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viernes, 22 de agosto de 2014

El médico Lucas efectúa la mejor obra

¿QUÉ opina usted sobre los médicos? En el transcurso de la historia la gente ha estimado a los médicos. El concepto que se tenía de los curanderos en las sociedades primitivas era tan elevado como el que se tiene de los médicos en las sociedades modernas. ¿A qué se debe tal aprecio?

Aunque las facultades recuperativas de nuestro cuerpo vencen unas tres cuartas partes de nuestras enfermedades sin necesidad de asistencia médica, médicos concienzudos a menudo inspiran confianza y seguridad, lo cual puede ser de gran ayuda en la recuperación del paciente. Además, los médicos han podido ayudarnos por el conocimiento que tienen de remedios eficaces y técnicas curativas. Por lo tanto, muchas personas admiran a los médicos porque desempeñan una labor excepcionalmente buena.

Pero la Biblia nos habla sobre cierto médico dedicado que cambió de profesión a fin de poder efectuar el bien a un grado todavía mayor. Nos puso el ejemplo de cómo nosotros podemos dedicar nuestra vida a hacer el bien.

Este hombre, Lucas, vivió en el primer siglo E.C. El apóstol cristiano Pablo, llamó a Lucas “el médico amado,” y como veremos, los escritos de Lucas dan testimonio de que él era doctor en medicina. (Colosenses 4:14) No obstante, es de notar que Lucas no se destacó por algún tratamiento que él diera a los enfermos y los lesionados. Más bien, sobresalió por lo que efectuó después de hacerse cristiano.

Aunque Lucas probablemente pudiera haberse quedado en una ciudad y ganar un buen salario como médico, prefirió pasar penalidades acompañando a Pablo en viajes misionales. Y más tarde, Lucas se dedicó a efectuar investigaciones y escribir un Evangelio que relata la vida y el ministerio de Jesús. “Evangelio” significa “buenas nuevas.”

Mediante sus esfuerzos por esparcir las buenas nuevas cristianas, que incluyó el escribir su Evangelio y el libro de Hechos de los Apóstoles, Lucas demostró que el bien que una persona puede lograr con obras cristianas supera hasta lo que un médico experimentado pudiera lograr al proveer alivio temporal de la enfermedad y el sufrimiento. Pudiéramos comprender mejor la buena labor que realizó Lucas si notamos algunos hechos relacionados con Lucas y su relato del Evangelio.

El hombre tras el libro
Algunos han afirmado que Lucas era gentil debido a su nombre griego, su estilo de escribir y el hecho de que en Colosenses 4:10-14 Pablo habla de “los circuncisos” y luego menciona a Lucas. No obstante, eso es meramente una interpretación que contradice lo que indica Romanos 3:1, 2. Allí leemos que Dios encomendó sus sagradas declaraciones formales a ‘los judíos.’ Así, puede que Lucas haya sido un judío de habla griega con un nombre griego.

La manera de escribir de Lucas confirma que él era una persona culta. Escribió en griego con un estilo puro y fluido. Sus oraciones son más elaboradas que las de los otros Evangelios, y emplea un vocabulario más amplio.

La introducción del Evangelio también refleja que Lucas era una persona versada e instruida. Comienza así: “Puesto que muchos han emprendido la recopilación de una declaración de los hechos que entre nosotros son plenamente acreditados, así como nos los entregaron los que desde el principio llegaron a ser testigos oculares . . . , resolví también, porque he investigado todas las cosas desde el comienzo con exactitud, escribírtelas en orden lógico . . . para que conozcas plenamente la certeza de las cosas que se te han enseñado oralmente.” (Lucas 1:1-4) Esta introducción se parece a las introducciones de la literatura griega clásica.

Aquí Lucas asegura a los lectores que él no se basa en rumores ni mera tradición oral. ¿Por qué da tal seguridad? Puesto que Lucas evidentemente no era discípulo de Jesús cuando Jesús estuvo en la Tierra, para preparar su Evangelio, Lucas tuvo que hacer cuidadosas investigaciones entre “testigos oculares.” Además, examinó documentos de la época en cuestión, “investigando todas las cosas desde el comienzo con exactitud.” Esto debería fortalecer nuestra confianza en los escritos de Lucas.

Pero, ¿cómo obtuvo Lucas la información minuciosa que contienen sus libros? En cierta parte del relato de los viajes de Pablo que se encuentra en el libro de los Hechos, el sujeto cambia de la tercera persona (“él,” “ellos”) a la primera persona (“nosotros”). De esto se puede ver que Lucas empezó a viajar con Pablo cuando éste hizo su segundo viaje misional. (Hechos 16:10) Es evidente que, cuando acompañó a Pablo a Jerusalén al final del tercer viaje, Lucas pudo entrevistar a hombres y mujeres que fueron testigos oculares del ministerio de Jesús. (Hechos 21:1, 7, 15-18) Puede que entonces también Lucas haya examinado documentos, tales como los que se usaron para preparar la genealogía que está en Lucas 3:23-38.

El apóstol Pablo estuvo encarcelado en Cesarea desde aproximadamente el año 56 hasta el 58 E.C. Puesto que Lucas escribió su Evangelio antes que el libro de los Hechos (que se completó alrededor del 61 E.C.), parece que Lucas empleó bien su tiempo al escribir su Evangelio mientras Pablo estaba en la prisión.

¿Qué debería buscar usted?
Usted hallará que es sumamente remunerador leer el enternecedor e informativo libro de Lucas, que fue escrito cuidadosamente. Al hacerlo, puede sacar mayor provecho de la lectura si busca ciertas características interesantes o rasgos singulares. Pudiéramos enumerar cuatro rasgos.

El primero es el uso de expresiones y descripciones médicas. Lucas también dio atención especial a las mujeres y a la oración, de modo que esté alerta a estos dos aspectos. El cuarto rasgo es que Lucas escribió para beneficio de todos. Para despertar el interés por el libro, notemos algunos ejemplos que ilustran estos cuatro rasgos.

Desde el punto de vista de un médico
Todos los Evangelios informan sobre los milagros de Jesús, pero a medida que usted lee el relato de Lucas observe con cuánta frecuencia él hace referencia a las curaciones de Jesús. Y preste atención al lenguaje que se usa y a los detalles que se ofrecen.

Por ejemplo, a menudo Lucas suministra cierta observación médica que Mateo y Marcos omiten. Mientras que en estos dos Evangelios se nos dice que Pedro le cortó la oreja a Malco, Lucas especifica que fue la oreja derecha y que Jesús restauró a su lugar el miembro amputado. ¿No es así como habla un médico? (Mateo 26:51; Marcos 14:47; Lucas 22:50, 51) De manera similar, Lucas informa con exactitud que la suegra de Pedro “estaba afligida con una fiebre alta,” que Jesús curó tanto a un hombre “lleno de lepra” así como a otro cuya “mano derecha estaba seca.”—Lucas 4:38, 39; 5:12-14; 6:6-10.

Hay muchas otras pruebas del punto de vista médico de Lucas. Al relatar que Jesús “curó a muchos de enfermedades y de penosas dolencias y de espíritus inicuos,” Lucas distinguió las curaciones que fueron exclusivamente de naturaleza física de las que estaban relacionadas con los demonios. (Lucas 7:21) Lucas es el único que nos dice que Jesús ‘entró en agonía’ mientras oraba poco antes que lo arrestaran y que “su sudor se hizo como gotas de sangre.” (Lucas 22:44)

Su interés en el aspecto médico puede verse en su relato de las parábolas de Jesús. Lucas es el único que nos narra la parábola del ‘buen samaritano.’ ¿Recuerda usted cómo el samaritano curó las heridas del hombre que él halló a lo largo del camino? Lo que Lucas describe está en armonía con la práctica médica de aquella época. (Lucas 10:29-37) Lucas suministra el único relato del ‘hombre rico y Lázaro.’ Y, ¿recuerda usted con cuánta precisión Lucas describió el problema de salud de Lázaro?

Busque este relato en Lucas 16:20. Mientras lo lee, note que en el versículo 24 el hombre rico exclama: “Estoy en angustia.” Lucas usó una palabra griega para dolor o aflicción que ningún otro escritor bíblico empleó, pero que médicos griegos como Hipócrates, Areteo y Galeno usaron a menudo.

Se preocupaba por las mujeres y la oración
Al leer el libro de Lucas busque indicaciones del interés compasivo que él mostraba para con las mujeres, lo cual tal vez refleje la naturaleza compasiva que lo atrajo a la medicina. Por ejemplo, en el primer capítulo está la única información que los Evangelios contienen sobre Elisabet, la madre de Juan el Bautizante, e incluso relata que ella sintió que la criatura saltó en la matriz. El mismo capítulo nos da una descripción enternecedora de cómo respondió María a la idea de ser la madre del Mesías.

Más adelante en el Evangelio de Lucas el lector aprende acerca de: La profetisa Ana; la viuda de Naín; la mujer que había sido pecadora pero que lavó los pies de Jesús con sus lágrimas; las mujeres que usaron sus bienes para atender a las necesidades de Cristo; la curación que efectuó Jesús en una mujer que hacía mucho tiempo había estado padeciendo de flujo de sangre; la interacción doméstica entre Marta y María; la “hija de Abrahán” que había estado lisiada por 18 años y las parábolas de la mujer que perdió una moneda y la de la viuda y el juez.—Lucas 2:36-38; 7:11-15, 36-50; 8:1-3, 43-48; 10:38-41; 13:11-16; 15:8-10; 18:2-8.

¿Cree usted que esta lista incluye todas las referencias especiales que se hacen a las mujeres que se mencionan en el libro de Lucas? Bueno, si usted es mujer, si se interesa en el bienestar de las mujeres o si quisiera ver el interés compasivo que mostró el médico Lucas en las mujeres, lea todo el relato que él escribió y vea qué otras cosas descubre usted. A medida que haga esto, note con cuánta frecuencia Lucas menciona la oración.

Usted hallará que solo Lucas menciona ciertas oraciones de Jesús. Por ejemplo, Lucas es el único que nos dice que Jesús estaba orando cuando los cielos se abrieron y espíritu santo fue derramado sobre él y que más tarde Cristo pasó toda la noche en oración. (Lucas 3:21; 6:12) Otros ejemplos se encuentran en Lucas 5:16; 9:18, 28; 11:1; 23:46. Además, Lucas comparte con nosotros varias parábolas de Jesús relacionadas con la oración, tales como la de un amigo a quien se acude a la medianoche, la del juez injusto y la del fariseo y el recaudador de impuestos.—Lucas 11:5-13; 18:1-8, 10-14.

“Buenas nuevas” para todas las naciones
Parece que Mateo escribió su Evangelio especialmente para los judíos y que Marcos escribió el suyo para los romanos, pero Lucas escribió “buenas nuevas” para todas las naciones. Una indicación de esto es que Lucas traza la genealogía de Jesús hasta Adán, antepasado de toda la humanidad. (Lucas 3:23, 38; compare con Mateo 1:1, 16.) En su Evangelio, de interés universal, Lucas nos ayuda a ver que el mensaje y las obras de Cristo podían beneficiar a cualquier persona, prescindiendo de los antecedentes de ésta... un samaritano leproso, el acaudalado recaudador de impuestos y hasta un ladrón sentenciado que agonizaba en el madero. (Lucas 17:11-19; 19:2-10; 23:39-43)

Uno también percibe el interés de Lucas en todos los que estaban ‘perdidos’ puesto que registra las parábolas de Jesús sobre la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo pródigo y la del fariseo y el recaudador de impuestos. (Lucas 15:4-32; 18:9-14) A medida que usted lea el Evangelio de Lucas, esté alerta a otros ejemplos en los que Lucas ofrece esperanza a todos.

Por supuesto, hay muchos otros rasgos singulares que pueden notarse en el Evangelio de Lucas. Pero la impresión en conjunto debería ser que se trata de un libro cuyo escritor fue un hombre instruido y cuidadoso, y que no obstante contiene un relato enternecedor y conmovedor de la vida de Jesús. Es un relato del Evangelio que hace resaltar que las “buenas nuevas” están ahora disponibles a todos.

Estas “buenas nuevas” se aprecian especialmente en nuestro tiempo. El médico Lucas es el único escritor de los Evangelios que registra la profecía de Jesús de que vendría el tiempo cuando, a causa de la angustia que habría en la Tierra durante la conclusión del sistema de cosas, ‘los hombres desmayarían por el temor y la expectativa.’ ¡Qué complacido también tiene que haberse sentido Lucas al registrar las animadoras palabras que se hallan en Lucas 21:25-28!


Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Junio de 1982. Para conocer mejor su Biblia lea el folleto: "La Biblia y su mensaje". Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

jueves, 21 de agosto de 2014

Vuélvanse al pastor de sus almas

JESÚS pronunció dos enternecedoras parábolas que describen el intenso interés de Dios por aquellos que todavía pertenecen a su pueblo pero que se han descarriado. Solo imagínese la angustia que siente el pastor que deja a su rebaño de 99 ovejas y busca la oveja perdida en el desierto ‘hasta que la halla.’ O considere el ahínco de la mujer que pierde una moneda de dracma que quizás era parte de una colección de gran valor. Ella no escatima esfuerzo por conseguirla... enciende una lámpara y barre toda la casa ‘hasta que la halla.’ ¡Y cuánto regocijo siente al recuperarla!—Lucas 15:4-10.

Sin duda nos damos cuenta de que Jesús estaba hablando de personas que tienen una relación con Dios en virtud de su dedicación a él, pero que por diversas razones se han descarriado o se han ‘perdido.’ Quizás usted sea uno de éstos. Puede que usted se sienta conmovido por el gran esfuerzo que, según indican las parábolas, se hace por recuperar algo que se aprecia y por el regocijo que se siente cuando se recupera lo que se busca. Estas parábolas muestran el interés que tienen en usted Dios, el Hijo de Dios, los santos ángeles y sus hermanos y hermanas espirituales. La parábola que sigue a estas dos provee más detalles acerca del derrotero de uno que se ha ‘perdido.’

La parábola del hijo pródigo
En la parábola del hijo pródigo, Jesús muestra con intensidad conmovedora (1) por qué una persona podría descarriarse, (2) lo que puede suceder mientras está alejada, (3) lo que se requiere para volver y (4) la actitud de recibimiento que Dios muestra. Los dos hijos de la parábola pudieran ser comparados con personas que, como usted, han llegado a conocer al Padre, han disfrutado de ‘pan espiritual en abundancia’ en la casa de la fe y han dedicado su vida a Jehová.—Lucas 15:11-32.

Hay diversas razones por las que algunas personas, como el hijo menor, abandonan la “casa” de nuestro Padre celestial. A menudo se debe sencillamente al peso cada vez mayor de las “inquietudes de la vida.” (Lucas 21:34) En ocasiones la influencia que ejercen las malas asociaciones ha impedido que algunos “siguieran obedeciendo la verdad.” (Gálatas 5:7, 8, 10, 12) Resentimiento por algún asunto doctrinal puede haber causado que cierta cantidad de personas se haya ido “a las cosas de atrás.” (Juan 6:60-66)

Fundamentalmente, algunos cristianos, ya sea que lo hagan consciente o inconscientemente, han considerado que el ambiente en la casa espiritual de Jehová es muy restrictivo. Estos, como el hijo pródigo, ya no desean estar bajo el ojo vigilante del Padre. Buscan libertad de movimiento en un “país lejano.”

Solo, en un país lejano
El pródigo —después de haber malgastado todo su dinero— halló todo menos libertad y diversión. Su conducta tomó tal rumbo que llegó hasta el grado de ‘vivir una vida disoluta.’ Cuando vinieron tiempos difíciles, en su desesperación, “se colocó” con uno de los ciudadanos del país quien “lo envió” a guardar puercos... la tarea más baja que pudiera efectuar un judío. ¡El hasta anheló comer de la comida de los puercos!—Lucas 15:13-16.

Juan había sido anciano de congregación antes de su viaje, a un “país lejano” en sentido espiritual. “El seguir en la verdad es indudablemente una salvaguarda, pero cuando uno no está activo, uno baja la guardia,” declaró Juan. “Aun cuando pudiera ser que uno no haga nada que realmente sea malo, uno comienza a tolerar ciertas cositas. Uno se dice, ‘Bueno, yo no estoy asistiendo a ninguna de las reuniones de la congregación, así que, ¿realmente importa lo que haga?’”

Otro Testigo que estuvo inactivo por varios años confesó lo siguiente: “Yo realmente sí me envolví en mala conducta. Descubrí inmediatamente que no hay límite a lo bajo que una persona puede caer al asociarse con personas del mundo. La única manera de disfrutar de la asociación con ellos es manteniendo la boca cerrada en cuanto a Jehová. Cuando uno hace eso, se encamina a tener muchos problemas.”

Sin embargo muchos de los que se hacen inactivos no se deslizan a una “vida disoluta” como lo hizo el hijo pródigo de la parábola. Aun así todos llegan a estar conscientes de lo alejados que están de tener una relación estrecha con Dios. Una pareja inactiva “por 15 años nunca tomó la Biblia en las manos,” y sin embargo permanecieron castos en lo moral.

La esposa explica: “En sentido material las cosas nos fueron extremadamente bien durante aquellos años. Una puede llegar a creer que no necesita regresar a Jehová. Edificamos nuestra vida en torno a nuestro empleo y a nosotros mismos. Tratamos de cerrar nuestra mente a todo lo que nos recordara la verdad hasta el grado de mudarnos a otro lugar donde nadie nos conocía. Pero toda esa felicidad era superficial. En nuestro fuero interior estábamos destrozados. Por años mi esposo estuvo profundamente deprimido. Dejamos de orar aun antes de las comidas. Muchas noches no podía dormir como resultado de la inquietud que me causaba la verdad y porque me sentía culpable.” El esposo agregó: “Sentíamos que estábamos entre los sentenciados a muerte.”

El estar apartado de Jehová, el sentirse completamente solo en sentido espiritual, es una situación dolorosa. Una cristiana que estuvo inactiva dice: “No hay nada como tener el favor de Jehová. Es terrible hallarse en la situación de una sentirse mal y no poder orarle, o dudar que él contestará las oraciones de una.”

“Recobró el juicio”
El pródigo reconoció sus sentimientos espirituales interiores y respondió a ellos. Jesús dijo: “Recobró el juicio.” Las palabras griegas originales literalmente significan: “Volvió en sí.” El había estado “fuera de sí,” en un mundo irreal. Y ahora vino a estar consciente de su verdadera condición espiritual. Reflexionó en la paz y abundancia de que había disfrutado en el hogar de su padre.—Lucas 15:17.

Aunque el pródigo logró reconocer esto por sí mismo, a menudo a esto siguen varias consideraciones espirituales que despiertan sentimientos dormidos. Por ejemplo, Diane, mientras todavía estaba inactiva, le confesó a un Testigo con quien se había familiarizado: “No puedo regresar a Jehová. No le amo y sé que éste tiene que ser el motivo.” El Testigo le preguntó: “¿Amabas a tu esposo cuando él comenzó a hacerte la corte?” “No, ¿cómo podía amarlo? No le conocía,” contestó Diane.

“Entonces me di cuenta,” confesó Diane, “de que el amar a Jehová vendría con el conocerle otra vez. Más tarde me puse en comunicación con la congregación y pedí ayuda. Una pareja, bajo la dirección de los ancianos, estudió la Biblia con mi esposo y conmigo por más de un año, y estamos activos nuevamente.”
No obstante, uno de los mayores obstáculos para volver resulta del sentirse abrumado por culpa.

¿Habré ido demasiado lejos?
“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo,” fue como se sintió el pródigo después que “recobró el juicio.” Otras personas se han sentido así... indignos de ser llamados miembros de la familia de Dios.—Lucas 15:17-19.

“Una se da cuenta de que le ha dado la espalda a Jehová a sabiendas. Este sentimiento de culpa me enfermaba,” confesó Virginia. “Cuando comencé a reactivarme, tuve una lucha grande para comenzar a orar nuevamente. Continuaba pensando: ‘¿Cómo va Jehová a querer saber de mí cuando yo le di la espalda?’”

Otros que se han apartado creían haber cometido el “pecado imperdonable.”
Aunque sabía que los pecados de su hijo eran muchísimos, ¿consideró el padre que éstos eran imperdonables? ¿Obró de manera fría e indiferente cuando su hijo regresó? ¡De ninguna manera! El había estado buscando a su hijo. “Mientras estaba él todavía lejos, su padre alcanzó a verlo,” según dice Jesús. (Lucas 15:20)

Quizás los vecinos solo hayan visto los andrajos que traía puestos, que estaba sucio y andaba descalzo, pero el padre lo vio a “él.” El padre sabía que su hijo había venido de muy lejos. Era obvio que el hijo había dejado su “vida disoluta” y estaba verdaderamente arrepentido.—Proverbios 28:13.

El padre corrió para abrazar a su hijo. El hijo a lo más esperaba ser un ‘asalariado,’ alguien que no fuera miembro de la casa y que en algunos respectos estuviera en peor situación que un esclavo. Nunca se hubiera imaginado la respuesta de su padre: “¡Pronto! Saquen una ropa larga, la mejor, y vístanlo con ella, pónganle un anillo en la mano y sandalias en los pies. Y traigan el torillo cebado, degüéllenlo y comamos y gocemos.” ¡De qué manera tan excelente ilustró Jesús la respuesta sincera del padre!—Lucas 15:22, 23.

El padre sabía que el hijo pródigo había pagado ya un precio alto... las cicatrices emocionales de haber estado “viviendo una vida disoluta” y haber perdido todo su dinero, la agonía de no tener amigos, alimento y abrigo durante un tiempo de hambre, la vergüenza de comer con los cerdos, y finalmente, el largo viaje de regreso a casa. Así también, Jehová comprende que uno verdaderamente sufre mientras está ‘perdido’ y que no es fácil volver.

Pero nuestro compasivo Padre celestial, quien es “abundante en bondad amorosa,” ‘no por todo tiempo seguirá criticando ni conforme a nuestros errores trae sobre nosotros lo que merecemos’ si estamos sinceramente arrepentidos y ‘enderezamos los asuntos’ con él. Algunos que hasta han cometido pecados crasos mientras estaban separados de la congregación cristiana, pero que vuelven verdaderamente arrepentidos y confiesan sus pecados ante los ancianos, pueden esperar que se les trate de manera amorosa y considerada que conduzca a una recuperación completa.—Salmo 103:8-10; 130:3; Isaías 1:18, 19.

Es cierto que la Biblia habla de algunos cristianos infieles a los que no se les perdonan sus pecados. No obstante, Pablo mostró que éstos “se oponen” a la Verdad y pisotean con desprecio el sacrificio de rescate al estimarlo como de valor ordinario. (Hebreos 10:26-31) Pero, ¿ha llegado usted alguna vez a tal extremo? El que usted considere sinceramente este material, en vez de despreciarlo, indica que usted todavía tiene algún amor por las cosas espirituales. El hecho de que usted se sienta culpable y perturbado en su corazón demuestra que usted no ha ido demasiado lejos. Puede estar seguro de que Jehová contestará su oración así como contestó la de David, quien suplicó: ‘Perdona mi error, porque es considerable.’—Salmo 25:11.

‘No tengas miedo. Yo ciertamente ayudaré’
Dos ancianos visitaron a una pareja inactiva que habían sido Testigos extraordinariamente celosos. Apenas había comenzado la conversación cuando el esposo inactivo comentó de manera defensiva que él sabía que debería estar en el servicio del campo predicando a otros. “No creo que debas estar haciendo eso en este preciso momento,” contestó Russell, uno de los ancianos, para sorpresa del esposo. “Si tuvieras un pariente enfermo, ¿le dirías que saliera y podara el césped? Bueno, tampoco nosotros vamos a decirte que salgas a ‘podar el césped.’

Deseamos que te mejores. ¿Qué podemos hacer para ayudarles?” La ayuda amorosa que los ancianos prestaron, incluso el extender hospitalidad de manera afectuosa, ayudó a la pareja a recuperarse espiritualmente, y el esposo hasta sirve otra vez de anciano.—Compare con Santiago 5:14, 15.

Algunos de los que se arrepienten titubean en cuanto a asociarse de nuevo porque se sienten incapaces de asumir de golpe todas las responsabilidades de un Testigo. Sin embargo, Jehová es razonable. Por lo general lo más práctico es que haya una recuperación gradual, paso a paso. Pablo dijo que algunos que en su día habían llegado a estar “embotados” espiritualmente necesitaban que alguien les enseñara otra vez las cosas elementales de la Verdad. (Hebreos 5:11, 12) Este alimento espiritual va fortaleciendo a la persona y hace posible que pueda dar otros pasos.

En una serie de entrevistas que se llevaron a cabo con Testigos que en cierta ocasión estuvieron inactivos, pero que más tarde se recuperaron, la mayoría de ellos indicó que habían necesitado que se les diera ayuda con regularidad. Y los que están en la congregación están más que dispuestos a brindar dicha ayuda. Tienen el mismo parecer de Jehová, quien dijo a su pueblo escogido: “No tengas miedo, porque yo estoy contigo. No mires por todos lados, porque yo soy tu Dios. Yo ciertamente te fortificaré. Yo cierta y verdaderamente te ayudaré.”—Isaías 41:10.
Sí, Dios dice: “Yo cierta y verdaderamente te ayudaré.”

Puede que usted tenga que romper con algunas malas asociaciones. Puede ser que tenga que encararse a oposición de parientes que no aprueben el que usted asista a las reuniones cristianas. Quizás haya ciertos asuntos que usted tenga que confesar a los ancianos. (Salmo 32:3-5) Pero nunca olvide que Jehová está allí para ayudarle. Un Testigo que se ha recobrado dijo: “Jehová simplemente me permitió ver el paso que tenía que dar, uno a la vez, y me ayudó grandemente.”

Otra hermana que se ha recobrado agregó: “Desde el momento que pisé el Salón del Reino todos mis viejos amigos comenzaron a abrazarme y a besarme. Simplemente me conmovió la felicidad que ellos desplegaron. Pensé: ‘¿A qué había estado temiendo?’” Aunque algunos pudieran tener una actitud semejante a la del hermano mayor del hijo pródigo, la inmensa mayoría de los hermanos de la congregación se regocijarán de verlo volver.—Lucas 15:25-32.

¿Por qué no lo comprueba usted mismo? Una cristiana que se recobró después de haber estado alejada por algún tiempo dijo: “No hay otro lugar donde se pueda hallar paz interior. Todo lo demás volvió a caer en su debido lugar tan pronto volví a estar activa espiritualmente otra vez. Este mundo no ofrece nada que valga la pena. Una se siente tan bien de saber que está agradando a Jehová y de que tiene su protección. Una puede dormir de noche. Ahora la vida de una es satisfaciente y se puede desarrollar verdadera esperanza de alcanzar vida en el Nuevo mundo.”

Si es usted una oveja que se ha descarriado, ¿por qué no invita al Testigo que le trajo esta revista para que le ayude a ponerse en comunicación con los ancianos de la congregación de su localidad? Sienta el gozo y el contentamiento que resulta de emprender el derrotero que describe Pedro: “Porque ustedes, como ovejas, andaban descarriados; pero ahora se han vuelto al pastor y superintendente de sus almas.”—1 Pedro 2:25.

Artículo publicado en la revista "La atalaya" del 01 de Agosto de 1982. Para ampliar el tema lea el folleto: ¿Quiénes hacen la voluntad de Jehová en nuestros días?. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

miércoles, 20 de agosto de 2014

Joyas del Evangelio de Lucas

JESUCRISTO, el Hijo de Jehová, es bien conocido por su compasión. Por eso, ¡cuán apropiado es que el evangelista Lucas dé énfasis a la compasión, la misericordia y el compañerismo! Lucas escribió un relato verdaderamente conmovedor sobre la vida terrestre de Jesús para beneficio de judíos y gentiles.

Ciertos aspectos de este Evangelio indican que fue escrito por un erudito. Por ejemplo, contiene una introducción clásica y un vocabulario extenso. Esto se ajusta al hecho de que Lucas era un médico bien educado. (Colosenses 4:14.) Aunque Lucas no se hizo creyente sino hasta después de la muerte de Jesús, acompañó a Pablo a Jerusalén después del tercer viaje misional de ese apóstol.

Por lo tanto, después que Pablo fue arrestado allí y encarcelado en Cesarea, Lucas, investigador cuidadoso, pudo recoger datos mediante entrevistarse con testigos oculares y consultar registros públicos (1:1-4; 3:1, 2). Es posible que haya escrito su Evangelio en Cesarea durante los dos años que Pablo pasó en prisión allí, alrededor de 56-58 E.C.

Rasgos singulares
Por lo menos seis de los milagros de Jesús se mencionan únicamente en el Evangelio de Lucas. Son: una pesca milagrosa (5:1-6); la resurrección del hijo de una viuda de Naín (7:11-15); la curación de una mujer encorvada (13:11-13); la curación de un hombre que tenía hidropesía (14:1-4); la limpieza de diez leprosos (17:12-14); y el sanar la oreja del esclavo del sumo sacerdote (22:50, 51).

También aparecen solo en el relato de Lucas algunas parábolas de Jesús. Entre ellas están las de: los dos deudores (7:41-47); el prójimo samaritano (10:30-35); la higuera sin fruto (13:6-9); la gran cena (14:16-24); el hijo pródigo (15:11-32); el hombre rico y Lázaro (16:19-31); y la viuda y el juez injusto (18:1-8).
Incidentes conmovedores

El médico Lucas mostró interés en mujeres, niños y personas mayores. Sólo él mencionó que Elisabet era estéril y que concibió, y el nacimiento de Juan. Sólo su Evangelio informó que el ángel Gabriel se le apareció a María. Lucas se sintió impelido a decir que Juan como bebé en desarrollo saltó en la matriz de su madre cuando María le habló a Elisabet. Únicamente él mencionó la circuncisión de Jesús y su presentación en el templo, donde lo vieron los envejecidos Simeón y Ana. Gracias a este Evangelio sabemos algo acerca de la infancia de Jesús y la de Juan el Bautizante (1:1–2:52).

Cuando Lucas escribió sobre la desconsolada viuda de Naín cuyo único hijo había muerto, dijo que Jesús “se enterneció por ella” y luego hizo que el joven volviera a la vida (7:11-15). Otro incidente conmovedor que solo aparece en este Evangelio envuelve a Zaqueo, un jefe de los recaudadores de impuestos. Porque era de baja estatura, Zaqueo se subió a un árbol para ver a Jesús. ¡Qué sorpresa cuando Jesús le dijo que se alojaría en su casa! Lucas informa que la visita fue una gran bendición para el alegre anfitrión (19:1-10).

El punto de vista de un médico
Este Evangelio contiene muchos términos o palabras que tienen significado médico o importancia médica. Los demás escritores de las Escrituras Griegas Cristianas no dieron ningún uso a estas palabras, o por lo menos no en sentido médico. Pero esperaríamos lenguaje médico de la pluma de alguien que ejerciera la medicina.

Por ejemplo, solamente Lucas señaló que la suegra de Pedro tenía “una fiebre alta” (4:38). También escribió: “¡Mira!, ¡un varón lleno de lepra!” (5:12). Para los demás evangelistas bastó con decir lepra. Pero no para el médico Lucas, quien indicó que la enfermedad estaba en etapa avanzada.

Información sobre costumbres
Según Lucas, María “envolvió [a Jesús recién nacido] con bandas de tela” (2:7). La costumbre era bañar al infante recién nacido y frotarlo con sal, quizás para secarle la piel y hacerla firme. Entonces se envolvía en bandas de tela al bebé, casi como a una momia. Las bandas mantenían recto y caliente el cuerpo, y quizás el pasarlas por debajo de la barbilla y sobre la cabeza para mantener cerrada la boca hacía que el niño aprendiera a respirar por la nariz.

Un informe del siglo XIX sobre costumbres similares citó las palabras de un visitante a Belén que dijo: “Tomé a la criaturita en mis brazos. Su cuerpo estaba tieso e inflexible, por lo ceñido que estaba con lino blanco y púrpura. Tenía las manos y los pies bien restringidos, y la cabeza ceñida con un pequeño chal rojo de suave textura que le pasaba por debajo de la barbilla y por la frente con pequeños dobleces”.

El Evangelio de Lucas también informa sobre las costumbres fúnebres del primer siglo. Jesús estaba cerca de la puerta de la ciudad de Naín cuando vio que “sacaban a un muerto, el hijo unigénito de su madre [viuda]”, y “estaba con ella una  muchedumbre bastante numerosa de la ciudad” (7:11, 12). Los entierros solían efectuarse fuera de la ciudad, y amigos del difunto acompañaban el cadáver hasta la tumba. El féretro era una camilla, quizás de mimbre, con varas que sobresalían de cada esquina para que cuatro personas la cargaran sobre los hombros en la procesión al lugar del entierro.

En otra ilustración que registró Lucas, Jesús dijo que un hombre había sido golpeado por salteadores. Cierto prójimo samaritano “le vendó sus heridas, y vertió en ellas aceite y vino” (10:34). Así se acostumbraba atender las heridas. El aceite de oliva suavizaba el lugar de las heridas y producía alivio. (Isaías 1:6.) Pero ¿qué hacía el vino? La revista The Journal of the American Medical Association dice: “El vino era uno de los medicamentos principales en Grecia. [...] Hipócrates de Cos (460-370 a.C.) [...] se valió extensamente del vino; lo recetaba para vendar heridas, para refrescar cuando había fiebre, y como purgante y diurético”.

La ilustración de Jesús aludió a las propiedades antisépticas y desinfectantes del vino, así como a la eficacia del aceite de oliva con relación a sanar heridas. Por supuesto, la lección de la parábola es que el verdadero prójimo es misericordioso. Así debemos tratar a otras personas (10:36, 37).

Lecciones de humildad
Sólo Lucas relató la ilustración que dio Jesús cuando vio que los invitados escogían los lugares más prominentes en una comida. Durante los banquetes, los invitados se reclinaban en lechos colocados a lo largo de tres lados de una mesa. Por el cuarto lado se servía la comida. Por lo general en cada lecho se podían acomodar tres personas que miraban hacia la mesa mientras se apoyaban sobre el codo izquierdo y comían con la mano derecha. Los tres lugares denotaban que la persona ocupaba la posición alta, la media o la baja en el lecho.

El que ocupara la posición baja en el tercer lecho ocupaba el lugar de menos importancia en la comida. Jesús dijo: ‘Cuando alguien te invita a un banquete, escoge el lugar más bajo y el anfitrión te dirá: “Sube más arriba”. Entonces tendrás honra delante de los demás convidados contigo’ (14:7-10). Sí, seamos humildes y antepongamos los demás a nosotros. De hecho, al aplicar la ilustración Jesús dijo: “Todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (14:11).

Otra ilustración de Jesús que da énfasis a la humildad, y que solo hallamos en el Evangelio de Lucas, es la del recaudador de impuestos y el fariseo que oraban en el templo. Entre otras cosas, el fariseo dijo: “Ayuno dos veces a la semana” (18:9-14). La Ley solo requería que se ayunara una vez al año. (Levítico 16:29.) Pero los fariseos iban al extremo en cuanto al ayuno.

El fariseo de la ilustración ayunaba el segundo día de la semana porque, según se creía, en ese día Moisés subió al monte Sinaí, donde recibió las dos tablas del Testimonio. Se dice que bajó de la montaña el quinto día de la semana. (Éxodo 31:18; 32:15-20.) El fariseo dijo que ayunaba dos veces a la semana para probar su piedad. Pero esta ilustración debe llevarnos a ser humildes, y a no hacernos justos a nuestros propios ojos.

Estas joyas del Evangelio de Lucas prueban que es singular e instructivo. Los incidentes que menciona nos ayudan a volver a vivir sucesos conmovedores de la vida terrestre de Jesús. También nos benefician los datos sobre ciertas costumbres. Pero nos bendecirá especialmente el aplicar lecciones como las de la misericordia y la humildad, que se enseñan tan excelentemente en el Evangelio de Lucas, el médico amado.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Noviembre de 1989. Lea el interesante tema: "La resurrección de Jesús.Su importancia para nosotros". Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.