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domingo, 13 de abril de 2014

Song 121: Encourage One Another

And let us consider one another to incite to love and fine works, not forsaking the gathering of ourselves together, as some have the custom, but encouraging one another, and all the more so as YOU behold the day drawing near.
(Hebrews 10:24, 25)

As we encourage one another
To serve Jehovah faithfully,

We find the bonds of love are strengthened;
Fine works bring peace and unity.
The love we find among God’s people
Gives each the courage to endure.
Our congregation is a refuge,
A place where we can feel secure.

A word when spoken at the right time
Is, oh, how comforting to hear!
We hear these words of consolation
From friends so faithful and so dear.
How good it is to work together
With those whose hopes and goals we share!

We seek to strengthen one another
And help each one his burden bear.


As we with eyes of faith are seeing
The nearness of Jehovah’s day,
We need our gathering together
To keep us walking in the way.
United with Jehovah’s people,
We hope to serve eternally.
So we encourage one another
To hold to our integrity.


(See also Luke 22:32; Acts 14:21, 22; Gal. 6:2; 1 Thess. 5:14.)


Also alvailable the songbook.

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Cántico 121: Animémonos unos a otros
Y considerémonos unos a otros para incitarnos al amor y a las obras excelentes, sin abandonar el reunirnos, como algunos tienen por costumbre, sino animándonos unos a otros, y tanto más al contemplar ustedes que el día se acerca.
(Hebreos 10:24, 25)

Al animarnos mutuamente
a ser leales a Jehová,

se fortalecen nuestros lazos
de amor, fraternidad y paz.
Por el cariño que nos une,
cobramos fuerzas y valor.
Remanso donde refugiarnos
es la congregación de Dios.

Es la palabra dicha a tiempo
un bálsamo consolador
que amigos fieles y queridos
le aplican a tu corazón.
¡Qué bueno trabajar unidos
con quienes aman a Jehová!

Comparte sus pesadas cargas,
confórtalos con tu amistad.


Las pruebas claro lo demuestran:
se acerca el día de Jehová.
Hoy más que nunca es importante
reunirse con asiduidad.
Servir a Dios es nuestro anhelo,
honrarlo por la eternidad.
Por eso, junto a tus hermanos,
mantén la fe y la integridad.


(Véanse también Luc. 22:32; Hech. 14:21, 22; Gál. 6:2; 1 Tes. 5:14.)

sábado, 12 de abril de 2014

El “pan de la vida” al alcance de todos


“Yo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguien come de este pan vivirá para siempre; y, de hecho, el pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo.”
(Juan 6:51.)

EL MUNDO de la humanidad se ha alimentado de pan desde hace mucho tiempo, siendo este el alimento más común de la Tierra. Por esa razón el pan ha llegado a ser sinónimo de sustento. Sin embargo, hoy en día la falta de pan está alcanzando niveles trágicos. El hambre afecta a una cuarta parte de los habitantes de la Tierra. El periódico The Globe and Mail, de Toronto, Canadá, dijo recientemente: “El hambre, como la guerra, no conoce fronteras”. Según el mismo periódico, un dirigente de las operaciones de emergencia de la ONU en África advirtió que el continente estaba al borde de “una de las mayores tragedias humanas, uno de los mayores desafíos humanos de la historia”.

Jesús profetizó que las escaseces de alimento serían parte de la señal de su presencia en el poder del Reino. (Mateo 24:3, 7, 32, 33; 25:31, 32; Lucas 21:11.) ¡Qué contentos podemos estar de que su Reino esté cerca! En poco tiempo este Rey glorioso vencerá a todos los enemigos de la humanidad y eliminará las injusticas políticas y económicas causantes de tal cruel sufrimiento. En aquel tiempo todos los pueblos se regocijarán al recibir el pan de cada día. (Mateo 6:10, 11; 24:21, 22; Daniel 2:44; Proverbios 29:2.)

Bajo un gobierno justo, nuestra fértil tierra será capaz de producir alimento en “sobre abundancia”, suficiente para satisfacer a una población mundial muy superior a la actual. (Salmo 72:12-14, 16, 18.) Jehová dará “un banquete” de buenas cosas para su pueblo. (Isaías 25:6.) Pero se necesita algo más. ¿Seguirá el ser humano enfermando y muriendo con el paso de los años? Felizmente, Isaías 25:8 sigue diciendo con respecto a Jehová: “Él realmente se tragará la muerte para siempre, y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro”. ¿Cómo se realizará esa promesa?

La provisión amorosa de Jehová

Cuando José era el administrador de alimentos de Egipto, había grano en abundancia. Esta abundancia se debió a que José, después de ser nombrado por el Faraón, se preparó con sentido previsor para los siete años de hambre que habían sido predichos, y Jehová amorosamente bendijo su labor. (Génesis 41:49.)

Había alimento en abundancia para todos, incluso para almacenar. Cuando Jacob, el padre de José, los hermanos de este y sus familias llegaron a Egipto, se beneficiaron de aquella manifestación de la providencia divina. Aquellos israelitas debieron conocer bien el pan de masa de trigo fermentada, pues parece que proviene de Egipto.

Posteriormente, Jehová hizo más provisiones amorosas para su pueblo. Fue cuando millones de israelitas salieron de Egipto y atravesaron el desierto del Sinaí. ¿Cómo podía aquella gran muchedumbre hallar sustento en el desolado e inhóspito desierto? Aunque Jehová se había encolerizado con ellos debido a su falta de fe, “abrió las mismísimas puertas del cielo. Y siguió haciendo llover sobre ellos maná para comer, y el grano del cielo les dio”. “Con pan del cielo siguió satisfaciéndolos” durante 40 largos años. (Salmo 78:22-24; 105:40; Éxodo 16:4, 5, 31, 35.)

No debe olvidarse tampoco que los israelitas no fueron los únicos en comer del maná. “Una vasta compañía mixta” de personas que no eran israelitas ejercieron fe en Jehová y se unieron a ellos en el éxodo de Egipto. A ellos Dios también les proveyó el maná. (Éxodo 12:38.)

Sin embargo, la humanidad ha tenido siempre una necesidad mayor que la del “pan del cielo” literal. Los que comieron del maná provisto milagrosamente también envejecieron y murieron, puesto que la condición pecaminosa heredada del hombre hace que la muerte sea inevitable, independientemente de la alimentación. (Romanos 5:12.)

Los sacrificios de Israel le permitieron mantener una buena relación con Dios, pero aquellos sacrificios también pusieron de relieve la pecaminosidad de la nación. “En ningún tiempo [pudieron] quitar los pecados completamente.” Además, aquellas ofrendas representaron el “solo sacrificio” de Jesús que hace posible eliminar “perpetuamente” los pecados. Desde su posición ensalzada en el cielo, Jesús puede ahora administrar los beneficios de aquel sacrificio. (Hebreos 10:1-4, 11-13.)

“Verdadero pan del cielo”

Consideremos ahora el capítulo 6 de Juan. Lo que Jesús explica en este capítulo no es una continuación de lo registrado en el capítulo 5. El contexto es diferente, pues había pasado todo un año. Era el año 32 E.C. Jesús ya no se encontraba entre los judíos de Jerusalén, pagados de su propia justicia, sino entre la gente común de Galilea. Acababa de ejecutar el milagro de alimentar a 5.000 hombres con cinco panes y dos pescados pequeños.

Al día siguiente, la muchedumbre siguió a Jesús esperando otra comida gratuita. De modo que Jesús les dijo: “Ustedes me buscan, no porque vieron señales, sino porque comieron de los panes y quedaron satisfechos. Trabajen, no por el alimento que perece, sino por alimento que permanece para vida eterna”. Jesús había sido enviado por su Padre para suministrar tal alimento a todos aquellos que ejercieran fe en él. Este sería “el verdadero pan del cielo”, con efectos más duraderos que los que tuvo el maná literal que comieron los antiguos israelitas. (Juan 6:26-32.)

Jesús siguió explicando los beneficios que se derivarían de aquel “alimento”, diciéndoles: “Yo soy el pan de la vida. Al que viene a mí, de ninguna manera le dará hambre, y al que ejerce fe en mí no le dará sed nunca. [...] Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que contempla al Hijo y ejerce fe en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día”. (Juan 6:35-40.)

Aquellos judíos materialistas consideraron polémicas esas palabras de Jesús. Solo veían en Jesús al hijo de José y de María. Jesús les advirtió: “Dejen de murmurar entre ustedes. Nadie puede venir a mí a menos que el Padre, que me envió, lo atraiga; y yo lo resucitaré en el último día”. Entonces repitió: “Yo soy el pan de la vida. Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto y sin embargo murieron. Éste es el pan que baja del cielo, para que cualquiera pueda comer de él y no morir. Yo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguien come de este pan vivirá para siempre; y, de hecho, el pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo”. (Juan 6:42-51.)

Por consiguiente, fue “a favor de la vida del mundo” —el mundo entero de la humanidad redimible— que Jesús dio su carne. Y “cualquiera” del mundo de la humanidad que come simbólicamente de ese “pan”, por medio de ejercer fe en el poder redentor del sacrificio de Jesús, puede entrar en el camino que lleva a la vida eterna. La “vasta compañía mixta” que comió con los israelitas del maná en el desierto representó a la gran muchedumbre de “otras ovejas” de Jesús quienes, junto con el resto ungido del “Israel de Dios”, están ahora comiendo la carne de Jesús en sentido figurado. Comen esa carne por medio de ejercer fe en su sacrificio. (Gálatas 6:16; Romanos 10:9, 10.)

El discurso de Jesús escandalizó a muchos de aquellos oyentes galileos. Esto no fue óbice para que Jesús, todavía hablando sobre su carne, fuera un poco más allá: “Muy verdaderamente les digo: A menos que coman la carne del Hijo del hombre y beban su sangre, no tienen vida en ustedes. El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día; porque mi carne es verdadero alimento, y mi sangre es verdadera bebida”. (Juan 6:53-55.) ¡Realmente chocante! No solamente les repugnaba a aquellos judíos la idea del canibalismo, sino que la Ley, en Levítico 17:14, prohibía específicamente comer “la sangre de cualquier clase de carne”.

Por supuesto, con estas palabras Jesús estaba destacando que cualquiera que quisiera vida eterna tenía que ejercer fe en el sacrificio que él iba a hacer al ofrecer su cuerpo humano perfecto y derramar su sangre vital. (Hebreos 10:5, 10; 1 Pedro 1:18, 19; 2:24.) Esa provisión no es solo para los coherederos de Jesús. También incluye a la “gran muchedumbre” que sobrevive a “la gran tribulación”, puesto que estos “han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”. Su fe en el sacrificio de Jesús, fe que demuestran también por el “servicio sagrado” que rinden a Dios, resulta en que se les conserve con vida a través del mayor tiempo de angustia para la Tierra. De modo similar, Rahab fue declarada justa y sobrevivió cuando Josué dio a Jericó irrevocablemente a la destrucción. (Revelación 7:9, 10, 14, 15; Josué 6:16, 17; Santiago 2:25.)

“Vida en ustedes”

En Juan 6:53 y 54 Jesús relaciona las expresiones “vida eterna” y “vida en ustedes”. De modo que, en este contexto, la expresión “vida en ustedes” parece tener un significado diferente del que tiene en Juan 5:26. En otras partes de las Escrituras Griegas se usan expresiones de construcción gramatical similar a tener “vida en ustedes”. Por ejemplo: “Tengan sal en ustedes” (Marcos 9:50) y “recibiendo en sí mismos la recompensa completa”. (Romanos 1:27.)

En estos ejemplos la expresión no significa el poder de conceder a otros sal o una recompensa. Más bien, hace referencia a plenitud interior. Así, según el contexto de Juan 6:53, el tener “vida en ustedes” debe significar entrar al fin en la misma plenitud de la vida. Los del “rebaño pequeño” de herederos del Reino experimentan esta condición cuando resucitan para vida en los cielos. Las “otras ovejas” la experimentan después del fin de los mil años, cuando son probados y declarados justos para vida eterna en la Tierra paradisíaca. (1 Juan 3:2; Revelación 20:4, 5.)

Otros también pueden beneficiarse del “pan del cielo”. Jesús dijo del que ‘come su carne y bebe su sangre’ y que muere: “Lo resucitaré en el último día”. Se entiende que los cristianos ungidos que están durmiendo en la muerte son levantados al tocar la “última trompeta”, lo cual tiene lugar durante la “manifestación” de Jesucristo en la gloria del Reino. (1 Corintios 15:52; 2 Timoteo 4:1, 8.)

Pero ¿qué sucede en el caso de las “otras ovejas” en perspectiva que se duermen en la muerte? Son de interés las palabras de Marta al tiempo de la muerte de Lázaro, puesto que en aquel tiempo los judíos temerosos de Dios no tenían otra esperanza que la resurrección terrestre. La fe de Marta se expresó en las siguientes palabras: “Yo sé que [Lázaro] se levantará en la resurrección en el último día”. (Juan 11:24.)

Los que estamos viviendo ahora en el tiempo de la presencia de Cristo podemos, por lo tanto, esperar que los fieles de la “gran muchedumbre” que se duerman en la muerte tendrán una resurrección temprana en la Tierra, de modo que puedan de nuevo participar del “pan del cielo” con la perspectiva de vida eterna. ¡Qué grandiosa esperanza es esta, una esperanza garantizada por la misma resurrección de Jesús de entre los muertos! (1 Corintios 15:3-8.)

“En unión con Cristo”
Jesús continuó: “El que se alimenta de mi carne y bebe mi sangre permanece en unión conmigo, y yo en unión con él”. (Juan 6:56.) Esto, pues, es cierto en el caso de “cualquiera” que de este modo ejerza fe en el sacrificio de Jesús con la perspectiva de tener ‘vida en sí mismo’. Todos los que manifiesten tal fe pueden llegar a estar “en unión con” Jesús.

Por supuesto, la “gran muchedumbre” de otras ovejas que tienen esperanza terrestre no están “en unión con Cristo” en el sentido de ser coherederos con él, miembros de su novia que reciben una resurrección celestial como la de él. (Romanos 8:1, 10; 1 Corintios 1:2; 2 Corintios 5:17; 11:2; Gálatas 3:28, 29; Efesios 1:1, 4, 11; Filipenses 3:8-11.) Aun así, todos los que tienen esperanza terrestre pueden y deben estar en completa armonía con el Padre y el Hijo, conociendo y haciendo la “perfecta voluntad de Dios”, al igual que el “rebaño pequeño”. (Romanos 12:2; compárese con Juan 17:21.)

En consecuencia, el valor sacrificatorio de la carne y de la sangre de Cristo está disponible a todos los que hoy ejercen fe, y cualquiera que se aproveche de él puede estar “en unión con” Jesús. Todos tienen que llegar a ser parte de la familia universal de Jehová Dios. En estos críticos “últimos días” disfrutan de una unidad mundial de creencia, propósito y trabajo. Al ejercer fe en Jesús, pueden hacer “obras mayores” en su alcance que las que Jesús realizó en la Tierra.

Se espera que muchas más personas interesadas asistan a la celebración de la Conmemoración. Millones de las “otras ovejas” estarán presentes, junto con los menguantes miles del “rebaño pequeño”: todos con un profundo aprecio por la provisión amorosa de Jehová mediante Cristo, y con pleno reconocimiento de lo vitales que son la carne y la sangre de Cristo.

Sin embargo, todos deben discernir con claridad su posición. El participar de los emblemas de la Conmemoración no garantiza la vida eterna. Estos son símbolos del sacrificio de Jesús, el cual se aplica primero en relación con el “nuevo pacto”. Los ungidos introducidos en ese pacto, y solo ellos, pueden propiamente participar de los emblemas. Uno ha sido introducido en ese nuevo pacto, o no lo ha sido. (1 Corintios 11:20, 23-26.)

Los que no están en el nuevo pacto y que no han sido introducidos por Jesús en un pacto para un Reino no participan de los emblemas de la Conmemoración, pero deben reconocer de todos modos lo importantes que son para ellos la carne y la sangre sacrificadas de Jesús. (Lucas 22:14-20, 28-30.) Este sacrificio es el medio por el cual pueden obtener vida eterna en la Tierra.

A medida que se acerca el tiempo para la Conmemoración, que todos discernamos con claridad todo lo que el sacrificio de Jesús significa para la humanidad. ¡Cuán felices nos sentimos de que “el pan de la vida” esté ahora disponible para todos!

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Febrero de 1986; editada por los testigos de Jehová. Para complementar el tema lea: "Un acontecimiento que no puede perderse"

viernes, 11 de abril de 2014

El 14 de Nisán, un día para recordar

“Sigan haciendo esto en memoria de mí.”
(1 CORINTIOS 11:24.)
“¡COBREN ánimo! yo he vencido al mundo.” Con estas palabras de ánimo y estímulo, Jesús fortaleció a sus 11 apóstoles fieles la noche antes de que él muriera. ¡Jesús había resultado ser vencedor del mundo! Había logrado oponer resistencia a todo intento de su Adversario, Satanás el Diablo, por quebrantar su lealtad a Jehová. Y ahora que se encaraba a la muerte en un madero de tormento dentro de unas cuantas horas, tenía confianza en que mantendría su derrotero de integridad fiel hasta lo último. (Juan 16:33; Hebreos 12:2.)

Este acontecimiento de importancia universal tuvo lugar hace mil novecientos cincuenta y dos años, el día 14 de Nisán, el primer mes lunar del calendario sagrado judío. Los devotos seguidores de las pisadas de Jesús nunca habrían de olvidar aquel día. Para asegurarse de que sus seguidores leales nunca pasaran por alto el significado de lo que entonces iba a suceder, Jesús instituyó una cena conmemorativa especial, que el apóstol Pablo describió como “la cena del Señor”. Bajo inspiración divina, Pablo relata que en aquella ocasión Jesús mandó a sus discípulos que entonces estaban presentes: “Sigan haciendo esto en memoria de mí” (1 Corintios 11:20, 24). Si usted tiene interés en ser uno de los seguidores de Jesús, ¿comprende usted por qué dio él ese mandato, qué obligación pone éste sobre sus hombros, y qué puede significar para su porvenir?

Un día memorable

Aquélla no era la primera vez en la historia de la humanidad que el 14 de Nisán se había apartado como un día para recordar. En 1513 a. de la E.C., Jehová, mediante su siervo Moisés, mandó a los israelitas: “Este día [14 de Nisán] tiene que servirles de memorial, y tienen que celebrarlo como fiesta a Jehová durante todas sus generaciones”. ¿Qué dio origen a la celebración de aquel entonces? Jehová mismo respondió: “Es el sacrificio de la pascua a Jehová, que pasó por alto las casas de los hijos de Israel en Egipto cuando plagó a los egipcios”. (Éxodo 12:14, 27.)

Aquella impresionante liberación en Egipto de todo primogénito israelita, tanto de hombre como de bestia, tuvo lugar aquella noche del 14 de Nisán. Era la culminación de nueve golpes anteriores contra los dioses demoníacos que adoraban los egipcios, y recalcó el propósito que Jehová había declarado anteriormente al altanero Faraón: “En realidad, por esta causa te he mantenido en existencia, a fin de mostrarte mi poder y para que mi nombre sea declarado en toda la tierra”.

Algunos días después, el nombre y el poder de Jehová se manifestaron a un grado mayor cuando él liberó a millones de israelitas y a una gran compañía mixta en el mar Rojo, mientras ahogó a la flor y nata de los ejércitos de Faraón. ¡No es de extrañar que Moisés y los hijos de Israel hayan cantado: “Cante yo a Jehová, porque se ha ensalzado soberanamente”! (Éxodo 9:16; 15:1.)

Después que se establecieran en la tierra prometida a su antepasado Abrahán, los israelitas habían de celebrar la Pascua en escala nacional una vez al año en Jerusalén, conforme al mandato de Deuteronomio 16:1-8. Así, Jehová hizo arreglos para que el 14 de Nisán siempre sobresaliera en la mente de su pueblo típico. ¿Cuál sería el propósito? El 14 de Nisán había de ser un día para ensalzar el nombre de Jehová, para recordar sus grandes actos de liberación. De modo que, siglos después, el significado de la Pascua estaría en primer lugar en el corazón y el pensamiento de los padres de Jesús, quienes —se nos dice—, “acostumbraban ir de año en año a Jerusalén para la fiesta de la pascua”. Según la costumbre judía, su hijo Jesús estaría con ellos. (Lucas 2:41, 42.)

Después del bautismo de Jesús en el Jordán y el comienzo de su ministerio, él probablemente continuaría celebrando la Pascua con María, su madre terrestre, y los hijos de ella, sus medio hermanos. Sin embargo, para el 14 de Nisán de 33 E.C., Jesús hizo arreglos para celebrar la fiesta con sus 12 apóstoles. El registro de Lucas nos dice cuál era el parecer de Jesús respecto a aquella ocasión: “¡Cuánto he querido celebrar con ustedes esta cena de Pascua antes de mi muerte!” (Lucas 22:15, Versión Popular).

¿Por qué tenía Jesús tantos deseos de celebrarla? Debido a que sabía el significado de los acontecimientos que iban a tener lugar dentro de poco en aquel día memorable que había comenzado con la puesta del Sol. Jesús también sabía que aquellos acontecimientos eclipsarían por mucho a los que habían sucedido allá en 1513 a. de la E.C. Ensalzarían el nombre de Jehová más que nunca antes y colocarían el fundamento para la bendición final de todas las familias de la Tierra. Además, él tenía mucho que decir a sus discípulos antes de morir, a fin de infundirles ánimo para que siguieran siendo sus seguidores leales. Los registros detallados de los Evangelios nos permiten escuchar, por decirlo así, lo que Jesús dijo y presenciar lo que hizo. (Juan 12:31; 17:26.)

¿Qué sucedió? ¿Qué significó?


Mientras la cena estaba en progreso, Jesús se levantó y lavó los pies de sus discípulos; así dio un ejemplo perfecto de humildad. Entonces Jesús dijo: “Uno de ustedes me traicionará”. Poco después se volvió a Judas y dijo: “Lo que haces hazlo más pronto”. El registro de Juan relata: “[Él] salió inmediatamente. Y era de noche” (Juan 13:21, 27, 30). Fue después de esto cuando Jesús instituyó la Conmemoración de su muerte.

Oigamos cómo Mateo, testigo ocular, describe lo que sucedió: “Mientras todavía comían, Jesús tomó un pan y, después de decir una bendición, lo partió y, dándoselo a los discípulos, dijo: ‘Tomen, coman. Esto significa mi cuerpo.’ También, tomó una copa y, habiendo dado gracias, se la dio a ellos, diciendo: ‘Beban de ella, todos ustedes; porque esto significa mi “sangre del pacto,” que ha de ser derramada a favor de muchos para perdón de pecados. Pero les digo, que de aquí en adelante de ningún modo beberé yo de este producto de la vid hasta aquel día en que lo beba nuevo con ustedes en el reino de mi Padre.’ Por último, después de cantar alabanzas, salieron al monte de los Olivos”. (Mateo 26:26-30; véase también Marcos 14:22-26; Lucas 22:19, 20, y 1 Corintios 11:23-26.)

¿Cuál fue el significado cabal de lo que Jesús dijo e hizo en aquella ocasión? Pablo dio énfasis a la importancia de que todos los seguidores ungidos de Cristo comprendieran esto, cuando dijo: “Por consiguiente, cualquiera que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente será culpable con respecto al cuerpo y la sangre del Señor”. Sin duda, ninguno de los ungidos querría ser ‘indigno’ a los ojos de Jehová, lo cual resultaría en recibir Su juicio adverso. Además, los de la “grande muchedumbre” deberían querer que se les considere dignos compañeros del resto ungido. Así, puesto que se acerca otra celebración de la Conmemoración, es oportuno que todos juntos examinemos de nuevo este asunto detalladamente. (1 Corintios 11:27.)

Jesús dijo: “Esto significa mi cuerpo”. Al decir estas palabras, Jesús dio un significado especial al pan... éste era símbolo del propio cuerpo carnal sin pecado que Jesús dio “a favor de la vida del mundo” (Juan 6:51). De igual manera, cuando dijo respecto a la copa de vino: “Esto significa mi ‘sangre del pacto,’ [...] derramada [...] para perdón de pecados”, estaba utilizando el vino fermentado de la copa como símbolo de su propia sangre. Esta sangre iba a ser la base para poner en vigor “un nuevo pacto”. Su sangre derramada iba a ser también un medio de proveer “perdón de pecados”. (Mateo 26:28; Jeremías 31:31-33; Hebreos 9:22.)

En realidad, a medida que examinamos el significado cabal de las palabras que Jesús dijo en aquel memorable día, se nos recuerda enérgicamente el amor de Jehová al proveer a su amado Hijo. También se nos recuerda el amor de Jesús al dar su vida como rescate para toda la humanidad creyente (Juan 3:16; Romanos 5:8; 1 Timoteo 2:5, 6). No obstante, hay otras verdades preciadas que Jesús consideró con sus seguidores aquella noche. De los escritores de la Biblia, solo el apóstol Juan registra esta conversación muy íntima.

Gloria, amor y unidad


Jesús dijo: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado con respecto a él” (Juan 13:31). Desde que Israel fue liberado de Egipto, el 14 de Nisán ha estado relacionado con la vindicación del nombre de Dios, Su soberanía y Su poder. Ahora, después que Jesús había probado su fidelidad hasta la muerte y, subsiguientemente, había experimentado una resurrección gloriosa mediante el poder de Dios, se estaba dando aún más honra y gloria al nombre de Dios. (Compárese con Proverbios 27:11.)

Jesús dijo a sus discípulos que ellos darían prueba de que eran sus discípulos si guardaban “un nuevo mandamiento”, el de ‘amarse unos a otros tal como él los había amado’ (Juan 13:34, 35). La profundidad de nuestro amor fraternal es un reflejo de nuestro aprecio por el amor que Jesús expresó para con nosotros en aquel entonces. (1 Juan 4:19.)

La esperanza de algún día vivir en un hogar celestial es parte del gozo que se pone delante de los que han sido escogidos para ser cogobernantes con Cristo (Revelación 20:6). Jesús presenta esta esperanza al decir: “Voy a preparar un lugar para ustedes. [...] Vengo otra vez y los recibiré en casa a mí mismo” (Juan 14:2-4). ¡Qué acogida les espera en su hogar a todos los que permanezcan fieles hasta el fin! Por consiguiente, Jesús aconseja: “Si ustedes me aman, observarán mis mandamientos”. Esto significa todos sus mandamientos, incluso el mandato de enseñar y hacer discípulos. (Juan 14:15, 21; Mateo 28:19, 20.)

¡Cuán importante es que los seguidores de Jesús estén unidos con él y entre sí! Jesús utiliza la ilustración de una vid y sus ramas para subrayar este hecho. La unidad resulta en que se lleve fruto, y esto, a su vez, glorifica al Padre (1 Corintios 1:10; Juan 15:1, 5, 8). Todos los seguidores de Jesús se encaran a persecución y oposición. Pero ¡cuánto fortalece la fe el saber que Jesús mantuvo su integridad como vencedor del mundo a pesar de todos los ataques de Satanás! (Juan 15:18-20; 16:2, 33.)

Jesús termina la noche con una oración sincera a su Padre. La glorificación de su Padre ocupa el primer lugar en su petición. Él ora para que sus seguidores sean protegidos del inicuo, Satanás, mientras permanecen separados del mundo. Y también ora para que la misma unidad amorosa que existe entre él y el Padre pueda continuar creciendo entre los cada vez más numerosos seguidores de sus pisadas. (Juan, capítulo 17.)

Hemos considerado solo unas cuantas de las verdades y los pensamientos preciados que Jesús compartió con sus discípulos aquella noche, pero no hay duda de que nos ayudan a entender por qué el 14 de Nisán es ciertamente un día para recordar. No es de extrañar, que los testigos de Jehová y sus amistades hayan visto la importancia de reunirse para observar la Cena del Señor. La vasta mayoría de los testigos de Jehová hoy día se consideran parte de la “grande muchedumbre” que está de pie “delante del trono y delante del Cordero”. Esperan con anhelo vivir en el planeta Tierra como su hogar eterno, y no en los cielos, donde los 144.000 “gobernarán como reyes con [Cristo] por los mil años”. (Revelación 7:9; 20:6; Salmo 37:11.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya"del 15 de Febrero de 1985; editada por los testigos de Jehová. Para complementar el tema lea: "¿Cómo nos ha beneficiado la muerte de Jesús?