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lunes, 28 de abril de 2014

Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos
   
Jorge Luis Borges

¿Quién ha medido las aguas en el simple hueco de su mano, y ha tomado las proporciones de los cielos mismos con un simple palmo, y ha incluido en una medida el polvo de la tierra, o ha pesado con indicador las montañas, y en la balanza las colinas?

(Isaías 40:12)

jueves, 24 de abril de 2014

Escogiendo entre dos amores en mi vida

POR el altavoz retumbó la voz del director: “¡Corten! Vamos a hacer esta escena de nuevo, muchachos. Y esta vez, más vida. ¡Hagan que el espectador se sienta algo inquieto, como si pudiera ser la próxima víctima de Drácula!”

Era julio de 1973, y estábamos en el escenario de la acción en Londres, Inglaterra, haciendo la película Vampira. Yo estaba desempeñando el papel principal femenino frente a la conocida estrella de cine David Niven. Para mí aquello era el cumplimiento de una ambición de toda la vida.

Desde la escuela secundaria en adelante, mis metas tenían como centro lograr buen éxito en el mundo de las funciones teatrales. Cuando me gradué en 1966, me uní a un grupo de cantantes llamado los Doodletown Pipers. Viajamos por los Estados Unidos, el Canadá y Puerto Rico, y cantamos en algunos de los cabarés y teatros de más fama. Pero en 1968 dejé a los Pipers en busca de cosas mayores.
George Schlatter, el productor de Laugh-In, que entonces era el programa de televisión número uno, insistió en que me hiciera miembro de su reparto.

Yo estaba recuperándome de un accidente automovilístico en el cual había muerto una amistad mía, y me encontraba en estado de profundo abatimiento. Por eso, esto era precisamente lo que necesitaba para reanimarme.

Empezaron a lloverme ofertas. En 1969 Bob Hope me llevó en su viaje anual a Vietnam, donde entretuvimos a los soldados. Más tarde aparecí en Las Vegas con personajes del mundo del entretenimiento como Eddie Fisher, Alan King y Buddy Hackett. Mi propia porción de treinta minutos tenía números de canto y baile y escenas cómicas.

Cierto día de 1973 mi administrador recibió una llamada desde Londres. Jeremy Lloyd, uno de los escritores de Laugh-In, había escrito el guión para una parodia de películas de terror y quería que yo desempeñara el papel principal. Insistía en que únicamente yo podría desempeñar el papel de Vampira, la esposa de Drácula. Acepté alegremente. Esta era mi gran oportunidad. Yo había aparecido en dos películas de categoría secundaria.

La película se iba a rodar en Inglaterra, y el proceso tomaría aproximadamente dos meses. Por eso, a principios de julio me puse en camino con mis maletas. Poco me imaginaba que mi vida sería profundamente afectada como resultado de aquello, y que me vería en la necesidad de tomar graves decisiones.

Comenzando un nuevo amor

Pronto estaría envolviéndome en relaciones de afecto y amor, más estrechas aún que las que tenía con miembros de mi propia familia. Pero no se entienda mal esto; yo había sido bendecida con una maravillosa familia cuyos miembros disfrutaban de estrechos enlaces de afecto entre sí... con un padre que nos mantuvo y guió a mí y a mis hermanos, y una madre que nos crió y atendió. Pero hubo otra dimensión relacionada con estas nuevas amistades, una dimensión espiritual. Mi prima Peggy fue responsable de esto.

Peggy había estado también en el campo del entretenimiento teatral, y había vivido una vida sin grandes restricciones, como frecuentemente sucede en el caso de los artistas. Pero súbitamente, en 1972, le sobrevino un gran cambio. Había empezado a estudiar la Biblia. Yo, sin embargo, la consideré con escepticismo, y me puse a vigilarla por mucho tiempo, pues me imaginaba que el cambio no duraría. Pero duró, y finalmente concordé en estudiar la Biblia con ella para enterarme de lo que contenía.

Habíamos tenido solo tres o cuatro estudios cuando recibí la llamada de Londres. De modo que allá fui, recordando el estímulo de Peggy: “Sigue estudiando.” El lunes, un día después de haber llegado, me puse en comunicación telefónica con los testigos de Jehová. El hombre que contestó fue muy amable, apuntó la información que le di y prometió que alguien me visitaría.

Aquel mismo día me visitó Una. “Tienes que venir esta noche,” me dijo, instándome. “Nos estamos preparando para nuestro estudio de ‘La Atalaya.’” ¿El estudio de “La Atalaya”? Yo en realidad no sabía de qué me estaba hablando ella, pero de todos modos concordé en ir.

Había mucha gente joven allí. Robin y Una tienen cuatro hijos, tres de ellos casi de mi propia edad. Literalmente me adoptaron, aunque continué alojándome en el hotel. Muchas veces cené con ellos y les ayudé a lavar los platos y poner las cosas en orden; me recibieron como parte de la familia, lo cual me impresionó.

Una estudió la Biblia conmigo, usando la ayuda La verdad que lleva a vida eterna. Para mí, lo más maravilloso fue aprender que Dios realmente tiene un propósito, y que toda la tierra podrá disfrutar pronto de los beneficios de su reino. ¡Y darme cuenta de que Dios es una Persona verdadera, que lleva el nombre personal de Jehová! (Sal. 83:18) Estas cosas me emocionaron tanto que empecé a mencionárselas a cuanta persona había en el escenario de la película.

Una mencionó una asamblea internacional de los testigos de Jehová que se celebraría del 1 al 5 de agosto en el Estadio de Twickenham, y me instó a asistir. Por extraña coincidencia, aquellos eran los únicos días que yo tenía libres durante el mes entero. Así que fui.

Hubo más de setenta naciones representadas allí, y la gente se abrazaba y saludaba como si se hubieran conocido durante toda la vida, y no había agentes de la policía allí. ¡No había basura en el suelo y la gente no empujaba ni maldecía, aunque había una concurrencia de más de 50.000 personas! ¡Era increíble! Yo nunca había estado en un ambiente como aquél. Y los discursos fueron interesantes, especialmente los dramas bíblicos.

Al regresar al trabajo, me apresuré excitadamente al cuarto del maquillaje, charlando acerca de todas las cosas que había visto y aprendido. Todo el mundo abandonó el cuarto. Sin dejar que esto me afectara, continué hablando acerca de estas cosas a todo el que quisiera escuchar. Si ciertamente había una religión verdadera, yo estaba convencida de que produciría gente como los testigos de Jehová. Estaba comenzando a amar no solo a estas personas, sino también al Dios a quien ellas representaban.

Un amor diferente

“Muévase un poco hacia la izquierda por favor; quiero un buen efecto de luz en su hermoso rostro.” Era D——, el fotógrafo de cine. Todo lo que se ve en la pantalla, él lo capta en el filme.
Antes de aquella tarde yo no había notado mucho a D——. Él casi no me había hablado desde detrás de aquella gran cámara. Pero, de repente, a medida que él continuó asomándose desde detrás de ella, comencé a “notarlo” por primera vez. ¡Realmente era muy atractivo!

Siempre me han atraído los hombres de alguna edad, maduros... el tipo callado y solitario. Y ahora que pienso en ello me doy cuenta de que D—— era casi el único hombre en todo el escenario de la filmación que no había tratado de flirtear conmigo. Naturalmente, pues, se me hizo extraordinariamente fascinador. Además, él tenía la reputación de ser uno de los mejores fotógrafos de cine europeos.

Cierta tarde, poco después de aquello, D—— me invitó a un coctel en la taberna cercana. En realidad, sería más exacto decir que yo misma me invité; yo era bastante atrevida. Aquel hombre era increíblemente tímido, otra cualidad que me atraía. Día tras día almorzamos juntos, riendo y hablando de las cosas más insignificantes... en realidad no importaba de qué habláramos después que estuviéramos juntos. Mientras tanto, de noche yo continuaba mis estudios bíblicos.

De modo que empecé a incluir asuntos bíblicos en mi conversación. Cada día le hablaba emocionada de las cosas maravillosas que Dios les promete a los que le sirven, y que Él se propone restaurar esta Tierra a la condición de un paraíso. D—— siempre prestaba cuidadosa atención y asentía con la cabeza cada vez que yo le preguntaba si le gustarían estas cosas.

Cenábamos en los restaurantes más costosos de Europa. No nos faltaba el dinero. Y siempre estaban allí, para que mis manos los pusieran al descubierto, los hermosos y exquisitos regalos que él me hacía. ¡Aquel hombre era una joya, ni más ni menos! Era bondadoso, generoso, amoroso, considerado y afectuoso. Su moderado sentido del buen humor era típicamente inglés... encantador. ¡Jamás había conocido yo a nadie como él! Por primera vez en mi vida me puse a considerar seriamente el matrimonio. Mientras estaba con él me sentía completamente feliz.

Fue un sábado por la tarde en agosto, mientras íbamos en un bote de vela por el río Támesis, que D—— me propuso matrimonio. Lo primero que pensé fue: “¡Ay, qué maravilloso sería que viviéramos juntos en el paraíso para siempre!” Yo apreciaba mucho la promesa bíblica que dice: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella.”—Sal. 37:29.

Los dos amores van creciendo

La película se terminó de filmar en septiembre, y regresé a Los Ángeles para poner en orden mis asuntos. Sosteníamos correspondencia con regularidad, por lo menos tres veces a la semana. La ausencia de D—— solo me hizo darme cuenta de lo mucho que lo amaba. Pero al mismo tiempo, fui intensificando mi estudio bíblico y el compañerismo con los Testigos de la congregación local.

Frank y Annette, la pareja que había estudiado la Biblia conmigo en los Estados Unidos, dedicaban todo su tiempo a la predicación, y pronto estuve dedicando gran parte de mi tiempo a esta actividad con ellos. En verdad disfrutaba de aquella actividad. Por eso en mis cartas a D—— empecé a tratar principalmente de las cosas sobre las cuales yo hablaba a otras personas.

¡Qué excelente será, le escribía, cuando el reino de Dios sí venga y realmente se haga la voluntad de Dios en la Tierra, tal como Jesús les enseñó a sus seguidores que pidieran en oración! (Mat. 6:9, 10) La venida del reino de Dios significará el fin de todas las formas actuales de dominio, explicaba, como lo dice la Biblia: “El Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. . . . Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos.” (Dan. 2:44) Entonces, después del establecimiento de su mando, Dios “limpiará toda lágrima de [los] ojos de la gente], y la muerte no será más, ni existirá más lamento ni clamor ni dolor.”—Rev. 21:4.

Estas promesas habían llegado a significar muchísimo para mí y yo tenía grandes deseos de que D—— empezara a estudiar la Biblia y también llegara a aprender acerca de ellas y las creyera. Le envié la dirección y el número telefónico de Robin. Sin embargo, al comunicarme periódicamente con Robin para investigar qué sucedía, me enteré de que D—— nunca trató de comunicarse con él, y esto me causó pesar.

El 5 de enero de 1974 simbolicé mi dedicación a Jehová Dios por medio del bautismo. Unos tres meses después llegó D—— a los Estados Unidos. Él estaba trabajando en una película y tenía intenciones de llevarme con él a vivir en Inglaterra cuando la hubiera terminado. Había hecho arreglos para nuestra vida de casados.

El pensar en verlo de nuevo me produjo una sacudida. No sabía qué hacer. Literalmente le supliqué a Frank que me acompañara porque de veras me había empezado a perturbar el hecho de que D—— no manifestara ningún interés en los asuntos espirituales. Frank me explicó con prudencia que yo misma tendría que resolver la situación, fundándome en mi conocimiento y mi amor a las leyes y principios justos de Dios. Pero me aseguró que Jehová estaría conmigo.—1 Cor. 10:13.

Fue exactamente como me lo había imaginado. Tan pronto puse ojos en D—— mi corazón empezó a latir aceleradamente y con fuerza. Estaba segura de que todo el que estaba en aquel lugar podía oírlo. (Cant. de Cant. 4:9) ¡Sí, todavía estaba allí lo que había sentido antes! De súbito él extendió los brazos hacia mí, ofreciéndome un afectuoso abrazo. Inmediatamente extendí el brazo derecho hacia él… y nos dimos la mano. ¡Qué expresión de perplejidad apareció en su hermoso rostro!

Definiendo mi posición


D—— me invitó a almorzar con él para finalizar nuestros planes. Me aseguré de que el restaurante fuera un sitio bien iluminado y estuviera lleno de gente. De hecho, terminamos sentados afuera en un café al aire libre.

“Han pasado muchas cosas desde la última vez que nos vimos,” le dije. “Te escribí de las creencias religiosas que tengo desde hace poco, y que es necesario satisfacer las normas de Jehová para tener su favor. Por eso, quiero hablarte ahora y apreciaría mucho que me permitieras decirte todo lo que tengo que decirte, sin interrupción.”

Entonces procedí a explicarle que el matrimonio es una institución divina, autorizada por Dios, y por eso hay que respetar sus leyes si se quiere que el matrimonio tenga verdadero buen éxito. (Gén. 1:27, 28; 2:22-24; Mat. 19:4-6) También le dije que si yo quería ser obediente a Jehová solo podría casarme con alguien que fuera siervo del Dios verdadero también. La Biblia les ordena a los cristianos casarse “solo en el Señor,” y también dice: “No lleguen a estar unidos bajo yugo desigual con los incrédulos. Porque ¿qué consorcio tienen la justicia y el desafuero? ¿O qué participación tiene la luz con la oscuridad?”—1 Cor. 7:39; 2 Cor. 6:14.

Además, volví a dar énfasis a la norma de conducta de la Biblia para las personas solteras. No tienen derecho a sostener relaciones sexuales; este privilegio se reserva para los casados. (Heb. 13:4) También, expliqué que la Biblia advierte contra la inmundicia y la conducta relajada.—Gál. 5:19-21.

Toda la mañana yo había estado pidiéndole ayuda a Dios en oración para explicar estas cosas. ¡Y ahora cuánto le agradecí que pude recordar lo que quería decir! Pero era tiempo para que D—— regresara a su trabajo. “Mira, cena conmigo esta noche,” dijo él. “Y hablaremos más. Hay muchísimas cosas que todavía no entiendo, amor.” Ciertamente parecía muy sincero.

Mientras lentamente me dirigí a casa en mi automóvil, me sentí muy complacida conmigo misma. Pero D—— me había desilusionado mucho. Yo había esperado que él dijera: “¿Cuándo empiezo mi estudio bíblico?” Por eso le pedí a Jehová en oración que, si era necesario, removiera completamente de mi corazón el deseo y el amor que sentía por este hombre.

Agradecida por la decisión que tomé
A las siete y media D—— telefoneó y dijo que quería pasar por casa para recogerme. Bueno, yo estaba resuelta a averiguar precisamente qué pensaba hacer él antes de dar yo cualquier otro paso. Por eso insistí en que me dijera exactamente por qué nunca se había puesto en comunicación con Robin para estudiar la Biblia, y por qué nunca había respondido en ninguna de sus cartas en cuanto a los asuntos espirituales de los cuales yo le había escrito tanto. Le dije que tenía que decirme, o si no olvidarse de todo... nuestra relación y todo. Hubo una larga pausa.

Finalmente, dijo: “Si te dijera la razón, te enfurecerías.” La conversación vaciló por un momento o dos hasta que, por mi persistencia, de repente lo sacó todo a relucir: “Yo asisto a una iglesia espiritista; por años he estado yendo a ella.”
Pasó a relatar que por los pasados veinte años él había estado en comunicación estrecha y constante con su difunto padre. Creía que su padre había sobrevivido en alguna forma de espíritu, y que las comunicaciones frecuentes que efectuaba eran comunicaciones entre él y su padre. Dijo, a su manera, que realmente no creía en Dios.

¡Cómo me aturdió aquello! ¡Durante todos aquellos meses él me había ocultado sus verdaderas creencias y sentimientos acerca de Dios, evidentemente porque se dio cuenta de que yo no me casaría con él si supiera estas cosas! Me sentí como el que ha sido víctima de un engaño. ¡Qué cerca había estado de entrar en una relación que nunca podría traerme lo que yo deseaba del matrimonio... lo que tanto Robin y Una como Frank y Annette tenían! Mientras en silencio me quedé allí sentada y escuchando, todo vestigio del sentimiento que había tenido para con él empezó a desvanecerse.

Entonces comencé a hablarle como lo haría a alguien a quien hubiera encontrado a la puerta en la predicación. Le expliqué el grave peligro en que se hallaba espiritualmente, y le describí la fuente del espiritismo. Le dije que su padre muerto estaba inconsciente, y que no había ninguna parte de él viva en ningún lugar. La Biblia dice: “Los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no están conscientes de nada en absoluto.”—Ecl. 9:5; Eze. 18:20.

Por eso, le expliqué, no era con su padre que se estaba comunicando, sino con un espíritu malo que estaba haciéndose pasar por su padre. (2 Cor. 11:14, 15; Efe. 6:11, 12) Y particularmente recalqué que ciertamente hay un Dios verdadero, y que sin importar lo que él hubiera hecho en el pasado, si se volvía a Jehová con el deseo de servirle, Dios lo aceptaría gustosamente.—Isa. 55:7.

Cuando le dije adiós y colgué, inmediatamente di gracias a Jehová por la sabiduría de sus principios que me habían protegido de cometer un grave error que hubiera tenido que lamentar por el resto de mi vida. Aunque D—— hizo esfuerzos por lograr que nuestra relación continuara, jamás lo vi de nuevo. ¡Y cuán agradecida estoy de haberme apegado a mi decisión de obedecer el principio bíblico de casarme “solo en el Señor”!—1 Cor. 7:39.

Algo inesperado
Fue para este tiempo que recibí una llamada de la American Broadcasting Company, televisión de la ABC. Meses antes de eso, y antes de mi bautismo, yo había aparecido en un episodio de prueba, y ahora querían que fuera un programa de episodios presentados con regularidad. De modo que me encontré bajo contrato para desempeñar el papel del personaje Christie Love.

Puesto que estaba obligada legalmente, cumplí con mi obligación, pero rehusé representar escenas que violaran los principios bíblicos. El Sunday News de Nueva York comentó acerca de esto:
“Cuando comenzó la producción de la serie, ella rehusó realizar la concepción del personaje mundanamente vivaz y agresivo de Christie Love. Exigió que la violencia se mantuviera fuera de los guiones. No quiso participar en mentir en el programa, aunque como agente secreto eficaz de la policía se requería que Christie Love mintiera. Se negaba a levantarle la voz a un superior. Insistió en ser modesta en todo momento y controló su sensualidad natural.”
El programa duró veintiséis semanas en la televisión nacional. A veces el horario de trabajo necesario para producir el episodio semanal de una hora era pesado, pero todo el mundo sabía que en mis noches de reuniones cristianas yo dejaba de trabajar a las 5 de la tarde... pasara lo que pasara. Estaba en mi contrato. Nunca falté a las reuniones, y a pesar del pesado horario, pude pasar mucho tiempo en la predicación.

Una vida satisfaciente y feliz


¡Con verdad puedo decir que me siento deleitablemente feliz hoy! Tengo muchos amigos amorosos, y he tenido maravillosas experiencias. Una de éstas fue la de poder participar en dar publicidad a la terrible persecución de los testigos de Jehová en Malawi, África Oriental, y en Benín. Y desde el año pasado he disfrutado de ser precursora regular, como se llama a los testigos de Jehová que dedican todo su tiempo a predicar. ¡Qué placer ha sido para mí ver que tres personas con las cuales he estudiado la Biblia han dedicado su vida a Jehová y se han bautizado!

Estoy convencida de que el prestar atención al consejo de la Palabra de Dios es la mejor manera de vivir. Lo más importante para mí es que ha resultado en que yo tenga una conciencia buena y limpia delante de Dios. Ciertamente Jehová es fiel, y al seguir su dirección amorosa lo único que puede venirnos es provecho.

Experiencia relatada por Teresa Graves, en la revista ¡Despertad! con fecha 08 de Octubre de 1977. Puede leer más experiencias edificantes en el "Anuario de los testigos de Jehová 2014"

miércoles, 23 de abril de 2014

El ser estrella del patinaje era lo más importante de mi vida

DESDE niña quería ser bailarina de ballet, tal vez hasta hacerme estrella. Mis padres, quienes eran judíos, me pusieron a aprender ballet a temprana edad. Por diez años estudié en escuelas famosas como el Ballet Ruso de Montecarlo, la Compañía de Ballet de Fokine y el American Ballet Theater. Pero, debido a que tenía problemas con los arcos, mis pies no se prestaban del todo para el ballet, de modo que decidí probar con el jazz en espectáculos de Broadway.

Mientras viajaba con cierta compañía de Nueva York, presentando el espectáculo How to Succeed in Business Without Really Trying (Cómo tener éxito en los negocios sin realmente esforzarse), llegué a conocer a algunas personas muy interesantes del espectáculo de patinaje llamado Ice Capades. Me invitaron a observar sus ensayos.

Patinadores verdaderamente dotados combinaban la gracia del ballet con la técnica del patinaje, y lo que resultaba era muy hermoso. A los agentes del Ice Capades les parecía que podían entrenarme para que llegara a hacer el patinaje acrobático con un compañero, puesto que yo era bailarina ya. Por lo tanto, dejé el espectáculo de Broadway, en el cual había llegado a participar después de esperar muchísimo tiempo, y me puse a viajar con los patinadores. Éste fue el principio de una nueva carrera estimulante.

El camino duro que seguí para hacerme estrella

Ensayamos mucho para combinar las acrobacias y el estilo del ballet con el movimiento suave y fluido del patinaje sobre el hielo. El éxito también depende en gran parte del que los compañeros sean apropiados el uno para el otro en lo que respecta a personalidad, apariencia física y compatibilidad. Se trata de una especie de matrimonio, y es absolutamente necesario que los dos trabajen como equipo.

En el transcurso de los años he tenido varios compañeros de baile. En cierta ocasión, mientras un ex compañero y yo dábamos una vuelta, caímos y yo me lesioné la espalda. Después que me sacaron un disco de la columna vertebral y estuve convaleciendo por un año, regresé al hielo.

Otro compañero mío súbitamente decidió abandonar la compañía mientras estábamos haciendo una representación en Sudáfrica. Él había estado usando drogas. Se sentía extremadamente deprimido y creía que podría mejorar su situación financiera en otra parte. Sin desplegar ninguna consideración para con la compañía ni para conmigo, él simplemente se fue... llevándose todo mi dinero.

Parecía que mi carrera se había desplomado, de modo que yo también me puse a tomar anfetaminas. Aquél fue un período terrible para mí. Yo simplemente quería quitarme la vida.

Con el tiempo fui a Alemania a trabajar en una escuela de patinaje administrada por el ejército estadounidense. El sueldo era poco, de modo que mayormente me alimentaba de pan y queso. Después de probar con varios compañeros de baile, hallé uno con quien podía trabajar bien. Llegamos a tener éxito a escala internacional y seguimos trabajando juntos por siete años.

No ganamos nuestra reputación sin pasar gran trabajo, practicar mucho y tener muchos problemas. La lucha por llegar a ser estrella era tan importante para mí que yo no quería que nada saliera mal. Si se cometía un pequeño error durante una representación, yo culpaba a mi compañero, discutía con él al respecto y me defendía ferozmente. Cada uno de nosotros tenía que tener “la razón”. Era asunto de “vida o muerte”.

En cierta ocasión se nos impuso una multa de $25 a cada uno de nosotros por estar arguyendo entre bastidores en voz tan alta que las personas que estaban en las primeras filas pudieron oírnos. Llegó a ser bien conocido que entre nosotros dos se realizaban escenas más interesantes entre bastidores que sobre el hielo. Valía la pena luchar para hacerse estrella, así pensaba yo. No obstante, por alguna razón, esto no me proporcionaba felicidad personal ni un sentimiento de estabilidad y bienestar en la vida.

Sin embargo, yo había aceptado este desafío y me enfrenté a él. Me hice estrella y participé en representaciones en algunas de las más sobresalientes salas de fiesta del mundo. Pero ¿dónde estaba toda la felicidad que se suponía que yo experimentara? Simplemente me sentía terriblemente sola. Con el tiempo, llegaría a envejecer, y, aunque yo tenía seguridad financiera, la vida sería vacía si esto era todo lo que encerraba. ¿Qué me esperaba a mí en realidad? La muerte, como a todas las demás personas.

¿Por qué se mete la gente en el mundo de los espectáculos?

Bueno, en lo que a mí respecta y basándome en lo que he observado, muchos artistas crecen con un complejo de inferioridad. Desarrollan el deseo de transformarse en una mejor persona mediante el mundo del teatro. El maquillaje y el vestuario parecen contribuir a la realización de este fin. Además, a muchos les hace gran falta el amor, y generalmente se cree que el que está en el mundo de los espectáculos tiene muchos amigos y admiradores. Hay quienes creen que los aplausos del auditorio satisfacen su deseo y producen felicidad. En realidad, rara vez resulta así.

Sé que hay muchas personas en el mundo de los espectáculos que comparten mi parecer. Alcanzan el éxito y llegan a estar entre los mejores de su profesión. Entonces, al darse cuenta de que aún no se las ama genuinamente y al no sentirse satisfechas, recurren a las drogas o a otros placeres engañosos. Participan constantemente en fiestas y en la vida nocturna para disipar las horas solitarias y la inseguridad. Pero ésta es una felicidad superficial. Para dichas personas las relaciones con otros son tan solo una especie de juego. Rara vez se trata de un amor genuino.

¿Podría ayudarme la religión?

Ocurrió algo que me consternó muchísimo. Cierta patinadora, joven y hermosa, que yo conocía murió trágicamente. Se puso a conducir su automóvil después de una fiesta. Yo conocía a aquella joven y sabía lo infeliz que se sentía, aunque era una estrella. Su muerte carecía de sentido. Me obsesionaba la idea de que su muerte significaba un estado de inexistencia.

Mientras estuve en Alemania, mi vida llegó a un punto de crisis. Me sentía perdida, descorazonada y extremadamente triste. Estando a solas en el cuarto que ocupaba en un hotel, me eché a llorar y clamé por ayuda. Aunque no sabía nada, o casi nada, acerca de Dios y no me consideraba una persona religiosa, oré sinceramente: “Si existe un Dios, que por favor haga algo para ayudarme. Este mundo parece tan enfermo y la vida carece de propósito”.

En realidad no esperaba recibir una respuesta a aquella oración, pues nunca había conocido a Dios. Ninguna religión de ninguna clase jamás me había satisfecho, ni siquiera mi propia fe judía. Estudié el Talmud judío y examiné el budismo de Zen. También leí acerca de la sicología y hasta me interesé superficialmente en las ciencias ocultas y el uso de la tabla Ouija. Ninguno de éstos ofrecía respuestas a las preguntas sencillas acerca del propósito de la vida y la muerte, ni sobre el camino que conduce a la felicidad.

¿La respuesta a mi oración?

Al regresar a mi hogar, que estaba en California, me puse en comunicación con una amiga, Trish, que anteriormente había sido bailarina en Las Vegas, y le pregunté si yo podía ir a visitarla por “dos o tres días”. Después que consideramos cómo pasaríamos el tiempo, ella me dijo que el día siguiente ella tenía que asistir a una reunión.
“Pero —dijo ella— tú puedes acompañarme.”
“¿De qué clase de reunión se trata?”, pregunté yo.
“Oh —dijo ella— ahora soy testigo de Jehová, y tenemos reuniones bíblicas con regularidad cada semana.”
Me quedé absolutamente pasmada. ¿En qué me había metido yo? Me imaginé que se trataría de reuniones llenas de despliegues de emoción o de aquellas personas que en los Estados Unidos se llaman “Holy Rollers”, de modo que me asustó lo que ella me dijo. No obstante, concordé en acompañarla.

Cuando llegamos al Salón del Reino se nos dio la bienvenida y poco después empezó el programa. No me acuerdo mucho acerca del material que se consideró, pero gradualmente empecé a sentirme tranquila, no incómoda. No había imágenes, ni cruces, ni cuartos oscuros.

Los hombres que hablaban desde la plataforma parecían seres humanos de término medio, naturales e inteligentes. Todos tenían la Biblia y todos participaban en estudiarla. Quedé sorprendida al ver que no hubo ningún despliegue exagerado de emoción. ¡Era totalmente diferente a como yo me lo había imaginado!

Entonces noté algo que me impresionó muchísimo. Parecía haber una maravillosa cualidad de amor entre estas personas. Los esposos estaban sentados con sus esposas y cada cual desplegaba compasión y respeto genuinos el uno para con el otro. Yo reconozco la hipocresía cuando la veo. La he visto bastante en el teatro, donde jamás he visto un matrimonio verdaderamente feliz. Ahora bien, recuerdo que vi en aquel salón a cierto caballero que tuvo la amabilidad de colocar un abrigo sobre los hombros de su esposa debido a que ella tenía frío. Aquel gesto realmente me conmovió.

Los niños y adolescentes estaban con sus padres y realmente estaban disfrutando de la reunión, como si todos hubiesen estado compartiendo el mismo pensamiento. No se trataba de una religión triste ni espantosa. Quedé favorablemente impresionada. ¿Era esto lo que yo había estado buscando? ¿Algo que se desarrollaba en un ambiente de amor y felicidad genuinos? Cuando llegamos a casa, pregunté a Trish si ella podría conseguirme uno de aquellos libritos acerca de los cuales ella me había hablado. Muy modestamente ella me dijo que me conseguiría uno.

Yo estaba empezando a recibir la respuesta a la oración que yo había hecho hacía dos semanas. Desde aquel entonces simplemente leí de continuo e investigué cada punto, ahondando en la ciencia, la historia, la arqueología y la medicina. Aquellos “dos o tres días” se convirtieron en tres meses. Sin que yo me diera cuenta de ello, estaba empezando a sentirme feliz. Al despertar por la mañana, ya no me sentía preocupada por la perspectiva de envejecer o morir. En vez de pensar en morir, pensaba en vivir.

Llegué a darme cuenta de que otras personas que estaban en el mundo de los espectáculos como yo habían aprendido acerca de la verdad bíblica también, y habían efectuado grandes cambios en su vida. Trish era una de ellas. Entonces leí con gran interés el relato conmovedor que se publicó en ¡Despertad! del 8 de octubre de 1977 sobre Teresa Graves (”Christie Love”), estrella del mundo del entretenimiento que había escogido entre dos amores. El ejemplo de ella me ayudó enormemente.

¿Postre de fumadora?


Era tiempo de regresar al trabajo, de modo que mi compañero y yo aceptamos un trabajo en el club La Scala, de Barcelona, España. Para entonces yo había efectuado muchos cambios en mi vida y éstos se notaban. Mi punto de vista acerca de la moralidad cambió. Además ya no peleaba con mi compañero, y empecé a añadir un nuevo círculo de amistades a mi vida. Experimenté con menos frecuencia los sentimientos de malestar y de soledad.

Cuando llegamos a España me comuniqué con los testigos de Jehová de Barcelona, y Eric y Hazel, misioneros oriundos de Gran Bretaña, continuaron dándome estudios de la Biblia y contestaron muchas preguntas que yo tenía. También me ayudaron a deshacerme aún de otro hábito malo. Yo era una fumadora empedernida.

No era fácil dejar de fumar. Recuerdo que pregunté a Eric: “¿Qué puedo hacer para abandonar el hábito?”.
“¿Tienes cigarrillos en tu cuarto, Elyn?”, preguntó él.
“Claro”, contesté yo.
“Entonces, ¿no te parece que deberías deshacerte de ellos? ¿Cómo puedes dejar de fumar si tienes cajetillas de cigarrillos en tu mismísima habitación?”
Decidí que tenía que dejar aquel hábito de manera súbita y drástica. Yo había invitado a un amigo mío, que era comediante en el teatro, a cenar conmigo. Cuando llegó el tiempo de servir el postre, reuní todas mis cajetillas de cigarrillos y las eché dentro de un plato hondo. Entonces vertí agua encima de ellas, lo cual dejó asombrado a mi amigo. Él quedó perplejo y quería saber qué clase de postre sería éste. Entonces le expliqué que debido a mi nueva creencia iba a dejar de fumar para siempre. ¡Él sintió alivio al recibir dicha explicación!

Terrorismo en el teatro

Cuatro meses después de emprender mi empleo en España, ciertos terroristas entraron súbitamente en el teatro un domingo por la mañana y lanzaron cócteles Molotov, de modo que el edificio quedó completamente destruido. Murieron 4 personas y 350 quedaron sin empleo. ¡Felizmente, la mayoría de nosotros no estábamos en el edificio en aquel momento! Mi vestuario y mis patines fueron destruidos junto con algunos libros preciosos, pero todavía tenía la vida.

Los otros artistas estaban en estado de pánico y angustia. Me puse a explicar a todos que ésta simplemente era una de muchas pruebas de que realmente estamos viviendo en lo que la Biblia llama “los últimos días” y que dentro de poco Jehová Dios traerá a la existencia un nuevo sistema bajo su Reino, el cual traerá paz a toda la Tierra. (2 Timoteo 3:1-5; 2 Pedro 3:13.)

Ahora yo sabía lo que era ser Testigo, y esto me proporcionaba gozo. Se trata del gozo que proviene de dar más bien que de recibir (Hechos 20:35). Puesto que quedamos sin empleo, había bastante tiempo para estudiar la Biblia con otros, de modo que empecé estudios con varios artistas internacionales.

Como consecuencia del incendio, tuve un período de descanso de tres meses, durante el cual me bauticé el 26 de marzo de 1978 en Barcelona. Algunas de las personas del teatro que estudiaban la Biblia conmigo asistieron a mi bautismo, y mi amiga Trish llegó en avión desde California. ¡Ésta verdaderamente fue una ocasión gozosa, el día más feliz de mi vida!

¿Es el ser estrella lo más importante?

Durante los pasados cuatro años he servido de ministra, como precursora regular, dedicando un promedio de 90 horas al mes a la predicación. Me he mantenido por medio de participar ocasionalmente en representaciones teatrales. Después del desastre de Barcelona, hallé un nuevo compañero y empecé a entrenarme nuevamente, lo cual no me fue fácil.

Además, cuando se nos ofrecieron buenos contratos tuve que rechazarlos debido a que en muchos casos se trataba de espectáculos de índole inmoral, y ya yo no estaba dispuesta a transigir al respecto. Fue difícil rechazarlos... en muchos casos se trataba de empleos lucrativos, y mi nuevo compañero de trabajo, que no era Testigo, salía perdiendo junto conmigo.

Inicialmente él no comprendía mis principios basados en la Biblia. Pero ahora estamos consiguiendo buenos contratos internacionales, y todavía puedo predicar la mayor parte del tiempo, hasta cuando estoy trabajando en el teatro.

Debido a que las personas que trabajan en el teatro tienen un horario poco común, ellas rara vez reciben un testimonio directo. Por eso, cuando estoy viajando con la compañía de teatro, ésta llega a ser mi “territorio” especial para dar el testimonio. Esto ha resultado en que algunos artistas estudien la Biblia y me hayan acompañado a las reuniones de congregación.

Dondequiera que yo me encuentre —Australia, Europa, Singapur, Japón— tengo mucho que hacer en el servicio de mi Dios. He descubierto que la felicidad más profunda consiste en saber que hay un Dios que se interesa en nosotros y que demuestra amor duradero para con sus criaturas. La gloria de oropel del teatro es comparativamente superficial. El reconocer este hecho proporciona ahora un gozo enorme en medio de un mundo triste. (1 Juan 4:8.)

El ser parte de esta hermandad mundial del pueblo de Dios constituye la realización de un sueño increíble... lo he experimentado de veras en el transcurso de mis viajes. Esta hermandad sirve de testimonio viviente acerca de un Dios vivo y amoroso. No hay nada más bello, más perfecto ni más real que la verdad. ¡Qué privilegio es el que Jehová me haya abierto el corazón!

La esperanza galardonadora de vivir hasta tiempo indefinido en una Tierra llena de amor es lo que Jehová ha puesto en el corazón del hombre, incluso en el mío, y anhelo el día en que esta esperanza se realice de manera grandiosa.

Experiencia relatada por Elyn Tia, en la revista ¡Despertad! con fecha 01 de Febrero de 1984, En la próxima entrada se relatara la experiencia sobre Teresa Graves mencionada en este artículo.


También puede leer el "Anuario de los testigos de Jehová 2013" Incluso disponible en audio libro.