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jueves, 15 de mayo de 2014

Enséñame a hacer tu voluntad

“Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios.” (SAL. 143:10)

Ver las cosas desde la elevada perspectiva del Creador nos permite andar en el camino que él aprueba (Is. 30:21).

Durante la mayor parte de su existencia, el rey David de Israel fue un sobresaliente ejemplo de alguien que tuvo presente la voluntad de Dios. Repasemos algunos episodios de su vida a fin de aprender de la conducta de un hombre que sirvió a Jehová con un corazón completo (1 Rey. 11:4).

DAVID REVERENCIÓ EL NOMBRE DE DIOS


Pensemos en el joven David cuando se enfrentó al campeón filisteo Goliat. ¿Qué lo impulsó a luchar con un gigante de casi 3 metros (9,5 pies) de altura y armado hasta los dientes? (1 Sam. 17:4, nota.) ¿Su valor? ¿Su fe en Dios? Es verdad que ambas cualidades tuvieron mucho que ver. Sin embargo, lo que lo motivó de un modo especial fue su respeto a Jehová y a su gran nombre. Indignado, David preguntó: “¿Pues quién es este filisteo incircunciso para que tenga que desafiar con escarnio a las líneas de batalla del Dios vivo?” (1 Sam. 17:26).

Ya frente a Goliat, le dijo: “Tú vienes a mí con una espada y con una lanza y con una jabalina, pero yo voy a ti con el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de las líneas de batalla de Israel, a quien tú has desafiado con escarnio” (1 Sam. 17:45).

Confiando en el Dios verdadero, derribó al imponente filisteo de una sola pedrada. Tal como en aquella ocasión, David confió en Jehová y tuvo su nombre en la más alta estima a lo largo de toda su vida. De hecho, instó a sus hermanos israelitas: “Jáctense en el santo nombre de él” (léase 1 Crónicas 16:8-10).

¿Se siente usted orgulloso de tener a Jehová como su Dios? (Jer. 9:24.) ¿Cómo reacciona cuando sus vecinos, compañeros o parientes hablan mal de él y se burlan de sus Testigos? ¿Sale en defensa del nombre de Jehová confiando en su apoyo? Claro está, hay un “tiempo de callar”, pero no hay que avergonzarse de ser testigos de Jehová y discípulos de Jesús (Ecl. 3:1, 7; Mar. 8:38).

Aunque debemos tratar con tacto y amabilidad a quienes no responden favorablemente a nuestro mensaje, nunca seamos como aquellos israelitas que “se aterrorizaron y tuvieron muchísimo miedo” al oír las provocaciones de Goliat (1 Sam. 17:11). Más bien, actuemos con decisión para santificar el nombre de Jehová. Nuestro deseo es ayudar a las personas a conocerlo como el Dios que es en realidad, y por eso usamos su Palabra escrita para que vean la importancia de acercarse a él (Sant. 4:8).

El enfrentamiento con Goliat nos enseña otra lección esencial. Cuando David llegó corriendo a la línea de batalla, preguntó: “¿Qué se le hará al hombre que derribe a ese filisteo allá y realmente aparte el oprobio de sobre Israel?”. En respuesta, los hombres de Israel le repitieron lo que ya habían dicho antes: “Al hombre que lo derribe, el rey lo enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su propia hija” (1 Sam. 17:25-27).

Pero la recompensa material no era la principal preocupación de David. Él tenía un objetivo mucho más noble: glorificar al Dios verdadero (léase 1 Samuel 17:46, 47). ¿Y nosotros? ¿Es nuestra principal preocupación hacernos un nombre en este mundo ganando riquezas y alcanzando un puesto prominente? Sin duda, queremos ser como David, quien cantó: “Oh, engrandezcan ustedes a Jehová conmigo, y juntos ensalcemos su nombre” (Sal. 34:3). Por consiguiente, confiemos en Jehová y antepongamos su nombre al nuestro (Mat. 6:9).

La valerosa actuación de David exigió que confiara por completo en Jehová. Aquel joven tenía una fe fuerte, y ello se debió en parte a que confió en Dios cuando era pastor (1 Sam. 17:34-37). Nosotros también necesitamos una fe fuerte para perseverar en el ministerio, sobre todo si no nos reciben amigablemente.

Podemos cultivar esa fe confiando en Dios en nuestras actividades cotidianas. Por ejemplo, si utilizamos el transporte público, podríamos empezar conversaciones sobre la verdad bíblica con quienes vayan sentados junto a nosotros. ¿Y por qué no hablar con las personas que encontramos en la calle mientras vamos predicando de casa
en casa? (Hech. 20:20, 21.)

DAVID ESPERÓ EN JEHOVÁ
Otro ejemplo de la inclinación de David a confiar en Jehová tuvo que ver con Saúl, el primer rey de Israel. Por celos, este trató de clavarlo a la pared con una lanza en tres ocasiones, pero en todas ellas David esquivó el ataque y renunció a vengarse. Al final no tuvo más remedio que huir (1 Sam. 18:7-11; 19:10). Entonces, Saúl salió a perseguirlo en el desierto con tres mil hombres escogidos de todo Israel (1 Sam. 24:2).

Un día entró sin saberlo en la misma cueva en que estaban David y sus hombres. Este pudo aprovechar la oportunidad para acabar con aquel rey que lo quería ver muerto. Al fin y al cabo, la voluntad de Dios era que él lo reemplazara al frente de Israel (1 Sam. 16:1, 13). Y, de hecho, si hubiera seguido el consejo de sus hombres, lo habría matado.

Pero en vez de eso dijo: “Es inconcebible, de parte mía, desde el punto de vista de Jehová, que yo haga esta cosa a mi señor, el ungido de Jehová” (léase 1 Samuel 24:4-7). Saúl seguía siendo el rey ungido por Dios, y David no quería arrebatarle el trono, ya que Jehová aún le permitía sentarse en él. Al limitarse a cortarle la vestidura sin mangas, demostró que no tenía ninguna intención de hacerle daño (1 Sam. 24:11).

David volvió a tratar con respeto al ungido de Jehová la última vez que lo vio. David y Abisai llegaron al lugar donde Saúl estaba acampado y lo hallaron dormido. Aunque Abisai concluyó que Dios le había entregado a su enemigo y se ofreció para clavarlo en el suelo con su lanza, David se lo impidió (1 Sam. 26:8-11). Puesto que buscaba la guía divina, no permitió que la insistencia de su compañero debilitara su determinación de actuar en armonía con la voluntad de Jehová.

Nosotros también podemos afrontar situaciones en las que alguien, en vez de apoyarnos para que hagamos lo que Jehová desea, trate de presionarnos para que adoptemos su punto de vista humano. Al igual que Abisai, puede que incluso nos anime a actuar sin tomar en cuenta la voluntad divina sobre un asunto en particular. Para no ceder, debemos tener muy claro cómo ve Jehová la cuestión y estar decididos a seguir andando en sus caminos.

David le oró a Jehová: “Enséñame a hacer tu voluntad” (léase Salmo 143:5, 8, 10). En vez de confiar en sus propias ideas o ceder a la insistencia de los demás, anhelaba que Dios le enseñara sus caminos. Pudo decirle: “He meditado en toda tu actividad; de buena gana me mantuve intensamente interesado en la obra de tus propias manos”. Nosotros podemos comprender cuál es la voluntad divina profundizando en las Escrituras y meditando en los numerosos relatos bíblicos que revelan cómo ha tratado Jehová con los seres humanos.

DAVID COMPRENDÍA LOS PRINCIPIOS EN QUE SE BASABA LA LEY

También son dignos de imitar la comprensión que David tenía de los principios reflejados en la Ley y su deseo de regirse por ellos. Analicemos lo que ocurrió cuando expresó que tenía muchas ganas de “beber del agua de la cisterna de Belén”. Tres de sus hombres entraron por la fuerza en la ciudad —ocupada entonces por los filisteos— y volvieron con el agua.

Sin embargo, “David no consintió en beberla, sino que se la derramó a Jehová”. ¿Por qué? Él mismo explicó: “¡Es inconcebible, de parte mía, en lo que respecta a mi Dios, hacer esto! ¿Es la sangre de estos hombres lo que debería beber a riesgo de sus almas? Porque fue a riesgo de sus almas que la trajeron” (1 Crón. 11:15-19).

Como conocía la Ley, David sabía que la sangre no debía ingerirse, sino derramarse ante Jehová. También entendía el porqué, ya que la Ley indicaba que “el alma de la carne [es decir, su vida] está en la sangre”. Pero si aquello era agua y no sangre, ¿por qué se negó a beberla? Porque comprendía el principio en que se basaba ese requisito legal: que Jehová considera sagrada la sangre.

En vista de que estos tres hombres habían arriesgado su vida, David llegó a la conclusión de que beber esa agua habría sido una falta de respeto a la sangre de ellos. Por lo tanto, le resultaba inconcebible beberla. Más bien, razonó que debía derramarla en el suelo (Lev. 17:11; Deut. 12:23, 24).

David procuró que la Ley de Dios le llegara a lo más hondo de su ser. Por eso cantó: “En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado, y tu ley está dentro de mis entrañas” (Sal. 40:8). Estudió la ley divina y meditó profundamente en ella. Como confiaba en la sabiduría de los mandatos de Jehová, no solo obedecía la letra de la Ley mosaica, sino que también actuaba en armonía con su espíritu.

Al estudiar la Biblia, nos conviene meditar en lo que leemos y guardarlo en el corazón. Así podremos determinar lo que a Jehová le complace en cualquier situación que surja.

Salomón, el hijo de David, recibió muchas bendiciones de Jehová. No obstante, con el tiempo dejó de respetar la Ley de Dios. Por ejemplo, él sabía que los reyes israelitas tenían prohibido “multiplicarse esposas”, pero desobedeció ese mandato (Deut. 17:17). De hecho, se casó con muchas extranjeras.

Ya en su vejez, “sus esposas habían inclinado el corazón de él a seguir a otros dioses”. Sin importar las excusas que pusiera, el caso es que “empezó a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová, y no siguió de lleno a Jehová como David su padre” (1 Rey. 11:1-6). ¡Qué importante es que nos dejemos guiar por las leyes y principios de la Palabra de Dios! Esto es esencial, por ejemplo, cuando uno planea casarse.

Si un no creyente se nos insinúa, ¿reflejará nuestra respuesta que pensamos como David, o como Salomón?

Los verdaderos cristianos están bajo el mandato de casarse “solo en el Señor” (1 Cor. 7:39). Si un cristiano opta por casarse, debe elegir un cónyuge dedicado y bautizado. Y si percibimos el espíritu de este requisito bíblico, no solo evitaremos casarnos con un no creyente, sino que también rechazaremos cualquier insinuación que nos haga.

El ejemplo de David en cuanto a buscar la guía divina también nos ayuda a resistir la tentación de ver pornografía. Lea los siguientes pasajes, piense en los principios que contienen y procure percibir la voluntad de Jehová a este respecto (léanse Salmo 119:37; Mateo 5:28, 29 y Colosenses 3:5).

Meditar en sus elevadas normas nos prepara para mantenernos alejados de la trampa de la pornografía.

TENGA PRESENTE EN TODO MOMENTO EL PUNTO DE VISTA DE DIOS


Aunque David fue ejemplar en muchos sentidos, a lo largo de su vida cometió varios pecados graves (2 Sam. 11:2-4, 14, 15, 22-27; 1 Crón. 21:1, 7). Sin embargo, en cada caso demostró su arrepentimiento. Puede decirse que anduvo con Dios “con integridad de corazón” (1 Rey. 9:4). ¿Por qué? Porque siempre trató de actuar en armonía con la voluntad divina.

A pesar de nuestra imperfección, podemos conservar el favor de Jehová. Con ese fin, estudiemos con empeño su Palabra, reflexionemos en lo aprendido y actuemos con decisión según lo que hemos guardado en el corazón. Así haremos nuestra la humilde solicitud que el salmista le hizo a Jehová: “Enséñame a hacer tu voluntad”.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" fechada el 15 de Noviembre del 2012. Para ampliar el tema lea el libro: "Ejemplos de fe"

miércoles, 14 de mayo de 2014

Hemos buscado primero el Reino (Segunda parte)

RELATADO POR OLIVE SPRINGATE
Actividad posbélica y luego Galaad


Cuando terminó la II Guerra Mundial, en 1945, trabajaba en territorio aislado, en Whaley Bridge (Derbyshire). La mañana que se anunció el alto el fuego, visitamos y consolamos a la gente, que estaba hastiada de la guerra y sus consecuencias: huérfanos, viudas y cuerpos mutilados.

Algunos meses después la Sociedad pidió voluntarios para predicar en Irlanda, la “isla esmeralda”. En aquel tiempo solo había unos ciento cuarenta testigos de Jehová en la isla, de modo que se consideraba territorio misional. En unos cuantos meses se asignaron a Irlanda unos cuarenta precursores especiales, y yo fui una de ellos.

Después de trabajar por un tiempo en Coleraine y Cookstown, en el norte, se nos asignó a mí y a otros tres a Drogheda, en la costa oriental. Aunque los irlandeses son muy afectuosos y hospitalarios por naturaleza, el prejuicio religioso era fuerte. Por ello, en todo un año solo pudimos dejar a la gente unas pocas ayudas para el estudio de la Biblia (en realidad, solo un libro y unos cuantos folletos).

Durante nuestra estancia en Drogheda, un día iba en bicicleta de una granja a otra cuando un granjero joven irrumpió súbitamente en la carretera. Miró a un lado y a otro, y luego preguntó en voz baja: “¿Es usted testigo de Jehová?”. Cuando le contesté que sí, siguió: “Anoche tuve una fuerte discusión con mi novia sobre ustedes, y terminamos nuestra relación.

Ella insistía en que son comunistas, como afirman el sacerdote católico y los periódicos, pero yo le dije que no podía ser, pues ustedes van públicamente de casa en casa”.

Le di un folleto para que lo leyera, que escondió rápidamente en el bolsillo, y quedamos para vernos y hablar más al anochecer, pues me dijo: “Si me ven hablando con usted, perderé mi empleo”.

Aquella noche dos de nosotras nos reunimos con él y respondimos sus muchas preguntas. Parecía convencido de que era la verdad, y prometió volver a nuestra casa otra noche para aprender más. Nunca regresó, de modo que pensamos que unos ciclistas lo reconocieron aquella primera noche y probablemente perdió el empleo. Siempre nos hemos preguntado si habrá llegado a ser Testigo.

En 1949, después de asistir a la asamblea de distrito de Brighton, en la costa sur de Inglaterra, varios de nosotros recibimos invitaciones para la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower, en el estado de Nueva York. Un total de 26 Testigos ingleses asistimos a la clase decimoquinta, que se graduó el 30 de julio de 1950, durante la asamblea internacional del Estadio Yankee.

Nuestro ministerio en Brasil


Al año siguiente me asignaron a São Paulo (Brasil), una de las ciudades de mayor crecimiento del mundo. En aquel tiempo tenía solo cinco congregaciones de testigos de Jehová, pero ahora hay casi seiscientas. ¡Qué contraste con el servicio en Irlanda! Muchas de las casas de nuestro territorio de São Paulo eran mansiones rodeadas de verjas altas con artísticas puertas de hierro forjado.

Con el paso de los años llegaron nuevas asignaciones. Tuve el privilegio de ayudar a formar nuevas congregaciones en el interior del estado de São Paulo, una en Jundiaí en 1955, y otra en Piracicaba en 1958. Más tarde, en 1960, mi hermana Sonia fue mi compañera misional, y se nos asignó a Pôrto Alegre, la capital del estado de Rio Grande do Sul. Quizás se pregunten cómo llegó ella a Brasil.

Sonia y mamá siguieron sirviendo de precursoras juntas en Inglaterra después de la II Guerra Mundial. Pero a principios de los años cincuenta operaron a mamá de cáncer, lo que la dejó demasiado débil para ir de casa en casa, aunque podía dirigir estudios bíblicos y escribir cartas. Sonia continuaba siendo precursora y al mismo tiempo cuidaba a mamá.

En 1959 tuvo el privilegio de asistir a la clase trigésimo tercera de Galaad y fue asignada a Brasil. Entretanto, Beryl cuidó de mamá hasta su muerte, en 1962. Para entonces Beryl se había casado, y ella y su familia todavía siguen fielmente a Jehová.
En Brasil, Sonia y yo ayudamos a varias personas a alcanzar la dedicación y el bautismo.

Sin embargo, uno de los problemas que muchos brasileños tenían era el de legalizar su matrimonio. Debido a la dificultad de obtener un divorcio en Brasil, no era extraño que las parejas vivieran juntas sin casarse. Así era especialmente cuando uno de los dos se había separado de su cónyuge legal.

Una señora llamada Eva se hallaba en esa situación cuando me puse en contacto con ella. Su cónyuge legal había desaparecido, de modo que pusimos un anuncio en la radio para localizarlo.

Cuando conocimos su paradero, acompañé a Eva a la ciudad donde él vivía para conseguir que firmara un documento que la dejara libre, a fin de legalizar su matrimonio con el hombre soltero con el que entonces vivía. En la audiencia ante el juez, se nos pidió a Eva y a mí que explicáramos por qué quería ella legalizar su situación marital. El juez quedó sorprendido y muy satisfecho por la explicación que se le dio.

En otra ocasión acompañé a una de mis estudiantes de la Biblia al abogado para arreglar su caso. De nuevo se dio un buen testimonio en cuanto al matrimonio y las normas morales de Dios. En este caso el costo del divorcio era tan elevado que ambos tuvieron que trabajar para pagar los honorarios.

Pero para esos nuevos estudiantes de la Biblia, el esfuerzo valía la pena. Sonia y yo tuvimos el privilegio de ser testigos de su matrimonio, y luego, junto con sus tres hijos adolescentes, escuchamos un breve discurso bíblico en su hogar.

Una vida rica y remuneradora

Cuando Sonia y yo dedicamos nuestra vida a Jehová y nos hicimos precursoras, queríamos, de ser posible, que el ministerio de tiempo completo fuera nuestra carrera de toda la vida. Nunca pensamos mucho en qué sucedería cuando envejeciéramos o en caso de enfermedad o dificultades económicas. No obstante, tal como Jehová prometió, nunca nos abandonó. (Hebreos 13:6.)

Sí, por supuesto, a veces nos ha faltado el dinero. Una vez mi compañera y yo comimos bocadillos de perejil al mediodía durante todo un año, pero nunca nos hemos muerto de hambre ni se han quedado sin atender nuestras necesidades básicas.

Con el paso de los años, nuestras energías han disminuido. A mediados de los años ochenta ambas fuimos sometidas a intervenciones quirúrgicas serias que supusieron una prueba severa para nosotras, ya que restringieron bastante nuestra predicación. En enero de 1987, se nos invitó a formar parte del personal de la sede nacional de los testigos de Jehová de Brasil.

Nuestra gran familia de más de mil miembros está ubicada a unos 140 kilómetros de São Paulo, en un hermoso complejo de edificios, donde imprimimos publicaciones bíblicas para Brasil y otras partes de Sudamérica. Aquí recibimos el cuidado amoroso de siervos devotos de Dios.

Cuando llegué a Brasil, en 1951, había unos cuatro mil predicadores del mensaje del Reino, pero ahora hay más de trescientos sesenta y seis mil. Nuestro compasivo Padre celestial en verdad nos ha añadido ‘todas las otras cosas’ porque hemos buscado primero el Reino. (Mateo 6:33.)
 
Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Febrero de 1994. Puede leer mas experiencias en el "Anuario de los testigos de Jehová 2014".




martes, 13 de mayo de 2014

Hemos buscado primero el Reino (Primera parte)


RELATADO POR OLIVE SPRINGATE

Nuestra madre había apagado la vela y había salido de la habitación después de oír nuestras oraciones. Mi hermano menor me preguntó sin dilación: “Olive, ¿cómo puede vernos y oírnos Dios a través de paredes de ladrillo?”.

“MAMÁ dice que puede ver a través de cualquier cosa —repuse—, incluso ve el interior de nuestro corazón.”
Nuestra madre era una mujer temerosa de Dios y una ávida lectora de la Biblia, e infundió en nosotros desde pequeños un profundo respeto a Dios y a los principios bíblicos.

Nuestros padres pertenecían a la Iglesia Anglicana y vivían en el pequeño pueblo de Chatham, en el condado de Kent (Inglaterra). Aunque mamá iba regularmente a los servicios religiosos, creía que ser cristiana significaba más que calentar un asiento en la iglesia una vez a la semana. También estaba segura de que Dios debía tener solo una iglesia verdadera.

Aprecio por la verdad bíblica


En 1918, cuando yo tenía 5 años, mamá obtuvo los volúmenes titulados Estudios de las Escrituras, redactados por Charles T. Russell, el primer presidente de la Sociedad Watch Tower Bible and Tract. Unos pocos años después, cuando vivíamos en un pequeño lugar llamado Wigmore, uno de los Estudiantes de la Biblia (ahora, testigos de Jehová) se puso en contacto con mamá.

Ella aceptó un libro para el estudio de la Biblia titulado El arpa de Dios, en el que empezó a hallar la contestación a muchas de sus preguntas bíblicas. Todas las semanas llegaba por correo una tarjeta rosa con preguntas impresas sobre cada capítulo. La tarjeta también mostraba dónde hallar las respuestas en el libro.

En 1926 mis padres, mi hermana Beryl y yo dejamos la Iglesia Anglicana porque nos disgustaba su intromisión en la política y tampoco estábamos de acuerdo con muchas de sus enseñanzas irrazonables. Una enseñanza importante decía que Dios atormentaría a la gente por toda la eternidad en un infierno de fuego. Mi madre, que buscaba sinceramente la verdad bíblica, estaba convencida de que la Iglesia Anglicana no era la verdadera.

Poco después, en respuesta a las fervientes oraciones de mamá, nos visitó la Sra. Jackson, una Estudiante de la Biblia. Habló con mamá y conmigo por casi dos horas, y contestó nuestras preguntas bíblicas. Nos encantó saber, entre otras cosas, que nuestras oraciones debían dirigirse a Jehová Dios, el Padre de Jesucristo, y no a ninguna misteriosa Trinidad. (Salmo 83:18; Juan 20:17.)

Pero para mí, la pregunta más inolvidable que hizo mamá fue: “¿Qué quiere decir buscar primero el Reino?”. (Mateo 6:33.)

La respuesta, basada en la Biblia, afectó profundamente nuestras vidas. Desde aquella misma semana empezamos a asistir a las reuniones de los Estudiantes de la Biblia y a comunicar lo que aprendíamos a otras personas. Estábamos convencidas de que habíamos encontrado la verdad. Unos cuantos meses más tarde, en 1927, mamá se bautizó en símbolo de su dedicación a servir a Jehová, y en 1930, yo también me bauticé.

Empezamos el servicio de precursor

Nuestra familia asistía a la congregación Gillingham, compuesta por unas veinticinco personas. Varias de ellas eran ministros de tiempo completo, llamados precursores, y todas tenían la esperanza celestial. (Filipenses 3:14, 20.) Su celo cristiano era contagioso. Durante la adolescencia serví de precursora por un tiempo en Bélgica, a principios de los años treinta.

Esta experiencia despertó en mí el deseo de participar más de lleno en el servicio del Reino. En aquel tiempo distribuimos entre todos los clérigos un ejemplar del folleto El Reino, la esperanza del mundo.

Con el tiempo papá se opuso con fuerza a nuestra actividad cristiana, y en parte debido a ello me mudé a Londres en 1932 para ir a la universidad. Después trabajé de maestra cuatro años, y durante ese tiempo asistí a la congregación Blackheath, una de las cuatro que había en Londres en aquel tiempo. Entonces empezaron a llegarnos noticias del encarcelamiento y sufrimiento de nuestros hermanos en la Alemania de Hitler debido a que rehusaban apoyar el esfuerzo bélico nazi.

En 1938, el mismo mes que saldé una deuda por unos libros que había adquirido, abandoné el empleo para realizar mi deseo de ser precursora. Mi hermana Beryl empezó el precursorado en Londres al mismo tiempo, pero vivía en otra casa de precursores. Mi primera compañera fue Mildred Willett, que después se casó con John Barr, ahora un miembro del Cuerpo Gobernante de los testigos de Jehová. Salíamos en bicicleta al territorio junto con otros del grupo, y pasábamos todo el día predicando, muchas veces a pesar de la lluvia.

Se cernían nubes de guerra sobre Europa. A los ciudadanos se les enseñaba a utilizar las máscaras de gas y habían empezado los preparativos para evacuar a los niños a las zonas rurales o a pequeños pueblos en caso de conflicto. Yo solo tenía ahorrado suficiente dinero para comprar un par de zapatos, y mis padres no podían ayudarme económicamente. Pero ¿no había dicho Jesús que ‘todas estas otras cosas nos serían añadidas si buscábamos primero el Reino’? (Mateo 6:33.)

Tenía una fe absoluta en que Jehová satisfaría todas mis necesidades, y lo ha hecho copiosamente a lo largo de los años. Durante la guerra, a veces suplementaba mis pequeñas raciones con hortalizas que caían en la carretera cuando pasaban los camiones cargados. Y muchas veces conseguía alimento cambiando publicaciones bíblicas por frutas y hortalizas.

Mi hermana Sonia nació en 1928. Tenía solo 7 años de edad cuando dedicó su vida a Jehová. Ella dice que ya a esa joven edad había hecho del servicio de precursor su meta. En 1941, poco después de simbolizar su dedicación por bautismo en agua, alcanzó esa meta cuando fue asignada de precursora con mamá a Caerphilly, en el sur de Gales.

Nuestro ministerio durante los años bélicos

En septiembre de 1939 empezó la II Guerra Mundial, y nuestros hermanos de Gran Bretaña fueron encarcelados por las mismas razones que sus compañeros de creencia de la Alemania nazi: su postura neutral con respecto a la participación en la guerra. Los bombardeos de Inglaterra empezaron a mediados de 1940. La guerra relámpago alemana era ensordecedora, noche tras noche, pero con la ayuda de Jehová pudimos dormir un poco y descansar para la predicación del día siguiente.

A veces íbamos al territorio y encontrábamos la mayoría de las casas en ruinas. En noviembre cayó una bomba a tan solo unos metros de la casa donde vivíamos varios de nosotros, y rompió las ventanas en mil pedazos. La pesada puerta de entrada cayó con estrépito y la chimenea se desplomó. Tras pasar el resto de la noche en un refugio antiaéreo, nos separamos y fuimos a vivir a casas de diferentes Testigos.

Poco después me asignaron a Croydon, en la zona metropolitana de Londres. Mi compañera fue Ann Parkin, cuyo hermano Ron es ahora el coordinador del Comité de la Sucursal de Puerto Rico. Después me mudé a Bridgend, en el sur de Gales, donde seguí mi servicio de precursora y viví en un remolque tirado por caballos unos seis meses. Desde allí íbamos en bicicleta a la congregación grande más cercana, la de Port Talbot, a unos 6 kilómetros de distancia.

En ese entonces el público era bastante hostil con nosotros, y nos llamaba conchies (objetores de conciencia). Por ello nos resultaba difícil hallar alojamiento; pero Jehová se ocupó de nosotros según su promesa.

Posteriormente se nos asignó a ocho de nosotros de precursores especiales a Swansea, una ciudad portuaria del sur de Gales. A medida que la guerra se recrudecía, así lo hacía el prejuicio contra nosotros. En especial los artículos periodísticos que censuraban nuestra posición neutral habían provocado esta hostilidad. Con el tiempo, siete de nosotros fuimos encarcelados, uno después del otro.

Yo pasé un mes en la cárcel de Cardiff en 1942, y más tarde mi hermana Beryl también fue encarcelada allí. Aunque teníamos poco en sentido material y se nos criticaba y vituperaba, éramos ricas en sentido espiritual.
Entretanto, mamá y Sonia servían de precursoras en Caerphilly y vivían experiencias similares. El primer estudio que Sonia dirigió fue con una señora a la que quedó en visitar un viernes por la noche. Sonia estaba segura de que mamá la acompañaría, pero ella le explicó: “Tengo otra cita. Tú has quedado con la señora, de modo que tendrás que ir sola”.

Aunque Sonia tenia solo 13 años, fue sola; la señora progresó espiritualmente y con el tiempo llegó a ser una Testigo bautizada.

 
Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Febrero de 1994. Puede leer mas experiencias en el "Anuario de los testigos de Jehová 2014".