a ponerse en comunicación con los ancianos de la congregación de su localidad? Sienta el gozo y el contentamiento que resulta de emprender el derrotero que describe Pedro: “Porque ustedes, como ovejas, andaban descarriados; pero ahora se han vuelto al pastor y superintendente de sus almas.”—1 Pedro 2:25.

Artículo publicado en la revista "La atalaya" del 01 de Agosto de 1982. Para ampliar el tema lea el folleto: ¿Quiénes hacen la voluntad de Jehová en nuestros días?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

martes, 19 de agosto de 2014

Cosechando fruto apropiado para el reino de Dios (Segunda parte)

EL ELEMENTO EN EL CUAL CULTIVAMOS CARACTERÍSTICAS

Aun en la congregación cristiana puede haber un ambiente o asociación que no sea de lo más beneficioso desde el punto de vista espiritual. Algunos que han salido recientemente del mundo y han simbolizado su dedicación a Dios por bautismo en agua tal vez tiendan a introducir en la congregación algo que todavía se les adhiere... un grado de mundanalidad.

Recordemos que fue a una congregación cristiana a la cual el apóstol Pablo escribió: “En mi carta [anterior] les escribí que cesaran de mezclarse en la compañía de fornicadores, . . . Mas ahora les estoy escribiendo que cesen de mezclarse en la compañía de cualquiera que llamándose hermano sea fornicador, o avariento, o idólatra, o injuriador, o borracho, o que practique extorsión, ni siquiera comiendo con tal hombre.”—1 Cor. 5:9-11.

También, a las congregaciones radicadas en la provincia romana de Galacia, en Asia Menor, el mismo apóstol escribió: “No se extravíen: de Dios uno no se puede mofar. Porque cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará; porque el que está sembrando teniendo en mira su carne, segará de su carne la corrupción; mas el que está sembrando teniendo en mira el espíritu, segará del espíritu vida eterna.” (Gál. 6:7, 8)

La persona que afirma ser cristiana puede estar sembrando para su carne caída por medio de tratar de desarrollar las características de su personalidad en un ambiente mundano que complace a su carne caída.

Hoy, en la congregación, ¿nos sentimos atraídos y nos inclinamos hacia los miembros en los cuales todavía queda algo de mundanalidad? Estos se entregan a prácticas mundanas con regularidad y quieren tener la compañía de otros miembros a fin de sentirse hasta cierto grado justificados por satisfacer frecuentemente sus propios deseos.

¿Permitimos que nuestro ambiente o asociaciones sociales dentro de la congregación impidan que corramos bien en la carrera por la vida eterna? ¿Dejamos que miembros de la congregación que todavía se inclinan hacia la mundanalidad nos persuadan a ir en la misma dirección que ellos, porque el hacer esto le sea muy grato a nuestra carne caída?

Al principio los efectos de nuestro proceder de darnos gusto tal vez no se puedan distinguir en lo que toca a la clase de cristianos declarados que finalmente resultaremos ser. Esto se debe a que la “tierra” o el ambiente en el cual escogemos circular produce fruto gradualmente. El “tallo de hierba” parece inocente a los observadores, no peligrosamente dañino. Dormimos de noche y nos levantamos de día, y el crecimiento de nuestras características personales adelanta implacablemente, sin que sepamos precisamente cómo va sucediendo eso.

El que persistamos en este proceder de despreocupación, liberal, llevará a un resultado inescapable, a saber, el crecimiento a plena madurez de características personales que se deben al ambiente que es semejante a tierra, en el cual hemos dejado que se nos nutra. ¿Nos capacitará acaso para enfrentarnos con éxito a las pruebas del día del ajuste de cuentas lo que cosechemos al meter la hoz?

No olvidemos que, a modo de “tierra,” o suelo, el ambiente en el cual estén enterradas y se nutran las semillas de nuestras características personales afecta nuestro desarrollo. Tal ambiente puede hacer de nosotros una variedad defectuosa de la realidad esperada, lo que buscábamos cuando empezamos a sembrar.

Lo que ocurrió en el desierto de Sinaí en los días de Moisés nos proporciona un ejemplo histórico del efecto de las malas asociaciones aun entre el pueblo de Jehová. Recordamos la “vasta compañía mixta” que salió de Egipto con los israelitas y cruzó el mar Rojo. (Éxo. 12:38) En cuanto a este elemento no israelita, el profeta Moisés nos dice:

Y la muchedumbre mixta que se hallaba en medio de ellos [los israelitas] expresó anhelo egoísta, y también los hijos de Israel se pusieron a llorar de nuevo y decir: “¿Quién nos dará a comer carne? ¡Cómo nos acordamos del pescado que comíamos de balde en Egipto, de los pepinos y las sandías y los puerros y las cebollas y el ajo! Pero ahora nuestra alma se halla seca. Nuestros ojos no se posan en cosa alguna sino en el maná.”. . . Llegó a llamarse aquel lugar por nombre Kibrot-hataava [lo cual significa Sepulturas del Anhelo Egoísta].—Números 11:4-34; vea también 1 Corintios 10:1-6, 10, 11.


Así, aquella ‘vasta muchedumbre mixta’ puso en marcha ciertos asuntos entre los israelitas. Debido a que no estaban satisfechos con la provisión de Jehová de pan del cielo, regresaron en su corazón a Egipto porque anhelaban egoístamente las cosas de que antes habían disfrutado en aquella tierra idólatra. (Sal. 105:40)

Hicieron de su vientre su dios, porque trajeron consigo el anhelo egoísta de las comodidades materiales de Egipto, que estaba controlado por demonios. (Fili. 3:19) De modo que contagiaron a los israelitas con dicho apetito. En aquella ocasión resultaron ser mala asociación para Israel, el pueblo escogido de Jehová. Este ejemplo histórico nos sirve de buena advertencia hoy día. No podemos poner sobre Dios la responsabilidad por los malos efectos que seguemos del ambiente malo que escojamos.

Si no podemos introducir a Dios en el cuadro en el caso de las parábolas de las cuatro clases de tierra y del trigo y la mala hierba, ¿es lógico, consecuente, poner a Dios personalmente en el cumplimiento de Marcos 4:26-29? De modo general, “la tierra misma produce su brote” y “el jardín mismo hace brotar las cosas que se siembran en él.” (Isa. 61:11)

Se ve, pues, que la marihuana, el hachís, el tabaco y las amapolas o adormideras que se cultivan con el propósito de hacer el opio, crecen de la tierra cultivada lo mismo que los cereales. Claro está, pues, que lo que se cosecha depende de lo que el sembrador siembra y de la clase de tierra en la cual echa la semilla.

El ambiente en el cual se halla la semilla ejerce su efecto. No olvidemos que no todas las tierras tienen las mismas propiedades químicas. Una clase es agria o ácida, otra es salina, y así por el estilo. Así, cuando los holandeses quisieron arrancar terreno del Zuiderzee, construyeron diques y embalsaron las aguas salobres en pólderes.

Entonces desecaron el agua de mar mediante bombeo, lo cual dejó una zona de tierra baja. Pero esta tierra que se había arrancado del mar estaba impregnada de la sal del mar. Al principio no era adecuada para el cultivo de granos para alimento. De modo que los holandeses primero tuvieron que adaptar el terreno por medio de plantar en él hierbas juncosas que crecían bien en suelo salino. Esto contribuyó a la purificación de la tierra. Entonces pudieron cultivar granos que produjeran buenas cosechas.

Lo mismo sucede respecto a las semillas de las características de nuestra personalidad: es inevitable que las sembremos en algún lugar, por lo general en el ambiente que nosotros mismos escojamos. Es inevitable que nos encaremos a una cosecha, una siega. ¿Será lo que seguemos adecuado para que disfrutemos de una relación aprobada con el reino de Dios? El ambiente o la asociación que buscamos con regularidad tendrán mucho que ver con eso.

Aun dentro de la congregación cristiana es posible que busquemos compañerismo social con personas bautizadas que todavía se adhieran a cosas mundanas, pero que no sientan ningún remordimiento de conciencia al introducir estas cosas en la congregación a hurtadillas. Nuestra personalidad y conducta cristianas no pueden menos que ser afectadas por estas cosas infectivas.

En el caso del cristiano infectado, su crecimiento en una dirección mundana será gradual, pues el ángulo de divergencia con relación al camino cristiano es tan leve al principio que no es discernible. Es como cuando brota el “tallo de hierba” de la semilla. Pero el tiempo de la siega revelará finalmente de manera inequívoca lo que hemos llegado a ser, porque habrá que pagar las consecuencias.

Cuando por fin el cristianismo verdadero sea lo único que pueda enfrentarse con éxito a la prueba, cada persona tendrá que meter su hoz y cosechar lo que haya llegado a ser. ¿Quedará desilusionada la persona por lo que siegue, expuesta como falsa respecto a sus afirmaciones de ser persona cristiana? Feliz es el cristiano que tenga razones bíblicas para estar satisfecho con lo que su hoz siegue.—Compare con Salmo 126:5, 6.

Estamos creciendo constantemente en un sentido o en otro, en sentido mundano o en sentido espiritual. ¡Ay de nosotros si nos extraviamos o dejamos que otros nos extravíen y nos hagan creer que podemos mantener malas asociaciones sin que se echen a perder nuestros hábitos útiles de cristianos! (1 Cor. 15:33) No podemos burlarnos de Dios, tratando de anular su ley incambiable de que, tal como hay una siembra, tiene que haber una siega, y, además, de que el lugar donde sembramos afecta lo que segamos.

Dios nos advierte que nuestra santidad personal no se transmite automáticamente a otros y los hace santos. Más bien, el que descuidadamente estemos en constante contacto con personas mundanas que son inmundas resultará en que nosotros también nos hagamos inmundos.—Ageo 2:10-14.

Por nuestra premeditación basada en la Biblia podemos determinar qué resultado se puede esperar de nuestro proceder. ¿Tenemos, como mira nuestra, una continua relación pacífica con el reino de Dios? ¡Las “obras de la carne” jamás nos permitirán lograrla! Por otra parte, hay “el fruto del espíritu,” y por medio de cultivar este fruto no cederemos a las pasiones y a las obras de la carne. El que sigamos este cuidadoso proceder tendrá por resultado grato el que cosechemos fruto adecuado para el reino de Dios mediante Cristo.—Gál. 5:19-24.

El reino de Dios, por el cual los discípulos de Cristo han orado por mucho tiempo, ya está a punto de lanzarse contra los gobiernos enemigos en el interés de vindicar la soberanía universal de Dios. Junto con eso nos queda por delante a cada uno una temporada de siega o cosecha personal con relación a ese reino. Es preciso ejercer el mayor cuidado respecto a la “tierra” ambiental en la cual estamos plantando las semillas de las características de nuestra personalidad.

Nuestra asociación social, recreativa, moral y religiosa debe ser con los que están a favor del reino de Dios mediante Cristo en medio de toda circunstancia y con una profundidad de devoción invencible. El que pensemos seriamente de antemano en lo que estamos sembrando, y dónde, y siempre con miras al reino de Dios, será recompensado con una cosecha abundante del fruto de una personalidad madura y activa semejante a la de Cristo. ¡Cuánto le agradará esto a Jehová Dios! Él nos favorecerá con la expresión de su aprobación sin reserva y con todas las bendiciones que son el resultado de tener su aprobación.

Por eso, ante la creciente urgencia de los tiempos, nos conviene prestar atención a la siguiente exhortación oportuna: “Considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes, no abandonando el reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino animándonos unos a otros, y tanto más al contemplar ustedes que el día va acercándose.” (Heb. 10:24, 25)

Esto resultará para nosotros en un cumplimiento favorable de la breve, pero poderosa, parábola del sembrador y la semilla, en Marcos 4:26-29. Entonces experimentaremos “el regocijo del tiempo de la siega.” Con gran emoción comprenderemos cabalmente que “el que está sembrando teniendo en mira el espíritu, segará del espíritu vida eterna.”—Gál. 6:8; Isa. 9:3.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Noviembre de 1980. Complemente la información con el tema: ¿Qué le gustaría preguntarle a Dios?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

lunes, 18 de agosto de 2014

Cosechando fruto apropiado para el reino de Dios (Primera parte)

En Jeremías 4:3, 4, Jehová dice: “Árense tierra cultivable, y no sigan sembrando entre espinas. Circuncídense a Jehová, y quiten los prepucios de sus corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; para que no salga mi furia justamente como un fuego, y ciertamente arda sin que haya quien la extinga, a causa de la maldad de sus tratos.”

Jehová llamó la atención sobre la mala condición de corazón del pueblo en pacto con él.
De manera similar, en una parábola Jesucristo ilustró la desilusión que resulta de sembrar entre los espinos. Tanto en Mateo 13:1-9 como en Marcos 4:1-9 él describió que parte de la semilla que fue echada por mano del sembrador cayó sobre zonas en las cuales había semillas de espinos. De aquellas zonas el sembrador no consiguió nada, pues los espinos brotaron y ahogaron las plantas de cereales y no se pudo segar una cosecha de grano. (Luc. 8:4-8) Esto ilustra que tenemos que ejercer cuidado respecto al ambiente en el cual sembramos en sentido espiritual.

En la parábola del sembrador y la semilla, según se relata en Marcos 4:26-29, la semilla representa cualidades de la personalidad. A los judíos que rechazaron la parábola del sembrador y otras parábolas, Jesús dijo: “El reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca sus frutos.” (Mat. 21:43, 45, 46) Según esto, hay “frutos” del reino de Dios. (Luc. 3:8)

En relación con esos frutos del Reino está lo que se llama “el fruto del espíritu,” a saber, “amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, gobierno de uno mismo.” (Gál. 5:22, 23)

Allá en el primer siglo, los cristianos a quienes el apóstol Pablo escribió tuvieron que sembrar “semilla” en el sentido de cualidades cristianas en necesidad de nutrición, tal como lo tienen que hacer los cristianos hoy día con relación al reino de Dios. Hay que desarrollar estas cualidades personales hasta que alcanzan plena madurez, desarrollo completo.—Zac. 8:12; Sant. 3:18.

El tiempo en que alcanzaran su madurez cabal sería normalmente el tiempo en el cual cosecharlas. Pero, ¿dónde debería elegir sembrar dicha “semilla” el sembrador cristiano con la esperanza de por fin recoger la cosecha deseada? Él quiere que su cosecha tenga la aprobación de Dios, para que se le considere digno de ser aceptado respecto al reino de Dios. Tal como la semilla natural necesita tierra, así la semilla de las cualidades cristianas personales, “el fruto del espíritu,” necesita ambiente.—Pro. 18:1.

Recuerde la parábola de Jesús en cuanto a las cuatro clases de tierra sobre las cuales cayó la semilla del sembrador. (Mar. 4:3-20; Luc. 8:5-15) Esta parábola ilustra que hay que ejercer cuidado y hacer la selección correcta en cuanto al ambiente en el cual se ponga la semilla si se quiere recoger la cosecha esperada.

Es justamente como explicó Jesús en cuanto al ambiente infestado de espinos en el cual cayó la semilla: “En cuanto a lo que cayó sobre los espinos, éstos son los que han oído, pero, por ser arrebatados por las inquietudes y las riquezas y los placeres de esta vida, son completamente ahogados y no llevan nada a perfección.”—Luc. 8:14.

En conformidad con esto, el apóstol Pablo hizo una observación respecto a los cristianos de Galacia a quienes escribió acerca del “fruto del espíritu,” para advertirles que el ambiente incorrecto estaba ejerciendo mala influencia en ellos. Dijo: “Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién les estorbó para que no siguieran obedeciendo la verdad? Esta clase de persuasión no procede de Aquel que los llama. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa.” (Gál. 5:7-9; Mat. 13:33)

Estaban influyendo en aquellos cristianos gálatas los judaizantes cuyos corazones no estaban dispuestos a recibir el cristianismo plenamente, cuyos oídos no estaban dispuestos a oír y cuyos ojos estaban pegados. (Mat. 13:14, 15; Gál. 5:10) Hay que evitar, sí, abandonar, esa clase de asociaciones que estorban.

El apóstol Pablo también temía que posiblemente la congregación corintia no estuviera cultivando “el fruto del espíritu,” porque les escribió diciendo: “Tengo miedo que de algún modo, cuando yo llegue, no los halle como pudiera desear y yo resulte ser para ustedes no como pudieran desear, sino que, en cambio, de algún modo haya contienda, celos, enojos, altercaciones, difamaciones solapadas, susurros, hinchazones, desórdenes.” (2 Cor. 12:20)

Después de citar las palabras de los que decían: “Comamos y bebamos, porque mañana hemos de morir,” Pablo tuvo razón para dar la siguiente advertencia: “No se extravíen. Las malas asociaciones echan a perder los hábitos útiles.”—1 Cor. 15:32, 33.

Como tierra, en la cual cae la semilla y la cual tiene el poder que Dios le ha dado de nutrir o el trigo o los espinos, el ambiente en el cual el cristiano opta por cultivar cualidades de la personalidad lo afecta para bien o para mal. Aunque duerma mientras se acomoda en dicho ambiente, la ley de la influencia ambiental se efectúa inflexiblemente para con él hasta que el fruto permite meter la hoz porque ha llegado el tiempo de la siega personal.

En cuanto a esto Jesús dijo: “Por sí misma la tierra gradualmente fructifica, primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga.” (Mar. 4:28) El crecimiento le es casi imperceptible al sembrador y se efectúa por medio de un poder que él no puede comprender. El crecimiento en una dirección o en la otra progresa gradualmente, primero a modo de tallo de hierba, luego a modo de espiga y finalmente a modo del grano lleno en la espiga.

Cuando la semilla brota inicialmente y produce el tallo de hierba, quizás el sembrador no esté exactamente seguro de lo que va a segar, si juzga por la apariencia de las cosas. En esa etapa temprana del crecimiento puede que él no esté positivamente seguro de lo que está brotando de la tierra; solo recuerda la clase de semilla que sembró. Para ilustrar: En la parábola que Jesús dio acerca del trigo y la mala hierba, en Mateo 13:26-30, dijo:

Cuando brotó el tallo y produjo fruto, entonces apareció también la mala hierba. De modo que los esclavos del amo de casa vinieron y le dijeron: “Amo, ¿no sembraste semilla excelente en tu campo? ¿Cómo sucede, pues, que tiene mala hierba?” Él les dijo: “Un enemigo, un hombre, hizo esto.” Ellos le dijeron: “¿Quieres, pues, que vayamos y la recojamos?”

Él dijo: “No; no sea que por casualidad, al recoger la mala hierba, desarraiguen el trigo junto con ella. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega; y en la época de la siega diré a los segadores: Recojan primero la mala hierba y átenla en haces para quemarla, entonces pónganse a juntar el trigo en mi granero.”

Por lo tanto, en lo referente a nosotros, después que hayamos sembrado las semillas de características de la personalidad tal vez no podamos discernir al principio lo que la tierra ha producido, al brotar esto a modo de tallo de hierba. Solo más tarde, cuando el crecimiento alcance madurez y dé fruto, no habrá equivocación en cuanto a lo que la tierra habrá producido para la persona que haya sembrado allí.

La tierra es un factor importante respecto a lo que finalmente se produce. Jesús dijo: “Por sí misma la tierra [y no Dios] gradualmente fructifica, primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga.” (Mar. 4:28) En la parábola acerca de las cuatro clases de tierra, Jesús describió solo los rasgos físicos de las tierras.

Esto se parece a lo que Jesús dijo en su parábola del trigo y la mala hierba, que el “campo” era el mundo de la gente. (Mat. 13:38) Solo que aquí, en Marcos 4:26-28, la “tierra” en que se siembra, en vez de abarcar a todo el mundo, solo se extiende hasta el grado del contacto y la asociación que la persona tiene con la gente. La “tierra” no representa el “corazón” de la persona, como en Mateo 13:19 y Lucas 8:12, 15.

Pero las propiedades químicas del suelo también son importantes en cuanto a determinar la calidad de lo que se produce; por ejemplo, la tierra puede ser agria, ácida, salina, o quizás se le haya tratado con abono inorgánico o abono orgánico.

Puesto que el suelo, o la tierra, desempeña un papel tan importante en relación con el crecimiento y la calidad de lo que crece, representa el ambiente social, moral y religioso en medio del cual nutrimos las semillas de nuestros rasgos o características personales y, naturalmente, envuelve a personas. Esto es algo que merece el ejercicio de cuidadosa selección.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Noviembre de 1980. Complemente la información con el tema: ¿Qué significa triunfar en la vida?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Blanco del ataque soviético (Segunda parte)

Qué logró la deportación
Los soviéticos no tardaron en aprender que suprimir la adoración de estos cristianos les iba a costar mucho más de lo que creían. A pesar de las protestas de sus captores, durante aquel viaje forzado cantaban alabanzas a Dios y exhibían en los vagones el letrero: “Testigos de Jehová a bordo”. Uno de ellos explicó: “En las estaciones ferroviarias del camino encontramos más trenes de deportados cuyos vagones llevaban el letrero”. De este modo recibían mucho ánimo.

Aquellos cristianos no se dejaban vencer por el desánimo y reflejaban el espíritu de los apóstoles, quienes, como dice la Biblia, “continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo”, a pesar de haber sido azotados y habérseles prohibido predicar (Hechos 5:40-42).

Como indicó Kolarz con respecto a la deportación, “no fue el final de los ‘Testigos’ en Rusia, sino solo el principio de un nuevo capítulo de sus actividades proselitistas. Incluso intentaban propagar su fe cuando se detenían en las estaciones camino del confinamiento”.

En sus lugares de destino se labraron la reputación de ser laboriosos y obedientes, al tiempo que, al dirigirse a sus opresores, se hicieron eco de las palabras de los apóstoles: “No podemos dejar de hablar de [nuestro Dios]” (Hechos 4:20). Muchas personas aceptaron lo que los Testigos enseñaban y comenzaron también a servir a Jehová.

Kolarz explica cuáles fueron las consecuencias: “El gobierno soviético no pudo hacer nada mejor para la diseminación de su fe que deportarlos. Se les sacó del aislamiento de sus pueblos de las repúblicas soviéticas occidentales y se les introdujo en un mundo mucho más amplio, aunque este no fuera más que el mundo terrible de los campos de concentración y trabajos forzados”.

Combaten el crecimiento
Al pasar los años, las autoridades soviéticas trataron de frenar las actividades de los Testigos con otros métodos. Dado que la atroz persecución no había producido los frutos deseados, orquestaron un programa de propaganda difamatoria con libros, películas y programas de radio, e infiltraron en las congregaciones a agentes de la KGB que habían recibido preparación especial.

Las calumnias que se lanzaban contra los Testigos infundieron en muchas personas miedo y recelo, como se ve en el libro de Vladímir Bukovsky Ese dolor lacerante de la libertad, publicado en 1982. El autor, ciudadano ruso a quien se le permitió emigrar a Inglaterra en 1976, escribió: “En Londres, una vez iba yo de noche y, al pasar junto a un macizo edificio, eché una mirada distraída al rótulo. Era una placa que ponía ‘Testigos de Jehová’ y algo más que no llegué a leer, tal fue el fulminante asombro, rayano en susto, que me invadió”.

Bukovsky explicó la causa de su pánico infundado: “Son los ‘sectarios-verdugos’, con quienes las autoridades asustan a nuestros hijos. No es posible ver jehovistas vivos más que en las cárceles y los campos de concentración. Y de pronto, aquí tienes: una casa, un rótulo. Entonces, ¿cualquiera puede entrar aquí sin ambages, puede tomar con ellos una taza de té?”, preguntó.

Para recalcar la razón de su alarma, concluyó: “En nuestro país se persigue a los jehovistas casi con el mismo encarnizamiento que a la mafia, y el misterio que los rodea es casi idéntico”.

Pese a la atroz persecución y la propaganda difamatoria, perseveraron y crecieron numéricamente. Algunos libros soviéticos, como Las verdades sobre los testigos de Jehová (en ruso), que en 1978 tuvo una tirada de 100.000 ejemplares, recomendaron que se redoblara el ataque propagandístico contra ellos. Su autor, V. V. Konik, tras explicar cómo predicaban bajo severas restricciones, dio este consejo: “Los estudiosos de la religión soviéticos deberían aprender métodos más eficaces para contrarrestar las doctrinas de los testigos de Jehová”.

Por qué fueron el blanco del ataque
En pocas palabras, fueron el blanco principal del ataque soviético por imitar a los primeros discípulos de Jesús. En el siglo I, las autoridades ordenaron a los apóstoles que “no siguieran enseñando sobre la base del nombre de Jesús”. Pero luego, sus acusadores protestaron: “¡Miren!, han llenado a Jerusalén con su enseñanza”. Sin negar que habían predicado pese a la prohibición, los apóstoles respondieron respetuosamente: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:27-29).

Hoy, los testigos de Jehová también tomamos muy en serio el mandato de Jesús a sus discípulos: ‘predicar al pueblo y dar testimonio cabal’ (Hechos 10:42). En su libro The Kremlin’s Human Dilemma (El dilema humano del Kremlin), Maurice Hindus explicó que el “irreprimible celo evangelizador” de los Testigos los convirtió en “una carga muy pesada para Moscú y los [colocó] en confrontación constante con la policía soviética”. Luego añadió: “No hay modo de detenerlos. Cuando se les pone coto en un lugar, reaparecen en otro”.

“De acuerdo con la información de que dispongo, la única organización religiosa que aumentó numéricamente en la URSS, pese a estar proscrita y perseguida, fueron los testigos de Jehová”, escribió el historiador ruso Sergei Ivanenko. Es cierto que también se mantuvieron activas otras confesiones, entre las que destaca la Iglesia Ortodoxa Rusa. Pero resulta muy interesante ver lo que hicieron unos y otros para sobrevivir al ataque soviético.

“La colectividad perseguida con más saña”
A Concise Encyclopaedia of Russia (1964) señala que los testigos de Jehová realizaban “un proselitismo muy activo” y constituían “la colectividad religiosa perseguida con más saña en la URSS”.

Fyodor Kalin relata la deportación de su familia

Vivíamos en el pueblo de Vilshanitsa, en el oeste de Ucrania. El 8 de abril de 1951, antes del amanecer, nos despertaron unos funcionarios acompañados de perros y nos dijeron que, por orden del gobierno de Moscú, nos enviarían a Siberia a menos que firmáramos un documento de renuncia a los testigos de Jehová. Los siete miembros de mi familia (mis padres, mis hermanos y yo, que tenía para entonces 19 años) estábamos decididos a seguir siendo Testigos.

Uno de los hombres dijo: “Llévense frijoles, maíz, harina, encurtidos y repollo. Si no, ¿qué van a comer los niños?”. También nos permitieron matar algunos pollos y un cerdo para tener carne. Trajeron dos carretas tiradas por caballos, y cargamos todo en ellas para llevarlo a la localidad de Hriplin, donde nos metieron a unos cuarenta o cincuenta en un vagón de carga y luego cerraron la puerta.

En el vagón había algunos tablones sobre los que nos podíamos acostar —aunque no bastaban para todos— y una estufa con algo de carbón y leña, en la que cocinábamos con nuestros cacharros. Pero no teníamos retrete, así que utilizábamos un balde; más tarde lo encajamos en un agujero que abrimos en el suelo y colocamos unas mantas alrededor para tener cierta intimidad.

Apiñados, hicimos el lento viaje de miles de kilómetros hasta nuestro desconocido lugar de destino. Al principio estábamos algo desalentados. Pero cuando nos pusimos a entonar juntos cánticos del Reino —con tanta energía que casi se nos fue la voz—, sentimos mucho gozo.

El comandante abría las puertas y nos mandaba callar, pero seguíamos hasta terminar el cántico. Cuando nos deteníamos en las estaciones durante el trayecto, mucha gente se enteraba de que a los testigos de Jehová nos estaban deportando. Finalmente, después de diecisiete o dieciocho días en aquel tren, nos bajaron en Siberia, cerca del lago Baikal.

Armagedón
película propagandística soviética

Las autoridades produjeron la cinta Armagedón para desacreditar a los testigos de Jehová. Contaba una historia de amor ficticia entre un joven soldado soviético y una muchacha a la que captaban los Testigos. En el desenlace, la hermana pequeña de la chica moría en un accidente causado por un superintendente Testigo, que aparecía como instrumento del servicio de espionaje de Estados Unidos.

Sobre esta película, que agitaba las emociones del público, el 14 de mayo de 1963 se publicó el siguiente comentario en el periódico ucraniano La Bandera Roja: “La propaganda atea es eficaz, convincente y utilizable en otros pueblos del país donde se exhiben producciones similares”.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Abril del 2001. Lea el comunicado de prensa: "Informe sobre la situación de los Testigos en Ucrania y Crimea"