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viernes, 30 de mayo de 2014

Existe un galardón para su actividad

EL REY Asá conduce a su ejército por un profundo valle. Van de las montañas de Judea a las llanuras costeras. Cuando llegan a la parte más ancha del valle, Asá se detiene, impresionado por lo que ve. ¡El enorme ejército etíope está acampado más abajo! Debe de haber un millón de soldados enemigos, mientras que las fuerzas de Asá solo ascienden a la mitad.

En vista de que la batalla es inminente, ¿qué es lo primero que hace Asá? ¿Darles órdenes a sus generales? ¿Animar a las tropas? ¿Enviar cartas a su familia? Nada de eso. En medio de esta peligrosa situación, lo que hace es orar a Dios.
Antes de examinar su oración y lo que ocurrió después, hablemos de la clase de hombre que era. ¿Por qué recurrió a Dios? ¿Podía esperar que él lo ayudara? ¿Qué nos enseña este relato sobre las bendiciones que Jehová otorga a sus siervos?

¿Qué clase de hombre era Ása?


Tan solo veinte años después de que Judá e Israel se dividieran en dos reinos, Judá ya se había corrompido por completo con la adoración falsa. Para el año 977 antes de nuestra era, cuando Asá llegó a ser rey, incluso la corte se había contaminado con el culto a las deidades cananeas de la fertilidad. Pero el relato inspirado indica que el rey Asá “procedió a hacer lo que era bueno y recto a los ojos de Jehová su Dios.

De modo que quitó los altares extranjeros y los lugares altos y quebró las columnas sagradas y cortó los postes sagrados” (2 Crón. 14:2, 3). Además, echó de Judá “a los prostitutos de templo”, quienes mantenían relaciones sexuales con otros hombres como parte de sus ritos paganos. Pero no se limitó a eliminar la adoración falsa, sino que también le mandó al pueblo “que buscara a Jehová el Dios de sus antepasados y que pusiera por obra la ley y el mandamiento” de Dios (1 Rey. 15:12, 13; 2 Crón. 14:4).

A Jehová le agradaba el celo de Asá por la adoración verdadera, y lo recompensó concediéndole muchos años de paz. De ahí que el rey dijera: “Hemos buscado a Jehová nuestro Dios. Hemos buscado, y él nos da descanso todo en derredor”. El pueblo aprovechó este período de tranquilidad para reforzar las murallas de las ciudades de Judá. La Biblia informa: “Se pusieron a edificar y a lograr éxito” (2 Crón. 14:1, 6, 7).

En el campo de batalla

En vista de su historial, no debe sorprendernos que Asá recurriera a Jehová antes de enfrentarse al mayor ejército humano que se menciona en la Biblia. Él sabía que Jehová premia los actos de fe. Le suplicó que lo ayudara, pues sabía que confiando en él y teniéndolo a su lado no importaba lo grande o poderoso que fuera el enemigo. Además, sabía que el nombre de Jehová estaba implicado, y por eso oró:

“Ayúdanos, oh Jehová nuestro Dios, porque de veras nos apoyamos en ti, y en tu nombre hemos venido contra esta muchedumbre. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios. No permitas que el hombre mortal retenga fuerza contra ti” (2 Crón. 14:11).

Es como si hubiera dicho: “Jehová, es a ti a quien están atacando los etíopes. No permitas que simples humanos venzan a tu pueblo y deshonren tu nombre”. Dios respondió su oración, pues la Biblia indica que “Jehová derrotó a los etíopes delante de Asá y delante de Judá, y los etíopes se dieron a la fuga” (2 Crón. 14:12).

En la actualidad, los siervos de Jehová tenemos que enfrentarnos a muchos adversarios poderosos. No luchamos con armas físicas en campos de batalla literales, pero podemos estar seguros de que Jehová nos dará la victoria si somos fieles y honramos su nombre. Cualquiera de nosotros tal vez tenga que librar largas y duras batallas contra enemigos como la degradación moral de este mundo, las debilidades personales o las amenazas contra la espiritualidad de nuestra familia.

Sea cual sea nuestra prueba de fe, podemos obtener ánimo de la oración de Asá. Su victoria fue la victoria de Jehová, y nos demuestra lo que pueden esperar quienes confían en Dios. No hay fuerza humana capaz de mantenerse firme contra Jehová.

Unas palabras de ánimo y una advertencia

Mientras Asá regresaba de la batalla, el profeta Azarías salió a su encuentro con unas palabras de ánimo y una advertencia:

“¡Óiganme, oh Asá y todo Judá y Benjamín! Jehová está con ustedes mientras ustedes resulten estar con él; y si lo buscan, se dejará hallar de ustedes; pero si lo dejan, él los dejará a ustedes”. Luego añadió: “Sean animosos y no dejen caer las manos, porque existe un galardón para su actividad” (2 Crón. 15:1, 2, 7).

Estas palabras nos fortalecen la fe. En efecto, mientras le sirvamos fielmente, Jehová estará con nosotros. Cuando clamamos a él por ayuda, podemos estar seguros de que nos escucha. “Sean animosos”, dijo Azarías. Con frecuencia hace falta ánimo y valor para hacer lo que está bien, pero sabemos que con la ayuda de Jehová podemos lograrlo.

Puesto que la abuela de Asá, llamada Maacá, “había hecho un ídolo horrible al poste sagrado”, el rey llevó a cabo la difícil tarea de destituirla de su puesto en la corte como “dama”. Además, quemó aquel ídolo (1 Rey. 15:13). Jehová lo bendijo por la valentía y decisión con que actuó. Nosotros también debemos apegarnos incondicionalmente a Jehová y sostener sus normas sin importar que nuestros familiares sean o no leales a Dios. Si así lo hacemos, Jehová premiará nuestra fidelidad.

Parte de la recompensa de Asá consistió en ver que muchos de los israelitas del reino apóstata del norte se mudaron a Judá. ¿Por qué lo hicieron? Porque se dieron cuenta de que Dios estaba con el rey. Valoraban tanto la adoración pura que optaron por dejar atrás sus hogares para vivir junto a otros siervos de Jehová.

Entonces, Asá y todo Judá gozosamente “entraron en un pacto de que buscarían a Jehová el Dios de sus antepasados con todo su corazón y con toda su alma”. Como resultado, Dios “se dejó hallar por ellos; y Jehová continuó dándoles descanso todo en derredor” (2 Crón. 15:9-15). ¡Cuánto nos regocija ver a las personas que aman la justicia abrazar la adoración pura de Jehová!

No obstante, las palabras del profeta Azarías también contienen una seria advertencia: “Si lo dejan, [Jehová] los dejará a ustedes”. Que nunca nos ocurra eso a nosotros, pues las consecuencias serían trágicas (2 Ped. 2:20-22). Las Escrituras no revelan por qué Jehová le dio esta advertencia a Asá, pero el rey la pasó por alto.

“Has actuado tontamente”

Cuando Asá llevaba treinta y seis años en el trono, el rey Baasá de Israel llevó a cabo actos hostiles contra Judá. Por ejemplo, fortificó la ciudad fronteriza de Ramá, a ocho kilómetros (cinco millas) al norte de Jerusalén, tal vez para impedir que sus súbditos se pusieran de parte de Asá y de la adoración pura. En vez de pedirle ayuda a Jehová —como había hecho ante la invasión etíope—, Asá recurrió a seres humanos. Le envió un presente al rey de Siria y le pidió que atacara al reino de Israel. Tras varias incursiones sirias en su territorio, Baasá se retiró de Ramá (2 Crón. 16:1-5).

Jehová le expresó su disgusto a Asá mediante el profeta Hananí. El rey debería haber recordado cómo actuó Jehová con los etíopes, y que “sus ojos están discurriendo por toda la tierra para mostrar su fuerza a favor de aquellos cuyo corazón es completo para con él”. Puede que alguien aconsejara mal a Asá. O quizás este no consideró que Baasá y sus fuerzas militares fueran una amenaza tan grande que no pudiera encargarse de ella por sí mismo. En cualquier caso, no confió en Jehová, sino en la lógica humana. “Has actuado tontamente respecto a esto —dijo Hananí—, pues desde ahora en adelante existirán guerras contra ti.” (2 Crón. 16:7-9.)

Asá reaccionó mal: enfurecido, puso al profeta en el cepo (2 Crón. 16:10). ¿Acaso pensó que, habiendo sido fiel por tantos años, no merecía esa reprensión? ¿Será que con la edad fue perdiendo la lucidez? La Biblia no lo aclara. Después de treinta y nueve años de reinado, Asá se enfermó gravemente de los pies. El relato dice que “aun en su enfermedad no buscó a Jehová, sino a los sanadores”. Todo indica que, para entonces, había descuidado su salud espiritual. Y, por lo visto, esa fue la situación en la que falleció, tras cuarenta y un años en el trono (2 Crón. 16:12-14).

No obstante, parece que sus buenas cualidades y su celo por la adoración verdadera pesaron más que sus errores. Nunca dejó de servir a Jehová (1 Rey. 15:14). Entonces, desde esta perspectiva, ¿qué aprendemos de su vida? Que debemos reflexionar en cómo Jehová nos ayudó en el pasado, pues esos preciados recuerdos pueden impulsarnos a recurrir a él cuando nos surjan dificultades.

Además, no pensemos que por llevar muchos años sirviendo fielmente a Dios no nos hace falta recibir consejos bíblicos. Si cometemos un error, Jehová nos corregirá, sea cual sea nuestro historial en su servicio. Para beneficiarnos de la disciplina, nos conviene aceptarla con humildad. Y, sobre todo, nuestro Padre celestial estará con nosotros mientras le seamos leales.

Los ojos de Jehová recorren toda la Tierra en busca de quienes le muestran fidelidad. Jehová los recompensa utilizando su poder para favorecerlos. Así lo hizo con Asá, y también lo hará con nosotros.
Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 del 15 de Agosto del 2012. Para ampliar el tema lea "Ejemplos de fe". Ambos publicados por los testigos de Jehová.

jueves, 29 de mayo de 2014

¿Cómo puedo dejar de preocuparme tanto?

Los jóvenes preguntan...

“El porvenir es una de las mayores inquietudes en la juventud. Te preocupas por ti mismo. ¿Debería irme de casa? ¿Estudiar? ¿Emprender el ministerio de tiempo completo? ¿Casarme? Hay tantas opciones que te da miedo.”—Shane, de 20 años.

¿TE SIENTES agobiado por una multitud de preocupaciones? Muchos jóvenes lo están, por una u otra razón. Un boletín de orientación para los padres informó: “Un sondeo reciente entre adolescentes de 15 a 18 años de 41 países reveló que la primera inquietud es conseguir un buen trabajo”. La segunda se centra en la salud de los padres, y el temor a perder a un ser querido figura asimismo entre las que encabezan la lista.

El Departamento de Educación de Estados Unidos descubrió en un estudio que “la presión para conseguir buenas calificaciones” constituía una de las principales causas de intranquilidad de muchos jóvenes estadounidenses, y que no son pocos los que comparten el sentir de Shane (citado al inicio del artículo). Una chica llamada Ashley dice: “Me preocupa mi futuro”.

A otros les inquieta su integridad física. Según una encuesta realizada en 1996, casi la mitad de los muchachos norteamericanos consideraban que la escuela era cada vez más violenta. Más de ocho millones de adolescentes (el 37%) declararon que alguno de sus conocidos había sido tiroteado.

Pero no todas las ansiedades son tan sombrías. Para una gran cantidad de jóvenes, lo que más desasosiego les causa es la vida social. Como explica una revista digital dirigida a los padres, “es cierto que a los adolescentes les preocupa tener novio o novia, pero les inquieta más aún no tener amistades”. Meagan, una adolescente, se lamenta: “¿Cómo logra una que su aspecto y forma de actuar sean atractivos y modernos? Necesito amigos”. En la misma línea, un cristiano de 15 años de edad, Natanael, señala: “Los chicos de la escuela se obsesionan con el estilo: qué piensan los demás de su modo de caminar, de hablar y de arreglarse. Les da miedo parecer ridículos”.

Los problemas, parte de la vida

Sería ideal que no existieran los problemas. Sin embargo, la Biblia indica que “el hombre, nacido de mujer, es de vida corta y está harto de agitación” (Job 14:1). De modo que los obstáculos (y las mortificaciones que conllevan) forman parte de la vida. Pero si dejas que las preocupaciones y la ansiedad dominen tu manera de pensar, te harás mucho daño. La Palabra de Dios advierte: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia” (Proverbios 12:25).
Una forma de evitar martirizarte innecesariamente es que aprendas a comportarte. Ana, de 16 años, comenta: “Muchas de mis compañeras de escuela tienen miedo de quedar embarazadas o de contraer alguna enfermedad de transmisión sexual”. Tú puedes ahorrarte tal desasosiego si te mantienes fiel a las normas morales de la Biblia (Gálatas 6:7). Por supuesto, no todos los problemas son tan claros ni tan fáciles de resolver. ¿Cómo evitar que las preocupaciones te angustien?

“Preocuparse con sabiduría”

Muchas personas dejan que las preocupaciones las paralicen. Sin embargo, un artículo de una revista para adolescentes recomendaba “preocuparse con sabiduría”, es decir, convertir la inquietud en una acción constructiva. En las Santas Escrituras hay muchos principios que te ayudarán a lograrlo. Veamos Proverbios 21:5: “Los planes del diligente propenden de seguro a ventaja”. Digamos, por ejemplo, que deseas celebrar una reunión con algunos hermanos de la congregación. La buena planificación te ahorrará muchos dolores de cabeza. Pregúntate: “¿A quiénes, exactamente, voy a invitar? ¿A qué hora quiero que lleguen? ¿A qué hora quiero que se retiren? ¿Qué cantidad de refrigerios necesito en realidad? ¿De qué actividades divertidas disfrutarían todos los asistentes?”. Cuanto mejor lo planees, más probable será que salga bien.

No obstante, las reuniones demasiado elaboradas pueden convertirse igualmente en fuente de intranquilidad. Jesucristo le ofreció el siguiente consejo a una mujer que se tomó más molestias de las necesarias al atender a su invitado: “Son pocas, sin embargo, las cosas que se necesitan, o solo una” (Lucas 10:42). Así que pregúntate: “¿Qué es esencial para que la reunión sea un éxito?”. La sencillez contribuirá a reducir muchas ansiedades.

Otra posible preocupación es la seguridad en la escuela. Quizás no puedas hacer mucho para mejorar la situación; lo que sí está a tu alcance es tomar precauciones. Es como dice Proverbios 22:3: “Sagaz es el que ha visto la calamidad y procede a ocultarse”. Será menos probable que te metas en líos si evitas los sitios peligrosos (no solo los aislados, sino también los que carecen de vigilancia, donde acostumbran reunirse los revoltosos).

Las tareas escolares se convierten a veces en fuente de ansiedad. Si tienes varias y todas son importantes, quizás te inquiete la posibilidad de no terminarlas a tiempo. En este caso resulta útil el principio de Filipenses 1:10: “Que se aseguren de las cosas más importantes”. ¡Eso es! Aprende a establecer un orden de prioridades: atiende primero la tarea más urgente y luego pasa a la siguiente. Poco a poco sentirás que dominas la situación.

Asesórate

De jovencito, a Aarón le preocupaba tanto aprobar los exámenes finales que hasta le dolía el pecho. “Se lo dije a mis padres —relata—, y me enviaron al médico. De inmediato, él se percató de que el corazón estaba bien y me explicó la forma en que afecta la ansiedad al cuerpo. Mis padres me hicieron ver que me había preparado a conciencia para las pruebas, pero debía interesarme más en mi salud. Se disipó la ansiedad, desaparecieron los dolores de pecho, y salí bien en los exámenes.”

Si sientes que las preocupaciones te abruman, no sufras en silencio. Proverbios 12:25, citado ya en parte, dice en su totalidad: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo regocija”. Para recibir una “buena palabra” de estímulo, es imprescindible que hables de tu “solicitud ansiosa”.

Primero, sería bueno que conversaras con tus padres, quienes seguramente te brindarán algunas sugerencias. También serán un apoyo los hermanos maduros en sentido espiritual que haya en tu congregación. Janelle, de 15 años, nos cuenta: “Me mortificaba la idea de ir a la escuela; tenía miedo de encararme a todo: las drogas, las relaciones sexuales, la violencia..., hasta que hablé con un anciano de la congregación, quien me dio muchos consejos prácticos. En ese momento me sentí mejor, pues me di cuenta de que podía afrontar la situación”.

No postergues las cosas


A veces dejamos algunas obligaciones para después porque nos resultan desagradables. Por ejemplo, Shevone, de 19 años, tuvo una diferencia con otro cristiano. Sabía que debía hablar con él, pero seguía aplazando el asunto. “Cuanto más lo postergaba, más me molestaba”, confiesa ella. Entonces recordó las palabras de Jesús referidas en Mateo 5:23, 24, donde se exhorta a los cristianos a resolver tales dificultades de inmediato. “Por fin lo hice —cuenta Shevone—, y sentí un verdadero alivio.”

¿Estás posponiendo algún asunto, quizás un trabajo desagradable o una confrontación incómoda? Pues atiéndelo pronto, y te enfrentarás a una preocupación menos.

Situaciones serias


El remedio no siempre es tan fácil, como ocurre en el caso de un joven de nombre Abdur. Su madre padece cáncer, y él se ve en la obligación de mantenerla a ella y a su hermano menor. Como es natural, le preocupa la afección de su mamá. No obstante, dice: “Las palabras de Jesús me dan la clave: ‘¿Quién de ustedes, por medio de inquietarse, puede añadir un codo a la duración de su vida?’. En lugar de abatirme, analizo bien la situación e intento determinar qué proceder dará mejores resultados” (Mateo 6:27).

No es fácil mantener la calma al pasar por una crisis. Hay quienes se afligen tanto que no atienden sus propias necesidades y hasta rehúsan comer. Sin embargo, el libro Helping Your Teenager Deal With Stress (Cómo ayudar a su hijo adolescente a superar el estrés) señala que, si te privas de los nutrientes esenciales, serás “mucho menos capaz de sobrellevar la tensión nerviosa y mucho más susceptible a las enfermedades”. Así que, ocúpate de tu salud física; duerme y aliméntate lo suficiente.

Tu mayor alivio vendrá cuando sigas el consejo de la Biblia: “Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y él mismo te sustentará. Nunca permitirá que tambalee el justo” (Salmo 55:22).

A Shane, mencionado al principio, le inquietaba su futuro. “Empecé a concentrarme más en la Palabra y los propósitos de Dios”, relata. En poco tiempo se dio cuenta de que, si empleaba su vida en servir a Dios, le esperaba un mañana feliz (Revelación [Apocalipsis] 4:11). “Dejé de preocuparme por mí mismo —señala Shane—. Tenía asuntos más importantes en que pensar.”

Digno eres tú, Jehová, nuestro Dios mismo, de recibir la gloria y la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas, y a causa de tu voluntad existieron y fueron creadas”.
(Revelación 4: 11)

De modo que, cuando sientas que tu preocupación es demasiado grande, busca formas constructivas de afrontarla. Asesórate con personas maduras. Pero, sobre todo, presenta tus inquietudes ante Jehová, ‘porque él se interesa por ti’ (1 Pedro 5:7). Con su ayuda, quizás logres dejar de preocuparte tanto.

a la vez que echan sobre él toda su inquietud, porque él se interesa por ustedes.
(1 Pedro 5: 7)

Artículo publicado en la revista ¡Despertad!" del 22 de Septiembre del 2001. Para resolver otras dudas consulta la sección "Jovenes" del sitio oficial de los testigos de Jehová.

miércoles, 28 de mayo de 2014

La Biblia nos ayuda a sentirnos satisfechos

AUNQUE la Biblia no es un libro de medicina, habla del efecto que los sentimientos, tanto positivos como negativos, tienen en nuestra salud física y mental. Nos dice: “Un corazón que está gozoso hace bien como sanador, pero un espíritu que está herido seca los huesos”. También indica: “¿Te has mostrado desanimado en el día de la angustia? Tu poder será escaso” (Proverbios 17:22; 24:10). El desánimo consume las energías, nos deja débiles y vulnerables, sin ganas de cambiar ni de buscar ayuda.

El desánimo también repercute en la espiritualidad de la persona. Quienes carecen de autoestima suelen pensar que nunca tendrán una buena relación con Dios y que nunca recibirán su aprobación. Simone, mencionada en el primer artículo, dudaba que ella fuera “la clase de persona a quien Dios aprobaría”. Sin embargo, cuando estudiamos la Palabra de Dios, la Biblia, nos damos cuenta de que el Creador mira con buenos ojos a quienes se esfuerzan por agradarle.

Dios se interesa en nosotros

La Biblia nos asegura que “Jehová está cerca de los que están quebrantados de corazón; y salva a los que están aplastados en espíritu”. Dios no desprecia “un corazón quebrantado y aplastado”; de hecho, promete “revivificar el espíritu de los de condición humilde y [...] el corazón de los que están siendo aplastados” (Salmo 34:18; 51:17; Isaías 57:15).
 

En una ocasión, Jesús, el Hijo de Dios, quiso que sus discípulos comprendieran que su Padre ve las cosas buenas de Sus siervos. Para ejemplificarlo, dijo que Dios se da cuenta cuando un gorrión cae a tierra, algo que para la mayoría de las personas es insignificante. Jesús también destacó que Jehová conoce hasta el más ínfimo detalle de los humanos, incluso el número exacto de cabellos de cada uno.

Y concluyó su ilustración con estas palabras: “Por lo tanto, no tengan temor: ustedes valen más que muchos gorriones” (Mateo 10:29-31). Jesús enseñó que independientemente de cómo se vea uno a sí mismo, si tiene fe, es valioso para Dios. De hecho, el apóstol Pedro nos recuerda que “Dios no es parcial, sino que, en toda nación, el que le teme y obra justicia le es acepto” (Hechos 10:34, 35).

Mantengamos el equilibrio

La Palabra de Dios nos anima a tener una opinión equilibrada de nosotros mismos. El apóstol Pablo escribió bajo inspiración: “Por la bondad inmerecida que se me ha dado digo a cada uno que está allí entre ustedes que no piense más de sí mismo de lo que sea necesario pensar; sino que piense de tal modo que tenga juicio sano, cada uno según le haya distribuido Dios una medida de fe” (Romanos 12:3).

Por supuesto, no queremos darnos tanta importancia que nos volvamos engreídos; pero tampoco queremos irnos al otro extremo y concluir que no valemos nada. Más bien, nuestro objetivo debe ser formarnos un concepto realista de nosotros mismos, y para ello debemos tener en cuenta tanto nuestros puntos fuertes como nuestras limitaciones. Una cristiana lo expuso de este modo: “Ni soy la maldad personificada ni soy la mejor persona del mundo. Tengo virtudes y tengo defectos, como el resto de la gente”.

Claro, no es tan fácil llegar a pensar así. Si uno ha tenido una imagen negativa de sí mismo durante muchos años, tal vez le cueste un gran trabajo borrarla. Sin embargo, con la ayuda de Dios, es posible cambiar la personalidad y la actitud ante la vida. Eso es precisamente lo que la Palabra de Dios nos anima a hacer.

En ella leemos: “Deben desechar la vieja personalidad que se conforma a su manera de proceder anterior y que va corrompiéndose conforme a sus deseos engañosos; pero deben ser hechos nuevos en la fuerza que impulsa su mente, y deben vestirse de la nueva personalidad que fue creada conforme a la voluntad de Dios en verdadera justicia y lealtad” (Efesios 4:22-24).

Si nos esforzamos por transformar “la fuerza que impulsa [nuestra] mente”, es decir, la inclinación dominante de nuestra mente, podemos convertir una personalidad muy negativa en una positiva. Lena, de quien se habló en el artículo anterior, comprendió que para cambiar lo que sentía hacia sí misma, primero debía desechar la idea de que nadie la quería o de que nadie podía ayudarla. ¿Qué consejos prácticos de la Biblia ayudaron a Lena, Simone y otras personas a lograr esta transformación?

Principios bíblicos que producen satisfacción

“Arroja tu carga sobre Jehová mismo, y él mismo te sustentará.” (Salmo 55:22.) La ayuda principal de que disponemos para sentirnos felices es la oración. Simone explica: “Siempre que estoy desanimada, le pido ayuda a Jehová y en todos los casos he percibido su fuerza y su guía”. Cuando el salmista nos insta a arrojar nuestra carga sobre Jehová, lo que hace es recordarnos que Jehová no solo se interesa en nosotros, sino que también nos considera dignos de recibir su ayuda y su apoyo.

La noche de la Pascua del año 33 de nuestra era, los discípulos se entristecieron profundamente cuando Jesús les habló de su inminente partida. Él los animó a orar al Padre, y luego añadió:

“Pidan y recibirán, para que su gozo se haga pleno” (Juan 16:23, 24).
“Hay más felicidad en dar que en recibir.” (Hechos 20:35.)

Como enseñó Jesús, un factor clave para ser feliz es dar. Poniendo en práctica este principio, nos concentramos en las necesidades de los demás, y nuestras deficiencias pasan a un segundo plano. Cuando ayudamos al semejante y percibimos su respuesta apreciativa, nos sentimos mejor con nosotros mismos. Lena enseña las buenas nuevas de la Biblia a sus vecinos periódicamente y está convencida de que esta actividad la beneficia de dos formas: “Primero, obtengo la clase de felicidad y de satisfacción de la que habló Jesús. Segundo, veo la reacción positiva de las personas, y eso me produce verdadera alegría”.

Dando generosamente de nosotros mismos, comprobaremos la veracidad de Proverbios 11:25: “El que liberalmente riega a otros, él mismo también será liberalmente regado”.

“Todos los días del afligido son malos; pero el que es alegre de corazón tiene un banquete constantemente.” (Proverbios 15:15, nota.) Todos tenemos dos formas de vernos a nosotros mismos y nuestras circunstancias. Podemos verlo todo negativo y afligirnos, u optar por pensar de forma positiva, ser ‘alegres de corazón’ y sentirnos contentos, como si estuviéramos en un banquete. Simone explica: “Intento ser tan positiva como puedo. Me mantengo ocupada con el estudio personal y el ministerio, y oro con perseverancia. También me rodeo de gente optimista y procuro ayudar a los demás”. Esta actitud produce verdadera felicidad.

Por eso la Biblia nos exhorta: “Regocíjense en Jehová y estén gozosos, ustedes los justos; y clamen gozosamente, todos ustedes los que son rectos de corazón” (Salmo 32:11).
“Un compañero verdadero ama en todo tiempo, y es un hermano nacido para cuando hay angustia.” (Proverbios 17:17.)

Si nos desahogamos con alguien a quien queramos o con un consejero de confianza, tal vez se nos haga más fácil eliminar los sentimientos negativos antes de que nos abrumen.

Al hablar con otra persona, veremos los asuntos desde una perspectiva equilibrada y positiva. “Ayuda mucho sincerarse con alguien, contarle cómo se siente uno —admite Simone—. Muchas veces eso es lo único que se necesita.” Si hacemos esto, veremos lo ciertas que son estas palabras del proverbio: “La solicitud ansiosa en el corazón de un hombre es lo que lo agobia, pero la buena palabra es lo que lo regocija” (Proverbios 12:25).


Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Agosto del 2005. Para complementar el tema lea: "¿Se interesa Dios por usted?. Ambas publicadas por los testigos de Jehová.