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lunes, 18 de agosto de 2014

Cosechando fruto apropiado para el reino de Dios (Primera parte)

En Jeremías 4:3, 4, Jehová dice: “Árense tierra cultivable, y no sigan sembrando entre espinas. Circuncídense a Jehová, y quiten los prepucios de sus corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén; para que no salga mi furia justamente como un fuego, y ciertamente arda sin que haya quien la extinga, a causa de la maldad de sus tratos.”

Jehová llamó la atención sobre la mala condición de corazón del pueblo en pacto con él.
De manera similar, en una parábola Jesucristo ilustró la desilusión que resulta de sembrar entre los espinos. Tanto en Mateo 13:1-9 como en Marcos 4:1-9 él describió que parte de la semilla que fue echada por mano del sembrador cayó sobre zonas en las cuales había semillas de espinos. De aquellas zonas el sembrador no consiguió nada, pues los espinos brotaron y ahogaron las plantas de cereales y no se pudo segar una cosecha de grano. (Luc. 8:4-8) Esto ilustra que tenemos que ejercer cuidado respecto al ambiente en el cual sembramos en sentido espiritual.

En la parábola del sembrador y la semilla, según se relata en Marcos 4:26-29, la semilla representa cualidades de la personalidad. A los judíos que rechazaron la parábola del sembrador y otras parábolas, Jesús dijo: “El reino de Dios les será quitado a ustedes y será dado a una nación que produzca sus frutos.” (Mat. 21:43, 45, 46) Según esto, hay “frutos” del reino de Dios. (Luc. 3:8)

En relación con esos frutos del Reino está lo que se llama “el fruto del espíritu,” a saber, “amor, gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe, apacibilidad, gobierno de uno mismo.” (Gál. 5:22, 23)

Allá en el primer siglo, los cristianos a quienes el apóstol Pablo escribió tuvieron que sembrar “semilla” en el sentido de cualidades cristianas en necesidad de nutrición, tal como lo tienen que hacer los cristianos hoy día con relación al reino de Dios. Hay que desarrollar estas cualidades personales hasta que alcanzan plena madurez, desarrollo completo.—Zac. 8:12; Sant. 3:18.

El tiempo en que alcanzaran su madurez cabal sería normalmente el tiempo en el cual cosecharlas. Pero, ¿dónde debería elegir sembrar dicha “semilla” el sembrador cristiano con la esperanza de por fin recoger la cosecha deseada? Él quiere que su cosecha tenga la aprobación de Dios, para que se le considere digno de ser aceptado respecto al reino de Dios. Tal como la semilla natural necesita tierra, así la semilla de las cualidades cristianas personales, “el fruto del espíritu,” necesita ambiente.—Pro. 18:1.

Recuerde la parábola de Jesús en cuanto a las cuatro clases de tierra sobre las cuales cayó la semilla del sembrador. (Mar. 4:3-20; Luc. 8:5-15) Esta parábola ilustra que hay que ejercer cuidado y hacer la selección correcta en cuanto al ambiente en el cual se ponga la semilla si se quiere recoger la cosecha esperada.

Es justamente como explicó Jesús en cuanto al ambiente infestado de espinos en el cual cayó la semilla: “En cuanto a lo que cayó sobre los espinos, éstos son los que han oído, pero, por ser arrebatados por las inquietudes y las riquezas y los placeres de esta vida, son completamente ahogados y no llevan nada a perfección.”—Luc. 8:14.

En conformidad con esto, el apóstol Pablo hizo una observación respecto a los cristianos de Galacia a quienes escribió acerca del “fruto del espíritu,” para advertirles que el ambiente incorrecto estaba ejerciendo mala influencia en ellos. Dijo: “Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién les estorbó para que no siguieran obedeciendo la verdad? Esta clase de persuasión no procede de Aquel que los llama. Un poco de levadura hace fermentar toda la masa.” (Gál. 5:7-9; Mat. 13:33)

Estaban influyendo en aquellos cristianos gálatas los judaizantes cuyos corazones no estaban dispuestos a recibir el cristianismo plenamente, cuyos oídos no estaban dispuestos a oír y cuyos ojos estaban pegados. (Mat. 13:14, 15; Gál. 5:10) Hay que evitar, sí, abandonar, esa clase de asociaciones que estorban.

El apóstol Pablo también temía que posiblemente la congregación corintia no estuviera cultivando “el fruto del espíritu,” porque les escribió diciendo: “Tengo miedo que de algún modo, cuando yo llegue, no los halle como pudiera desear y yo resulte ser para ustedes no como pudieran desear, sino que, en cambio, de algún modo haya contienda, celos, enojos, altercaciones, difamaciones solapadas, susurros, hinchazones, desórdenes.” (2 Cor. 12:20)

Después de citar las palabras de los que decían: “Comamos y bebamos, porque mañana hemos de morir,” Pablo tuvo razón para dar la siguiente advertencia: “No se extravíen. Las malas asociaciones echan a perder los hábitos útiles.”—1 Cor. 15:32, 33.

Como tierra, en la cual cae la semilla y la cual tiene el poder que Dios le ha dado de nutrir o el trigo o los espinos, el ambiente en el cual el cristiano opta por cultivar cualidades de la personalidad lo afecta para bien o para mal. Aunque duerma mientras se acomoda en dicho ambiente, la ley de la influencia ambiental se efectúa inflexiblemente para con él hasta que el fruto permite meter la hoz porque ha llegado el tiempo de la siega personal.

En cuanto a esto Jesús dijo: “Por sí misma la tierra gradualmente fructifica, primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga.” (Mar. 4:28) El crecimiento le es casi imperceptible al sembrador y se efectúa por medio de un poder que él no puede comprender. El crecimiento en una dirección o en la otra progresa gradualmente, primero a modo de tallo de hierba, luego a modo de espiga y finalmente a modo del grano lleno en la espiga.

Cuando la semilla brota inicialmente y produce el tallo de hierba, quizás el sembrador no esté exactamente seguro de lo que va a segar, si juzga por la apariencia de las cosas. En esa etapa temprana del crecimiento puede que él no esté positivamente seguro de lo que está brotando de la tierra; solo recuerda la clase de semilla que sembró. Para ilustrar: En la parábola que Jesús dio acerca del trigo y la mala hierba, en Mateo 13:26-30, dijo:

Cuando brotó el tallo y produjo fruto, entonces apareció también la mala hierba. De modo que los esclavos del amo de casa vinieron y le dijeron: “Amo, ¿no sembraste semilla excelente en tu campo? ¿Cómo sucede, pues, que tiene mala hierba?” Él les dijo: “Un enemigo, un hombre, hizo esto.” Ellos le dijeron: “¿Quieres, pues, que vayamos y la recojamos?”

Él dijo: “No; no sea que por casualidad, al recoger la mala hierba, desarraiguen el trigo junto con ella. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega; y en la época de la siega diré a los segadores: Recojan primero la mala hierba y átenla en haces para quemarla, entonces pónganse a juntar el trigo en mi granero.”

Por lo tanto, en lo referente a nosotros, después que hayamos sembrado las semillas de características de la personalidad tal vez no podamos discernir al principio lo que la tierra ha producido, al brotar esto a modo de tallo de hierba. Solo más tarde, cuando el crecimiento alcance madurez y dé fruto, no habrá equivocación en cuanto a lo que la tierra habrá producido para la persona que haya sembrado allí.

La tierra es un factor importante respecto a lo que finalmente se produce. Jesús dijo: “Por sí misma la tierra [y no Dios] gradualmente fructifica, primero el tallo de hierba, luego la espiga, finalmente el grano lleno en la espiga.” (Mar. 4:28) En la parábola acerca de las cuatro clases de tierra, Jesús describió solo los rasgos físicos de las tierras.

Esto se parece a lo que Jesús dijo en su parábola del trigo y la mala hierba, que el “campo” era el mundo de la gente. (Mat. 13:38) Solo que aquí, en Marcos 4:26-28, la “tierra” en que se siembra, en vez de abarcar a todo el mundo, solo se extiende hasta el grado del contacto y la asociación que la persona tiene con la gente. La “tierra” no representa el “corazón” de la persona, como en Mateo 13:19 y Lucas 8:12, 15.

Pero las propiedades químicas del suelo también son importantes en cuanto a determinar la calidad de lo que se produce; por ejemplo, la tierra puede ser agria, ácida, salina, o quizás se le haya tratado con abono inorgánico o abono orgánico.

Puesto que el suelo, o la tierra, desempeña un papel tan importante en relación con el crecimiento y la calidad de lo que crece, representa el ambiente social, moral y religioso en medio del cual nutrimos las semillas de nuestros rasgos o características personales y, naturalmente, envuelve a personas. Esto es algo que merece el ejercicio de cuidadosa selección.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Noviembre de 1980. Complemente la información con el tema: ¿Qué significa triunfar en la vida?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Blanco del ataque soviético (Segunda parte)

Qué logró la deportación
Los soviéticos no tardaron en aprender que suprimir la adoración de estos cristianos les iba a costar mucho más de lo que creían. A pesar de las protestas de sus captores, durante aquel viaje forzado cantaban alabanzas a Dios y exhibían en los vagones el letrero: “Testigos de Jehová a bordo”. Uno de ellos explicó: “En las estaciones ferroviarias del camino encontramos más trenes de deportados cuyos vagones llevaban el letrero”. De este modo recibían mucho ánimo.

Aquellos cristianos no se dejaban vencer por el desánimo y reflejaban el espíritu de los apóstoles, quienes, como dice la Biblia, “continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo”, a pesar de haber sido azotados y habérseles prohibido predicar (Hechos 5:40-42).

Como indicó Kolarz con respecto a la deportación, “no fue el final de los ‘Testigos’ en Rusia, sino solo el principio de un nuevo capítulo de sus actividades proselitistas. Incluso intentaban propagar su fe cuando se detenían en las estaciones camino del confinamiento”.

En sus lugares de destino se labraron la reputación de ser laboriosos y obedientes, al tiempo que, al dirigirse a sus opresores, se hicieron eco de las palabras de los apóstoles: “No podemos dejar de hablar de [nuestro Dios]” (Hechos 4:20). Muchas personas aceptaron lo que los Testigos enseñaban y comenzaron también a servir a Jehová.

Kolarz explica cuáles fueron las consecuencias: “El gobierno soviético no pudo hacer nada mejor para la diseminación de su fe que deportarlos. Se les sacó del aislamiento de sus pueblos de las repúblicas soviéticas occidentales y se les introdujo en un mundo mucho más amplio, aunque este no fuera más que el mundo terrible de los campos de concentración y trabajos forzados”.

Combaten el crecimiento
Al pasar los años, las autoridades soviéticas trataron de frenar las actividades de los Testigos con otros métodos. Dado que la atroz persecución no había producido los frutos deseados, orquestaron un programa de propaganda difamatoria con libros, películas y programas de radio, e infiltraron en las congregaciones a agentes de la KGB que habían recibido preparación especial.

Las calumnias que se lanzaban contra los Testigos infundieron en muchas personas miedo y recelo, como se ve en el libro de Vladímir Bukovsky Ese dolor lacerante de la libertad, publicado en 1982. El autor, ciudadano ruso a quien se le permitió emigrar a Inglaterra en 1976, escribió: “En Londres, una vez iba yo de noche y, al pasar junto a un macizo edificio, eché una mirada distraída al rótulo. Era una placa que ponía ‘Testigos de Jehová’ y algo más que no llegué a leer, tal fue el fulminante asombro, rayano en susto, que me invadió”.

Bukovsky explicó la causa de su pánico infundado: “Son los ‘sectarios-verdugos’, con quienes las autoridades asustan a nuestros hijos. No es posible ver jehovistas vivos más que en las cárceles y los campos de concentración. Y de pronto, aquí tienes: una casa, un rótulo. Entonces, ¿cualquiera puede entrar aquí sin ambages, puede tomar con ellos una taza de té?”, preguntó.

Para recalcar la razón de su alarma, concluyó: “En nuestro país se persigue a los jehovistas casi con el mismo encarnizamiento que a la mafia, y el misterio que los rodea es casi idéntico”.

Pese a la atroz persecución y la propaganda difamatoria, perseveraron y crecieron numéricamente. Algunos libros soviéticos, como Las verdades sobre los testigos de Jehová (en ruso), que en 1978 tuvo una tirada de 100.000 ejemplares, recomendaron que se redoblara el ataque propagandístico contra ellos. Su autor, V. V. Konik, tras explicar cómo predicaban bajo severas restricciones, dio este consejo: “Los estudiosos de la religión soviéticos deberían aprender métodos más eficaces para contrarrestar las doctrinas de los testigos de Jehová”.

Por qué fueron el blanco del ataque
En pocas palabras, fueron el blanco principal del ataque soviético por imitar a los primeros discípulos de Jesús. En el siglo I, las autoridades ordenaron a los apóstoles que “no siguieran enseñando sobre la base del nombre de Jesús”. Pero luego, sus acusadores protestaron: “¡Miren!, han llenado a Jerusalén con su enseñanza”. Sin negar que habían predicado pese a la prohibición, los apóstoles respondieron respetuosamente: “Tenemos que obedecer a Dios como gobernante más bien que a los hombres” (Hechos 5:27-29).

Hoy, los testigos de Jehová también tomamos muy en serio el mandato de Jesús a sus discípulos: ‘predicar al pueblo y dar testimonio cabal’ (Hechos 10:42). En su libro The Kremlin’s Human Dilemma (El dilema humano del Kremlin), Maurice Hindus explicó que el “irreprimible celo evangelizador” de los Testigos los convirtió en “una carga muy pesada para Moscú y los [colocó] en confrontación constante con la policía soviética”. Luego añadió: “No hay modo de detenerlos. Cuando se les pone coto en un lugar, reaparecen en otro”.

“De acuerdo con la información de que dispongo, la única organización religiosa que aumentó numéricamente en la URSS, pese a estar proscrita y perseguida, fueron los testigos de Jehová”, escribió el historiador ruso Sergei Ivanenko. Es cierto que también se mantuvieron activas otras confesiones, entre las que destaca la Iglesia Ortodoxa Rusa. Pero resulta muy interesante ver lo que hicieron unos y otros para sobrevivir al ataque soviético.

“La colectividad perseguida con más saña”
A Concise Encyclopaedia of Russia (1964) señala que los testigos de Jehová realizaban “un proselitismo muy activo” y constituían “la colectividad religiosa perseguida con más saña en la URSS”.

Fyodor Kalin relata la deportación de su familia

Vivíamos en el pueblo de Vilshanitsa, en el oeste de Ucrania. El 8 de abril de 1951, antes del amanecer, nos despertaron unos funcionarios acompañados de perros y nos dijeron que, por orden del gobierno de Moscú, nos enviarían a Siberia a menos que firmáramos un documento de renuncia a los testigos de Jehová. Los siete miembros de mi familia (mis padres, mis hermanos y yo, que tenía para entonces 19 años) estábamos decididos a seguir siendo Testigos.

Uno de los hombres dijo: “Llévense frijoles, maíz, harina, encurtidos y repollo. Si no, ¿qué van a comer los niños?”. También nos permitieron matar algunos pollos y un cerdo para tener carne. Trajeron dos carretas tiradas por caballos, y cargamos todo en ellas para llevarlo a la localidad de Hriplin, donde nos metieron a unos cuarenta o cincuenta en un vagón de carga y luego cerraron la puerta.

En el vagón había algunos tablones sobre los que nos podíamos acostar —aunque no bastaban para todos— y una estufa con algo de carbón y leña, en la que cocinábamos con nuestros cacharros. Pero no teníamos retrete, así que utilizábamos un balde; más tarde lo encajamos en un agujero que abrimos en el suelo y colocamos unas mantas alrededor para tener cierta intimidad.

Apiñados, hicimos el lento viaje de miles de kilómetros hasta nuestro desconocido lugar de destino. Al principio estábamos algo desalentados. Pero cuando nos pusimos a entonar juntos cánticos del Reino —con tanta energía que casi se nos fue la voz—, sentimos mucho gozo.

El comandante abría las puertas y nos mandaba callar, pero seguíamos hasta terminar el cántico. Cuando nos deteníamos en las estaciones durante el trayecto, mucha gente se enteraba de que a los testigos de Jehová nos estaban deportando. Finalmente, después de diecisiete o dieciocho días en aquel tren, nos bajaron en Siberia, cerca del lago Baikal.

Armagedón
película propagandística soviética

Las autoridades produjeron la cinta Armagedón para desacreditar a los testigos de Jehová. Contaba una historia de amor ficticia entre un joven soldado soviético y una muchacha a la que captaban los Testigos. En el desenlace, la hermana pequeña de la chica moría en un accidente causado por un superintendente Testigo, que aparecía como instrumento del servicio de espionaje de Estados Unidos.

Sobre esta película, que agitaba las emociones del público, el 14 de mayo de 1963 se publicó el siguiente comentario en el periódico ucraniano La Bandera Roja: “La propaganda atea es eficaz, convincente y utilizable en otros pueblos del país donde se exhiben producciones similares”.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Abril del 2001. Lea el comunicado de prensa: "Informe sobre la situación de los Testigos en Ucrania y Crimea"

martes, 12 de agosto de 2014

Blanco del ataque soviético (Primera parte)

PESE a las concesiones que le había hecho el gobierno —a fin de ganar la II Guerra Mundial—, la Iglesia Ortodoxa Rusa aún vivía dominada por este. De ahí que el libro de 1999 The Sword and the Shield (La espada y el escudo), que refiere la historia de la KGB (Comité de Seguridad del Estado), realizara esta observación: “A la KGB le preocupaban mucho más las actividades ‘subversivas’ de los cristianos que escapaban a su control directo”. ¿A qué confesiones aludía?

La mayor era la Iglesia Católica Griega de Ucrania (hoy Iglesia Católica Ucraniana), que tenía 4.000.000 de fieles. “A causa de su fe —señala la obra The Sword and the Shield—, 8 de sus 10 obispos, así como miles de sacerdotes y laicos, murieron en los gulags [campos de trabajo] siberianos.” Otros blancos del Comité de Seguridad eran las iglesias protestantes no inscritas, que también escapaban al control directo del Estado.

A finales de la década de 1950, la KGB calculaba que estas agrupaciones reunían a unos cien mil integrantes.
Entre dichas confesiones evangélicas incluía a los testigos de Jehová, a quienes en 1968 atribuía una afiliación de veinte mil miembros en la Unión Soviética. Hasta el inicio de la II Guerra Mundial, en 1939, les prestó poca o ninguna atención, pues su número era pequeño. No obstante, la situación cambió por completo cuando aparecieron de súbito en la URSS por millares. ¿De dónde surgieron?

Se dispara el crecimiento
En su libro Religion in the Soviet Union (La religión en la Unión Soviética), publicado en 1961, Walter Kolarz indica dos factores que contribuyeron a acelerar el aumento. Primero, en “los territorios que se anexionó la URSS en 1939-1940 [Letonia, Lituania, Estonia y Moldavia]” había muchos “grupos de testigos de Jehová [...] activos”.

Además, la Unión Soviética anexó a Ucrania ciertas regiones orientales de Polonia y Checoslovaquia en las que vivían más de un millar de estos cristianos, que quedaron integrados en territorio soviético de la noche a la mañana.

El crecimiento, “por increíble que parezca”, provino en segundo lugar de “los campos de concentración alemanes”, agrega Kolarz. Los nazis recluyeron en ellos a miles de Testigos por no apoyar a Hitler y su guerra de agresión. Kolarz añade que los prisioneros rusos de los campos “quedaron admirados por el valor y firmeza de los ‘Testigos’, razón que probablemente los atrajo a su teología”.

De ahí que muchos internos jóvenes regresaran a la URSS con fe en Jehová Dios y sus maravillosos designios para la Tierra (Salmo 37:29; Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4).

Ambos factores explican la rápida aparición de miles de Testigos en el país. A principios de 1946 ya eran como mínimo 1.600, y al finalizar la década, más de ocho mil. La KGB observó alarmada el aumento pues, como se indicó al principio, le inquietaban “las actividades de los cristianos que escapaban a su control directo”.

El comienzo de los ataques
Pese a su reducido número, no tardaron en sufrir ataques oficiales contra su celosa evangelización. En Estonia, la ofensiva comenzó en agosto de 1948, al ser encarcelados los cinco cristianos que dirigían la obra. “Enseguida quedó claro que la KGB tenía intenciones de detener a todo el mundo”, indicó Lembit Toom, Testigo estonio. El objetivo fue el mismo en cada república donde había Testigos.

El gobierno los denigró como delincuentes de la peor calaña y como amenaza de primer orden para el Estado ateo. En todas las regiones los persiguió, detuvo y encarceló. La obra The Sword and the Shield explica: “La obsesión antijehovista de los altos funcionarios de la KGB tal vez sea el mejor ejemplo de la total desproporción con que se combatía hasta la disidencia más nimia”.

Una clara muestra de tal obsesión es el ataque organizado de abril de 1951. Hace solo dos años, en 1999, el profesor Sergei Ivanenko, respetado intelectual ruso, indicó en su libro (en ruso) Gente que nunca anda sin la Biblia que a principios de aquel mes “se envió a ‘un asentamiento permanente’ en Siberia, el Lejano Oriente y Kazajstán a más de cinco mil familias de testigos de Jehová de las repúblicas de Ucrania, Bielorrusia, Moldavia y el Báltico”.

Una historia que merece recordarse
¿Comprendemos lo que significa detener en un solo día a tantas personas de un área tan amplia? De forma coordinada, cientos de funcionarios —si no miles— las identificaron para, al amparo de la noche, arrestarlas por sorpresa en su hogar, llevarlas en carretas y otros vehículos a las estaciones y montarlas en vagones de carga.

Pensemos también en el sufrimiento de las víctimas. ¿Nos imaginamos el viaje forzoso de miles de kilómetros —a veces por más de tres semanas— en un vagón atestado y antihigiénico cuyo único excusado era un balde? Y todo para luego ser abandonadas en los inhóspitos yermos siberianos, conscientes de que tendrían que trabajar arduamente para sobrevivir a duras penas.

Para guardar memoria de la fidelidad de los Testigos durante décadas de persecución, se han grabado en vídeo las experiencias de muchos sobrevivientes. Su ejemplo, como el de los cristianos del siglo I, revela que toda tentativa de coartar la adoración a Dios terminará fracasando.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Abril del 2001. Lea el comunicado de prensa: "Ciudadanos rusos van a juicio por su fe"

miércoles, 6 de agosto de 2014

El Diluvio una advertencia procedente del pasado

EN LA larga historia de la humanidad ha habido muchos desastres naturales tan grandes como la erupción del monte St. Helens, o aun mayores. Pero ninguno de ellos ha igualado al catastrófico Diluvio del día de Noé. Fue tan grande y tan devastador que dejó a escala mundial una huella indeleble en la humanidad.

Existen unas 150 diferentes leyendas acerca del Diluvio que provienen de diversas partes de la Tierra, tal como Babilonia, Roma, India, Australia y las Américas. Aunque tales leyendas difieren en algunos detalles, hay una similitud general en la causa moral de por qué sobrevino el Diluvio, la destrucción global de la humanidad, y la supervivencia de una familia en un arca o un barco. Solo un desastre de proporción global pudo haber dejado una impresión tan extensa y duradera.

Un docto bíblico escribió lo siguiente: “La armonía entre todos estos relatos es una garantía innegable de que esa tradición no es una invención vana; un relato de ficción es regional, no universal; esa tradición tiene, por lo tanto, una base histórica; es el resultado de un suceso que realmente aconteció en la infancia de la humanidad”. Pero, ¿por qué es esa catástrofe de un pasado remoto una advertencia a la generación que vive hoy?

Es de gran importancia para nosotros tomar en cuenta las circunstancias que llevaron al Diluvio. La similitud de estas a las condiciones actuales hacen que el Diluvio tenga un significado importante para nosotros. El relato histórico del libro bíblico de Génesis describe esas circunstancias de la siguiente manera: “Jehová vio que la maldad del hombre abundaba en el tierra, y que toda inclinación de los pensamientos del corazón de éste era solamente mala todo el tiempo. De modo que Dios vio la tierra y, ¡mire!, estaba arruinada, porque toda carne había arruinado su camino sobre la tierra”. (Génesis 6:5, 12.)

El mundo de la humanidad había sufrido una degeneración moral general, la inclinación de sus pensamientos era siempre hacia la maldad. A consecuencia de esto, “la tierra se llenó de violencia”. (Génesis 6:11.) Las personas comenzaron a dedicar su vida a ir tras los deseos materiales y sexuales. Jesucristo llamó la atención a este hecho cuando dijo:

“Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres siendo dadas en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre”. (Mateo 24:38, 39.)

Su único interés era satisfacer sus deseos carnales.


Con muchos años de anticipación Noé había estado dando advertencia, pero los de aquella generación rehusaron creerle. Indudablemente nunca habían experimentado un diluvio. Puesto que las cosas seguían igual que antes, se hicieron sordos a la advertencia. “No hicieron caso.” No les importó que la advertencia proviniera de su Creador, a través de Noé.

Pero Dios dijo a Noé: “El fin de toda carne ha llegado delante de mí, porque la tierra está llena de violencia como resultado de ellos; y aquí estoy arruinándolos junto con la tierra”. (Génesis 6:13.) Cuando vino el Diluvio, Noé y su familia fueron preservados porque prestaron atención a la advertencia y siguieron las instrucciones de Dios. Pero, ¿por qué debe ser de interés especial para nosotros este relato?

Condiciones paralelas
Al igual que en los días antediluvianos, la violencia ha llegado a ser un modo de vida, especialmente desde la I Guerra Mundial. La violencia política entre las naciones ha resultado en las más destructivas y horribles guerras de la historia humana. La violencia se ha esparcido a ciudades, calles y hogares; hasta amenaza a los viajeros. Además, en la televisión, el cine y las novelas predomina la violencia.

Otro paralelo se ve en el estilo de vida del día moderno. El satisfacer los deseos sexuales y materialistas es el interés principal de esta generación actual. Por toda la Tierra vemos un derrumbe moral que ha resultado en una epidemia de enfermedades transmitidas por relaciones sexuales. El adulterio, la fornicación y la homosexualidad son comunes hoy día. Al igual que la generación antediluviana, la generación actual ama los placeres carnales y las posesiones materiales más que a Dios.

Puesto que Dios se sintió “herido” debido a la conducta extremadamente mala de la gente que vivió antes del Diluvio, ¿no sería razonable concluir que él se siente de la misma manera hoy día debido a la conducta mala que es común alrededor del mundo? ¿No debería servir de advertencia a la generación actual lo que él trajo sobre el mundo del día de Noé? ¿No sería razonable pensar que él llegará a la misma conclusión a la que llegó según se muestra en Génesis 6:5-7?

Cuando Dios vio la maldad de la humanidad, “se sintió herido en el corazón. De modo que Jehová dijo: ‘Voy a borrar de sobre la superficie del suelo a hombres que he creado’”. Por medio de los escritores inspirados de la Biblia, Dios ha declarado que ejecutará un juicio semejante contra la generación desenfrenada de la actualidad. Se aproxima la mayor catástrofe de la historia humana.

Los últimos días
Mirando hacia nuestros tiempos, el escritor inspirado de la segunda carta a Timoteo describió el estado decadente de los asuntos que vemos en la actualidad a nivel mundial. En el capítulo tres, versículos uno al cuatro, él dice: “Mas sabe esto, que en los últimos días se presentarán tiempos críticos, difíciles de manejar. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, amadores del dinero, presumidos, altivos, blasfemos, desobedientes a los padres, desagradecidos, desleales, sin tener cariño natural, no dispuestos a ningún acuerdo, calumniadores, sin autodominio, feroces, sin amor de lo bueno, traicioneros, testarudos, hinchados de orgullo, amadores de placeres más bien que amadores de Dios”.

Jesucristo también profetizó acerca de los últimos días de este sistema de cosas. En su profecía habló de la violencia extrema que hemos presenciado desde la I Guerra Mundial, al decir: “Porque se levantará nación contra nación y reino contra reino”. (Mateo 24:7.) También habló de la abundancia del desafuero de hoy día y del temor que la gente le tiene al futuro. Jesús dijo: “Por el aumento del desafuero se enfriará el amor de la mayor parte”. (Mateo 24:12.) También dijo que los hombres ‘desmayarían por el temor y la expectación de las cosas que vienen sobre la tierra habitada’. (Lucas 21:26.)

La expresión “últimos días” tiene el mismo significado para la generación actual que el que tuvo para la generación antediluviana: el fin de la parte predominante del sistema de cosas humano. En 2 Tesalonicenses 1:8, 9, el escritor inspirado Pablo dijo que, mediante Jesucristo, Dios traería “venganza sobre los que no conocen a Dios y sobre los que no obedecen las buenas nuevas acerca de nuestro Señor Jesús. Estos mismos sufrirán el castigo judicial de destrucción eterna de delante del Señor y de la gloria de su fuerza”.

Los sobrevivientes del Diluvio descubrieron que la generación antediluviana había sido barrida de la haz de la Tierra. La gente, y todo por lo cual había vivido, había desaparecido. Lo mismo sucederá cuando Dios traiga su venganza al ponerle fin a la violenta generación de la actualidad. “Y solo un poco más de tiempo, y el inicuo ya no será; y ciertamente darás atención a su lugar, y él no será.” (Salmo 37:10.)

Es posible sobrevivir
El paralelo entre la generación antediluviana y la nuestra no se limita a la maldad de la gente y a su destrucción. Al igual que hubo sobrevivientes del Diluvio, también habrá sobrevivientes del fin del sistema de cosas actual. Los sobrevivientes del Diluvio fueron personas humildes que no vivieron como la gente en general. Fueron amadores de la justicia que obedecieron a Dios y prestaron atención a sus advertencias. En Génesis 6:8, 9 se nos dice: “Noé halló favor a los ojos de Jehová.

Noé fue hombre justo. Resultó libre de falta entre sus contemporáneos”. Con relación a Noé y a los que sobrevivieron con él, el apóstol Pedro escribió que Dios “no se contuvo de castigar a un mundo antiguo, sino que guardó en seguridad a Noé, predicador de justicia, con otras siete personas cuando trajo un diluvio sobre un mundo de gente impía”. (2 Pedro 2:5.)

Mediante los profetas de Dios se nos asegura que habrá una gran muchedumbre que sobrevivirá la destrucción venidera del sistema de cosas actual. Al igual que Noé, ellos también han de ser personas humildes que amen la justicia y obedezcan las instrucciones de Dios. Después de predecir la destrucción de los inicuos, el salmista dice: “Pero los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz”. (Salmo 37:11; Revelación 7:9, 13, 14.)

Jesús predijo que en los últimos días las buenas nuevas del Reino de Dios se proclamarían por toda la Tierra. Este es el medio por el cual se está juntando para la supervivencia a las personas de disposición justa de la Tierra. Jesús ilustró esto en su parábola acerca de la separación de las ovejas de las cabras. Él concluyó la parábola al decir que los injustos, semejantes a cabras, ‘partirían al cortamiento eterno, pero los justos [con cualidades de oveja] a la vida eterna’. (Mateo 25:31-46.)

A pesar de que ha transcurrido tanto tiempo desde que ocurrió el Diluvio, es una advertencia clara que no debemos pasar por alto. Como dice la Biblia, el relato de este suceso se escribió “para nuestra instrucción”. (Romanos 15:4.) Es una advertencia contra el modo de vivir violento, sensual y materialista de un mundo que no hace caso a nuestro Creador. Él no cambia. Dios destruyó a la generación antediluviana debido a su maldad. Y por esa misma razón destruirá a esta generación moderna y a su entero sistema de gobernación política, materialismo comercial y religión falsa.

Para sobrevivir al fin de este sistema de cosas, tenemos que prestar atención a la advertencia que se dio en el pasado. Debemos demostrar que somos amadores de la justicia, así como lo hicieron las ocho personas que sobrevivieron al Diluvio. Para sobrevivir, tenemos que seguir el consejo registrado en Sofonías 2:3: “Busquen justicia, busquen mansedumbre. Probablemente sean ocultados en el día de la cólera de Jehová”.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Septiembre de 1986. Complemente la información con el tema: "¿Qué significa triunfar en la vida?". Ambos distribuidos por los testigos de Jehová

viernes, 1 de agosto de 2014

¿Moriré en un desastre nuclear?

  “La guerra nuclear es la crisis más importante a la que jamás se haya enfrentado la humanidad y la más difícil de examinar equilibrada y seriamente. El reflexionar sobre ella perturba la serenidad y la complacencia de un modo que la mayoría de nosotros preferiría evitar. También nos obliga a ser más sensibles al grado creciente a que nuestros adolescentes perciben la amenaza de una exterminación nuclear como parte de su vida, y cómo se refugian en el presente estos jóvenes, que ven que su porvenir está en peligro.” (Lester Grinspoon, médico, en American Journal of Psychiatry, octubre de 1982.)

Los jóvenes preguntan...


EN 1945 millares de jóvenes de Hiroshima y Nagasaki, Japón, murieron debido a la explosión de bombas atómicas. El horror que causó tal devastación —suceso inolvidable durante las décadas que siguieron— está de vuelta. Y en esta ocasión la idea perturba a muchos jóvenes. No obstante, uno puede comprender el porqué una niña de sexto grado de California llegó a esta conclusión: “Si estallara una guerra nuclear, todo aquello por lo que he vivido se desvanecería tal como la arena del litoral. Todos mis sueños con respecto a la universidad, una carrera y la vida se esfumarían”.

¿Pudiera ocurrir? ¿Ocurrirá?
Guerra nuclear. La probabilidad de que haya una parece, últimamente, lo suficientemente real como para que los jóvenes estén conscientes de ella. Ya en 1978 salió a relucir eso en un muestreo de 434 estudiantes estadounidenses.

Setenta por ciento no creían que los Estados Unidos pudieran sobrevivir a un ataque nuclear. Una “encuesta del temor” que realizó Read (revista para escolares) en 1982 obtuvo miles de respuestas. Los muchachos consideraron que su más grande causa de temor era que estallara “una guerra nuclear”; las muchachas la clasificaron en segundo lugar, precedida solamente por el temor de que “mis padres mueran”.

De modo que cierto adolescente no estaba bromeando cuando dijo en tono de queja a la madre de su amigo, la esposa del gobernador de Colorado: “¿Por qué debo preocuparme por obtener buenas calificaciones? De todos modos el mundo va a volar en pedazos”.

Puesto que el mundo se halla en ese tipo de peligro, tal vez te preguntes a ti mismo si todas las metas e ideales de los adultos son poco realistas. Dos siquiatras de Harvard temen que quizás muchos adolescentes lleguen precisamente a esa conclusión. “En un mundo como éste —informaron en 1982 los médicos William Beardslee y John Mack— parece inútil hacer planes, y los valores e ideales comunes parecen ser ingenuos.”

Algunos valores tienen que haber estado errados para que el mundo haya llegado a estar tan cerca del desastre. Pero, aunque se reconociera el fracaso de los expertos en la política internacional, ¿significa eso que tú no tienes ningún porvenir? ¿O se ha convertido en algo inútil el consejo de tu madre de que hagas las tareas escolares, comas bien, y te cepilles los dientes? De ningún modo.

¿Solo dos opciones?
Con frecuencia se oye decir que la amenaza de un desastre nuclear solo tiene dos opciones: O el hombre soluciona el problema del desarme, o destruye la Tierra. Y, sin embargo, es difícil creer que dentro de poco el hombre haya de efectuar un desarme, venciendo de algún modo su avaricia y agresividad.

La Biblia, no obstante, muestra lo que pasan por alto las dos opciones. No, los líderes humanos no tienen todas las soluciones. “No le pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso” (Jeremías 10:23). Pero el admitir la incompetencia humana no es dar nuestra Tierra por condenada a la ruina radiactiva. ¿Por qué no?

Porque la Tierra permanecerá para siempre con habitantes humanos que vivan en ella. Sobrevivirá a los ataques violentos del abuso humano y hasta alcanzará equilibrio ecológico. Un aspecto principal de esta perspectiva es la promesa de Dios de “causar la ruina de los que están arruinando la tierra”. (Revelación 11:18.)

De hecho, la Biblia hasta previó que el hombre llegaría al estado de crisis en que se encuentra hoy día. Aconseja a los que la leen que hagan caso cuando vean la “angustia de naciones, no conociendo la salida [...] mientras que los hombres desmayan por el temor”. (Lucas 21:25, 26.)

Evidentemente, pues, en vez de temer la amenaza de una guerra nuclear, podemos aprender de ello. ¿Aprender qué? Que necesitamos a Dios y su Reino: “Al comenzar a suceder estas cosas, levántense erguidos y alcen sus cabezas, porque su liberación se acerca. [...] Cuando vean suceder estas cosas, conozcan que está cerca el reino de Dios”. (Lucas 21:28, 31.)

¿Tiene sentido el hecho de que el hombre necesite repentinamente ayuda que supere su propia habilidad? B. F. Skinner, el ‘decano de los sicólogos estadounidenses especializados en la conducta’, percibe el desamparo del hombre.

En un ensayo de erudición que apareció en Science (31 de julio de 1981), escribió: “Ahora parece que nuestra especie está amenazada. ¿Debemos esperar hasta que la selección [evolutiva] resuelva los problemas de exceso de población, agotamiento de los recursos, contaminación del ambiente y una destrucción nuclear?”. Más tarde él explicó al periódico The New York Times: “Soy muy pesimista. En realidad, no vamos a resolver nuestros problemas”.

Cómo hacer frente a la realidad

Por supuesto, es alarmante ver a la sociedad de adultos, que aparentemente sigue un rumbo que culminará en un choque, encaminada a una destrucción nuclear. ‘¿Cómo pueden seguir viviendo como de costumbre —puede que te preguntes—, como si no hubiera ningún peligro?’ Robert J. Lifton, siquiatra de Yale, llama “cierre síquico”, o “entumecimiento síquico”, al estado en que los adultos se cierran a considerar cualquier idea de destrucción.

Sin embargo, el Dr.  Beardslee y el Dr. Mack afirman que los jóvenes rara vez aprenden a descartar así de terminantemente el asunto. Eso los pone frente a la realidad, pero no contribuye a que tengan tranquilidad de espíritu. ¿Tienes que entumecer o hacer insensible tu mente, mientras niegas hechos desagradables, para seguir con tu vida cotidiana? No, según Jesucristo. Al comparar nuestros tiempos con los de Noé, él nos advirtió que ‘hiciéramos caso’ de las condiciones mundiales.

“Porque como en aquellos días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, los hombres casándose y las mujeres dándose en matrimonio, hasta el día en que Noé entró en el arca; y no hicieron caso hasta que vino el diluvio y los barrió a todos, así será la presencia del Hijo del hombre”. (Mateo 24:38, 39.)

En 1945 el joven Tsutomu Miura puso a prueba ese consejo.
Tsutomu tenía 11 años de edad cuando un desastre nuclear destruyó a Hiroshima. Su padre se hallaba en la ciudad cuando ocurrió el desastre, pero sobrevivió como si fuera por un milagro. ¡Qué feliz se sintió Tsutomu cuando oyó las noticias de que su padre todavía estaba vivo! Pero es comprensible que tal acontecimiento haya horrorizado a muchos jóvenes del Japón. El siquiatra Lifton halló más tarde, hasta entre los sobrevivientes de Hiroshima, “una tendencia a sumirse en un estado indolente de desesperanza que lo impregna todo... una forma más o menos permanente de entumecimiento síquico”.

Un informe de 1982 que publicó la Asociación Estadounidense de Siquiatría añade: “El impacto sicológico de ser el blanco de una bomba atómica es devastador, profundo y dura toda la vida”. Por haber ocurrido un desastre que afectó muy de cerca su hogar, hubiera sido fácil que Tsutomu cediera a sentimientos de temor.

Pero Tsutomu, con la ayuda de sus padres, no se refugió en un estado insensible de desesperación. ‘Hizo caso’ de lo ocurrido. Cuando creció llegó a ser, al igual que sus padres, ministro de tiempo completo de los testigos de Jehová.

¿Qué significado atribuye Tsutomu a lo ocurrido en 1945? “Aquellas ‘bombas eléctricas’, como las conocíamos al principio, pusieron fin a la II Guerra Mundial. Pero solo empeoraron una era crítica que comenzó con la I Guerra Mundial. Digo a los jóvenes sinceros: ‘Tengan amplitud de ideas y examinen la auténtica profecía bíblica. Entonces se darán cuenta, por las actuales condiciones horribles, de que está cerca la verdadera paz duradera que traerá el Reino de Dios’.”

¿Destruirán nuestro globo terráqueo esas terribles armas? Tsutomu disfruta de mostrar con la Biblia, en textos bíblicos como Eclesiastés 1:4, Salmo 46:8, 9 y Daniel 2:44, que esa amenaza nunca se hará realidad.

¿Cree Tsutomu que él nunca morirá en un desastre nuclear? No, él no hace especulaciones respecto a ese asunto. Pero, según sus palabras: “La mejor manera de vivir es teniendo vida eterna en mira. Luego hacer planes para el futuro y fijarse metas verdaderas. Considero que la esperanza de resurrección que ofrece la Biblia da a uno confianza... la solución perfecta al temor a la muerte prematura y a la llamada muerte natural”.

Está claro, pues, que los desenvolvimientos nucleares son una señal de que necesitamos sabiduría piadosa, no egoísmo. Como Tsutomu, tú puedes contrarrestar el temor con conocimiento y amor. Hoy, cuando las actitudes de “yo primero” mantienen a las naciones corriendo parejas en la carrera de armamentos nucleares, los valores bíblicos parecen ser mejores que nunca.


Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 08 de Abril de 1984. Para complementar el tema lea la revista La Atalaya ¿Acabará el hombre con la tierra?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

jueves, 31 de julio de 2014

¡Las heridas de Hiroshima han desaparecido!

Según lo relató Taeko Enomoto, de la ciudad de Hiroshima

UN DESCONOCIDO llegó a nuestra casa con una camisa quemada y hecha jirones que había llevado puesta un muchacho de edad escolar. Lo único que quedaba de la camisa era el cuello junto con la parte superior de esta. Pero todavía se podía leer claramente en el frente de la camisa el nombre Miyakawa Shiro. Aquella era la camisa de mi hermano.

La mañana del 6 de agosto de 1945, como de costumbre, me fui a trabajar. Como muchacha típica de 19 años de edad, me había contagiado de la fiebre patriótica que dominaba al país en aquel tiempo y me había unido al Cuerpo de Mujeres Voluntarias. Mi hermano, quien todavía era de edad escolar, había ido al centro de la ciudad para trabajar. Mi padre había muerto peleando en Manchuria. Por esto mi madre quedó sola en casa.

Temprano aquella mañana se habían divisado unos aviones militares enemigos cerca de Hiroshima, y se habían dado toques de alarma tocante a un ataque aéreo. Mientras terminábamos nuestros ejercicios militares y estábamos a punto de entrar en el edificio, una tremenda explosión estremeció la zona. Todo cuanto había delante de mis ojos se puso completamente rojo. El calor procedente del estallido me dio la sensación de que había caído dentro de un horno caliente... en ese momento quedé inconsciente.

Tan pronto recobré el conocimiento, pensé en mi familia. Aunque era pleno día, el velo de partículas radiactivas producido por la bomba hacía que las cosas parecieran horripilantes. Pronto comenzó a caer una lluvia de partículas negras como el hollín, y continuó cayendo por casi dos horas. Lo que vi de camino a casa fue espantoso.

Había personas a quienes les chorreaba sangre del cuello y otras que se cubrían los ojos con las manos mientras les fluía sangre entre los dedos. Vi a muchas que tenían el cuerpo entero rojo como una brasa. A algunas les colgaba de las puntas de los dedos la piel de las manos y los brazos, mientras que otras arrastraban la piel que se les había desprendido de las piernas. Había personas que tenían el cabello rizado y de punta.

Cuando llegué a casa, hallé el entero vecindario, incluso nuestra casa, aplanado por el estallido. ¡Qué alegre me sentí de encontrar a mi madre todavía viva, aunque estaba gravemente herida por los fragmentos de vidrio que habían salido volando! Pero ¿qué le había ocurrido a mi hermano? Decidimos esperar hasta la madrugada del día siguiente antes de ir a la ciudad a buscarlo.

La búsqueda para hallar a mi hermano
Al ver la ciudad el día siguiente me di cuenta de que aquello no había sido sencillamente otro ataque aéreo. Aquella bomba había sido grande. La devastación no tenía precedente.

A lo largo del puente que conducía a la ciudad estaban amontonados los cuerpos carbonizados de los que habían muerto, lo cual dejaba solo un pasaje estrecho en el centro. A veces oía gemidos que provenían de entre los cuerpos amontonados, y de vez en cuando había movimientos repentinos entre ellos. Sin pensar, me acercaba de prisa para ver si era mi hermano. Pero todos estaban tan quemados e hinchados que era difícil saber quiénes eran. Cuando llegaba a los diferentes centros encargados de ayudar a las víctimas a establecerse en otros lugares, yo gritaba el nombre de mi hermano, pero él no aparecía.

Después de dos o tres días, la gente comenzó a preparar listas de los difuntos. Los soldados reunían los cuerpos carbonizados, les echaban gasolina y los incineraban. Se podía hacer muy poco a favor de los heridos y los moribundos. Se les daba un poco de agua y una ración diaria de una bola de arroz. No había ni equipo ni tratamiento médico para ellos.

Dentro de unos días, el cabello de la gente empezó a caerse. Se veían moscas y gusanos moverse en las heridas abiertas de los que estaban demasiado débiles para limpiarlas. El hedor de los cadáveres ardientes y las heridas desatendidas viciaban el aire. Pronto, aparentemente sin ninguna razón, los que estaban lo suficientemente saludables como para cuidar de los heridos empezaron a morir, uno a uno. Evidentemente habían sucumbido a los efectos de la radiación. Yo también comencé a experimentar diarrea, debilidad y trastornos nerviosos.

Después de una búsqueda de casi dos meses, finalmente me enteré de lo que le había ocurrido a mi hermano. El desconocido que mencioné antes vino a vernos. Nos explicó que había dado agua a un muchacho que estaba gravemente quemado y ciego por la bomba. Cuando finalmente murió mi hermano, esta persona fue lo suficientemente amable como para quitarle la camisa y tomarse la molestia de buscarnos y traérnosla.

El efecto que todo eso tuvo en mí, una muchacha de 19 años de edad, fue traumático. Perdí la fortaleza para pensar en cosa alguna. También perdí todo sentido de temor. Sencillamente lloré y lloré. Cada vez que cerraba los ojos, veía a las víctimas, que tenían miradas perdidas en el rostro, vagar a la deriva en la penumbra. ¡Cuánto detestaba la guerra!

Odiaba a los estadounidenses por dejar caer la bomba, y odiaba a los líderes japoneses por permitir que la guerra llegara hasta ese extremo.

Hallé algo mejor

Durante los siguientes diez años me casé y con el tiempo tuve tres hijos. Pero mi corazón continuaba ardiendo de odio. Aunque quería desesperadamente deshacerme de aquellos sentimientos, me preguntaba cómo podría yo olvidar alguna vez todo aquello.

Probé diferentes grupos religiosos y me uní a la religión Seicho No Ie, pues ellos parecían ser los más amorosos y generosos. Pero no pudieron darme respuestas satisfacientes. Cuando preguntaba por qué tuvo que morir mi hermano, solamente decían: “Las personas que hacen cosas buenas mueren jóvenes. Ese era su destino”.

Luego nos mudamos a Tokio. Cierto día, un testigo de Jehová tocó a mi puerta. Me habló acerca del Reino de Dios y me leyó de la Biblia algo acerca de personas que batirían sus espadas en rejas de arado (Isaías 2:4).

Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra (Isaías 2:4)

Me impresionó su bondad y su conocimiento de la Biblia, y acepté de él dos revistas. Más tarde me enteré de que él también había perdido a la mayor parte de su familia en el estallido de la bomba de Hiroshima. Él hizo arreglos para que una señora me visitara.

La señora vino muchas veces, siempre con una sonrisa afectuosa. Pero yo todavía sentía amargura e indiferencia. Aunque escuchaba su mensaje de la Biblia, sencillamente no podía creer que pudiera haber algún poder salvador en una religión de un país que había ocasionado la desgracia de aquel día en Hiroshima. Pero había algo en ella que me hacía seguir escuchando.

“¿Cree usted —le pregunté un día— que es posible que alguien como yo, cuyo corazón está lleno de odio, llegue a ser una persona cariñosa como usted?”
“Sí, es posible”, contestó ella con confianza. “Yo llegué a ser de la manera que soy después de estudiar la Biblia”, explicó ella.


De modo que comencé un estudio sistemático de la Biblia usando el folleto titulado “¡Mira! Estoy haciendo nuevas todas las cosas”. En el estudio aprendí que las acciones de las naciones llamadas cristianas no concordaban con el cristianismo que se enseña en la Biblia, y que la cristiandad, también, se encara al juicio de Dios.

Mi entusiasmo aumentaba a medida que seguía estudiando. Llegué a comprender por qué ha permitido Dios la iniquidad hasta ahora y que solo el Reino de Dios tiene el poder de librar a la humanidad del sufrimiento. También me conmovió profundamente el amor que Jesucristo mostró al dar su vida en un madero de tormento para el provecho de toda persona. Poco a poco el mensaje bíblico cambió mis sentimientos, y pronto desapareció el odio que había en mi corazón. En su lugar sentí amor afectuoso hacia otros y un fuerte deseo de hablarles acerca del Reino de Dios.

Comencé a asistir con regularidad a las reuniones celebradas en el Salón del Reino y fui bautizada en junio de 1964. Por siete años desde entonces, pude ser precursora (ministra de tiempo completo de los testigos de Jehová) y disfruté del privilegio de ayudar a 12 personas a llegar a conocer al único Dios verdadero, Jehová.

Pongo en práctica mi experiencia
Ahora mi esposo y yo hemos regresado a Hiroshima. Aquí todavía encuentro a muchas personas que, al igual que yo, recuerdan la bomba. Habiendo pasado por la misma experiencia que ellos, puedo ayudarles a ver que la única esperanza verdadera de un mundo sin más guerra radica en el mensaje bíblico de la venida de la gobernación del Reino mediante Cristo Jesús.

Hoy día en Hiroshima casi han desaparecido las cicatrices del estallido de la bomba. Pero más importante aún, he podido deshacerme de las heridas y el odio que llevé en mi corazón por muchos años y los he reemplazado con esperanza y amor. Ahora anhelo ver el tiempo en que Dios resucitará a todos aquellos a quienes él recuerda con afecto. Mi deseo es compartir el gozo incomparable que tengo ahora con las muchas personas que murieron en Hiroshima hace casi 70 años... incluso mi querido hermano menor.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Agosto de 1985. Para complementar lea la revista "La Atalaya" con el tema de portada ¿Por qué hay tanto sufrimiento?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 30 de julio de 2014

Hiroshima... ¿ha sido en vano la lección?

LA GENTE del Japón lloraba mientras permanecía cerca de sus receptores de radio aquel mediodía del 15 de agosto de 1945. Escuchaba la voz de su emperador: “Es según los dictados del tiempo y el destino que Nosotros hemos decidido preparar el terreno para una grandiosa paz para todas las generaciones por venir al aguantar lo insoportable y sufrir lo que es insufrible”.

Apenas había transcurrido una semana desde que el pueblo japonés había oído que cierto tipo de bomba nuevo había devastado a Hiroshima y a Nagasaki. Ahora se le dijo que la guerra en el Pacífico había terminado... y ellos habían perdido. Había lágrimas de tristeza, pero también lágrimas de alivio.

La guerra había costado muchísimo. La gente estaba agotada física y emocionalmente; el país, asolado. Más de tres millones de japoneses habían muerto en la guerra, y 15.000.000 habían quedado sin hogar. Noventa ciudades principales habían sido bombardeadas repetidas veces, y dos millones y medio de edificios y hogares habían sido destruidos. Tokio había sido reducida a montones de cenizas y escombros; su población, diezmada por la guerra. Esa fue la tragedia de la derrota... un momento sombrío en la historia de aquella nación.

Esfuerzos por renunciar a la guerra
En medio de las ruinas de la derrota, es fácil ver que la guerra es inútil, un desperdicio de vidas humanas y bienes preciados. Así que, inmediatamente después de la guerra, el Japón volvió a redactar su constitución de acuerdo con principios democráticos y renunció a la guerra para siempre. El artículo 9 de la nueva constitución dice:

“Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o el empleo de la fuerza como medio de resolver conflictos internacionales.
”A fin de lograr el objetivo del párrafo precedente, las fuerzas terrestres, marítimas y aéreas, así como otro potencial bélico, nunca serán mantenidas. El derecho de beligerancia del Estado no será reconocido”.

En vista de esa denodada y noble declaración, parecería que el Japón había aprendido una lección. El pueblo japonés ciertamente tiene una fuerte aversión a la guerra y un temor, en particular, a la guerra nuclear. El país ha adoptado una norma de tres aspectos con relación a las armas nucleares: no fabricarlas, poseerlas ni permitirlas en el país. Cada año, centenares de miles de japoneses se reúnen a través del país para organizar manifestaciones de protesta contra las armas nucleares. Las armas nucleares nunca deberían utilizarse de nuevo... ¡en ningún sitio!

Una asombrosa rehabilitación... ¿de qué?
Ahora a casi 70 años después de lo ocurrido en Hiroshima, el contraste de la esplendorosa opulencia del Japón del día moderno es casi increíble. Sin la carga de gastos militares, el Japón ha podido dedicar sus recursos a la reconstrucción de sí mismo. Hoy hay hermosos hogares y rascacielos con acondicionadores de aire donde una vez estaba todo en ruinas. Automóviles lustrosos, personas bien vestidas y restaurantes caros contrastan con la pobreza y el sufrimiento de los años siguientes de la posguerra.

Las tiendas están bien surtidas con todo tipo de artículos lujosos, y las fábricas están produciendo a raudales un sin fin de productos para el uso doméstico y para la exportación. Sí, el Japón se ha convertido en una de las naciones más prósperas del mundo.

Pero ¿qué ha traído consigo la prosperidad material? ¿Ha borrado de la mente de la gente el recuerdo de Hiroshima y Nagasaki la seguridad económica? ¿Ha desaparecido el aborrecimiento de la guerra junto con las cicatrices de la guerra?
Encuestas recientes indican que, aunque el pueblo japonés todavía quiere que su gobierno permanezca sin poder nuclear, hay pesimismo en cuanto al futuro. La mitad de los entrevistados temen que pudiera haber una guerra nuclear. ¿Por qué teme esto la gente? Bueno, considere los desenvolvimientos progresivos.

Después de la guerra se estableció una Reserva Policíaca Nacional de 70.000 soldados de infantería armados. Más tarde, estas fuerzas se ampliaron a 250.000 hombres, agrupados en un pequeño ejército, marina y fuerza aérea, y se les llamó jieitai, o Fuerzas de Defensa Propia. Con todo, el presupuesto militar del Japón era meramente 1 por 100 de su producto nacional bruto. Pero con el aumento de las tensiones en muchas partes del mundo, el Japón está siendo aguijoneado para ensanchar su capacidad y sus gastos de defensa.

El primer ministro Nakasone declaró su intención de convertir el Japón en “un gran portaaviones”. A pesar de la opinión pública, se hicieron planes para aumentar los gastos de defensa hasta 7 por 100 en 1985. Y —según el periódico The Daily Yomiuri— el Japón se ha comprometido a llevar a cabo un plan quinquenal (1986-1990) de aumento sistemático y continuo de los medios de defensa... en soldados, buques de guerra, submarinos y aviones.

No solo se ven cambios en la política del gobierno, sino también en la actitud de la gente para con la guerra. En 1970, uno de los disturbios políticos más traumáticos de la historia del Japón se desencadenó cuando se renovó el tratado de seguridad militar posbélico... por el cual los Estados Unidos suministrarían protección en tiempo de crisis a cambio del establecimiento de bases militares en el Japón. Sin embargo, cuando el tratado se renovó de nuevo en 1980, no hubo siquiera una manifestación importante de protesta.

El hecho es que hoy día en el Japón pocas personas menores de 80 años de edad recuerdan la guerra, o les interesa hablar de ella. Algunos ven en la cuidadosa redacción revisada de libros de texto para niños de edad escolar el esfuerzo de eliminar completamente hechos importantes que llevaron a aquella terrible guerra.

Tal como las olas eliminan poco a poco las pisadas en una playa arenosa, así las condiciones mundiales cambiantes afectan los puntos de vista políticos de la gente. Algunas preguntas importantes que hay en la mente de muchos son: ¿Qué haría el Japón precisamente en una emergencia futura? ¿Entraría el Japón en guerra de nuevo si la razón pareciera correcta? ¿Ha sido en vano la lección de lo ocurrido en Hiroshima?

Solo el tiempo dirá qué derrotero seguirá la nación en conjunto. Pero muchas personas del Japón ya han tomado una decisión personal al respecto. Una de ellas estaba en la cárcel de Hiroshima en el mismísimo momento en que estalló la bomba atómica, pero sobrevivió a aquella destrucción en una de las celdas profundas de la cárcel. Él no estaba en la cárcel por haber cometido algún delito. Más bien, se oponía por conciencia a participar en la guerra. Era testigo de Jehová.

Mediante un estudio de la Biblia, él había aceptado el punto de vista de Dios tocante a las guerras peleadas por los hombres y había aprendido que el Reino de Dios es el único medio por el cual puede lograrse verdadera paz.

Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra (Isaías 2:4)

Y en los días de aquellos reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos (Daniel 2:44.)


Debido a predicar este mensaje por amor a Dios y a su semejante, se le encarceló allí. Hoy hay más de 100.000 personas como él en el Japón, que están ocupadas predicando “estas buenas nuevas del reino” (Mateo 24:14). Muchas de ellas han pasado personalmente por los horrores de Hiroshima y Nagasaki. Cómo permitió una de ellas que aquella experiencia extraordinaria la moviera a buscar algo mejor —y lo que ella halló— es una historia que le invitamos a leer en el siguiente artículo.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Agosto de 1985. (Nota: se actualizo el curso de los años desde 1945 al presente 2014). Recomiendo el artículo ¿Se puede confiar en las noticias?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

martes, 29 de julio de 2014

Hiroshima... una experiencia inolvidable

POR años ha sucedido lo mismo. Exactamente a las 8.15 de la mañana, un silencio cae sobre la multitud reunida en el Parque de la Paz, en Hiroshima. La multitud guarda un minuto de silencio en memoria de aquel momento catastrófico de hace 40 años. El 6 de agosto de 1945, una bomba atómica explotó sobre Hiroshima, Japón. En un instante, la ciudad quedó devastada y unas 80.000 personas perdieron la vida. Tres días después, otra bomba atómica destruyó la ciudad de Nagasaki y mató a unas 73.000 personas.

De todas partes del mundo, millares de personas vienen regularmente a conmemorar ese acontecimiento trascendental. Además de los acostumbrados desfiles, oraciones, servicios de conmemoración, y así por el estilo, hay acontecimientos especiales como la Conferencia Mundial de Alcaldes por la Paz mediante la Solidaridad entre las Ciudades... una reunión de los alcaldes de veintenas de ciudades del Japón y de alrededor del mundo.

Sobrevivientes cuentan su historia
Se han empleado grandes cantidades de papel para registrar las desgarradoras historias de los que sobrevivieron a las bombas. Aunque la mayoría de los sobrevivientes son ahora de mediana edad, todavía tienen vívidos recuerdos de “aquel día”. He aquí sus historias

Nobuyo Fukushima, quien recuerda bien su experiencia durante el estallido de la bomba en Hiroshima, relata: “Estaba limpiando las escaleras de mi casa cuando repentinamente un brillante destello y una terrible explosión me dejaron inconsciente. Cuando recobré el conocimiento, podía oír a mi madre que gritaba pidiendo ayuda. La casa estaba en ruinas. Creí que había ocurrido un terremoto. Cuando nos abrimos paso y salimos de la casa rumbo a la orilla del río, vi a muchos niños y a sus padres con la ropa reducida a jirones y pegada a la piel. No podía entender por qué tenían quemaduras tan graves.

”Cuando llegamos al hospital, este estaba atestado de gente. La cabeza y el rostro de muchas personas estaban cubiertos de sangre, mientras que otras tenían carne quemada que les colgaba en tiras. El cabello de algunas de ellas, chamuscado por el calor, estaba erizado. Otras, que tenían fragmentos de madera y de vidrio incrustados en el cuerpo, gemían profundamente. Tenían el rostro tan hinchado que era difícil distinguir entre una persona y otra. Todas parecían estar suplicando que se les diera agua, pero para cuando se les llevaba el agua, muchas ya no respiraban. Mi madre también murió tres meses después por los efectos de la bomba.

”La ciudad había llegado a ser un gran campo quemado completamente, donde solo aquí y allá entre las cenizas quedaba en pie una pared de hormigón que se desmoronaba. Por las noches había fuegos a la orilla del río donde se incineraba a los muertos. Recuerdo vívidamente el resplandor rojizo de las llamas y el horrible olor de los cuerpos quemándose, como si se estuviera asando a la parrilla pescado grasiento. Todavía me estremezco y me acongojo cuando pienso en ello”.

Tomiji Hironaka fue uno de los soldados enviados a Hiroshima inmediatamente después del estallido de la bomba para sacar a cualesquier sobrevivientes de la cárcel de allí. Aunque había sido militar por muchos años, lo que vio en Hiroshima hizo que él viera claramente el horror de la guerra.

“La carretera estaba repleta de camiones cargados de heridos. Las personas que todavía podían caminar se tambaleaban a lo largo de la orilla de la carretera. Muchas estaban casi desnudas, salvo en las partes donde trozos de tela se habían quemado y se habían adherido a la piel. Por todas partes había cadáveres amontonados, con la piel de un rojo vivo.

Las orillas del río estaban atestadas de gente que trataba de aliviar el dolor de sus quemaduras. Entre ellas vi a una madre, llena de quemaduras rojas, sujetando a su bebé, también gravemente quemado, y tratando lastimosamente de amamantarlo.

Recuerdo bien el intenso sentimiento que tuve entonces. ‘¡Detesto la guerra! ¡Detesto la guerra!’ No obstante, había participado en matar, y me preguntaba: ‘¿Qué clase de conciencia tengo?’. Estaba muy consciente de mi culpa por derramamiento de sangre.”

Munehide Yanagi, un muchacho de 14 años de edad en aquel tiempo, sobrevivió milagrosamente al estallido de la bomba en Nagasaki. Estaba a solo 980 metros (3.200 pies) del lugar donde estalló la bomba. “Yo formaba parte del arreglo de movilización estudiantil que estaba asignado a construir refugios antiaéreos”, explica él.

“Mientras estábamos trabajando, oí el zumbido de un avión grande que sonaba como un fuerte estruendo. Precisamente cuando me preguntaba si era un avión estadounidense, oí el grito: ‘¡Tekki!’ [‘¡Avión enemigo!’]. Soltamos las cosas que habíamos estado cargando y corrimos con todas nuestras fuerzas hacia el refugio.

”En el momento en que llegué a la barrera de hormigón enfrente del refugio antiaéreo, hubo un inmenso destello de luz azul blancuzca y una tremenda explosión que me lanzó inconsciente a la parte de atrás del refugio. Lo próximo que supe fue que me despertaron los gritos angustiosos de ‘¡Aigo! ¡Aigo!’ [una expresión coreana que indica profunda emoción]. Los gritos provenían de alguien que tenía el rostro tiznado por el humo y estaba tan gravemente quemado que era difícil saber si era hombre o mujer.

”Afuera se sentía como una hoguera. Vi a uno de mis condiscípulos que estaba gravemente quemado. Su ropa había quedado hecha jirones, y se le desprendía la piel. Una muchacha que había estado trabajando conmigo se había desplomado en la carretera... había perdido la parte inferior de las piernas y suplicaba que le dieran agua. Yo no sabía dónde conseguir agua, pero hice cuanto pude por animarla.

”El fuego asoló la ciudad. Vi postes telefónicos consumidos que se estrellaban contra la calle, un tren ardiendo en las vías, y un caballo convulsionando debido al calor. El fuego incontenible me obligó a meterme en el río. Tenía calor y estaba asustado. De algún modo llegué a casa.” Más tarde, las encías de Munehide empezaron a sangrar y él comenzó a padecer de diarrea. Incluso ahora tiene hepatitis crónica. Pero se considera afortunado en comparación con muchos a quienes él vio aquel día.

Una lección para todos


La experiencia de las explosiones de bombas atómicas ciertamente dejaron una cicatriz profunda en la mente y la conciencia de muchas personas. Hasta las que han visto los efectos secundarios de las explosiones han quedado profundamente impresionadas por el horror y la destructividad de la guerra.

Hoy a casi 70 después del acontecimiento, la tensión entre las naciones está aumentando, y las reservas de armas nucleares están creciendo. El temor a una tercera guerra mundial y a una destrucción nuclear se vislumbra muy real. Es comprensible que cada vez más personas por todo el mundo estén instando a todas las naciones y los pueblos a recordar la tragedia de Hiroshima y Nagasaki como una lección para todos.

Pero ¿han acercado el mundo realmente a la verdadera paz algunos de esos esfuerzos? ¿Bastan los horrores de la guerra nuclear —el dolor, el sufrimiento y la destrucción— para hacer que la gente repudie la guerra? En realidad, ¿qué efecto duradero tuvo la tragedia de Hiroshima y Nagasaki en el Japón como nación, en lo que tiene que ver con la búsqueda de paz?

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 22 de Agosto de 1985. (Nota: se actualizo el numero de años que han sucedido desde 1945 al presente 2014). Para ampliar lea la revista "La Atalaya" con el tema de portada ¿Es Dios cruel? Ambas distribuidas por los testigos de Jehová.

viernes, 25 de julio de 2014

¿Cómo puedo usar mejor el tiempo?

Los jóvenes preguntan

“Un día oí decir en son de broma que si alguien quisiera verme a las cuatro en punto, tendría que citarme a las tres. Eso me hizo ver que debía administrar mejor mi tiempo.” (Ricky)
¿CUÁNTAS horas más te gustaría que tuviera el día? ¿Qué harías con ellas?

□ Andar con mis amigos
□ Dormir
□ Estudiar
□ Hacer ejercicio
□ Esto otro .....

Aunque sería genial contar con más de veinticuatro horas diarias, eso jamás sucederá. Entonces, ¿qué puedes hacer para que te rinda el día? Muchos jóvenes han comprobado que, al administrar su tiempo, han ganado las horas que tanto necesitan. Así, como controlan su horario, han notado que se estresan menos, que sus calificaciones mejoran y que sus padres confían más en ellos. Las siguientes ideas te ayudarán a ti también.

Objetivo: Fijarte un horario
Obstáculo. Tan solo pensar en un horario te hace sentir atado.
No te gusta que tu vida esté cronometrada; crees que las cosas salen mejor cuando no se planean.

Por qué esforzarse. El rey Salomón escribió: “Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja” (Proverbios 21:5). Cuando quizá todavía no cumplía ni los veinte años, Salomón ya era esposo, padre y rey. Así que era un hombre muy ocupado, pero después llevó una vida aún más agitada. De igual modo, aunque tú también ya vives muy ajetreado, tus ocupaciones aumentarán con los años. Por eso conviene que desde ahora aprendas a ser organizado.

Lo que opinan otros jóvenes. “Hace unos seis meses empecé a programar mis actividades diarias. Quería cumplir mejor con mis obligaciones, y lo estoy logrando.” (José)

“A mí me sirve hacer listas. Por ejemplo, cuando se me juntan los compromisos, mi mamá y yo los anotamos en una lista para ver cómo podemos alcanzar nuestros objetivos entre las dos.” (Mariana)

Consejo. Imagínate que vas a viajar en auto con tu familia. Si cada quien arroja su equipaje al maletero, no habrá espacio para todo. En cambio, si primero se mete lo más grande, quedarán suficientes huecos para las cosas pequeñas.

En la vida pasa lo mismo. Cuando la llenas de actividades de poca importancia, te arriesgas a quedarte sin espacio para lo principal. Pero si atiendes primero las cosas más importantes, hallarás bastantes huecos para lo demás (Filipenses 1:10).

Escribe tus responsabilidades primordiales.
Ahora colócalas en orden de prioridad. Recuerda que si las realizas en ese orden, te sobrará tiempo para los asuntos de menos importancia; pero no ganarás nada haciéndolo al revés.

Manos a la obra. Anota en ese orden lo que vayas a hacer, bien en una agenda o en algún otro lado.

□ Teléfono celular
□ Libreta
□ Calendario electrónico
□ Calendario impreso

Objetivo: Ceñirte al horario

Obstáculo. Llegas de la escuela y enciendes la televisión para relajarte solo unos minutos. O piensas estudiar, pero tus amigos te invitan a ver una película que está a punto de empezar. “Estudiaré por la noche —te dices—. Al fin y al cabo, me salen mejor las cosas cuando estoy bajo presión.”

Por qué esforzarse. Es probable que te vaya mejor en los exámenes si estudias cuando tienes la mente despejada. Además, ¿no crees que ya estás bastante presionado como para trasnocharte estudiando? Puede que al otro día te quedes dormido, te pongas nervioso, salgas disparado de casa y llegues tarde a la escuela (Proverbios 6:10, 11).

Lo que opinan otros jóvenes. “Me encanta ver la tele, tocar la guitarra y estar con mis amigos. Aunque esto no es malo, a veces me quita el tiempo y después ando a la carrera.” (Julio)

Consejo. Además de tus obligaciones, incluye en tu horario actividades que disfrutes. “Se me hace más fácil cumplir con mis responsabilidades cuando sé que luego me espera algo divertido”, dice Julio.

Otra idea: ponte una meta a largo plazo y otras intermedias que te ayuden a alcanzarla. José, que tiene 16 años, comenta: “Tengo la meta de dar clases bíblicas a tiempo completo. Por eso sigo un horario que me prepara desde ahora para la vida ocupada que llevaré después”.

Manos a la obra. Escribe una o dos metas realistas que puedas alcanzar en el plazo de seis meses.

Escribe una meta realista que puedas alcanzar dentro de dos años, y lo que tienes que hacer desde ahora.


Objetivo 3: Ser ordenado
Obstáculo. No crees que la limpieza y el orden tengan que ver con el uso del tiempo.
Total, es más fácil dejar el cuarto desordenado. Y si no te molesta, ¿para qué recogerlo hoy? Eso lo puedes hacer si acaso mañana. Después de todo, no es para tanto, ¿o sí?

Por qué esforzarse. Si mantienes tus cosas en orden, ahorrarás tiempo a la hora de buscar lo que necesites y disfrutarás de mayor tranquilidad (1 Corintios 14:40).
Lo que opinan otros jóvenes. “A veces, como no me da tiempo de guardar la ropa, se me pierden las cosas en el desorden.” (Marlene)

“Estuve toda una semana muy preocupado porque no encontraba mi billetera. Por fin la recuperé cuando limpié mi cuarto.” (Pancho)

Consejo. En vez de esperar hasta que se forme un caos, acostúmbrate a guardar las cosas en su lugar tan pronto como puedas. Así te tardarás menos en limpiar y en hallar lo que necesites.

Manos a la obra. Procura crear el hábito de mantener tus cosas en orden y comprueba si esto te ayuda.

Recuerda que pasito a pasito se llega lejos. Empieza desde ahora escribiendo las sugerencias de este artículo que te puedan servir.
Seguiré estas sugerencias durante ..... semana(s) para ver si funcionan.

Para pensar


¿Cuántas horas de sueño necesitas para rendir al máximo?

¿Quién podría ayudarte a programar tu horario?

Si ya sigues un horario, ¿qué cambios deberías hacer?


Los jóvenes de entre 8 y 18 años pasan semanalmente...
17 horas con sus padres
30 horas en la escuela
44 horas con la televisión, Internet, los videojuegos y oyendo música

¿En qué se me va el tiempo?

Anota cuántas horas a la semana pasas
□ viendo la televisión
□ entreteniéndote con videojuegos
□ usando la computadora
□ escuchando música

□ Total
□ Horas que dedicaré a cosas más importantes

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Junio del 2009.
Para complementar el tema lea: "¿Soy una persona responsable?"
Ambos editados por los testigos de Jehová.

jueves, 24 de julio de 2014

¿Debería entretenerme con los videojuegos?

Los jóvenes preguntan
NO SON solo una diversión de alta tecnología. Los videojuegos ponen a prueba tus destrezas y combaten el aburrimiento. Pero eso no es todo: también mejoran los reflejos y, según varios estudios, la concentración visual. Algunos incluso pueden ayudarte a mejorar en la lectura y las matemáticas. Además, el último videojuego seguramente es tema de conversación entre tus compañeros de clase, y si lo has jugado, tendrás algo de que hablar con ellos.

Claro, tus padres decidirán si puedes entretenerte con dichos juegos (Colosenses 3:20). Si te lo permiten, hay gran variedad de juegos a tu alcance que son divertidos y, al mismo tiempo, moralmente aceptables. Aun así, ¿por qué debes tener cuidado?

El lado oscuro
Brian, de 16 años, dice: “Los videojuegos son superdivertidos”. Pero, como bien sabrás, no todos son inofensivos. El propio Brian admite: “En algunos puedes hacer cosas que nunca harías en la vida real sin meterte en problemas”. ¿Qué clase de comportamiento fomentan estos juegos?

Muchos promueven descaradamente la inmoralidad, la violencia y el uso de lenguaje obsceno, prácticas que condena la Biblia (Salmo 11:5; Gálatas 5:19-21; Colosenses 3:8). Algunos exaltan el espiritismo. Adrián, de 18 años, dice que hay un juego popular que contiene “peleas entre pandillas, drogas, palabrotas, sexo, violencia extrema y sangre a borbotones”.

Y cada nuevo juego hace que el anterior parezca inocente. James, de 19 años, dice que los más populares se pueden jugar en línea, lo que da a este tipo de entretenimiento una dimensión totalmente nueva.

“Desde tu propia computadora —apunta James— puedes competir con personas del otro lado del planeta.”
Los juegos de rol están muy de moda. En estos, uno puede crear un personaje —humano, animal o una combinación de ambos— que vive en un mundo cibernético poblado de miles de jugadores. Los jugadores pueden enviarse mensajes instantáneos mientras sus avatares, o personajes, interactúan.

¿Qué ocurre en estos mundos virtuales? “Hay gente normal que hace cosas que nunca haría en la vida real, ya sea porque no puede o porque no se atreve”, asegura un periodista. Y después añade: “El sexo y la prostitución están por todas partes”. Con tan solo unos clics, los jugadores pueden hacer que sus personajes participen en actos sexuales mientras que ellos intercambian mensajes instantáneos de carácter erótico.

Además, esos mundos virtuales “están saturados de delitos, mafiosos, proxenetas, extorsionistas, falsificadores y asesinos”, informa la revista New Scientist. Otra revista indica que “se han levantado voces de alarma respecto a ciertas actividades que se considerarían ilegales fuera de la computadora. Por ejemplo, algunos visitan burdeles virtuales donde pueden satisfacer sus fantasías sexuales asumiendo el papel de un violador. Y otros realizan actos sexuales utilizando avatares con la apariencia de niños”.

Tu elección es importante
Quienes se entretienen con esos juegos llenos de violencia e imágenes gráficas de sexo tal vez digan que no causan ningún daño, que son solo juegos. Pero no te dejes engañar; eso no es cierto.

La Biblia dice: “Hasta por sus prácticas el muchacho se da a conocer en cuanto a si su actividad es pura y recta” (Proverbios 20:11). Si acostumbras entretenerte con videojuegos violentos e inmorales, ¿podría decirse que eres puro y recto? Hay muchísimos estudios que demuestran que quienes ven programas violentos se vuelven más agresivos. Y hace poco, New Scientist señaló: “Puesto que son interactivos, los videojuegos influyen más en la gente que la televisión”.

Entretenerse con juegos violentos e inmorales es como jugar con residuos radiactivos. Los efectos dañinos quizá no se vean de inmediato, pero son inevitables. ¿Por qué? La exposición a altas dosis de radiación puede destruir el revestimiento del aparato digestivo y permitir que las bacterias del intestino invadan la corriente sanguínea, lo que causaría una enfermedad.

De igual manera, la exposición a escenas eróticas y violencia atroz puede erosionar tu “sentido moral” y permitir que los deseos carnales dominen tus pensamientos y acciones (Efesios 4:19; Gálatas 6:7, 8).

¿Qué juegos debo escoger?
Si tus padres permiten que te entretengas con cualquier videojuego, ¿cómo puedes saber cuáles seleccionar y cuánto tiempo dedicarles? Plantéate las siguientes preguntas:

¿Ofenderá mi selección a Jehová? La clase de juegos que elijas puede influir en cómo te ve Dios. “Jehová mismo examina al justo así como al inicuo, y Su alma ciertamente odia a cualquiera que ama la violencia.” (Salmo 11:5.) La Biblia afirma respecto a los que practican espiritismo: “Todo el que hace estas cosas es algo detestable a Jehová” (Deuteronomio 18:10-12). Si queremos ser amigos de Dios, tenemos que seguir el consejo de Salmo 97:10: “Oh amadores de Jehová, odien lo que es malo”.

¿Influirá el juego en mi forma de pensar? Pregúntate: “¿Contribuirá a que se me haga más fácil o, por el contrario, más difícil ‘huir de la fornicación’?” (1 Corintios 6:18). Los juegos que te exponen a imágenes o conversaciones que despiertan el deseo sexual no te ayudarán a concentrarte en cosas justas, castas ni virtuosas (Filipenses 4:8). Amy, de 22 años, reconoce: “Muchos juegos te insensibilizan a la violencia, el lenguaje obsceno, la inmoralidad y cosas así. Eso puede hacer que bajes la guardia en otros aspectos de la vida. Hay que seleccionar los juegos con mucho cuidado”.

¿Cuánto tiempo le dedicaré? Deborah, de 18 años, admite: “No creo que todos los videojuegos sean malos. El problema es que consumen mucho tiempo y hasta pueden ser adictivos”. Eso sucede incluso con los juegos más inocentes. Así que, lleva un registro del tiempo que pasas jugando y compáralo con el tiempo que dedicas a actividades más importantes. De este modo verás si le estás dando prioridad a lo que verdaderamente vale la pena (Efesios 5:15, 16).

La Biblia no exige que te pases la vida estudiando y trabajando. A todos nos recuerda que hay “tiempo de reír” y “tiempo de dar saltos” (Eclesiastés 3:4). Conviene tener en cuenta que la expresión “dar saltos” se refiere tanto a jugar como a participar en actividades físicas. Por consiguiente, ¿por qué no usas parte de tu tiempo libre en actividades que requieran ejercicio físico en vez de tan solo sentarte frente a un monitor?

Elige bien
No hay duda de que los videojuegos pueden ser entretenidos, sobre todo si eres muy bueno. Y ahí está precisamente la razón por la que debes elegir bien. Pregúntate: “¿En qué materias me destaco en la escuela?”. ¿Verdad que suele ser en las que más te gustan? La realidad es que, por lo general, cuanto más disfrutas de una asignatura, mayor es la impresión que causa en ti. Ahora pregúntate: “¿Cuál es mi videojuego favorito? ¿Qué lecciones morales me está enseñando?”.

¿Por qué no escribes un breve resumen de cada juego que te gusta, en el que indiques su objetivo y los métodos que se emplean para alcanzarlo? Para determinar si el juego te conviene, compara el resumen con los principios bíblicos mencionados en este artículo.

En vez de entretenerte con un juego únicamente porque a tus compañeros les gusta, infórmate bien y ten el valor de tomar tu propia decisión. Por encima de todo, obedece este consejo bíblico: “Sigan asegurándose de lo que es acepto al Señor” (Efesios 5:10).

Para pensar
¿Qué dirías si un amigo te invitara a jugar un videojuego violento o inmoral?

¿Cómo puedes asegurarte de que tus videojuegos no interfieran con actividades más importantes?

¿Con qué frecuencia juegas?

□ Casi nunca
□ Una vez por semana
□ Todos los días

Cada vez que te pones a jugar, ¿cuánto tiempo dedicas?
□ Unos minutos
□ Alrededor de una hora
□ Más de dos horas

¿Qué tipo de juegos prefieres?

□ De carreras
□ De deportes
□ De disparos
□ Otros

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Enero del 2008.
Para complementar lea el tema:
"¿Qué debo de tomar en cuenta al enviar mensajes de texto?.
Ambos editados por los testigos de Jehová.
A los padres:  Después de leer el artículo sobre los videojuegos, usted tal vez se dio cuenta de que son muy diferentes a los que había en su adolescencia. ¿Cómo puede ayudar a su hijo a reconocer los peligros que encierran y la forma de evitarlos?

 No se lograría mucho condenando todos los juegos o afirmando que son una total pérdida de tiempo. Recuerde que no todos los juegos son malos. Aun así, pueden ser adictivos y consumir mucho tiempo. Así que analice cuánto tiempo pasa su hijo jugando. Fíjese además en la clase de juegos que parecen atraerle. Incluso pudiera hacerle preguntas como estas:

¿Cuál es el juego que más les gusta a tus compañeros de clase?

¿De qué trata?

¿Por qué te parece que es tan popular?

Puede que descubra que su hijo sabe más sobre los videojuegos de lo que usted se imaginaba.
Quizás hasta ha jugado con algunos que usted considera cuestionables. Si ese es el caso, no se alarme. Ahora tiene la oportunidad de ayudar a su hijo a desarrollar sus facultades perceptivas (Hebreos 5:14).
Haga preguntas que ayuden a su hijo a determinar por qué le atraen los juegos que no son muy recomendables. Por ejemplo, pudiera preguntarle:

Te sientes aislado de tus compañeros por que te prohibimos ese juego en particular?

Como se indicaba en la primera página del artículo anterior, los jóvenes tal vez prueben cierto juego para tener algo de que hablar con sus amigos. Si ese es el caso de su hijo, no convendría que manejara el asunto como lo haría si se enterara de que realmente le atrae el juego por sus escenas sangrientas o eróticas (Colosenses 4:6).

Pero ¿y si es así? ¿Qué hará si a su hijo le atraen los aspectos negativos del juego?
Algunos jóvenes enseguida se excusan diciendo que la violencia extrema no les afecta. Afirman: “No porque lo haga en el juego lo voy a hacer en la vida real”. Si así es como piensa su hijo, pídale que lea Salmo 11:5.

Como aclara este versículo, no solo los violentos reciben la desaprobación divina, sino también quienes aman la violencia. El mismo principio es aplicable a la inmoralidad sexual y a cualquier otro pecado que la Biblia condene (Salmo 97:10).

Algunos expertos recomiendan lo siguiente:
No permita que sus hijos jueguen en un lugar aislado, como el dormitorio.

Póngales reglas (por ejemplo, no los deje jugar si no han terminado sus tareas escolares, su cena, o cualquier otra actividad importante).

Ayúdeles a entender los beneficios de participar en actividades que requieran ejercicio físico.

Vigile a sus hijos mientras juegan, o mejor aún, juegue con ellos de vez en cuando.

Por supuesto, para aconsejar a sus hijos sobre el entretenimiento, usted debe dar buen ejemplo. Así que, pregúntese: “¿Qué programas y películas veo yo?”. No le quepa la menor duda: si no se rige por las mismas normas que impone a sus hijos, ellos se darán cuenta enseguida.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! de Agosto del 2008.
Para complementar el tema lea: "Enséñeles a navegar seguros por Internet"Ambos editados por los testigos de Jehová.