Si notamos que estamos empezando a pensar demasiado en oportunidades “desaprovechadas”, haríamos bien en imitar a Pablo. ¿Cómo? Apreciando lo que ahora tenemos. Ciertamente, nuestra relación con Jehová y nuestro historial de fidelidad tienen un valor incalculable (Heb. 6:10). Además, lo que este mundo pueda ofrecernos no tiene ni punto de comparación con el inmenso valor de las bendiciones espirituales de que disfrutamos hoy y las que llegarán en el futuro (léase Marcos 10:28-30).
¿Cómo podemos seguir fielmente adelante? Unos versículos después, el propio Pablo explicó cómo lo lograba él: “Olvidando las cosas que quedan atrás, y extendiéndome hacia adelante a las cosas más allá” (Fili. 3:13). El apóstol destacó dos pasos que son imprescindibles. Primero, olvidar las cosas que dejamos atrás, en lugar de malgastar nuestro valioso tiempo y energías preocupándonos en exceso por el pasado. Y segundo, “extendernos” hacia adelante para alcanzar nuestro objetivo, como si fuéramos atletas que están cruzando la línea de llegada.
El ejemplo de otros siervos fieles de Dios —de tiempos antiguos o modernos— también puede ayudarnos a seguir hacia delante sin detenernos a mirar las cosas que dejamos atrás. Pensemos en Abrahán y Sara, quienes abandonaron un estilo de vida cómodo en la ciudad de Ur. La Biblia explica que, “si [...] hubieran seguido acordándose de aquel lugar de donde habían salido, habrían tenido la oportunidad de volver” (Heb. 11:13-15). Pero no lo hicieron. Otro caso es el de Moisés. Cuando se fue de Egipto por primera vez, dejó atrás mucho más de lo que ningún otro israelita dejó después. Pero no hay registro de que añorara aquello a lo que renunció. Al contrario, “estimaba el vituperio del Cristo como riqueza más grande que los tesoros de Egipto”. ¿Por qué? “Porque miraba atentamente hacia el pago del galardón.” (Heb. 11:26.)
LAS MALAS EXPERIENCIAS
Por supuesto, no todas las experiencias de la vida nos dejan un buen recuerdo. Tal vez nuestra conciencia aún sienta el terrible peso de pecados o errores del pasado (Sal. 51:3). También puede ser que estemos resentidos porque alguien nos ha corregido (Heb. 12:11). O quizá consideremos que fuimos víctimas de alguna injusticia y no dejemos de pensar en ello (Sal. 55:2). Sea cual sea nuestro caso, ¿cómo impedir que los sucesos del pasado acaparen toda nuestra atención? Veamos tres posibles casos.
Errores. El apóstol Pablo se consideraba “menos que el más pequeño de todos los santos” (Efe. 3:8). Él mismo declaró el motivo: “Porque perseguí a la congregación de Dios” (1 Cor. 15:9). No es difícil imaginar lo mal que se sentiría cada vez que se encontrara con algún hermano al que antes había maltratado. Sin embargo, no permitió que los malos recuerdos lo agobiaran; más bien, centró sus pensamientos en la bondad inmerecida que Dios le había manifestado (1 Tim. 1:12-16).
Su agradecimiento se reflejaba en el entusiasmo con el que cumplía su ministerio. En efecto, entre las cosas que el apóstol se propuso olvidar estuvieron sus pecados anteriores. ¿Por qué no hacemos nosotros lo mismo? Si nos concentramos en la misericordia que Jehová nos ha mostrado y no dejamos que nos consuman los remordimientos por errores que ya no hay forma de cambiar, podremos concentrar todas nuestras fuerzas en la obra que Jehová nos ha encomendado.
Corrección. ¿Recibimos en el pasado alguna disciplina o consejo firme? Seguir mirando atrás con resentimiento no solo es doloroso, sino que puede desmoralizarnos (Heb. 12:5). Sea que despreciemos de entrada el consejo, o sea que nos demos por vencidos después de aceptarlo, el resultado será el mismo: no dejaremos que nos beneficie y nos refine. Es mucho mejor seguir esta exhortación de Salomón: “Ásete de la disciplina; no la sueltes. Salvaguárdala, pues ella misma es tu vida” (Pro. 4:13). Debemos hacer lo mismo que los buenos conductores al ver una señal en la carretera: aceptar la indicación, aplicarla y seguir adelante (Pro. 4:26, 27; léase Hebreos 12:12, 13).
Injusticias. Si hemos sufrido una injusticia —o al menos así nos lo parece—, podríamos sentirnos como Habacuc, quien clamó a Jehová por justicia al no entender por qué permitía ciertas situaciones injustas (Hab. 1:2, 3). ¿Qué haremos en ese caso? Es importante que imitemos la fe de este profeta, quien afirmó: “Me alborozaré en Jehová mismo; ciertamente estaré gozoso en el Dios de mi salvación” (Hab. 3:18). Al igual que hizo Jeremías, otro profeta de la antigüedad, debemos mantener “una actitud de espera”. Tengamos plena fe en que Jehová, el Dios de la justicia, pondrá todo en su sitio en el momento debido (Lam. 3:19-24).
Vivimos en tiempos muy emocionantes. Están ocurriendo acontecimientos históricos, y aún nos esperan muchos más. Es vital que nos mantengamos al paso de la organización de Jehová. ¿Cómo? Obedeciendo el consejo bíblico de siempre mantener la vista fija hacia adelante, nunca hacia las cosas que dejamos atrás. Así seguiremos el consejo de Jesús: “Acuérdense de la esposa de Lot”.
Artículo
publicado el 15 de Marzo del 2012, en la revista "La Atalaya". Para
saber mas sobre la vida de los primeros Cristianos lea "Testimonio cabal" del Reino de Dios. También disponible en audio. Ambos distribuidos por los testigos de Jehová.
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martes, 18 de febrero de 2014
lunes, 17 de febrero de 2014
“El amor que tenías al principio” (Primera parte)
“Tengo esto contra ti: que has dejado el amor que tenías al principio. Por lo tanto recuerda de qué es que has caído, y arrepiéntete.” (REVELACIÓN 2:4, 5.)
¿ES USTED un testigo de Jehová con muchos años de servicio fiel? Si lo es, ¿cómo se sentiría usted si alguien a quien usted respetara muchísimo le hablara de dicha manera? ¿Se resentiría usted, o pensaría que él ha cometido un error y que se ha equivocado al dirigirse a usted?
Pues bien, hace unos 1.900 años dichas palabras fueron dirigidas a la congregación (eclesia) de Éfeso, Asia Menor, en un mensaje que le dirigió nada menos que el resucitado Jesucristo. Sus palabras tienen que haber causado conmoción en aquella congregación.
Los cristianos de Éfeso habían aguantado en el nombre de Jesús y habían resistido la influencia de los apóstatas por más de 40 años (Hechos 18:18, 19; Efesios 1:1, 2). Jesús les dijo: “Conozco tus hechos, y tu labor y perseverancia, y que no puedes soportar a hombres malos, y que pusiste a prueba a los que dicen ser apóstoles, pero no lo son, y los hallaste mentirosos” (Revelación 2:2).
Todavía estaban “en la verdad”, como solemos decir. Entonces, ¿cuál era el problema?
Habían perdido ‘el amor que una vez habían tenido’. Ya no servían como al principio, con el mismo fervor de amor cristiano a Jehová. En consecuencia, habían aflojado el paso. Por eso, Jesús les advirtió: “Recuerda de qué es que has caído, y arrepiéntete y haz los hechos de antes”. (Revelación 2:5.)
Esto encierra una advertencia para todos los siervos de Jehová hoy día. Es patente que hasta los que tienen mucha experiencia como cristianos activos pueden llegar a enfriarse. En lo exterior quizás todavía parezcan firmes, pero en su interior quizás hayan perdido el amor profundo que en un tiempo le tenían a Jehová. En una carta a los corintios, Pablo advirtió: “El que piensa que está en pie, cuídese que no caiga” (1 Corintios 10:12). Para ayudarnos a este respecto, veamos cómo los efesios adquirieron su amor y cómo se les ayudó a mantenerlo.
El cristianismo en Éfeso
En el primer siglo de nuestra era común la ciudad de Éfeso era una metrópolis rica y bulliciosa, además de ser el centro de una floreciente adoración a la diosa pagana Artemis (o Diana). La enseñanza de que Jesús era el Mesías de Jehová se oyó por primera vez en aquella ciudad a más tardar en el año 52 E.C., cuando Pablo llegó allí desde Corinto junto con Aquila y Priscila. Pablo mismo no pudo quedarse en la ciudad, pero Aquila y Priscila sí pudieron. Cuando un sobresaliente orador llamado Apolos comenzó a enseñar “con exactitud” acerca de Jesús, esta pareja cristiana le ayudó a aclarar los conceptos erróneos que él tenía sobre el bautismo. Apolos continuó progresando y se convirtió en un ferviente trabajador en la congregación del primer siglo. (Hechos 18:24-28.)
Algunos meses más tarde, Pablo regresó a Éfeso y halló un grupo de unos 12 discípulos que habían sido bautizados en el bautismo de Juan. En respuesta a las palabras de Pablo se volvieron a bautizar. Entonces, por tres meses Pablo predicó en la sinagoga. Pero debido a la indiferencia de la mayoría de los judíos, Pablo y los nuevos discípulos se mudaron a la sala de conferencias de la escuela de Tirano, y allí Pablo comenzó a pronunciar discursos diariamente. (Hechos 19:8-10.)
Entonces comenzó un período de vigorosa actividad en Éfeso. Jehová ejecutó obras poderosas de curación mediante Pablo. Las personas se curaban con solamente tocar las prendas de vestir de él; además, el mensaje que predicaba se esparció por toda aquella región (Hechos 19:11-17). En una carta que escribió en aquel entonces, Pablo dijo lo siguiente a la congregación de Corinto, que se hallaba al otro lado del mar Egeo: “Mas permanezco en Éfeso hasta la fiesta del Pentecostés; porque una puerta grande que conduce a la actividad se me ha abierto, pero hay muchos opositores”. (1 Corintios 16:8, 9.)
Pablo permaneció en Éfeso por más de dos años. Muchas personas aprendieron acerca del amor extraordinario que Jehová había mostrado al enviar a su hijo unigénito para que todos los que ejercieran fe alcanzaran la vida eterna. Aceptaron la verdad y expresaron amor intenso por Jehová y por su Hijo.
Personas que habían practicado artes mágicas “juntaron sus libros y los quemaron delante de todos. Y calcularon en conjunto los precios de ellos y hallaron que valían cincuenta mil piezas de plata. Así de una manera poderosa la palabra de Jehová siguió creciendo y prevaleciendo” (Hechos 19:19, 20). ¡Imagínese el gran testimonio que se dio!
La intensidad del amor de los efesios fue sometida a prueba pronto. En Éfeso, muchos plateros ganaban una gran cantidad de dinero haciendo templetes de Artemis. Uno de ellos, llamado Demetrio, consideró que la joven congregación cristiana era una amenaza a la subsistencia de los plateros, y por eso pronunció un discurso que enardeció a sus compañeros de profesión y provocó un motín.
La vida de los cristianos se halló en peligro hasta que el registrador de la ciudad calmó a la muchedumbre (Hechos 19:23-41). Puede que los cristianos hallan tenido otras pruebas semejantes a éstas que no estén registradas en la Biblia, puesto que el apóstol Pablo hace alusión a haber ‘peleado con bestias salvajes en Éfeso’ (1 Corintios 15:32). Sin embargo, el amor fervoroso que los efesios sentían por Jehová los ayudó a perseverar.
Artículo publicado en la revista "La Atalaya" del 01 de Junio de 1984. Para leer mas acerca de la vida de los primeros Cristianos lea el libro "Testimonio cabal" del Reino de Dios, también disponible en audiolibro.
El hombre es una infinitamente pequeña copia de Dios. Bastante gloria es ésta para el hombre. A pesar de mi insignificancia, reconozco que Dios está en mí.
Victor Hugo
Si sigues buscando esto como a la plata, y como a tesoros escondidos sigues en busca de ello, en tal caso entenderás el temor de Jehová, y hallarás el mismísimo conocimiento de Dios. Porque Jehová mismo da la sabiduría; procedentes de su boca hay conocimiento y discernimiento.(Proverbios 2: 4 al 6)
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