Entradas populares

Buscar en este blog

Mostrando entradas con la etiqueta El punto de vista bíblico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El punto de vista bíblico. Mostrar todas las entradas

viernes, 18 de julio de 2014

Respeto piadoso por la sangre (Segunda parte)

En la congregación cristiana

¿Puede usted visualizar una sala grande en la Jerusalén del primer siglo? Reunidos allí están los apóstoles de Jesús y otros ancianos de la congregación cristiana. ¿Qué tema están considerando? Pablo y Bernabé han venido de Antioquía para presentarles un problema que ha surgido allí respecto a la circuncisión. Aquel concilio decide que no es necesario que los cristianos recién convertidos sean circuncidados en la carne. (Hechos 15:1, 2, 6, 13, 14, 19, 20.)

Al declarar esta decisión, el cuerpo gobernante de aquel entonces repasó varios requisitos que todavía estaban vigentes para los cristianos. Dijo: “Porque al espíritu santo y a nosotros mismos nos ha parecido bien no añadirles ninguna otra carga, salvo estas cosas necesarias: que sigan absteniéndose de cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de cosas estranguladas que retienen la sangre, y de fornicación. Si se guardan cuidadosamente de estas cosas, prosperarán. ¡Buena salud a ustedes!”. (Hechos 15:28, 29.)

Así que la idolatría, el comer sangre y la fornicación están en el mismo plano religioso. Los cristianos tienen que abstenerse de todas estas cosas para conservar la buena salud espiritual y participar en el cumplimiento de las promesas de Dios.

Con relación a la sangre, sea que esta se coma por la boca, o se transfunda por las venas, el propósito es el mismo: sostener y alimentar al cuerpo. Como el cuerpo gobernante claramente lo indicó, el no abstenerse de la sangre es una violación de la ley de Dios.

La propagación actual del SIDA, la hepatitis y otras enfermedades mediante las transfusiones de sangre es indicación de que la buena salud física a menudo envuelve también el obedecer las leyes de Dios. En tiempos bíblicos, Dios dio leyes específicas a Israel respecto a la dieta, la cuarentena, la higiene y medidas sanitarias que eran muy adecuadas para su estadía en el desierto. (Levítico 11:2-8; 13:2-5; Deuteronomio 23:10-13.)

Al obedecer aquellos preceptos, Israel no solo mantenía una estrecha relación espiritual con su Dios, sino que también se salvaguardaba físicamente de las enfermedades que plagaban a las naciones vecinas. Ha sido tan solo desde el siglo pasado que los médicos han empezado a comprender la sabiduría práctica tras algunas de aquellas leyes. Muchos de ellos también están llegando a reconocer que la ley de Dios respecto a la sangre tiene sentido.

Cuando Israel obedecía, Dios cumplía su promesa: “Si escuchas estrictamente la voz de Jehová tu Dios y haces lo que es recto a sus ojos y verdaderamente prestas oído a sus mandamientos y guardas todas sus disposiciones reglamentarias, no pondré sobre ti ninguna de las dolencias que puse sobre los egipcios; porque yo soy Jehová que te está sanando”. Más importante aun, la obediencia mantuvo a Israel en vías de recibir futuras bendiciones del Reino. (Éxodo 15:26; 19:5, 6.)

Los testigos de Jehová aprecian los muchos beneficios que la medicina moderna provee. Por ejemplo, cuando una bomba destruyó un Salón del Reino cerca de Sydney, Australia, y más de 50 Testigos heridos fueron llevados de prisa a un hospital cercano, estos estaban agradecidos de que los médicos tuvieran disponible un abundante suministro de fluidos no sanguíneos para hacer transfusiones. Todos los heridos sobrevivieron.

Podían estar agradecidos de que hubiera estas transfusiones que no violaban los preceptos de Jehová. Para mencionar otra ventaja, ninguno de ellos estuvo en peligro de ser infectado por enfermedades que pueden ser transmitidas por la sangre.

“Limpio de la sangre de todo hombre”

Sin embargo, dirijamos la atención de nuevo al primer siglo. Han transcurrido unos siete años desde que Pablo y Bernabé oyeron a Santiago anunciar la prohibición sobre la idolatría, la sangre y la fornicación. Durante ese tiempo Pablo ha hecho dos viajes misionales por Asia Menor, y hasta la Europa Oriental. Ahora, en su viaje de regreso por Mileto, tiene la oportunidad de hablar con los ancianos de Éfeso, quienes han venido a encontrarse con él allí.

Pablo les recuerda que cuando estuvo entre ellos no se retrajo de ‘servir como esclavo al Señor con la mayor humildad mental y con lágrimas y con pruebas’. ¿Somos nosotros hoy día igualmente abnegados al dar cuanto podamos en el servicio de Jehová? Debemos serlo. (Hechos 20:17-19.)

¿Cómo efectuó Pablo ese servicio? Testificaba dondequiera que hallaba a las personas, principalmente en sus hogares, prescindiendo de los antecedentes religiosos de ellas. Pablo no se había retraído de dar instrucción a aquellos ancianos, y sin duda lo habían acompañado cuando él enseñaba “públicamente y de casa en casa”.

Ellos no fueron los únicos que se beneficiaron del celoso ministerio de Pablo, pues él había ‘dado testimonio cabalmente, tanto a judíos como a griegos, acerca del arrepentimiento para con Dios y la fe en nuestro Señor Jesús’. Note la palabra “cabalmente”. ¿Nos cercioramos nosotros cabalmente hoy día de que toda clase de personas y grupos étnicos reciban el testimonio? (Hechos 20:20, 21; Revelación 14:6, 7.)

La palabra “cabal” también aparece en la siguiente declaración de Pablo: “No hago mi alma de valor alguno como preciada para mí, con tal que termine mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, de dar testimonio cabal de las buenas nuevas de la bondad inmerecida de Dios”. (Hechos 20:24.) Así que su alma, o vida, no sería de valor alguno si no cumplía con su ministerio. ¿Es así como nos sentimos nosotros tocante a nuestro ministerio?

A medida que estos últimos días van llegando rápidamente a su conclusión, y las tensiones, las persecuciones, las enfermedades, o la edad avanzada nos afligen, ¿continuamos desplegando un espíritu como el de Pablo al buscar cabalmente las casas ‘merecedoras’? (Mateo 10:12, 13; 2 Timoteo 2:3, 4; 4:5, 7.)

Pablo no esperaba ver de nuevo a aquellos ancianos de Éfeso. Sin embargo, con plena confianza pudo decirles esto: “Los llamo para que este mismo día sean testigos de que estoy limpio de la sangre de todo hombre”. ¿En qué sentido? Pablo no había derramado sangre en guerra. Él no había comido sangre. Pero estaba muy interesado en la vida de los demás, que era representada por la sangre de ellos. Él no quería que perdieran la vida en el Día del Juicio de Dios por no haberles dado un testimonio cabal. Pablo no se había retraído de decirles a aquellos ancianos y a otras personas “todo el consejo de Dios”. (Hechos 20:26, 27.)

A medida que se acerca la “gran tribulación”, la necesidad de declarar todo el consejo de Dios se hace más urgente que nunca. La situación es similar a la de hace unos 2.600 años cuando la destrucción de Jerusalén era inminente. La palabra de Jehová vino a su profeta Ezequiel, y dijo:

“Hijo del hombre, atalaya es lo que te he hecho a la casa de Israel, y tienes que oír habla de mi boca y tienes que advertirles de mi parte. Cuando yo diga a alguien inicuo: ‘Positivamente morirás’, y tú realmente no le adviertas y hables para advertir al inicuo de su camino inicuo para conservarlo vivo, por ser él inicuo, en su error morirá, pero su sangre la reclamaré de tu propia mano”. (Ezequiel 3:17-21; 33:7-9.)

Los siervos ungidos de Jehová y sus compañeros de la “gran muchedumbre” cargan con una responsabilidad similar hoy día. Nuestro testimonio debe ser cabal. Así, durante el día de la venganza de Dios, alcanzaremos la salvación junto con las personas que nos escuchen. (Isaías 26:20, 21; 1 Timoteo 4:16; Revelación 7:9, 14, 15.)

En lo que tiene que ver con la neutralidad cristiana, abstenerse de la sangre, dar un testimonio cabal y ejercer fe en el precioso sacrificio de Jesús, que cada uno de nosotros esté resuelto a obedecer todo el consejo de Dios. Así, podremos participar en el gozoso cumplimiento del Salmo 33:10-12, que dice: “Jehová mismo ha desbaratado el consejo de las naciones; ha frustrado los pensamientos de los pueblos. Hasta tiempo indefinido el mismísimo consejo de Jehová subsistirá. Feliz es la nación cuyo Dios es Jehová”.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Septiembre de 1986. Para complementar el tema lea ¿Por qué no aceptan transfusiones de sangre los testigos de Jehová?.

martes, 27 de mayo de 2014

¿Indica la ansiedad falta de fe?

El punto de vista bíblico

“PROHIBIDA LA ANSIEDAD.” Así se tituló el artículo que escribió un pastor de principios del siglo XX en el que afirmaba que inquietarse por las cosas materiales no solo es malo, sino también “un pecado de enorme gravedad”. Más recientemente, cierto comentarista, refiriéndose a cómo vencer la inquietud y la ansiedad, escribió: “Inquietarnos es como declarar que no confiamos en Dios”.

En ambos casos, estos escritores basaron sus afirmaciones en las siguientes palabras que pronunció Jesús en el Sermón del Monte: “Dejen de inquietarse” (Mateo 6:25). Dado que la ansiedad afecta a tantas personas hoy día, es posible que nos preguntemos: “¿Debería sentirse culpable un cristiano por tener ansiedad?
¿Indica la ansiedad falta de fe?”.

Dios comprende nuestras imperfecciones

La Biblia no enseña que la falta de fe sea la causa de toda angustia. Puesto que vivimos en “tiempos críticos, difíciles de manejar”, es casi imposible no sufrir algún grado de ansiedad (2 Timoteo 3:1). Los cristianos fieles soportan inquietudes diariamente, ya sea por mala salud, edad avanzada, presiones económicas, conflictos familiares, delincuencia u otros problemas. Aun en la antigüedad, los siervos de Dios se enfrentaron a miedos e inquietudes.

Analicemos el relato bíblico de Lot. Dios le mandó escapar a las montañas para no ser destruido con Sodoma y Gomorra. Sin embargo, la ansiedad se apoderó de Lot, quien imploró: “¡Eso no, por favor, Jehová!”. Vacilante, continuó: “Pero yo... yo no puedo escapar a la región montañosa por temor de que la calamidad se mantenga cerca de mí y yo ciertamente muera”. ¿Por qué le asustaban a Lot las montañas? La Biblia no lo dice, pero fuera cual fuera la razón, la idea aterraba a Lot.

¿Cómo reaccionó Dios? ¿Disciplinó a Lot por su falta de fe y confianza en Él? No.
Todo lo contrario, Jehová tuvo consideración con Lot y le permitió huir a una ciudad cercana (Génesis 19:18-22).

La Biblia ofrece más ejemplos de adoradores fieles a quienes a veces los dominó la ansiedad. El profeta Elías se atemorizó y huyó después de ser amenazado de muerte (1 Reyes 19:1-4). Moisés, Ana, David, Habacuc, Pablo y otros hombres y mujeres de fe fuerte también expresaron sus inquietudes (Éxodo 4:10; 1 Samuel 1:6; Salmo 55:5; Habacuc 1:2, 3; 2 Corintios 11:28). Sin embargo, Dios les tuvo compasión y no dejó de utilizarlos en su servicio, lo cual demostró que de veras comprende a seres humanos imperfectos.

“El pecado que fácilmente nos enreda”


La ansiedad persistente, no obstante, puede debilitarnos y hacernos perder la confianza en Dios. El apóstol Pablo llamó a la falta de fe “el pecado que fácilmente nos enreda” (Hebreos 12:1). Al incluirse a sí mismo, es probable que Pablo estuviera reconociendo su propia tendencia a ‘enredarse fácilmente’ en esporádicos episodios de falta de fe.

Quizás eso fue lo que le ocurrió a Zacarías cuando no creyó al ángel que le comunicó que su esposa quedaría embarazada. En cierta ocasión, los apóstoles de Jesús no fueron capaces de realizar una curación debido a su “poca fe”. Sin embargo, ninguno de ellos dejó de gozar de la aprobación de Dios (Mateo 17:18-20; Lucas 1:18, 20, 67; Juan 17:26).

Por otro lado, la Biblia también contiene ejemplos de personas que perdieron la confianza en Dios y sufrieron graves consecuencias. Uno de ellos es el de los numerosos israelitas que salieron de Egipto y que por su falta de fe no entraron en la Tierra Prometida. En una ocasión incluso se atrevieron a criticar directamente a Dios, diciendo: “¿Por qué nos han hecho subir de Egipto para morir en el desierto? Pues no hay pan y no hay agua”. Como muestra de su desagrado, Dios envió serpientes venenosas para castigarlos (Números 21:5, 6).

Por no tener fe, los habitantes de la ciudad donde se crió Jesús, Nazaret, perdieron el privilegio de ver más milagros en su territorio. Por la misma razón, también la malvada generación de aquel tiempo recibió una contundente denuncia de Jesús (Mateo 13:58; 17:17; Hebreos 3:19). Muy oportunamente, el apóstol Pablo advirtió: “Cuidado, hermanos, por temor de que alguna vez se desarrolle en alguno de ustedes un corazón inicuo y falto de fe al alejarse del Dios vivo” (Hebreos 3:12).

Así es, en casos extremos, la falta de fe resulta de un corazón perverso. Pero este no fue el caso de Zacarías ni de los apóstoles de Jesús en los ejemplos mencionados antes. Su falta de fe se debió a una debilidad momentánea, pues su proceder habitual en la vida demostró que eran “de corazón puro” (Mateo 5:8).

Dios conoce nuestras necesidades


Las Escrituras nos permiten diferenciar entre la ansiedad causada por las inquietudes diarias y el pecado de la falta de fe. Los episodios de ansiedad por preocupaciones cotidianas o incluso una falta momentánea de fe debido a la debilidad humana no deben confundirse con la total falta de confianza en Dios que deriva de un corazón malvado e insensible.

A los cristianos, por tanto, no tiene que atormentarlos la culpa tan solo porque de vez en cuando sientan ansiedad.
Sin embargo, hemos de procurar que la ansiedad no nos abrume y domine nuestra vida. De ahí la sabiduría de las palabras de Jesús cuando aconsejó: “Nunca se inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’, o ‘¿qué hemos de beber?’, o ‘¿qué hemos de ponernos?’”. A lo que añadió consoladoramente: “Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Sigan, pues, buscando primero el reino y la justicia de Dios, y todas estas otras cosas les serán añadidas” (Mateo 6:25-33).

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! el 08 de Junio del 2004. Para complementar el tema lea: "Cuando azota la desgracia". Ambas publicadas por los testigos de Jehová.

martes, 22 de abril de 2014

El café, el té, y los cristianos

El punto de vista bíblico:

EN POLONIA cuando llegan las 10 de la mañana, es tiempo para drugie śniadanie. En Alemania el kaffeeklatsch de las 4 de la tarde es casi un rito. ¿Quién en Inglaterra pensaría en pasar por alto el teatime (la hora del té)? Y en los Estados Unidos el coffee break (la pausa para el café) a mitad de la mañana o de la tarde es costumbre arraigada. Sí, por todo el mundo la gente tiene el hábito de hacer una pausa mientras se toma una taza de café o té.

Pero populares como sean esas costumbres, a veces se presentan serias preguntas u objeciones en cuanto a lo sabio de tomar té o café. Esas preguntas surgen particularmente en el caso de cristianos que desean guiar su vida por el sabio consejo y los sabios principios de la Palabra de Dios. Las objeciones que se presentan giran alrededor de dos puntos principales.

Hay personas que creen que no es sabio, y hasta que es anticristiano, el beber esas bebidas porque contienen cafeína. Señalan que la cafeína es una droga, y sostienen que tiende a crear hábito, tal como lo hacen la cocaína, la heroína y la nicotina (del tabaco). Por eso, razonan así: si el cristiano correctamente evita el aficionarse a estas otras drogas, ¿no debería también evitar la cafeína del café y el té?

La otra objeción principal a estas bebidas es la alegación de que causan daño a la salud. Enfermedades del corazón, úlceras y cáncer de la vejiga son algunos de los problemas que han sido vinculados con el café y el té. Por eso se razona que, puesto que el cristiano ha dedicado su vida y su cuerpo a Dios, debería evitar cosas que le causaran daño sin que hubiera necesidad de ello.—Rom. 12:1.
En medio de las muchas alegaciones que se hacen, ¿cómo puede llegar uno a una decisión equilibrada? El consejo de la Biblia puede ayudarle a hacer eso.

Una droga


La cafeína es una droga, un estimulante, que se halla en “alimentos” como el café, el té y productos del chocolate. Una taza de café contiene entre 100 y 150 miligramos de cafeína, una taza de té 90 miligramos, una botella de refresco de cola de 40 a 72 miligramos, una taza de cacao 50 miligramos y una barra (85 gramos) de chocolate agridulce unos 75 miligramos.

En el caso de la mayoría de las personas la cafeína estimula el corazón y los riñones, hace que se reaccione o responda con mayor rapidez y promueve un estado de alerta. Sin embargo, parece que la cafeína ayuda a algunas personas entradas en años a reposar. Además, a veces la cafeína se usa para tratar dolores de cabeza, porque afecta los vasos sanguíneos del cerebro. Sí, la droga cafeína produce efectos en el cuerpo humano.

Sin embargo, ¿condena la Biblia el comer o beber cosas que contengan sustancias naturales que puedan estimular a uno o contribuir a su reposo?

Un examen de lo que las Escrituras dicen acerca de las bebidas alcohólicas nos ayuda a obtener una respuesta correcta, porque el alcohol también es una droga, una que calma u obra como sustancia deprimente en el cerebro.


No hay duda de que la Palabra de Dios se opone a que se beba una cantidad tan grande de vino, cerveza o cualquier otra bebida alcohólica que se llegue a estar borracho. A los cristianos se les advierte contra “excesos con vino, diversiones estrepitosas, partidas de beber.” (1 Ped. 4:3; 1 Cor. 6:9, 10) Y leemos: “El vino es burlador, el licor embriagante es alborotador, y todo el que se extravía por él no es sabio.”—Pro. 20:1.

¿Qué se dice en cuanto a beber esas cosas con moderación? Aunque la Biblia no insta específicamente a todas las personas a beber cosas que contengan la droga alcohol, no dice que el hacer eso con moderación sea incorrecto solo porque hay una droga envuelta en el asunto. En los tiempos bíblicos el vino era una bebida común con las comidas. (Gén. 27:25; 1 Sam. 16:20)

Toda persona tiene que ingerir fluidos. Y sencillamente no hay ninguna proscripción bíblica contra el que a veces uno haga del vino, la cerveza o cosas parecidas parte de su ingestión normal de fluido. Jesús hizo eso.—Luc. 7:34.

La Biblia no pasa por alto el hecho de que las bebidas que contienen la droga alcohol pueden afectar el cuerpo o la mente de la persona. Salmo 104:15 alista como una de las provisiones de Dios el “vino que regocija el corazón del hombre mortal.” Por consiguiente, la Palabra de Dios con frecuencia asocia el vino con el gozo y el placer. (Ecl. 9:7; Juan 2:2-10) Y la Biblia también habla del poder del alcohol en cuanto a calmar o deprimir el sistema nervioso de la persona abatida sin expresar desaprobación.—Pro. 31:6, 7.

¿Ve usted el significado de esto? Puesto que la Biblia no prohíbe que el cristiano incluya algunas bebidas alcohólicas en el fluido que ingiere ¿cómo se puede decir que porque el café y el té contienen cafeína es antibíblico consumirlos, hasta usarlos debido a que tienen un efecto despertador o tranquilizante?

‘Pero,’ quizás objeten algunos, ‘¿no se crea un hábito por la cafeína?’ En Drugs, Society, and Human Behavior, el profesor R. S. Oakley declara:
“El llegar a depender de la cafeína es cosa real, y un síntoma bien comprobado de la necesidad que se crea es el dolor de cabeza, que por lo general se desarrolla en los que acostumbran usarla . . . después de unas 18 horas de abstinencia. Hay informes que sugieren que el dolor de cabeza mismo puede estar precedido de náusea y letargo.”
Por otra parte, en un artículo sobre el café la revista Science Digest (de junio de 1975) cita estas palabras del Dr. M. Seevers, de la Universidad de Michigan: “No se produce dependencia física en el caso de ninguno de los estimulantes psicomotores,” como el café.

Sin embargo, hasta si hay la posibilidad de una dependencia o una forma moderada de “afición” a la cafeína que hay en el café o en el té, desde el punto de vista estrictamente bíblico eso no significa que el cristiano tenga que evitarlos. Casi todo el mundo sabe que uno puede aficionarse al alcohol y experimentar síntomas fuertes de necesidad de él si se le priva de esa sustancia. Sin embargo, la Biblia no prohíbe el uso moderado de bebidas alcohólicas.

Aun así, el hecho de que algunas personas que beben té y café parezcan “aficionarse” y “tengan” que tener su dosis regular de cafeína debería hacer que la persona razonable tomara en consideración este asunto. ¿Qué hay si usted descubriera que cuando se le priva de café o té se le alteran los nervios, enferma hasta cierto grado o aun muestra irritación hasta el punto de no manifestar el “fruto del espíritu”? (Gál. 5:22, 23) Usted pudiera concluir que necesita revisar con seriedad sus hábitos.

La cafeína y su salud

Muchas personas han reconsiderado su costumbre de beber café y té después de leer informes de que estas bebidas pueden perjudicarles la salud. Pero, para ser imparciales, también ha habido informes que levantan objeciones a que existan estos peligros y que indican que el uso moderado del té y el café no presentan ningún riesgo sustancial para la mayoría de las personas. El Dr. Jean Mayer, antiguo profesor de nutrición en la Universidad de Harvard, examinó ambos lados de la cuestión en un artículo de junio de 1976. He aquí un resumen de algunos de sus comentarios:

Enfermedad cardiaca: Un estudio por un programa de vigilancia relacionado con las drogas “halló que las personas que beben de una a cinco tazas de café al día tienen un riesgo 60 por ciento mayor de sufrir ataques al corazón.” Sin embargo, otro estudio que duró largo tiempo y disfrutó de gran estima “no halló relación estadística entre el café y ninguna forma de enfermedad cardiaca.”

Cáncer: “Dos estudios efectuados en la Escuela de Salud Pública de Harvard mostraron una relación estadística entre el café y una mayor incidencia de cáncer de la vejiga y del conducto urinario inferior.” Sin embargo, ‘un estudio canadiense no halló tal relación.’

Úlceras: El café estimula la secreción de ácidos gástricos. “Un estudio de estudiantes universitarios reveló que los hombres que beben una o dos tazas al día tienen un riesgo 150% mayor de desarrollar úlceras más tarde. . . . En contraste con estos hallazgos, un estudio grande y de largo tiempo efectuado por un programa de atención médica no pudo detectar asociación entre el beber café y desarrollar úlceras pépticas.”

Pudieran considerarse otros aspectos relacionados con la salud en cuanto al uso de la cafeína, pero note la conclusión del artículo de Science Digest ya citado:
“La mayoría de los peritos médicos admiten hoy que no hay prueba firme de que el café por sí mismo pueda precipitar enfermedades fatales.”

Lo siguiente no se debe pasar por alto: Aun si se determina que hay un riesgo posible, ¿no dependería eso de cuánto café o té y con cuánta regularidad lo bebe la persona? ¿Y no pudiera estar relacionado el “riesgo” con la condición de la salud del individuo?

Lo que la Biblia dice acerca de las bebidas alcohólicas se puede enlazar con lo que tratamos ahora. ¿Quién no sabe que el usarlas en demasía puede perjudicar la salud? ¿Y no se ve claramente que algunas personas, debido a su salud o experiencia previa con las bebidas alcohólicas, no deberían beberlas en absoluto?

No obstante, el Creador, que ha visto más de los efectos de las bebidas alcohólicas que cualquier ser humano, no condena el uso moderado de éstas. Por eso, ¿no sería cierto esto también del café y el té?


En cuanto a otro ejemplo bíblico, considere la miel. Hay personas que prefieren usar la miel como agente endulzador, porque creen que el azúcar refinado es perjudicial a la salud. Sin embargo, la Biblia señala lo siguiente: “¿Es miel lo que has hallado? Come lo que te sea suficiente, para que no tomes demasiado de ella y tengas que vomitarla. El comer demasiada miel no es bueno.”—Pro. 25:16, 27.

Sí, uno pudiera perjudicar su salud si consumiera una demasía de miel, una demasía de azúcar, sal, grasa, leche, alcohol o un alimento o bebida que contuviera cafeína. Y sin duda hay personas que deberían abstenerse totalmente de azúcar, bebidas alcohólicas o lo demás.

Pero otras personas pudieran comer o beber estas cosas con moderación, o querrían hacerlo. Y cuando el asunto tiene que ver con consumir estas cosas, no podemos pasar por alto el hecho de que la persona está haciendo algo que es fundamentalmente normal y necesario... está comiendo o bebiendo. No es como si estuviera imponiendo por fuerza en su cuerpo un proceso contranatural que indudablemente sería contaminador y perjudicial, como el introducir humo en los pulmones para satisfacer una afición a la nicotina.

Conclusión


Aunque “moderación” es un término importante en lo que se refiere a beber café y té, igualmente importante es “comprender.” Sea que usted opte por consumir cualquiera de estas bebidas o no, esfuércese por mostrar comprensión para con los que hacen lo contrario.

Puesto que no hay fundamento bíblico para decir categóricamente que no se debe beber café ni té, usted debe permitir que otros tomen su propia decisión, sin criticar. Y ellos deben tratarlo a usted de la misma manera. Porque desde el punto de vista bíblico, el que el cristiano haya de beber café o té en moderación o no los beba es asunto personal.

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 08 de Octubre de 1977. Para complementar el tema lea "¿Qué piensa Dios del tabaco?"