Entradas populares

Buscar en este blog

sábado, 3 de mayo de 2014

El gobierno de uno mismo: salvaguarda contra el desastre

EL HOMBRE y la mujer estaban juntos. Él estaba trabajando por unos días en un trabajo de reparación en la casa de ella. Ambos eran miembros de una congregación cristiana. La mujer no se sentía feliz en su matrimonio. Empezó a contarle al hombre cómo se sentía y los problemas que tenía. Él se compadeció y, mientras trataba de darle consejo y consuelo a ella, le puso la mano sobre los hombros. Tras esto hubo más intimidad, y en poco tiempo se encontraron envueltos en adulterio.

Esta pareja no había planeado o maquinado cometer aquel pecado. Hasta este momento ambos habían llevado una buena vida moral y andado en armonía con el camino que se les señala a los cristianos. ¿Se debió aquello a falta de amor a la Palabra de Dios o a las normas morales apropiadas? No primariamente. Fue que no ejercieron GOBIERNO DE SÍ MISMOS.

El gobierno o dominio de uno mismo es uno de los frutos del espíritu de Dios. El gobierno de sí mismo del cristiano no tiene dirección inherente, sino dirección que proviene de su conocimiento de Dios y de la Palabra de Dios. Por eso el apóstol Pedro da esta amonestación: ‘Añadan a su conocimiento gobierno de sí mismos.’—2 Ped. 1:5, 6.

En una lista de nueve de los frutos del espíritu se coloca al amor en primer lugar, antes del gobierno de uno mismo. (Gál. 5:22, 23) Por supuesto, si el amor siempre operara perfecta y constantemente en el cristiano, él ejercería gobierno de sí mismo también a todo tiempo. Pero debido a que toda persona humana, incluso el cristiano, es imperfecta, el gobierno de uno mismo es una faceta de la personalidad cristiana que necesita la atención de una vigilancia constante.

La falta de dominio de uno mismo puede llevar al desastre. Uno pudiera tener gozo, paz, gran paciencia, benignidad, bondad, fe y apacibilidad. Pudiera haber practicado todas estas cualidades continuamente. Pero, al perder el dominio de sí mismo, puede perder también temporalmente todas estas otras cualidades. Durante ese espacio de tiempo puede causar daño irreparable a su propia vida y a la vida de otros.

Por lo tanto los cristianos oran por gobierno o dominio de sí mismos. Si no lo hacen, pudieran caer en una trampa. El pecado está trabajando en la carne de todo el mundo, de modo que ‘lo que uno desea no siempre lo practica; sino que lo que odia a menudo es lo que uno hace.’ (Rom. 7:15) Debido a esta triste condición, el apóstol Pablo dijo: “Aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo, para que, después de haber predicado a otros, yo mismo no llegue a ser desaprobado de algún modo.”—1 Cor. 9:27.

Por eso Jesús, en la oración que enseñó a sus discípulos, incluyó la súplica: “No nos metas en tentación.” (Mat. 6:13) Dios no tienta a nadie a hacer lo malo. Pero Él sabe que cuando un cristiano hace lo malo rara vez se trata de que el cristiano ignore por completo lo malas que son sus acciones.

Por lo general la persona sabe que lo que está haciendo le desagrada a Dios. Cuando se ve tentada a pecar, probablemente piensa: ¿Qué pensará Dios de esto? ¿Qué efecto tendrá en mi relación con Dios, y con la congregación cristiana? ¿Cómo afectará a mi familia? ¿Causará oprobio mi acción al nombre de Dios y de Cristo, a mí mismo como cristiano, a la congregación? O presta atención a estos pensamientos de advertencia, o los arroja a un lado y sigue directamente al pecado.

Por lo tanto, cuando el cristiano ora: “No nos metas en tentación,” le está pidiendo a Dios que lo recuerde en tiempo de prueba y que le haga recordar las fuertes advertencias de la Biblia... que ponga “señales de alto” claras, inequívocas, por el camino.

Le pide a Dios que, si empezara a debilitarse, le haga recobrar el juicio y le dé voz de detenerse. Dios no va a detenerlo por la fuerza y así intervenir en su libre albedrío, pero por fortalecer la mente de uno con el modo de pensar correcto que proviene de la sabiduría divina, Jehová ‘dispone la salida para que uno pueda aguantar la tentación.’—1 Cor. 10:13.

Si el cristiano no acude a Dios con la sustancia de esta súplica en oración en su corazón, entra en operación este principio: “Cada uno es probado por medio de ser provocado y atraído seductoramente por su propio deseo. Luego el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado.” (Sant. 1:14, 15)

La persona bajo tentación se ve irresistiblemente seducida hasta el punto de arrojar al viento toda precaución y principios y proseguir directamente a la acción pecaminosa ‘como toro que va al degüello.’ (Pro. 7:22) Eso es exactamente lo que el Diablo quiere. (1 Ped. 5:8) Pero Dios sostendrá al cristiano que le ore en tiempo de presión, e infundirá en él el poder del dominio de sí mismo.

En una ocasión Dios salvó a David de una gran calamidad por medio de restaurarle el gobierno de sí mismo. En este caso Dios usó a una agencia humana, una mujer, para que le suplicara a David que se apartara de tomar un derrotero precipitado.

Esta mujer fue Abigaíl. David y sus hombres, proscritos por el inicuo rey Saúl, habían protegido a los pastores y los rebaños del rico Nabal, el esposo de Abigaíl. Cuando David envió una delegación pidiendo abastecimientos alimenticios, Nabal les gritó reprensiones. Debido a aquella acción insensata, maligna, David, sumamente excitado, se puso en camino para exterminar la casa de Nabal, pero Abigaíl vino a encontrarse con él y le suplicó que le dejara los asuntos a Jehová en vez de vengarse por sus propias manos.

David vio el desastre en el cual su ira estaba por arrojarlo, y contestó: “¡Bendito sea Jehová el Dios de Israel, que te ha enviado este día a mi encuentro! Y bendita sea tu sensatez, y bendita seas tú que me has restringido este día de entrar en culpa de sangre.”—1 Sam. 25:2-35.

¡Piense en el desastre que David se hubiera acarreado si Dios no le hubiera ayudado a recobrar el dominio de sí mismo mientras David iba apresurado a matar atrozmente a los hombres de la casa de Nabal! Y en estos tiempos corrompidos el gobierno o dominio de uno mismo es igualmente vital para el cristiano.

Las circunstancias hacen que constantemente los jóvenes que tratan de vivir de acuerdo con las normas cristianas se vean rodeados por personas entre las cuales las prácticas malas son cosa cotidiana. Estas personas sin gobierno de sí mismas ejercen fuerte presión en el cristiano joven para inducirlo a usar drogas o a participar en inmoralidad, insubordinación, vandalismo o violencia.

Sí, sea joven o viejo el cristiano, la pérdida del dominio de sí mismo por él podría resultar en un acto que arruinara su vida y perjudicara seriamente a otros. En un momento de tiempo pudiera manchar su registro cristiano y dejar una cicatriz en su conciencia.

Como sucede en el caso de los demás frutos del espíritu, el gobierno de uno mismo tiene que ser desarrollado mediante el estudio de la Palabra de Dios y la aplicación de sus mandatos. El gobierno de uno mismo mantiene el equilibrio y realza las otras cualidades cristianas.

Por medio del “deseo de la carne y el deseo de los ojos y la exhibición ostentosa del medio de vida de uno,” este mundo atrae fuertemente a “la vieja personalidad que se conforma a [nuestra] manera de proceder anterior y que va corrompiéndose conforme a [los] deseos engañosos [de la vieja personalidad].” (1 Juan 2:16; Efe. 4:22)

Por esta razón los cristianos verdaderos se dan cuenta de la gran importancia de desarrollar la salvaguarda confiable... el gobierno de uno mismo.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Enero de 1977. Para ampliar el tema lea el libro "El secreto de la felicidad familiar" también disponible en audio libro. Ambos editados por los testigos de Jehová.

viernes, 2 de mayo de 2014

No tenga miedo (Segunda parte)

EL REGISTRO DE DIOS COMO PROVEEDOR

Considere el caso de David el siervo fiel de Jehová. El rey Saúl se hizo sumamente celoso de la popularidad de David y tramó darle muerte. Aunque los esfuerzos de Saúl por librarse de David fracasaron vez tras vez, David se vio obligado a huir por su vida, y más tarde se le unieron unos cuatrocientos hombres. (1 Sam. 22:1, 22)

Todo israelita que ayudara a David y sus hombres se colocaba en un grave aprieto con el rey Saúl, puesto que éstos estaban en condición de proscritos. Precisamente lo que pensaba Saúl acerca de todo apoyador de David se manifiesta por lo que le sucedió al sumo sacerdote Ahimelec y su casa. Ahimelec, pensando que David estaba prestando servicio al rey Saúl, le dio pan y una espada. Por esta acción, Saúl mandó que Ahimelec y su casa fueran muertos. Solo escapó un hijo, Abiatar.—1 Sam. 22:9-20.

Sin embargo, la actitud enconada de Saúl y de otros israelitas no impidió que Jehová usara a ciertos individuos para ayudar a sus siervos. Esto se ilustra bien en un incidente que envolvió al rico Nabal y su esposa Abigaíl. David y sus hombres habían protegido el rebaño y a los pastores de Nabal de modo que no sufrieran pérdidas.

Por este servicio, David y sus asociados tenían derecho a alguna consideración. Sin embargo, cuando David le envió mensajeros a Nabal y le pidió cualesquier abastecimientos que estuviera dispuesto a dar, Nabal les gritó reprensiones. Pero Abigaíl valerosamente echó su suerte con David, reconociendo que Dios lo había escogido para la gobernación real. Obró rápidamente al juntar abundantes abastecimientos para él y sus hombres. Así, por medio de Abigaíl, Jehová proveyó lo que ellos necesitaban.—1 Sam. 25:9-19, 23-31.

Más notable todavía es el hecho de que verdaderos enemigos de los israelitas les mostraran favor a David y sus hombres. David había sido un guerrero sobresaliente en las campañas contra los filisteos. Las israelitas, al recibir a los victoriosos que regresaban, cantaban: “Saúl ha derribado sus miles, y David sus decenas de miles.” (1 Sam. 18:7)

Por lo tanto, se podría pensar que el territorio filisteo sería uno de los últimos lugares donde David y sus hombres podrían hallar seguridad. Y sin embargo sí hallaron refugio allí. El rey filisteo Aquís quedó impresionado favorablemente por David y sus hombres, y les dio la ciudad de Siclag como morada suya. Nunca pudo descubrir que David y sus hombres continuaban siendo israelitas leales. (1 Sam. 27:1-6)

Aquís hasta los defendió ante señores y príncipes filisteos como él. Después de eso le dijo a David: “Tan ciertamente como que vive Jehová, tú eres recto, y tu salir y tu entrar conmigo en el campamento ha sido bueno a mis ojos.” (1 Sam. 29:2-6) Por consiguiente, sin saberlo, Aquís sirvió de instrumento de Jehová para ayudar a David.

En muchas otras ocasiones Jehová Dios dispuso la salida para David y suministró exactamente lo que su siervo necesitaba. Debido a la manera maravillosa en que Jehová lo había ayudado, David confiaba en que nunca sería desamparado. “En caso de que mi propio padre y mi propia madre de veras me dejaran,” dijo David, “aun Jehová mismo me acogería.”—Sal. 27:10.

Esto no quiere decir que David nunca experimentó temor. Ciertamente lo tuvo. Pero nunca temió que Jehová hubiera de abandonarlo completamente y dejarlo plantado. Bajo inspiración, David escribió:
“Mis opositores han seguido tirando mordiscos todo el día, porque hay muchos que están guerreando contra mí altivamente.
Cualquier día que me dé miedo, yo, por mi parte, confiaré aun en ti. En unión con Dios alabaré su palabra. En Dios he cifrado mi confianza; no tendré miedo. ¿Qué puede hacerme la carne?”—Sal. 56:2-4.
Pudiera suceder que las circunstancias parecieran absolutamente desesperanzadas. Pero éstas no impedirán que Jehová Dios se encargue de que sus siervos reciban lo que él piense que necesitan. Un caso a propósito es el del profeta Jeremías. Durante el terrible sitio de Jerusalén, se vio en cautiverio como prisionero. Había poco abastecimiento de alimento.

Tan desesperada llegó a ser la situación que con el tiempo algunas mujeres comieron la carne de sus propios hijos. (Lam. 2:20) Pero ¿permitió Jehová Dios que su profeta muriera de hambre? No. La Biblia informa: “Se le daba un pan redondo diariamente procedente de la calle de los panaderos, hasta que se agotó todo el pan de la ciudad.”—Jer. 37:21.

Hubo también la ocasión en que parecía seguro que Jeremías perecería. Los príncipes de Judá lo acusaron falsamente de sedición. Cediendo a ellos, Sedequías entregó al profeta en mano de ellos. Estos arrojaron a Jeremías en una cisterna llena de fango, para que muriera sin alimento. (Jer. 38:4-6)

A pesar del peligro que había para él mismo al tomar en cuenta el intenso odio que se le tenía al profeta de Jehová, un eunuco etíope, Ebed-melec, públicamente abordó al rey Sedequías para presentar una súplica a favor de Jeremías. La súplica de Ebed-melec recibió audiencia favorable.

Con el apoyo de treinta hombres, Ebed-melec después de eso rescató al profeta. Por haber servido en favor de los intereses de Jehová de esta manera, a Ebed-melec se le aseguró: “‘No serás dado en la mano de los hombres de quienes tú mismo estás asustado. Porque sin falta te suministraré un escape, y no caerás a espada; y ciertamente llegarás a tener tu alma como despojo, porque has confiado en mí,’ es la expresión de Jehová.”—Jer. 39:17, 18.

También, hoy, las personas que cifran su confianza en Jehová experimentan su cuidado amoroso.

MANTENGA CONFIANZA EN QUE JEHOVÁ PUEDE PROVEER


Prescindiendo de la presión económica a que tenga que enfrentarse, tenga presente que Jehová sustentará y remunerará a sus siervos hoy como lo hizo en el pasado. Él no olvidó la generosidad de los cristianos hebreos para con sus compañeros de creencia. El apóstol Pablo les recordó:
“Dios no es injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que mostraron para con su nombre, en que han servido a los santos y continúan sirviendo.” (Heb. 6:10)
Especialmente los judíos cristianizados que vivían en Jerusalén y el resto de Judea experimentaron el cuidado amoroso de Dios cuando se enfrentaron a adversidades. Impelidos por el espíritu de Dios, compañeros de creencia, entre ellos muchos no judíos, participaron en medidas de socorro que se organizaron a favor de ellos. (Hech. 11:28, 29; Rom. 15:25-27; 1 Cor. 16:1-3; 2 Cor. 9:5, 7)

No hay duda en cuanto a ello: aquellos hebreos tenían razones para confiar en que Jehová no los desampararía. Y él no nos desamparará a nosotros tampoco.

Con Jehová de ayudante suyo, ¿cómo sería posible que usted fracasara? Por lo tanto, resuélvase a salvaguardar su relación con él como su más valiosa posesión.

Esfuércese por mantener la actitud que se expresa en las siguientes palabras del salmista inspirado: “¿A quién tengo yo en los cielos? Y además de ti no tengo en efecto otro deleite en la tierra. Mi organismo y mi corazón han fallado. Dios es la roca de mi corazón y la parte que me corresponde hasta tiempo indefinido.” (Sal. 73:25, 26)

Cuando se encare a problemas, acuda a Jehová por fortaleza, con confianza en que le ayudará a permanecer como siervo aprobado de él.—1 Ped. 5:7.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Enero de 1977. Para ampliar el tema lea "Cuando azota la desgracia". Ambos publicados por los testigos de Jehová.

jueves, 1 de mayo de 2014

No tenga miedo (Primera parte)

“Jehová es mi ayudante; no tendré miedo. ¿Qué puede hacerme el hombre?”—Heb. 13:6.

LA POSIBILIDAD de no poder proveer lo necesario para uno mismo y su familia es un temor que por siglos ha dominado la vida de muchas personas. Ya que esto puede resultar en ruina espiritual, este temor es algo que los siervos de Jehová Dios tienen que resistir. Sin embargo, no siempre es fácil proceder así.

Los cristianos verdaderos, además de verse en los mismos problemas que tienen otras personas en cuanto a ganarse la vida, pueden verse sometidos a presiones adicionales procedentes del mundo debido a que se adhieren fielmente a la Palabra de Dios.

El siervo de Jehová sabe que la Biblia condena el mentir y manda estar separado del mundo y sus caminos. (Col. 3:9; Sant. 4:4) Sin embargo quizás su patrón quiera que mienta por él, que represente falsamente la realidad, que promueva el espíritu de una festividad mundana, que se envuelva en la política, o cosas semejantes. Quizás se amenace al individuo con que perderá su trabajo si no acata los deseos de su patrono.

Pudiera suceder que un cristiano estuviera dirigiendo un negocio y se le fuera haciendo cada vez más difícil ganarse la vida. Pudiera verse tentado a participar en prácticas comerciales de dudosa moralidad o a representar falsamente sus ingresos para conseguir ventajas en el pago de impuestos.

Aunque otros estuvieran haciendo estas cosas, la persona que se esfuerza por agradar a Jehová sabe que el ceder a la tentación sería incorrecto. La Biblia dice: “No deben cometer injusticia . . . al pesar ni al medir. . . . Debe resultar que tengan balanzas exactas, pesas exactas.” (Lev. 19:35, 36) “Rindan a todos lo que les es debido, al que pide impuesto, el impuesto; al que pide tributo, el tributo.”—Rom. 13:7.

Por medio de estudiar la Biblia con un testigo cristiano de Jehová, alguien pudiera llegar a reconocer que lo que hace para ganarse la vida viola principios bíblicos. Esto le presenta un verdadero problema. Pudiera serle muy difícil encontrar otro trabajo. El renunciar a su empleo y luego empezar otro trabajo pudiera resultar en salarios más bajos y en perder beneficios de seguro, salud y jubilación.

CÓMO RESISTIR LA PRESIÓN

Algo que ayuda a resistir la presión hacia transigir con la esperanza de asegurarse uno su subsistencia es una evaluación apropiada de las cosas materiales. En Hebreos 13:5, se da este estímulo: “Que su modo de vivir sea exento del amor al dinero, estando contentos con las cosas presentes.” El que uno esté contento con su ‘sustento y con qué cubrirse’ hará que se preocupe menos en cuanto a las pérdidas que pudiera sufrir por tener que conseguir otro trabajo. (1 Tim. 6:8)

También, el que uno se contente con tener las cosas necesarias le suministrará un más extenso campo de trabajo del cual escoger. Aunque solo pudiera obtener empleo de poca paga, no debería negarse a aceptar tal trabajo simplemente por tenerlo a menos. Uno hasta debería estar dispuesto a probar formas de trabajar para uno mismo que pudieran parecer muy serviles a los ojos de otros.

Sin embargo, lo más valioso como ayuda para resistir la tentación hacia transigir cuando uno se ve bajo presión económica es fe inmovible en que Jehová puede proveer para los que lo aman. Después de recalcar la actitud correcta para con las cosas materiales,

Hebreos 13:5, 6 continúa así: “[Dios] ha dicho: ‘De ningún modo te dejaré y de ningún modo te desampararé.’ De modo que podemos tener buen ánimo y decir: ‘Jehová es mi ayudante; no tendré miedo. ¿Qué puede hacerme el hombre?’”
Aunque los hombres hagan que uno pierda un trabajo, no pueden impedir que Jehová Dios conteste la petición: “Danos hoy nuestro pan para este día.” (Mat. 6:11) La pérdida de ciertas ventajas materiales no tiene que significar la pérdida de la subsistencia de uno.

Jesucristo, de hecho, comprometió a su Padre a cuidar de los que ponen en primer lugar los intereses espirituales y fielmente se adhieren a la norma de Dios de lo que es correcto. Dijo: “Nunca se inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’ o ‘¿qué hemos de beber?’ o ‘¿qué hemos de ponernos?’ Porque todas éstas son las cosas en pos de las cuales las naciones van con empeño. Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Sigan, pues, buscando primero el reino y Su justicia, y todas estas otras cosas les serán añadidas. Por lo tanto, nunca se inquieten acerca del día siguiente.”—Mat. 6:31-34.

En armonía con las palabras de Jesús, hacemos bien en tener presente que cada día tiene sus propios problemas. Por eso uno no debe aumentar estos problemas con preocupación indebida acerca del día siguiente. ¡Pues, uno no puede estar absolutamente seguro de que siquiera estará vivo para ver el día siguiente!

Nada en la presente esfera humana tiene permanencia real alguna. Las enfermedades, los accidentes y la muerte pueden efectuar rápidos cambios que pueden alterar toda la rutina de vida de uno. El mundo de la humanidad ciertamente es muy semejante a un escenario, en el cual las escenas cambian en sucesión rápida.

Es tal como el apóstol Pablo escribió a los corintios: “La escena de este mundo está cambiando.” (1 Cor. 7:31) Por supuesto, en la mayoría de los casos se está vivo al día siguiente. Sin embargo, el preocuparse innecesariamente por lo que el día siguiente haya de traer no va a mejorar las cosas. Si uno es siervo de Jehová, puede estar seguro de que su Dios le hará posible enfrentarse con buen éxito a los problemas de la vida.

Pero ¿qué hay si la presión se hace tan grande que amenaza la mismísima existencia de uno? En ese caso aplicaría la admonición de Jesucristo que se encuentra en
Mateo 10:28: “No se hagan temerosos de los que matan el cuerpo mas no pueden matar el alma; sino, más bien, teman al que puede destruir tanto el alma como el cuerpo en el Gehena.”
Aunque la proscripción o la persecución pusiera en peligro el medio de subsistencia de un cristiano, todavía fracasaría en cuanto a la vida si transigiera. Podría obtener alivio temporal de una situación extremada. Pero podría perder su título a la vida e ir a la destrucción eterna.

Si sucediera que pereciera al ejecutarse el juicio divino o muriese antes de ese tiempo como persona desleal a Dios y Cristo, perdería el derecho a esperar una resurrección de entre los muertos, con la vida eterna en mira. Por otra parte, la persona que muere como guardadora de integridad tiene asegurada una resurrección de entre los muertos.

Ningún hombre puede impedir que Dios restaure a la vida a ese individuo. Prescindiendo de lo severas que parezcan ser las cosas, la mano de Jehová no está acortada. Su registro como Proveedor para su pueblo garantiza eso.

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Enero de 1977. Para ampliar el tema lea "¿Debería usted orar?". Ambos publicados por los testigos de Jehová.