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miércoles, 2 de julio de 2014

Cuando la gente nos irrita

HACE poco, un turista que visitaba el Oriente informó al gerente del hotel que no encontraba su reloj. Al cabo de cierto tiempo, no se le había devuelto el reloj, el turista se convenció de que el gerente había hecho caso omiso de su reclamo. ¡Exasperado, arrojó toda su ropa, un cesto de papeles y un aparato de televisión por la ventana de su habitación, que estaba en el decimoctavo piso, al área de la piscina!

¿Se ha sentido usted alguna vez tan frustrado a causa de otras personas que ha tenido ganas de reaccionar violentamente? Muchos se han sentido así. Otros reaccionan calmadamente cuando se les ofende, y piensan: ‘¡Nunca volveré a hablarle!’ Esto ocurrió en un pueblito de las Filipinas donde dos hombres disputaban por un terreno. Por largo tiempo no se hablaban.

Pero, ¿son éstas las mejores maneras de tratar una situación cuando la gente nos irrita o nos ofende?

Tales reacciones solo agravan el problema. Debido a su rabieta el turista no recuperó su reloj; pero es probable que se le haya pasado una enorme factura por daños. El silencio de los dos vecinos no resolvió el problema relacionado con el terreno; pero sí causó angustia a sus familias, amigos y vecinos. ¡Ciertamente tiene que haber un mejor modo de resolver problemas como éstos!

Jesucristo demostró un modo más eficaz. Al igual que nosotros, él estaba rodeado de personas imperfectas y falibles, y a veces las faltas de ellas lo entristecían. En algunas ocasiones se “indignó,” o “gimió profundamente con su espíritu” ante las acciones o actitudes de la gente. (Marcos 8:12; 10:14)

Pero no reaccionó violentamente ni se abstrajo en largos períodos de silencio. Más bien, a menudo trató de ayudar a la gente a reconocer sus problemas y a vencerlos.

Jesús pudo hacer esto de manera eficaz debido al profundo amor que le tenía al prójimo, especialmente a sus seguidores. Es tal como les dijo a ellos: “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros.”

Este amor se notaba especialmente cuando Jesús trataba con las debilidades humanas. Además, él podía tratar con estas debilidades de manera equilibrada debido a que, según él mismo dijo: “Soy de genio apacible y humilde de corazón.” El que uno trate las dificultades personales de manera apacible y humilde casi siempre da buen resultado.—Juan 13:34; Mateo 11:29.

Cómo trató Jesús situaciones irritantes


¿Le ha hecho alguien alguna vez una promesa para luego no cumplirla? O ¿ha hecho usted alguna vez una cita con alguien que no se presentó? Cierto, tales experiencias son molestas. Sin embargo, ¿son desilusiones como ésas razón para montar en cólera o guardar un silencio glacial?

Considere cómo trató Jesús a sus apóstoles la noche antes de su muerte. Este era un tiempo en que Jesús estaba pasando por una prueba severa. Había ido al jardín de Getsemaní con sus apóstoles y les había dicho: “Mi alma está hondamente contristada, hasta la muerte. Quédense aquí y manténganse alerta conmigo.” (Mateo 26:38) Entonces se apartó de ellos un poco para orar. Cuando regresó, ¿qué halló? ¡Todos sus discípulos estaban dormidos! Aun al despertarlos, reaccionó con compasión.

Jesús reconoció que el motivo de ellos no era malo, sino que estaban sujetos a la imperfección humana. Por lo tanto, dijo: “El espíritu, por supuesto, está pronto, mas la carne es débil.” (Mateo 26:36-46) Aún más tarde, cuando los apóstoles lo abandonaron en manos de sus enemigos y Pedro lo negó, Jesús no se dio por vencido respecto a sus amigos.

En vez de eso, tomó medidas después de su resurrección para fortalecerlos y ayudarlos a vencer sus debilidades.

¡Qué actitud tan excelente! El apóstol Pablo dijo: ‘El amor . . . todo lo espera.’ Por lo tanto, en vez de darnos por vencidos respecto a nuestros amigos cuando nos desilusionen, ¿por qué no —al igual que Jesús— reconocer que quizás su motivo sea bueno a pesar de ser humanos imperfectos? Este es el proceder amoroso a seguir, y puede resultar en ayudarlos a que no nos fallen en otra ocasión.—1 Corintios 13:4, 7.

¿Qué hay si se repiten las faltas?
Por supuesto, los problemas no siempre se resuelven con un solo recordatorio. Como los padres bien saben, por lo general a los hijos hay que repetirles las cosas vez tras vez antes de que se les queden grabadas. Lo mismo puede ser cierto de los adultos.

Eso fue cierto en el caso de los primeros seguidores de Jesús. Por ejemplo, en cierta ocasión estaban discutiendo entre ellos en cuanto a quién era el mayor. Jesús los oyó y aprovechó la oportunidad para explicar que entre sus seguidores no habría puestos de jefatura. Más bien, dijo: “Si alguien quiere ser el primero, tiene que ser el último de todos y ministro de todos.”—Marcos 9:35.

A pesar de la clara explicación que les dio Jesús, pocos meses después dos de sus apóstoles solicitaron abiertamente que se les concedieran las dos posiciones más importantes al lado de él en el Reino. Los demás se enojaron, pero Jesús no se enojó. Más bien, con paciencia volvió a explicárselo como sigue: “Ustedes saben que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas y los grandes ejercen autoridad sobre ellas. No es así entre ustedes; antes el que quiera llegar a ser grande entre ustedes, tiene que ser ministro de ustedes, y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene que ser esclavo de ustedes.”—Mateo 20:24-27.

Otra vez, la noche antes de la muerte de Jesús, el registro nos dice: “Se suscitó entre ellos una disputa acalorada sobre quién de ellos parecía ser el mayor.” Pero de nuevo, Jesús pacientemente repitió su explicación de que entre sus seguidores no había puestos de jefatura, solo de servicio. Esta vez, a fin de grabar indeleblemente este punto en la mente de ellos, él dio una demostración práctica. Con sus propias manos, lavó los pies de cada uno de los apóstoles allí presentes. ¡Eso era lo que él quería decir por “ministro”!—Lucas 22:24-27; Juan 13:3-5.

Por fin, parecía que los apóstoles habían captado el punto. Muchos años después, el apóstol Pedro escribió una carta excelente a las congregaciones cristianas, por medio de la cual les transmitió esta información. A los que llevan la delantera en las congregaciones él explicó que ‘no debían enseñorearse de los que son la herencia de Dios, sino que debían hacerse ejemplos del rebaño.’—1 Pedro 5:2, 3.

Nosotros también responderemos apropiadamente ante las repetidas molestias a las que otros posiblemente nos sometan, si reaccionamos como lo hizo Jesús. Podremos lograr esto si cultivamos la misma clase de amor, apacibilidad y humildad de mente que Jesús poseía.

Siguiendo el ejemplo de Jesús
Jesús nos aconsejó que fuéramos amorosos para con nuestros hermanos espirituales y que estuviéramos dispuestos a perdonarlos aunque tuviéramos que hacerlo “hasta setenta y siete veces.” No obstante, ¿qué hay si nuestro hermano comete una ofensa grave? Jesús nos instó a que habláramos personalmente con el ofensor en privado. Entonces, “si te escucha,” dijo Jesús, “has ganado a tu hermano.”—Mateo 18:15, 22.

Al tratar con tales situaciones, sin embargo, es bueno recordar que aunque Jesús era perfecto nosotros no lo somos. Si nuestros amigos nos causan irritación, es posible que nosotros de vez en cuando les hagamos lo mismo. ¡Qué excelente sería que tratáramos sus ofensas en contra nuestra tal como nos gustaría que ellos trataran nuestras ofensas contra ellos... con amor, apacibilidad y humildad!

Esto realmente es poner en práctica las palabras de Jesús: “Por lo tanto, todas las cosas que quieren que los hombres les hagan, también ustedes de igual manera tienen que hacérselas a ellos.”—Mateo 7:12.

El que reconozcamos nuestras propias imperfecciones ayudará de otra manera. Jesús tenía una percepción extraordinaria y podía discernir el motivo y la condición de corazón de la gente. Nosotros estamos limitados a este respecto. Si se nos ofende o se nos irrita, puede que hayamos interpretado mal la situación y que en realidad no se nos quiso hacer ningún daño.

Por ejemplo, en el caso que se mencionó en la introducción, el turista estaba equivocado. El gerente había dado atención al asunto, y, de hecho, la policía estaba investigando el caso.

Aun cuando estuviéramos convencidos de que estamos en lo correcto, todavía deberíamos ser humildes. Así se le hará mucho más fácil a la otra persona querer rectificar cualquier mal que haya cometido. Jesús dijo que el propósito de hablar a alguien que nos ha ofendido era el de ‘ganar a nuestro hermano.’ El tratar el problema con apacibilidad y humildad probablemente dé este resultado.

Esa fue la experiencia de los dos hombres que no se hablaban debido al problema relacionado con el terreno. Después de haber pasado mucho tiempo sin hablarse, inesperadamente se hallaron sentados uno al lado del otro en un transporte público. Uno de ellos fue suficientemente humilde como para disculparse de su actitud equivocada. Eso ‘rompió el hielo,’ y los dos hombres se abrazaron. Ahora podían tratar su problema de manera pacífica, sin causar angustia a los que los rodeaban.

Sí, tres cualidades como las de Cristo —amor, apacibilidad y humildad— pueden mejorar nuestra relación con otros. Cuando la gente nos causa irritación, estas cualidades nos pueden ayudar a tratar la situación de una manera constructiva, generalmente con buenos resultados. ¡Sin duda, al pensar detenidamente en el asunto, ninguno de nosotros podemos arreglárnoslas sin estas cualidades!

Artículo publicado en la revista ¡Despertad! del 08 de Enero de 1982. Para leer mas acerca de la vida de Jesucristo lea "El hombre más grande de todos los tiempos". También disponible en audio libro. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.

martes, 1 de julio de 2014

Perseverancia mediante fe en Jehová


Según lo relató Carey W. Barber

CUANDO el orador llegó al teatro de Plainfield, Nueva Jersey, se dio cuenta de que la policía había tomado control de la entrada al escenario. Entonces, al subir a la plataforma, notó que la policía tenía dos ametralladoras detrás de las cortinas, de modo que él tendría que hablar enfrente de ellas.

La policía dijo que había recibido información de que habría un tumulto, y que ellos estaban allí con el fin de mantener el orden. No obstante, el discurso intitulado “Intolerancia religiosa... ¿por qué se practica ahora?” se pronunció sin percance y fue recibido entusiásticamente por todos en el auditorio, del cual yo formaba parte.

El orador era J. F. Rutherford, quien entonces era presidente de la Sociedad Watch Tower Bible and Tract. A principios de los años treinta, Plainfield era centro de oposición contra la obra de los testigos de Jehová. Por esa razón, Rutherford decidió celebrar una reunión pública en ese lugar el 30 de julio de 1933. ¡Puedo asegurarles que el ambiente era muy tenso durante aquel discurso sobre la “intolerancia”! Experiencias como ésa durante mi juventud han fortalecido mi fe y me han animado a perseverar en el servicio de Jehová durante los pasados sesenta años.

Una empresa nueva y asombrosa


Nací en Trowbridge, Wiltshire, Inglaterra, el 4 de julio de 1905. El 18 de abril de 1921, durante una pequeña asamblea de los Estudiantes Internacionales de la Biblia (como se conocía entonces a los testigos de Jehová) que se celebró en Winnipeg, Canadá, fui bautizado a la edad de dieciséis años.

En aquella época, la Sociedad Watch Tower emprendió una labor nueva y arriesgada. En vez de usar los servicios de imprentas comerciales para imprimir los libros encuadernados de la Sociedad, J. F. Rutherford decidió que ahora, con la ayuda de Jehová, serían cristianos dedicados los que efectuarían ese trabajo.

Con tal fin se adquirió un edificio que se utilizaría como fábrica en el número 18 de la calle Concord, en Brooklyn, Nueva York, y se hizo un llamado a los hermanos que vivían en el Canadá y los Estados Unidos para que vinieran y participaran en la obra.
Así que en abril de 1923, mi hermano gemelo, Norman, y yo, cuando aún no teníamos dieciocho años de edad, nos presentamos en Betel de Brooklyn, donde está ubicada la central de la Sociedad, listos para comenzar a trabajar en esta nueva empresa.

La primera asignación que tuve fue alimentar la máquina de coser con ejemplares del folleto El regreso de nuestro Señor. El superintendente explicó cómo hacerlo y, señalando a un montón de folletos, dijo: “¡Date prisa y haz el trabajo, porque ya está por llegar el Armagedón!”.

‘Pero han pasado muchos años desde entonces’, puede que diga usted. ‘Ciertamente no había motivo alguno para apresurarse.’ Es cierto que todavía no ha llegado el día de la cólera de Jehová. No obstante, si se toma en consideración el desafío al que teníamos que enfrentarnos —el imprimir libros para la predicación de las buenas nuevas en “toda la tierra habitada”— se puede entender nuestro sentido de urgencia. (Mateo 24:14)

Ciertos hombres con experiencia en el campo de la imprenta menearon la cabeza en señal de desaprobación y dijeron: “Simplemente no se puede hacer”. Puedo asegurarles que, a veces, ¡fue solo a costa de muchas frustraciones que nosotros los novatos aprendimos el arte de imprimir y encuadernar libros!

Ciertamente se puso a prueba nuestra fe y aguante. Por eso a menudo reflexionaba en las palabras de Hebreos 10:36: “Ustedes tienen necesidad de perseverancia, para que, después que hayan hecho la voluntad de Dios, reciban el cumplimiento de la promesa”.

Se necesita perseverancia para predicar

La obra de predicar de casa en casa fue algo completamente nuevo para nosotros en aquel entonces, y hubo opositores religiosos.

Así, un sábado por la tarde, poco después de haber llegado a Betel, mi hermano Norman y yo, junto con otro betelita, fuimos arrestados mientras visitábamos a las personas en sus hogares para hablarles de la Palabra de Dios. Se nos informó que el distribuir literatura bíblica de casa en casa en aquel sector estaba en contra de la ley, y se nos multó. Al no saber qué hacer en tales circunstancias, nos resignamos a pagar la multa.

Los tres estábamos algo molestos de que tal clase de procedimiento pudiera llevarse a cabo en un país “libre”. En vez de decaer nuestra determinación de predicar las buenas nuevas, aquel incidente aumentó nuestro celo. Aquel pequeño incidente fue solo uno de una campaña que se había desatado en contra nuestra y que seguiría aumentando en intensidad por algunos años. No obstante, ¡los testigos de Jehová no se darían por vencidos sin luchar! Más adelante les contaré otros detalles sobre este asunto.

Ayuda material

Me quedé sin dinero después de pagar la multa y regresar a Betel. Pero puedo decir francamente que desde ese tiempo hasta ahora, siempre he tenido suficiente alimento, ropa y albergue. Algunas personas que yo conocía no emprendieron el ministerio de tiempo completo por temor de no poder conseguir las cosas que necesitaban diariamente.

Otros lo dejaron porque opinaban que la mesada no era suficiente para satisfacer sus necesidades. O buscaron un empleo seglar por no estar seguros de que se les cuidaría en la vejez. Pero la fe que yo tenía en la promesa de Jehová de darnos las cosas necesarias de la vida me ha ayudado a perseverar en el ministerio de tiempo completo. (Mateo 6:25-34) Tengo plena confianza en que Jehová nunca me abandonará.—Hebreos 13:5, 6.

Aunque no he tenido ciertos lujos, siempre he estado satisfecho con lo que Jehová me ha provisto. He aprendido por experiencia que si uno ‘busca primero el reino y Su justicia’ (Mateo 6:33), Dios proveerá todo lo necesario para perseverar y ser feliz. Personalmente puedo dar testimonio de la veracidad de Proverbios 10:22: “La bendición de Jehová... eso es lo que enriquece, y él no añade dolor con ella”.

Batallas jurídicas

Con el tiempo aprendí a operar una máquina de imprimir, y entre los muchos trabajos que se me asignaron estuvo el de imprimir los alegatos jurídicos que utilizaron el hermano Rutherford y otros hermanos en las batallas jurídicas que pelearon contra los que estaban “forjando penoso afán por medio de decreto”. (Salmo 94:20)

Cuando la agitación de la II Guerra Mundial alcanzó su punto culminante a principios de los años cuarenta, en realidad parecía que nuestros opositores definitivamente pondrían fin a nuestra obra. Pero me sentí muy animado por lo que sucedió el 3 de mayo de 1943, ¡cuando Jehová dio a su pueblo victorias resonantes! De trece fallos que emitió el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, ¡doce fueron a favor nuestro!

Un caso verdaderamente sobresaliente que recuerdo fue el de Murdock contra Pennsylvania, que fue un caso de impuesto por licencia. (El punto en cuestión era si un Testigo debería obtener una licencia y pagar un impuesto por predicar.) El Tribunal revocó una decisión anterior y declaró: “Sin embargo, se alega que el hecho de que el impuesto por licencia pueda suprimir o controlar esta actividad no es importante si no lo hace.

Pero eso es desatender la naturaleza de este impuesto. Es un impuesto por licencia... un impuesto general sobre el ejercicio de un privilegio concedido por la Declaración de Derechos. No se le permite a un estado imponer un impuesto por el disfrute de un derecho que la constitución federal otorga”. ¡Qué victoria para el pueblo de Dios!

Estos acontecimientos, y la manera como Jehová maniobró los asuntos, fueron una fuente de fortaleza para mí, y me mostraron que Dios puede hacer que todas las cosas resulten para el bien de los que le aman.

¡Asambleas emocionantes!


Volvamos otra vez a 1922. Desde ese año hasta 1928, los Estudiantes de la Biblia celebraron siete asambleas trascendentales. Tuve el privilegio o de estar en aquellas asambleas, o de participar en la impresión y la distribución de las emocionantes resoluciones que se adoptaron en cada una de ellas. El haber estado entre los delegados y el haber participado en todo lo que estaba sucediendo edificó mi fe, y me di cuenta de que podía perseverar con la ayuda de Jehová.

Hubo momentos en que chusmas enfurecidas trataron de disolver nuestras asambleas pacíficas. Por ejemplo, estuve presente en el Madison Square Garden, en la ciudad de Nueva York, el domingo 25 de junio de 1939, cuando grupos de la Acción Católica trataron de impedir que J. F. Rutherford pronunciara el discurso público “Gobierno y paz”. Pero estábamos preparados.

Un grupo de betelitas y otros hermanos fuimos asignados como acomodadores. Como a las 4 de la tarde, casi todo el auditorio estaba lleno de Testigos, con excepción de la sección del palco directamente detrás del orador. Poco después que hubo empezado el programa, una chusma de unos 500 seguidores de Charles E. Coughlin, famoso “sacerdote católico del aire” de los años treinta, entraron al Garden y ocuparon la única sección vacía del palco. Poco después alguien apagó y encendió las luces de aquella sección como la señal convenida para que la chusma se pusiera en acción.

“¡Heil Hitler!”, “¡Viva Franco!” y otros gritos procedieron de aquella sección. ¿Qué haría Rutherford?

‘Fíjense, a los nazis y a los fascistas les gustaría disolver esta reunión hoy, pero por la gracia de Dios no pueden hacerlo’, declaró el hermano Rutherford desde la plataforma. Prorrumpimos en aplausos prestándole nuestro apoyo. Entonces los acomodadores echaron del lugar a los intrusos.

¡Qué asamblea emocionante! Experiencias como ésas sirvieron para poner a prueba nuestra devoción y fe en cuanto a si Jehová verdaderamente apoyaría a su pueblo. Tales episodios mantuvieron viva la fe que yo tenía en Jehová y me animaron a perseverar en su servicio.

La cuestión de la neutralidad cristiana

Al comienzo de la II Guerra Mundial salió a relucir la cuestión de la neutralidad cristiana en lo referente a los conflictos de este mundo, ¡y una vez más me hallaba en lo más reñido del combate!

Se notificó a los que teníamos edad para rendir servicio militar que compareciéramos ante la junta local de reclutamiento. Nos hicieron el examen físico y solicitamos que se nos eximiera del servicio militar, según lo autorizaba la ley. La junta de reclutamiento hizo todo lo que pudo para negarnos la exención. Pero una vez más Jehová estuvo con nosotros... ninguno de nosotros tuvo que dejar su asignación en Betel. Si se hubiera reclutado a todos los hermanos jóvenes de Betel, la obra vital de predicar hubiera quedado casi paralizada.

A causa de la pérdida de libertades en muchos países, y como medida de precaución para la seguridad de la familia de Betel, se había construido un lugar de refugio en South Lansing, Nueva York. No obstante, ese lugar nunca se usó con tal propósito. En vez de eso, bajo la dirección de Jehová, más adelante el edificio fue transformado en un dormitorio y una escuela, llamada la Escuela Bíblica de Galaad de la Watchtower.

Esto sucedió mientras la II Guerra Mundial todavía estaba en todo su apogeo. La primera clase, compuesta de 100 estudiantes, comenzó en 1943. El objetivo de la escuela (de la que me beneficié más tarde) era adiestrar misioneros para que predicaran las buenas nuevas del reino de Dios en todo lugar.

Cambios de asignación

Para entonces ya había estado en Betel veinte años y, aunque pudiera haber parecido que los acontecimientos mundiales estaban llegando a un punto culminante, en realidad los asuntos relacionados con la obra de predicar alrededor del mundo simplemente estaban comenzando a desarrollarse.

Varios años después, en 1948, recibí otra asignación. Fui enviado como representante viajante de la Sociedad, y ésta habría de ser mi asignación durante los siguientes treinta años. ¡Sería imposible tratar de relatar todo lo que sucedió durante ese período!

Mi primera asignación fue el Distrito núm. 6, el oeste de los Estados Unidos. ¡Y qué extenso era aquel distrito! Comenzaba en San Diego, California, y se extendía hacia el norte hasta la frontera canadiense, una distancia de unos 2.400 kilómetros. Abarcaba desde la costa occidental, más allá de las Montañas Rocosas, y llegaba hasta la zona este de los estados de Washington, Idaho y Montana.

Entonces se extendía hacia el sur y abarcaba los estados de Wyoming, Utah, Nevada, Nuevo México, la faja de territorio al noroeste de Texas y Arizona, y otra vez a California. En aquellos días había una distancia de 1.600 kilómetros entre cada asamblea de circuito que los testigos de Jehová celebraban semanalmente. De modo que tenía que recorrer en mi automóvil todos aquellos kilómetros para estar presente en ellas.

Sin embargo, para mí fue un privilegio maravilloso viajar por todos los Estados Unidos y participar con hermanos y hermanas fieles en la adoración y el servicio a Jehová Dios que ellos rendían. El ser colaborador de ellos en proclamar las buenas nuevas ciertamente fortaleció mi fe.

Una fiel y muy querida hermana que recuerdo es Emma, que vivía en Nuevo México. Por muchos años Emma sirvió como proclamadora de tiempo completo de las buenas nuevas. Viajaba a pie en una vasta zona desértica del estado. Solía testificar de casa en casa todo el día, y si le sorprendía la noche, o se alojaba con alguna familia hospitalaria, o se acostaba en cualquier refugio que hallara.

A veces algunos vaqueros que iban a caballo la reconocían mientras iba caminando y le gritaban: “Abuelita, ¿quiere que la lleve?”, después de lo cual ella se montaba a la grupa y recorría así varios kilómetros. Su gran amor a Jehová y celo por El me animaron a perseverar en el servicio de Dios.

Después de ocho años experimenté otro gran cambio. Fui invitado a la clase número veintiséis de Galaad en 1955. En la misma clase había una precursora (evangelizadora de tiempo completo) que se llamaba Sydney Lee Brewer, del Canadá. Después de la graduación, en vez de partir solo, Sydney y yo nos casamos cuando íbamos de la Escuela de Galaad rumbo a nuestra asignación, que consistía en visitar y estimular a las congregaciones de la zona de Chicago.

Nos casamos el 18 de febrero de 1956. De hecho, pasamos nuestra luna de miel sirviendo a las congregaciones. Sydney sigue trabajando a mi lado como fiel compañera. Sus esfuerzos diligentes han sido fuente de estímulo para muchas personas.

Después de haber sido ministro viajante por unos treinta años, en el otoño de 1977 recibí una carta de las oficinas centrales en la que se me invitaba a servir como miembro del Cuerpo Gobernante de los Testigos de Jehová. De modo que regresé a mi querido hogar... Betel de Brooklyn. El tener una pequeña participación en las actividades del Cuerpo Gobernante del pueblo de Jehová es un honor y privilegio indescriptible.

Al reflexionar en los casi sesenta años que he estado en el servicio de Jehová, ¿qué pudiera decir? He visto a los testigos de Jehová crecer de unos cuantos miles en 1923 a mucho más de dos millones en 1982. He visto los esfuerzos que han hecho los opositores por detener la obra de predicar, pero no han tenido éxito.

He disfrutado del privilegio de reunirme y asociarme con miles de los del pueblo de Jehová en los Estados Unidos y muchos otros países. Aunque he pasado por ciertas experiencias emocionantes, la fe que tengo en Jehová y mi resolución de perseverar en Su servicio me han permitido vencerlas.

Me siento como el rey David de la antigüedad, quien se sintió movido a alabar a Jehová por haber sido para con él como un pastor amoroso. (Salmo 23) Como David, a mí tampoco ‘me ha faltado nada’. Jehová verdaderamente me ha conducido por lugares donde abunda el agua y ha refrescado mi alma todos estos años.

Mi esperanza es tener más fe y amor para con el Pastor Fiel, Jehová Dios. Y le pido que me dé las fuerzas necesarias para seguir perseverando fielmente ‘en la casa de Jehová hasta la largura de días’.—Salmo 27:4.

Experiencia publicada en la revista "La Atalaya" del 01 de Enero de 1983. Para conocer mas experiencias animadoras lea el Anuario de los testigos de Jehová 2014.

lunes, 30 de junio de 2014

¡Rechace los deseos mundanos!

JEHOVÁ DIOS merece que todos los que están dedicados a él lo adoren de manera limpia y recta. Ellos deben honrarlo de palabra y obra en todo momento y en todo aspecto. Ciertamente no pueden tener “el espíritu de este mundo”... su fuerza activa o sentir dominante, pecaminoso, egoísta y a menudo corrupto (1 Corintios 2:12, Torres Amat).

Como pueblo organizado para alabar a Dios, los testigos de Jehová tienen que sobresalir por ser diferentes de este mundo. Tienen que aplicar de todo corazón la instrucción divina de “repudiar la impiedad y los deseos mundanos y [...] vivir con buen juicio y justicia y devoción piadosa en medio de este presente sistema de cosas”. (Tito 2:11-14.)

Como testigos de Jehová, tal vez reconozcamos que ‘no debemos estar demasiado absortos en asuntos mundanos’ (1 Corintios 7:31, The New Testament: A New Translation, de Olaf M. Norlie). Quizás nos demos cuenta de que la bondad inmerecida de Dios “nos enseña a decir ‘No’ a la impiedad y las pasiones mundanas” (Tito 2:11, 12, New International Version; NM). Pero ¿qué hay si nuestro corazón realmente no reacciona de ese modo? O supongamos que deseamos fortalecer nuestra resolución de rechazar los deseos mundanos. ¿Qué puede ayudarnos?

Apele al “Oidor de la oración”
Un modo de lograr rechazar los deseos mundanos es hacer peticiones sinceras y regulares por ayuda al “Oidor de la oración” (Salmo 65:2). Pero ¿cómo pudiéramos orar si en nuestro corazón hay cierto anhelo de cosas mundanas?

Como testigos de Jehová, debemos ‘dar a conocer nuestras peticiones a Dios en todo’. Si lo hacemos con fe, la inigualable “paz de Dios” guardará nuestra mente y nuestro corazón. Por supuesto, Jehová mismo dijo que “la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Filipenses 4:6, 7; Génesis 8:21).

De modo que a veces necesitamos orar por una actitud diferente, un cambio de corazón. Por ejemplo, si las atracciones seductoras del mundo tiran de nuestro corazón, necesitamos pedir a nuestro Padre celestial que nos ayude a reemplazar ese anhelo con deseos sanos en sentido espiritual.

Hace siglos el salmista David pidió a Dios: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová [...] Hazme andar en tu verdad y enséñame” (Salmo 25:4, 5). Jehová concedió esa petición a David, y seguramente puede contestar a Sus siervos de hoy día una oración como ésa. Puesto que los “caminos” y la “verdad” de Jehová no son mundanos, sentimientos piadosos como los de David pueden ser útiles si los caminos de este mundo parecen ser particularmente atrayentes para uno.

El mundo tiene puntos de vista inmorales y abunda en iniquidad. Con frecuencia esto se hace patente en canciones, bailes, libros, obras de teatro, películas cinematográficas y programas de televisión mundanos, y cosas por el estilo. Si a nosotros, como cristianos dedicados, nos atrae el entretenimiento malsano y mundano, entonces, ¿qué podemos hacer? En primer lugar, hacemos bien en evaluar a la luz de la Palabra de Dios las posibilidades de entretenimiento que hay. Ésta muestra que debemos ‘aborrecer lo que es inicuo, adherirnos a lo que es bueno’ (Romanos 12:9).

Luego debemos orar a Jehová por ayuda para que nuestro corazón, por imperfecto que sea, cese de desear cosas viles. De seguro, nuestro Dios puede ‘crear en nosotros un corazón puro’ si le pedimos sinceramente que lo haga. (Salmo 51:10.)

Ayuda mediante el espíritu santo
Después que se le había convencido dramáticamente de la gravedad de su pecado con Bat-seba, el rey David de Israel suplicó a Jehová: “No me arrojes de delante de tu rostro; y tu espíritu santo, oh, no me lo quites” (Salmo 51:11). Dios contestó esa oración. Pero note que el espíritu santo se puede perder, o puede ser retirado de uno.

Si nosotros, como cristianos dedicados, permitimos que el mundo nos lleve de vuelta a su “bajo sumidero de disolución”, puede que nos ahoguemos allí en sentido espiritual (1 Pedro 4:4). Eso tal vez comience con un sentimiento de curiosidad, quizás al empezar a alimentar la mente y el corazón con pensamientos inmorales y mundanos que son implantados allí por literatura y otras formas de entretenimiento que son censurables desde un punto de vista bíblico.

La Palabra de Dios nos insta a ser “pequeñuelos en cuanto a la maldad” y no buscar conocimiento de cosas inmorales o inicuas (1 Corintios 14:20). Pero la curiosidad pudiera llevarnos a un torbellino de corrupción, y nosotros tal vez concluyamos imprudentemente que somos suficientemente maduros o fuertes en sentido espiritual para resistir la contaminación.

Entonces la arrogancia quizás se desarrolle a tal grado que no queramos que nadie —finalmente ni siquiera Dios— ‘nos diga qué hacer’. Las consecuencias pueden ser desastrosas, ya que nadie puede resistir a Dios, al rechazar con terquedad su consejo, y “salir ileso”. (Job 9:1-4.)

Si no ponemos freno a los deseos mundanos, éstos pueden hacer que contristemos el espíritu santo de Dios al hacer caso omiso de dicho espíritu, seguir un derrotero contrario a su dirección y poner todo nuestro afán en alcanzar objetivos diferentes de los que el espíritu nos impelería a alcanzar. ‘Contristar el espíritu santo de Dios’ también implica rechazar Su Palabra. (Efesios 4:30; compare con Hechos 7:51-53.)

Esto puede llevar a la rebelión deliberada contra la manifestación evidente del espíritu de Jehová y puede implicar blasfemia contra ese espíritu, un pecado imperdonable. (Mateo 12:31, 32; Marcos 3:29; compare con Hebreos 6:4-6; 10:26-31.) Por eso, que nunca emprendamos la senda de la independencia y la complacencia en prácticas mundanas, de las cuales una vez fuimos rescatados mediante la bondad inmerecida de Jehová. En vez de eso, pidamos en oración el espíritu santo y cedamos a su influencia, que nos ayudará a oponer resistencia al mundo y sus atractivos. (Salmo 143:10; Lucas 11:13.)

La Palabra de Dios es una ayuda


Un producto maravilloso del espíritu santo de Dios es la Palabra inspirada de Él (2 Samuel 23:2; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:20, 21). En sus páginas hay ‘cosas escritas en tiempo pasado para nuestra instrucción’ y ‘ejemplos amonestadores para nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado’ (Romanos 15:4; 1 Corintios 10:11). Entonces, ¿cómo consideraron el mundo algunas personas mencionadas en el registro bíblico?

Hasta un ejemplo desfavorable es provechoso, pues nos muestra qué debemos evitar. Como ilustración: Demas, colaborador del apóstol Pablo, lo abandonó ‘por su amor al presente sistema de cosas’. No se revela con exactitud en qué sentido abandonó Demas a Pablo, ni hasta qué grado lo hizo, pero puede que el amor a placeres mundanos y cosas materiales se haya hecho más fuerte que el amor a las cosas espirituales.

En todo caso, Demas no aprovechó la excelente oportunidad que tuvo de fortalecer a su hermano Pablo (2 Timoteo 4:10). ¡Cuánto debe movernos este ejemplo a adherirnos a nuestros compañeros de creencia y a no abandonarlos por permitir que el amor al presente sistema de cosas llene nuestro
corazón!

Hoy tenemos la Biblia completa como nuestra guía. Pero sin haber tenido siquiera un libro completo —Génesis—, los patriarcas piadosos Abrahán, Isaac y Jacob, y sus leales esposas, ‘no usaron plenamente el mundo’. Por ejemplo, Abrahán (Abrán) hizo tal como Jehová Dios le mandó al dejar a Ur, ciudad caldea de excelentes hogares y muchas ventajas.

Sí, ciertas excavaciones que se han hecho en el lugar revelan que él y su amada esposa Sara (Sarai) tienen que haber hecho notables sacrificios materiales para ir a donde Dios les había mandado y morar en tiendas como residentes forasteros en la tierra de la promesa. Isaac y Jacob también obraron con fe, como “herederos con [Abrahán] de la mismísima promesa”. Los intereses mundanos eran relativamente de poca importancia para Abrahán, “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos verdaderos, cuyo edificador y hacedor es Dios”. (Hebreos 11:8-10.)

El profeta Moisés es otro ejemplo excelente de alguien que confió en Jehová y rechazó los deseos mundanos. Por fe, Moisés escogió ser maltratado con el pueblo de Dios y “estimó el vituperio del Cristo [es decir, de ser el siervo ungido de Dios] como riqueza más grande que los tesoros de Egipto”.

Por consiguiente, tuvo privilegios maravillosos mientras servía con constancia, “como si viera a Aquel que es invisible”, Jehová (Hebreos 11:24-27). Está claro que Moisés no pudo haber tomado una mejor decisión que la de poner en primer lugar en su vida los intereses espirituales, a pesar de cualesquier atractivos mundanos que se le hayan presentado. Nosotros tampoco. (Mateo 6:33.)

Entre las cosas del mundo que pronto pasarán junto con él está “el deseo de la carne”, que se manifiesta de varias maneras, algunas de las cuales son inicuas (1 Juan 2:15-17). Las atracciones mundanas hacia cometer inmoralidad son numerosas, y a veces han tenido efectos devastadores hasta en personas que se habían dedicado a Jehová.

Por ejemplo, aunque los israelitas habían sido librados del cautiverio egipcio, a miles de ellos se les dio muerte más tarde por tener “relaciones inmorales con las hijas de Moab” (Números, capítulo 25; 1 Corintios 10:8). ¡Cuánto debe movernos esto a evitar las atracciones mundanas hacia la inmoralidad!

Considere el ejemplo excelente de José, hijo de Jacob. Repetidas veces la esposa
de su amo egipcio lo instó a que tuviera relaciones sexuales con ella. No obstante, él se negó a ello firmemente. No se dice que la mujer fuera tan fea que a un hombre le repugnara. Más bien, José huyó de la presencia de ella porque no quería pecar contra su justo Dios, Jehová (Génesis 39:7-20). ¿Necesitamos hacer cambios en nuestra lectura, recreación o ciertas circunstancias para que evitemos pecar contra Dios? Si así es, obremos sin demora, tal como lo hizo el piadoso José. (1 Pedro 2:11, 12.)

A menudo el modo de pensar mundano promueve una actitud de independencia y orgullo. Entre los aspectos materiales de la vida a los que el mundo da énfasis está el adorno, que es particularmente importante para las mujeres que desean lucir elegantes. En la antigua Judá de los días de Isaías, había mujeres altaneras que se engalanaban con muchos adornos. Aparentemente para estar a la moda, aquellas mujeres orgullosas se ponían “cadenillas de los pasos” en los tobillos.

Estas cadenas hacían un “sonido de retintín” mientras la mujer caminaba, y le restringían el paso para que se moviera “con pasos menudos y ágiles” y tuviera lo que pudiera considerarse un modo de andar distinguido y femenino. Por supuesto, la conquista babilónica de Judá en 607 a. de la E.C. puso fin a aquellos adornos y a la libertad. (Isaías 3:16-24.)

En cuanto al adorno femenino, ¡qué diferencia hubo entre la actitud de la inmodesta y mundana Jezabel y la de la modesta y piadosa, aunque bien vestida, Ester (2 Reyes 9:30; Ester 2:7; 5:1)! Obviamente, las cristianas desean ser como Ester. Por eso se visten “en vestido bien arreglado, con modestia y buen juicio”. Hacen que su principal adorno sea “la persona secreta del corazón en la vestidura incorruptible del espíritu tranquilo y apacible, que es de gran valor a los ojos de Dios”. (1 Timoteo 2:9; 1 Pedro 3:3-5.)

Jesucristo suministra el ejemplo principal de no ser mundano. Aunque fue un hombre perfecto con mucho más potencial de tener éxito en el mundo que cualquier otro humano, su interés primordial fue lo espiritual... tanto que no tenía “donde recostar la cabeza” (Mateo 8:20).

Lejos de ser corrompido moralmente por este mundo, se describe a Jesús como “leal, sin engaño, incontaminado, separado de los pecadores” (Hebreos 7:26). Nosotros, que somos imperfectos, no podemos ahora seguir los pasos de Jesús perfectamente. Pero debemos hacer cuanto podamos, con la ayuda de Jehová. (1 Pedro 2:21, 22.)

Continúe rechazando los deseos mundanos

Si usted está entre la feliz multitud de adoradores de Jehová, es verdaderamente dichoso. Ha hallado algo mucho mejor que todo lo que este mundo corrupto y moribundo puede ofrecer. Adhiérase a la adoración verdadera, pues, y manténgase libre del espíritu de este mundo. Con ese fin, acuda con frecuencia al “Oidor de la oración”, busque la ayuda de Su espíritu santo, ceda siempre al consejo de la Palabra de Dios y nunca abandone las filas de la larga línea —que ya tiene siglos de existencia— de testigos fieles de Jehová. (Compare con Hebreos 12:1-3.)

Que su resolución sea no usar plenamente este mundo. En lugar de eso,
mantenga su mente y corazón fijos en hacer la voluntad de Dios. Si lo hace así, tendrá el apoyo seguro de los “brazos eternos” de Jehová (Deuteronomio 33:27, Reina-Valera Revisada). Con la convicción de que recibirá esa ayuda divina, continúe viviendo con buen juicio, justicia y devoción piadosa mientras rechaza la impiedad y los deseos mundanos.

Artículo publicado en la revista ¡La Atalaya" del 15 de mayo de 1984. Para complementar el tema lea: "La pornografía: ¿inofensiva o perjudicial." Ambos editados por los testigos de Jehová.