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jueves, 13 de marzo de 2014

El nombre más grandioso de todos


“Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; este es mi memorial por todos los siglos.” (Éxodo 3:15, Versión Reina-Valera.)

CADA uno de nosotros tiene su nombre. Nuestro nombre nos identifica como persona. La mención del nombre de alguien a quien usted tiene mucha aversión provoca sentimientos negativos en usted, mientras que el nombre de alguien a quien usted ama profundamente le inspira pensamientos agradables y que le causan felicidad. Además del nombre suyo, hay otros vocablos que describen aspectos específicos de su vida.

Puede que a la misma persona se le llame profesor, jefe, papá o abuelito, según las circunstancias. Cada uno de estos vocablos puede evocar diferentes pensamientos acerca de esa persona y señalar a algún aspecto diferente de la vida de ella. Pero el nombre nos recuerda a toda la persona... todos sus rasgos, todo lo que sabemos acerca de ella.

Los vocablos “Creador” y “Todopoderoso” llaman atención a ciertos aspectos de la actividad de él. “Señor” se refiere a su autoridad. “Dios” lo describe como alguien que tiene atributos y poder sobrehumanos. La persona que lee la traducción francesa de Segond y Darby, que ve que el nombre de Dios ha sido cambiado a l’Éternel (el Eterno), tal vez se imagine a Dios de manera diferente a como lo ve la que lee las Biblias en español cuyos traductores han cambiado el nombre de Dios por “el Señor”.

Por eso, un escritor religioso dijo: “La introducción del nombre personal de Dios en la adoración y teología cristiana pudiera tener resultados sorprendentes y creativos”.

Son términos correctos los varios vocablos que describen a Dios: Señor, Todopoderoso y el Creador. Se usan en la Biblia. Sin embargo, hay un vocablo que la Biblia utiliza con mayor frecuencia que todos éstos. Es el NOMBRE personal de Dios, y ese nombre debe recordarnos todas las cosas que sabemos acerca de él. Ese nombre, que hoy día se pronuncia comúnmente Jehová o Yavé (escrito a veces Yahweh o Yahvé[h]) aparece en el texto original de la Biblia mucho más a menudo que cualquier otra palabra para Dios.

La Comprehensive Concordance of the New World Translation of the Holy Scriptures (una concordancia de la edición en inglés de la Traducción del Nuevo Mundo) toma 43 columnas para alistar cada vez que se utiliza en la Biblia el término “Dios” o la expresión “de Dios”, pero tiene 77 columnas para alistar cada vez que aparece “Jehová” o “de Jehová”.

Este nombre no fue escogido por humanos. La Biblia dice que Dios lo escogió, y que él dijo que debemos usarlo. Él dijo: “Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; este es mi memorial por todos los siglos” (Éxodo 3:15, VRV). ¿A qué se debe que esta traducción moderna de amplia aceptación use el nombre Jehová en este texto? A que así se acostumbra pronunciar en español el nombre de Dios, el cual aparece miles de veces en la Biblia original en hebreo.

Cuando la Biblia usa un nombre para referirse a Dios nos ayuda a considerar a Dios no sencillamente como una fuerza, sino como una persona. Nos ayuda a acercarnos más a él. Para muchas personas Dios es alguien muy distanciado de ellas. Sin embargo, el apóstol Pablo escribió: “De hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros”. (Hechos 17:27.)

La reacción suya al nombre

¿Cómo reacciona usted cuando oye este nombre que la Biblia utiliza para Dios? ¿Le provoca ese nombre pensamientos negativos, o le inspira pensamientos agradables y que le causan felicidad? ¿Se le ha enseñado a reaccionar de manera negativa respecto al nombre por el cual Dios dice que se le debe conocer, o produce ese nombre en usted un sentimiento de aprecio sincero, como la Biblia muestra que debería suceder?

El oír el nombre Jehová debe llevarnos a pensar en el Creador del cielo y de la Tierra. En el hebreo original la Biblia dice: “Hizo Jehová Dios [Jehová Elohim] tierra y cielo”. Dice también: “Y procedió Jehová Dios a formar al hombre del polvo del suelo y a soplar en sus narices el aliento de vida, y el hombre vino a ser alma viviente” (Génesis 2:4, 7). Así, debemos nuestra vida a Él. El que él creara hizo posible la mismísima existencia de usted. ¿Influye este hecho en su manera de reaccionar al oír el nombre de Dios?

Más que ser Creador, él es el Dios de Propósito. Se cree que el nombre Jehová significa “Él causa que llegue a ser”. Él causa o hace que él mismo llegue a ser lo que sea preciso para que, sin falta, se cumplan sus propósitos y promesas.

Jehová dijo a Moisés: “Yo solía aparecerme a Abrahán, Isaac y Jacob como Dios Todopoderoso, pero en cuanto a mi nombre Jehová no me di a conocer a ellos” (Éxodo 6:3). ¿Significaba esto que Abrahán, Isaac y Jacob nunca habían oído este nombre? No, esto no podría ser así, porque antes Jehová había dicho a Moisés que él era el Dios de aquellos tres hombres (Éxodo 3:15). Estos siervos fieles usaron constantemente ese nombre. Pero el nombre estaba por ser revelado de una manera nueva. Lo que ellos no habían conocido era el significado adicional que este nombre asumiría una vez que la gente hubiera visto hasta qué punto llegaría Jehová Dios en hacer que Sus promesas y propósitos se cumplieran.

¿Qué propósitos? El pueblo estaba a punto de ver las tremendamente impresionantes Diez Plagas. Estaban a punto de ser llevados a pie enjuto a través del mar Rojo. Recibirían la Ley en medio de circunstancias impresionantes en el monte Sinaí. Recibirían protección en su viaje por el “desierto grande e inspirador de temor” y serían introducidos en la Tierra Prometida. (Deuteronomio 1:19; Éxodo 6:7, 8; 14:21-25; 19:16-19.)

Los actos amorosos de él

Todo el relato bíblico nos explica cómo es el Creador. Relata acerca de la fidelidad, rectitud y justicia de él. La Biblia dice: “Bueno y recto es Jehová”. Declara: “¡Oh cuán grande es su bondad!”, “La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él”. (Salmo 25:8; Zacarías 9:17; Deuteronomio 32:4.)

La Biblia presenta a Jehová como Rey (Salmo 10:16; Daniel 4:34), Juez (Salmo 50:6; 98:9), Padre (Isaías 64:8; Mateo 6:6-9), Esposo (Isaías 54:5; Jeremías 3:14), Maestro (Salmo 71:17; Isaías 50:4; 54:13) y Ayudante (Salmo 30:2; 115:9-13; 121:2). Su nombre debe recordarnos los actos amorosos de él, que él ha establecido principios rectos y que tiene derecho a exigir obediencia y devoción de sus hijos terrestres. Las Escrituras dicen: “Jehová es conocido por el juicio que ha ejecutado”. “Jehová está guardando a todos los que lo aman, pero a todos los inicuos los aniquilará”. (Salmo 9:16; 145:20.)

Este nombre aparece 749 veces en todo el libro bíblico de los Salmos. Los salmos, o cánticos de alabanza, eran cantados por alabadores gozosos que daban “gracias al nombre de Jehová” en el templo en Jerusalén (Salmo 122:1-4). Los escritores y cantantes de los salmos conocían el nombre de Jehová (Salmo 9:10), confiaban en su nombre (33:21), invocaban su nombre (80:18; 105:1), daban gracias a su santo nombre (106:47), buscaban ayuda en su nombre (124:8) y alababan continuamente su nombre (68:4; 135:3).

El nombre de él no era un nombre escondido, sino un nombre amado (Salmo 89:1; 92:1-5). Jehová no solo ejecutó los actos amorosos que se alaban en los Salmos, sino que inspiró la sabiduría que se registra en el libro bíblico de Proverbios. Éste dice: “Porque Jehová mismo da la sabiduría; procedentes de su boca hay conocimiento y discernimiento” (Proverbios 2:6). Si la traducción de la Biblia que usted tiene usa “Señor” en estos pasajes, usted puede estar seguro de que en el hebreo original el nombre de Dios aparecía en cada uno de estos casos.

El nombre debe recordarnos todo el conjunto de la historia, la profecía, las leyes y la sabiduría que se delinean en la Biblia. Debe recordarnos las asombrosas profecías que tienen que ver con lo principal en el desarrollo de la historia mundial. Jehová causó o hizo que sucedieran acontecimientos históricos de tal manera que sus profecías se cumplieron sobre Egipto, Asiria, Babilonia, Medopersia, Grecia y Roma, y en adelante hasta nuestro turbulento siglo XX y más allá. (Daniel, capítulos 2, 7, 8.)

Jesús y el nombre del Padre

El afectuoso sentimiento de aprecio que debe producir en nuestro corazón el nombre divino Jehová debe incluir un hecho aún más importante... el hecho de que él enviara a la Tierra, milagrosamente, a su “Primogénito”, “la Palabra”, quien llegó a ser Jesucristo (Hebreos 1:6; Juan 1:1-3; Romanos 5:6-8). En oración a su Padre celestial, Jesús dijo: “He puesto tu nombre de manifiesto a los hombres que me diste del mundo. [...] Y yo les he dado a conocer tu nombre y lo daré a conocer” (Juan 17:6, 26). No se trataba de que sus seguidores no conocieran todavía el nombre de Dios. Ellos veían este nombre tanto en sus rollos de la Biblia en hebreo como en la traducción griega de la Biblia que leían.

Pero como resultado de la obra docente de Jesús, este nombre adquirió significado adicional... tal como había sucedido como resultado de los actos de Jehová allá en los días de Moisés. De manera maravillosa, Jesús aumentó nuestro conocimiento y nuestro aprecio de Jehová, de su personalidad y de sus propósitos. Conocemos el nombre de Jehová de una manera mucho más grandiosa gracias a Jesús, quien dijo: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me envió”. Jesús proveyó el rescate y el camino que nos permite acercarnos al Padre. Por consiguiente, Jesús dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí”. (Juan 7:16; 14:6.)

En el libro bíblico de Revelación, que registra la visión que Juan recibió de los acontecimientos de nuestros días, se continúa alabando el nombre de Jehová. Cuando se destruye a Babilonia la Grande, el imperio mundial de la religión falsa, una gran muchedumbre en el cielo da la exclamación jubilosa: “¡Aleluya! ¡La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios!”. Entonces “cayeron los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes, y adoraron a Dios, que estaba sentado sobre el trono, diciendo: ¡Amén! ¡Aleluya!” (Revelación 19:1, 4, Versión Moderna).

¿Qué significa “Aleluya”? “Jah” (también “Yah”) es una forma poética abreviada de “Jehová”. Por consiguiente, el Diccionario de uso del español, de María Moliner, dice que “Aleluya” es una voz hebrea que significa “Alabad a Jehová”. De modo que en el cielo se adora a Dios con la exclamación: “¡Alaben a Jehová!”.


Obras maravillosas

El nombre de Dios debe usarse. Éste debe recordarnos las obras y la bondad amorosa de él. La Biblia nos dice que Dios hizo estas cosas maravillosas “por causa de su nombre, para dar a conocer su poderío” (Salmo 106:8). Las obras maravillosas que él ejecutó “por causa de su nombre” no las hizo por egotismo, sino para ayudarnos a entender que él es Dios, que tiene derecho a decirnos qué hacer, y que podemos tener confianza absoluta en el cumplimiento de sus promesas (1 Samuel 12:22).

Así, pues, él dijo: “Acuérdense de las primeras cosas de mucho tiempo atrás, que yo soy el Divino y no hay otro Dios, ni nadie semejante a mí; Aquel que declara desde el principio el final, y desde hace mucho las cosas que no se han hecho; Aquel que dice: ‘Mi propio consejo subsistirá, y todo lo que es mi deleite haré’; [...] Hasta lo he hablado; también lo haré venir. Lo he formado, también lo haré”. (Isaías 46:9-11.)

Siglos antes Josué había recordado a los israelitas lo siguiente: “Ustedes bien saben con todo su corazón y con toda su alma que ni una sola palabra de todas las buenas palabras que Jehová su Dios les ha hablado ha fallado. Todas se han realizado para ustedes. Ni una sola palabra de ellas ha fallado”. (Josué 23:14.)

¿Son todos estos asuntos parte de la impresión que usted tiene de Jehová? Cuando oye Su nombre, ¿recuerda usted las obras, el poderío, la omnipotencia, la fiabilidad de él y la veracidad de Sus promesas? ¿Asocia usted Su nombre con El Dios que causa o hace que él mismo llegue a ser lo que se precise para que se cumplan Sus propósitos? ¿Piensa usted en el hecho de que Jehová envió a Jesús a la Tierra para vindicar el nombre de Dios, para enseñarnos acerca de su Padre y para proveer el rescate a todos los que quieran aceptarlo? ¿Y hay entre los sentimientos suyos para con Jehová gratitud por las promesas de él acerca de un futuro justo para una Tierra que habrá sido limpiada? (2 Pedro 3:13.)

El conocimiento acerca de lo que Jehová ha hecho genera fe. La fe nos mueve a entrar en acción. Usamos el nombre de él, hablamos acerca de sus hechos, nos ofrecemos voluntariamente como sus siervos y esperamos con anhelo el cumplimiento de su gran e infalible propósito de erradicar de la Tierra la iniquidad y establecer nuevas condiciones de justicia para la humanidad obediente. Con tal fe, y obrando en armonía con ella, podemos decir como dijo el justo rey David: “La alabanza de Jehová hablará mi boca; y bendiga toda carne el santo nombre de él hasta tiempo indefinido, aun para siempre”. (Salmo 145:21.)

Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 15 de Marzo de 1984. Para reflexionar lea el tema "¿Qué ha hecho Dios por usted?"

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Qué ha de hacer el cristiano cuando se le priva de sus derechos?


El punto de vista bíblico

HOY día muchas personas claman por sus derechos. Lamentablemente, es grande la proporción de la humanidad que no disfruta de muchos derechos. A otras personas se les priva, de una manera o de otra, de lo que ellas consideran derechos suyos. A medida que se esparce el cristianismo, muchas de estas personas llegan a estar entre los adoradores verdaderos de Jehová Dios. De modo que, ¿cómo debe responder el cristiano cuando se le priva de sus derechos?

Cuando un criminal abusa


Puede que un criminal prive al cristiano de sus derechos. Quizás le robe, lo golpee o lo engañe. ¿Qué debe hacer el cristiano? Por supuesto, en la mayoría de los países lo primero sería informarlo a la policía. Pero suponga que la policía no pueda controlar la actividad criminal. O quizás no tome acción a menos que se le pague un soborno.

Por ejemplo, considere la situación de cierta cristiana. Un grupo de hombres mató a su esposo sin que se supiera la razón para ello. Ella creía saber quién lo había hecho, pero sus súplicas a las autoridades más encumbradas cayeron en oídos sordos. ¿Cómo debe actuar el cristiano que se encuentre en tales circunstancias?

El apóstol Pablo dio excelente consejo que nos ayuda en esta situación: “No devuelvan mal por mal a nadie. . . . No se venguen ustedes mismos, amados, sino cédanle lugar a la ira; porque está escrito: ‘Mía es la venganza; yo pagaré, dice Jehová.’” (Rom. 12:17-19) Aunque esperaríamos que la policía se encargara de un asunto como ése, sabemos que en esta vida jamás recibiremos justicia completa. Por lo tanto, como dijo Pablo, el cristiano no va a tomar el asunto en sus propias manos, con ánimo vengativo; más bien, lo dejará a Jehová y confiará en que Jehová dará un resultado justo.

Problemas sociales


Por otra parte, quizás vivamos en uno de esos países donde hay una gran brecha entre ricos y pobres. Vemos que se atropella a nuestros amigos y se abusa de ellos... o hasta nosotros experimentamos esto. Esto nos llena de indignación. ¿Qué debemos hacer?

Pablo, el apóstol cristiano, pasó por esta experiencia. A menudo se encontró con cierta institución que necesitaba muchas reformas: la de la esclavitud. Indudablemente muchos esclavos que se convirtieron al cristianismo anhelaban la libertad.

¿Les aconsejó Pablo que se levantaran en violenta revuelta o que escaparan? No; les dijo: “Esclavos, sean obedientes en todo a los que son sus amos en un sentido carnal, no con actos de servir al ojo, como quienes procuran agradar a los hombres, sino con sinceridad de corazón, con temor de Jehová. Cualquier cosa que estén haciendo, trabajen en ello de toda alma como para Jehová, y no para los hombres, porque ustedes saben que es de Jehová que recibirán el debido galardón de la herencia.”—Col. 3:22-24; vea también 1 Pedro 2:18-20.

Por supuesto, si el cristiano tenía la oportunidad de obtener la libertad, aprovechaba tal oportunidad. Pero esto no debería convertirse en tal obsesión que eclipsara su principal propósito en la vida: servir a Jehová. Es como dijo Pablo: “¿Fuiste llamado siendo esclavo? No dejes que te preocupe; pero si también puedes hacerte libre, más bien aprovéchate de la oportunidad.”—1 Cor. 7:21-24.

Aunque hoy son muy pocas las personas que son esclavas, puede que haya personas que piensen que, debido a la situación económica en que se encuentran, su condición no difiere mucho de la de las personas que están en esclavitud. Por supuesto, si de algún modo uno puede mejorar su situación, sería excelente hacerlo. Pero esto no debe convertirse en una pasión consumidora. Recuerde las palabras de Pablo: “Los que están determinados a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y dañinos.”—1 Tim. 6:9.

Jesucristo también estaba familiarizado con los problemas que son el resultado de la pobreza. Dijo: “Nunca se inquieten y digan: ‘¿Qué hemos de comer?’ o ‘¿qué hemos de beber?’ o ‘¿qué hemos de ponernos?’ Porque todas éstas son las cosas en pos de las cuales las naciones van con empeño. Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas. Sigan, pues, buscando primero el reino y Su justicia, y todas estas otras cosas les serán añadidas.”—Mat. 6:31-33.

En vez de dedicarse a la reforma social, Jesús ‘dio testimonio a la verdad.’ (Juan 18:37) Como resultado de ello, muchas personas, tanto de aquel día como de la actualidad, han creído en él. Así han obtenido la oportunidad de adquirir vida eterna en un sistema donde todos los “derechos” serán garantizados. (Juan 3:16)

¿Qué hay de la persecución?

En muchas partes del mundo a los cristianos se les está persiguiendo, y se les niega el derecho de adorar y expresarse libremente en cuanto al tema de la religión. A algunos se les tortura y hasta asesina. ¿Cómo deben responder a tales abusos?

De nuevo, siguen el ejemplo de Jesús. Recuerde que a él le echaron mano y lo arrestaron ilegalmente en el jardín de Getsemaní, y que fue víctima de juicio y sentencia irregulares, además de que se le privó del debido proceso legal ante Pilato. ¿Por qué no llamó Jesús a sus seguidores judíos, que eran muchos, para que lo libraran de esta injusticia? Él mismo explicó: “Mi reino no es parte de este mundo. Si mi reino fuera parte de este mundo, mis servidores habrían peleado para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero, como es el caso, mi reino no es de esta fuente.”—Juan 18:36.

De modo que Jesús no pidió a sus seguidores que participaran en una revuelta armada para proteger los derechos humanos de él. Hoy los cristianos siguen el ejemplo de Jesús. Por supuesto, si hay alguna manera legal de proteger la libertad de adoración que ellos tienen, la aprovechan. El apóstol Pablo apeló hasta a César mismo, en un esfuerzo por “defender y legalmente establecer las buenas nuevas.” (Hech. 25:11; Fili. 1:7) Pero si no se pueden dar pasos legales, el cristiano se mantiene fiel a sus creencias y confía en que Jehová dará un buen resultado al final. Eso fue lo que Jesús hizo, y aunque este derrotero lo llevó a la muerte, considere el maravilloso resultado que hubo, tanto para la humanidad como para él mismo.—Heb. 2:9, 14, 15.

Por lo tanto, el cristiano a quien se priva de sus derechos por cualquier razón comprende que hoy nadie disfruta plenamente de lo que se llama “derechos humanos.” Realmente, todos necesitamos con urgencia el nuevo orden que Dios ha prometido, donde reinará la justicia, y los “derechos” de toda persona serán respetados. (2 Ped. 3:13)

Si se violan de algún modo nuestros derechos, podemos hallar consuelo al imitar este punto de vista inspirado: “Pero en cuanto a mí, es por Jehová que me mantendré vigilante. Ciertamente mostraré una actitud de espera por el Dios de mi salvación. Mi Dios me oirá.”—Miq. 7:7.
Artículo publicado en la revista "¡Despertad!" del 8 de Febrero de 1980 (editada y distribuida por los testigos de Jehová). Lea la noticia relacionada: "fracasa intento de prohibir jw.org"

martes, 11 de marzo de 2014

La fuente de los auténticos valores (Segunda parte)

¿Pueden servir de ayuda la religión y la familia?

Hoy día se ofrecen muchos programas para restituir los valores de la gente. Uno de ellos es la religión, que se supone que da fuerza espiritual. No obstante, esa fuerza no se encuentra en las religiones ortodoxas de la cristiandad. Algunas de estas han vuelto a caer en el paganismo.

Otras han descartado la idea del rescate y de la creación para doblegarse ante la religión científica de la evolución. Aceptan la alta crítica, que desacredita la integridad de la Palabra de Dios, la Biblia. Ofrecen un “cristianismo” tan diluido y contaminado que no queda en él nada de valor, y la generación joven solo ve en él hipocresía y una parodia vacía.

No es en esas religiones endebles donde hemos de buscar fuerza espiritual, sino solo en la única forma de adoración verdadera y basada en la Biblia que anuncia que el Reino de Jehová es la única esperanza del mundo.

De todas formas, todavía queda otra fuente de ayuda para aquellos a quienes les preocupa la situación actual: la familia, el marco en el que los padres pueden inculcar una serie de valores en sus hijos.

El apego entre padres e hijos que comenzó cuando estos nacieron debe continuar. Los hijos que aman a sus padres y confían en ellos quieren ser como ellos, imitar su forma de hablar y actuar, copiar su conducta y absorber su moralidad; por eso, los valores de los padres quedan incorporados con el tiempo en el sistema de valores de los hijos.

El éxito radica en dar explicaciones sencillas, no discursos ampulosos; en promover una comunicación bilateral, no en pronunciar declaraciones dogmáticas.

Los padres que no se limitan a predicar los valores auténticos, sino que los practican, tendrán hijos que incorporarán dichos valores en su vida. Tales hijos no correrán el peligro de imitar el ejemplo negativo de otros jóvenes de la escuela o de otro lugar. Proverbios 22:6 dice: “Entrena al muchacho conforme al camino para él; aun cuando se haga viejo no se desviará de él”. Eduque a su hijo dándole buenos consejos. Más importante aún, edúquelo con un buen ejemplo.

Potencial para adquirir valores

Jesús dijo: “Felices son los que tienen conciencia de su necesidad espiritual”. (Mateo 5:3.) Algunos psiquiatras han dicho que esta es una necesidad instintiva con la que se nos ha programado. Y lo cierto es que no seremos capaces de resistir el impacto de los falsos valores que se defienden hoy día a menos que poseamos fuerza espiritual.

En consonancia con el hecho de que se nos creó a la imagen y semejanza de Dios, con un potencial innato para adquirir un sistema de valores, Thomas Lickona, profesor de Educación, dice: “Creo que la capacidad de ser bondadoso está ahí desde el mismo principio”. Pero añade que “los padres deben alimentar esos instintos tal como ayudan a sus hijos a convertirse en buenos lectores, atletas o músicos”.

El realizador de televisión Norman Lear fue uno de los oradores invitados a la asamblea nacional de la Asociación de Educación Nacional. Tras reconocer “el problema de las personas más experimentadas y entendidas, las que han descartado la búsqueda de un propósito trascendente por considerarla superficial o irrelevante”, dijo: “Basándome en la historia humana, no me cuesta nada llegar a la conclusión de que la respuesta a la vida, a la existencia, el impulso de creer en algo más grande que uno mismo, es tan fuerte e irresistible como para ser una característica inseparable de cómo estamos codificados genéticamente”.

Norman Lear acusó a los grandes negocios y a cuatro décadas de televisión de haber transmitido un “nuevo sistema de valores” que tiene tanta influencia en la moralidad pública y en los valores personales, que ha resultado en muchas enfermedades sociales: escuelas y universidades que gradúan a personas que no saben leer y escribir, consumo creciente de drogas, adolescentes solteras que dan a luz y familias sin ahorros que se cargan con más deudas.

También añadió: “Cuando hablamos de cien enfermedades sociales, creo que tal vez estamos hablando de un sistema de valores que se ha ido transmitiendo paulatinamente de una generación a otra y que, con la ayuda de la televisión, ha llegado a corromper toda la cultura”. Añadió que cree que “en nuestros genes tenemos grabada la creencia de que hay una fuerza mayor y misteriosa que da forma a nuestra vida y a la que hay que prestar atención”.

El eminente psiquiatra C. G. Jung dijo que la religión “es una actitud instintiva peculiar del hombre, y se pueden seguir sus manifestaciones a lo largo de toda la historia humana”. También es innata en nosotros la conciencia, esa facultad que percibe la diferencia entre el bien y el mal:

“Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, están siendo acusados o hasta excusados”. (Romanos 2:14, 15.)
La “conciencia” es un “conocimiento interior” que actúa como si fuese un tribunal de justicia interno convocado para dictar fallo sobre nuestra conducta, acusándonos o excusándonos. No obstante, si mostramos “desacato al tribunal” de nuestra conciencia, se hará insensible y dejará de sernos útil.
Los científicos ven misterios que solo Dios puede explicar.

Es muy curioso que cuantos más detalles sobre la Tierra y el universo conoce la ciencia, más inclinados están algunos científicos a creer que detrás de todo esto tiene que haber una inteligencia suprema. Sin embargo, se resisten a aceptar al Dios de la Biblia.

En su libro The Symbiotic Universe, el astrofísico George Greenstein empezó a “detallar lo que parece una secuencia asombrosa de accidentes extraordinarios y poco probables que prepararon el terreno para que apareciese la vida. Hay una lista de coincidencias, todas ellas esenciales para que hayamos llegado a existir”.

Añadió que al hacerse más larga la lista, las coincidencias no podían haber ocurrido por casualidad y se esparcía la idea de que había implicada una entidad sobrenatural. “¿Es posible que de repente y sin proponérnoslo hayamos tropezado con prueba científica que apoye la existencia de un Ser Supremo? —pensaba él—. ¿Fue Dios quien intervino y quien hizo el cosmos de manera tan providencial para nuestro beneficio?”

George Greenstein sintió “una intensa sensación de rechazo” ante semejante idea y dijo arbitrariamente: “Dios no es una explicación”. Sin embargo, la creciente lista de “coincidencias” le obligó a formular las preguntas supracitadas.

El también astrofísico y premio Nobel Fred Hoyle analizó estas mismas coincidencias misteriosas que inquietaban a Greenstein en su libro El Universo inteligente: “Estas propiedades se van prodigando en el mundo natural como una madeja de accidentes afortunados. Existen tantas coincidencias esenciales para la vida, que debe haber alguna explicación para ellas”.

Hoyle también concuerda con Greenstein en que estas no podían haberse producido por casualidad, de ahí que diga que ‘el origen del Universo requiere una inteligencia’, una “inteligencia a una escala mayor”, ‘una inteligencia que nos precedió y que decidió conformar, como un acto deliberado de creación, estructuras idóneas para la vida’.

Einstein habló de Dios, pero no en el mismo sentido que la religión ortodoxa. Su concepto de la divinidad estaba relacionado con “el espíritu infinitamente superior” que vio revelado en la naturaleza. Timothy Ferris escribió un artículo titulado “El otro Einstein”, en el que citó las siguientes palabras de este eminente físico: “Lo que veo en la naturaleza es una magnífica estructura que solo podemos comprender de manera muy imperfecta y que debe impregnar de un sentimiento de ‘humildad’ a toda persona razonable.

Este es un sentimiento religioso genuino que nada tiene que ver con el misticismo. Mi religiosidad consiste en una humilde admiración del espíritu infinitamente superior que se manifiesta en lo poco que nosotros, con nuestro entendimiento incompleto y transitorio, podemos comprender de la realidad. Quiero saber cómo creó Dios este mundo. Quiero conocer sus pensamientos, lo demás son pormenores”.

Tras analizar algunos de los misterios incomprensibles del universo, Guy Murchie dice lo siguiente en su libro The Seven Mysteries of Life (Los siete misterios de la vida): “Es fácil ver por qué los físicos modernos, que han empujado la frontera del conocimiento hasta adentrarse en lo desconocido probablemente más que cualesquiera otros científicos de siglos recientes, se han anticipado a la mayoría de sus colegas en aceptar ese misterio general del universo al que comúnmente se llama Dios”.

Busque a Dios, benefíciese y viva para siempre


El hombre busca a tientas algo, y ese algo es Dios. En los días de Pablo también había personas en esta situación. Él dijo: “Para que busquen a Dios, por si buscaban a tientas y verdaderamente lo hallaban, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros”. (Hechos 17:27.)

Ningún animal busca a tientas a Dios, no hay siquiera uno que tenga un concepto de Dios. Pero el hombre sí, está hecho a Su semejanza, y existe una sima infranqueable que le separa de todos los animales, incluso de los más inteligentes. Además, como nos dice el texto supracitado, Dios “no está muy lejos de cada uno de nosotros”.

Vemos prueba de Su existencia en todo lo que nos rodea, una prueba que se refleja en sus creaciones, como dice Romanos 1:20: “Las cualidades invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables”.

A medida que los científicos vean más y más de estas inexplicables coincidencias y complejidades y sigan examinando las impresionantes maravillas del universo, quizás un número mayor de ellos perciba la Inteligencia Suprema que hay detrás de todo ello y reconozca a su Creador, Jehová Dios.

La Tierra y todas sus riquezas pertenecen a Jehová. Él ha fijado las normas para los que viven en ella. Ha suministrado un sistema de auténticos valores como directrices para conseguir felicidad y vida. También ha otorgado a las personas libre albedrío. Nadie tiene que obedecerle obligado. Todos pueden sembrar lo que deseen, pero tarde o temprano también segarán lo que sembraron. No es posible mofarse de Dios.

Él ha suministrado los valores auténticos, no para su beneficio, sino para el de sus súbditos terrestres, tal como explica Isaías 48:17, 18: “Yo, Jehová, soy tu Dios, Aquel que te enseña para que te beneficies a ti mismo, Aquel que te hace pisar en el camino en que debes andar. ¡Oh, si realmente prestaras atención a mis mandamientos! Entonces tu paz llegaría a ser justamente como un río, y tu justicia como las olas del mar”.

Como respuesta a la súplica sincera de Jehová, todos los pueblos pisarán en el camino en que deben andar y prestarán atención a los mandamientos de su Creador. Todos se beneficiarán de una paz como un río y de una justicia como las olas del mar. Todos aplicarán en su vida ese sistema de valores hereditarios y nunca experimentarán de nuevo un derrumbe moral. Pero, ¿cuándo sucederá todo eso? Pronto, cuando se cumpla la oración: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra”. (Mateo 6:10.)

Artículo publicado en la revista "¡Despertad!" del 22 de Enero de 1992. Para complementarlo lea el tema: "Valores que enriquecen de verdad". Ambos editados por los testigos de Jehová.